| I. Capítulo XXIII. De lo que le aconteció al famoso don Quijote en Sierra Morena, que fue una de las más raras aventuras que en esta verdadera historia se cuenta. | 23. Kapitel Von dem, was dem ruhmreichen Ritter Don Quijote in der Sierra Morena zustieß; was eines der rarsten Abenteuer gewesen, so in dieser wahrheitsgetreuen Geschichte erzählt werden |
| Viéndose tan malparado don Quijote, dijo a su escudero. | Als Don Quijote sich so übel zugerichtet sah, sprach er zu seinem Schildknappen: |
| -Siempre, Sancho, lo he oído decir, que el hacer bien a villanos es echar agua en la mar. Si yo hubiera creído lo que me dijiste, yo hubiera escusado esta pesadumbre; pero ya está hecho: paciencia, y escarmentar para desde aquí adelante. | »Immerdar, Sancho, habe ich sagen hören, gemeinem Volke Gutes tun heißt Wasser ins Meer tragen. Hätte ich deinen Worten gefolgt, so hätte ich mir dieses Ungemach erspart, aber es ist einmal geschehen; Geduld, und wir wollen künftighin durch den Schaden gewitzigt sein.« |
| -Así escarmentará vuestra merced -respondió Sancho- como yo soy turco; pero, pues dice que si me hubiera creído se hubiera escusado este daño, créame ahora y escusará otro mayor; porque le hago saber que con la Santa Hermandad no hay usar de caballerías, que no se le da a ella por cuantos caballeros andantes hay dos maravedís; y sepa que ya me parece que sus saetas me zumban por los oídos . | »Geradeso wird Euer Gnaden gewitzigt werden«, entgegnete Sancho, »wie ich ein Türke bin. Aber da Ihr sagt, wenn Ihr mir gefolgt hättet, wäre Euch dieses Unglück erspart geblieben, so folgt mir jetzt, und es wird Euch ein andres, weit größeres erspart bleiben; denn ich tue Euch zu wissen, daß bei der Heiligen Brüderschaft mit dem Rittertum nichts zu machen ist, und sie gibt keine zwei Pfennige auf alle fahrenden Ritter der Welt. Und wißt nur, schon meine ich, ihre Pfeile mir um die Ohren sausen zu hören.« |
| -Naturalmente eres cobarde, Sancho -dijo don Quijote-, pero, porque no digas que soy contumaz y que jamás hago lo que me aconsejas, por esta vez quiero tomar tu consejo y apartarme de la furia que tanto temes; mas ha de ser con una condición: que jamás, en vida ni en muerte, has de decir a nadie que yo me retiré y aparté deste peligro de miedo, sino por complacer a tus ruegos; que si otra cosa dijeres, mentirás en ello, y desde ahora para entonces, y desde entonces para ahora, te desmiento, y digo que mientes y mentirás todas las veces que lo pensares o lo dijeres. Y no me repliques más, que en sólo pensar que me aparto y retiro de algún peligro, especialmente déste, que parece que lleva algún es no es de sombra de miedo, estoy ya para quedarme, y para aguardar aquí solo, no solamente a la Santa Hermandad que dices y temes, sino a los hermanos de los doce tribus de Israel, y a los siete Macabeos , y a Cástor y a Pólux y aun a todos los hermanos y hermandades que hay en el mundo. | »Du bist ein geborener Feigling, Sancho«, sprach Don Quijote, »aber damit du nicht sagst, ich sei halsstarrig und tue nie, was du mir rätst, so will ich für diesmal deinem Rate nachgeben und dem Ansturm ausweichen, den du so sehr fürchtest; aber es geschieht nur unter einer Bedingung, nämlich daß du nie im Leben oder Tod jemandem sagst, ich sei vor dieser Gefahr aus Furcht zurückgegangen und gewichen, sondern lediglich um mich deinen Bitten gefällig zu erweisen. Und wenn du je was anderes sagen würdest, so lügst du das, und in der Gegenwart bis in alle Zukunft und in der Zukunft bis in alle Gegenwart strafe ich dich Lügen und sage, daß du lügst und lügen wirst, sooft du es denken oder sagen magst. Und erwidre mir nichts weiter; denn schon bei dem bloßen Gedanken, daß ich vor einer Gefahr zurückgehe und weiche, sonderlich aus dieser jetzigen, die etwas wie einen Schatten von Furcht im Geleite hat, gelüstet es mich, auszuharren und ganz allein die Heilige Brüderschaft, die du erwähnst und fürchtest, zu erwarten, und nicht nur diese, sondern auch alle Brüder der zwölf Stämme Israel und die sieben Makkabäer und Kastor und Pollux und dazu alle Brüder und Brüderschaften, die es in der ganzen Welt gibt.« |
| -Señor -respondió Sancho-, que el retirar no es huir , ni el esperar es cordura, cuando el peligro sobrepuja a la esperanza, y de sabios es guardarse hoy para mañana y no aventurarse todo en un día. Y sepa que, aunque zafio y villano, todavía se me alcanza algo desto que llaman buen gobierno; así que, no se arrepienta de haber tomado mi consejo, sino suba en Rocinante, si puede, o si no yo le ayudaré, y sígame, que el caletre me dice que hemos menester ahora más los pies que las manos. | »Señor«, erwiderte Sancho, »zurückgehen ist nicht fliehen, und das Warten ist nicht Klugheit, wenn die Gefahr größer ist als der Nutzen vom Warten. Es ist die Art weiser Männer, sich heute für morgen aufzubewahren und nicht alles auf einen Tag aufs Spiel zu setzen; und wisset, wenn ich auch nur ein roher Kerl und Bauer bin, so verstehe ich doch etwas davon, wie man sich im Leben zu benehmen hat. Sonach laßt Euch nicht gereuen, daß Ihr meinen Rat angenommen, sondern besteigt den Rosinante, wenn Ihr könnt, oder wenn nicht, will ich Euch helfen, und folgt mir nach; denn mein bißchen Verstand sagt mir, wir haben anjetzt die Füße nötiger als die Hände.« |
| Subió don Quijote, sin replicarle más palabra, y, guiando Sancho sobre su asno, se entraron por una parte de Sierra Morena, que allí junto estaba, llevando Sancho intención de atravesarla toda e ir a salir al Viso, o a Almodóvar del Campo , y esconderse algunos días por aquellas asperezas, por no ser hallados si la Hermandad los buscase. Animóle a esto haber visto que de la refriega de los galeotes se había escapado libre la despensa que sobre su asno venía, cosa que la juzgó a milagro . según fue lo que llevaron y buscaron los galeotes. | Don Quijote stieg zu Pferd, ohne ihm ein Wort zu entgegnen, Sancho auf seinem Esel zog voran, und so gelangten sie zu den nahen Vorbergen der Sierra Morena. Sancho beabsichtigte, das ganze Gebirge zu durchziehen und auf der andern Seite, bei Viso oder Almodóvar del Campo, wieder herauszukommen und sich ein paar Tage lang in jener Wildnis zu verbergen, damit die Heilige Brüderschaft sie nicht finde, wenn sie ihnen nachspüre. Was ihn in dieser Absicht besonders bestärkte, war, daß er den Mundvorrat, den der Esel trug, aus dem Treffen mit den Galeerensklaven unversehrt davongekommen fand, und nach der Sorgfalt, mit der sie alles durchsucht und mitgenommen hatten, hielt er dies für ein wahres Wunder. |
Aquella noche llegaron a la mitad de las entrañas de Sierra Morena, adonde le pareció a Sancho pasar aquella noche y aun otros algunos días, a lo menos todos aquellos que durase el matalotaje que llevaba, y así hicieron noche entre dos peñas y entre muchos alcornoques. Pero la suerte fatal, que según opinión de los que no tiene lumbre de la verdadera fe, todo lo guía, guisa y compone a su modo, ordenó que Ginés de Pasamonte, el famoso embustero y ladrón, que de la cadena por virtud y locura de Don Quijote se había escapado, llevado del miedo de la Santa Hermandad (de quien con justa razón temía) acordó de esconderse en aquellas montañas, y llevóle su suerte y su miedo a la misma parte donde había llevado a Don Quijote y Sancho Panza, a hora y tiempo que los pudo conocer, y a punto que los dejó dormir: y como siempre los malos son desagradecidos, y la necesidad sea ocasión de acudir a lo que no se debe , y el remedio presente venza a lo por venir, Ginés, que no era ni agradecido ni bien intencionado, acordó hurtar el asno a Sancho Panza, no curándose de Rocinante por ser prenda tan mala para empeñada como para vendida. Dormía Sancho Panza, hurtóle su jumento , y, antes que amaneciese, se halló bien lejos de poder ser hayado. Salió el aurora alegrando la tierra y entristeciendo a Sancho Panza, porque halló menos su rucio; el cual , viéndose sin él, comenzó a hacer el más triste y doloroso llanto del mundo, y fue de manera que Don Quijote despertó a las voces , y oyó que en ellas decía: «¡Oh hijo de mis entrañas, nacido en mi mesma casa, brinco de mis hijos , regalo de mi mujer, envidia de mis vecinos, alivio de mis cargas, y finalmente sustendador de la mitad de mi persona, porque con veinte y seis maravedís que ganabas cada día, mediaba yo mi despensa» . Don Quijote, que vio el llanto y supo la causa, consoló a Sancho con las mejores razones que pudo, y le rogó que tuviese pacienca, prometiéndole de darle una cédula de cambio, para que le diesen tres en su casa, de cinco que había dejado en ella . Consolóse Sancho con esto, y limpió sus lágrimas, templó sus solloaos, y agradeció a Don Quijote la merced que le hacía; | Falta la traduccion |
| al cual como entró por aquellas montañas, se le alegró el corazón, pareciéndole aquellos lugares acomodados para las aventuras que buscaba. Reducíansele a la memoria los maravillosos acaecimientos que en semejantes soledades y asperezas habían sucedido a caballeros andantes. Iba pensando en estas cosas, tan embebecido y trasportado en ellas que de ninguna otra se acordaba. Ni Sancho llevaba otro cuidado -después que le pareció que caminaba por parte segura- sino de satisfacer su estómago con los relieves que del despojo clerical habían quedado ; y así, iba tras su amo sentado a la mujeriega sobre su jumento, sacando de un costal y embaulando en su panza; y no se le diera por hallar otra ventura, entretanto que iba de aquella manera, un ardite. | Wie der Ritter nun so mitten ins Gebirge kam, da frohlockte sein Herz; denn es bedünkte ihn, diese Gegenden seien ganz die geeigneten für die Abenteuer, denen er nachging. Es kamen ihm die wundersamen Vorfälle wieder ins Gedächtnis, die sich in ähnlichen Einöden und Wildnissen mit so manchem fahrenden Ritter zugetragen hatten; er war in diese Dinge so versunken und war so verzückt, daß er an nichts andres mehr dachte. Auch Sancho hatte, sobald er überzeugt war, daß er jetzt eine sichere Gegend durchziehe, keine andre Sorge, als seinen Magen mit den noch übrigen Resten von der geistlichen Beute zu befriedigen, und so schritt er hinter seinem Gebieter her, beladen mit allem, was der Graue hätte tragen sollen, holte aus dem Sack hervor, lud in seinen Wanst ein und hätte nicht einen Pfennig darum gegeben, ein neues Abenteuer zu finden, solange er ein so vergnügliches Dasein führte. |
| En esto, alzó los ojos y vio que su amo estaba parado, procurando con la punta del lanzón alzar no sé qué bulto que estaba caído en el suelo, por lo cual se dio priesa a llegar a ayudarle si fuese menester; y cuando llegó fue a tiempo que alzaba con la punta del lanzón un cojín y una maleta asida a él , medio podridos, o podridos del todo, y deshechos; mas, pesaba tanto, que fue necesario que Sancho se apease a tomarlos, y mandóle su amo que viese lo que en la maleta venía. | Indem schlug er die Augen auf und sah, daß sein Herr hielt und sich mühte, ich weiß nicht was für einen Packen, der auf dem Boden lag, mit der Spitze seines Spießes aufzuheben; daher beeilte er sich, ihm dabei zu helfen, falls es nötig sein sollte. Er kam gerade im Augenblick herzu, als der Ritter mit dem Eisen seines Spießes ein Sattelkissen und einen daran befestigten Mantelsack emporhob, beide halb, wenn nicht ganz vermodert und zerschlissen; aber sie waren so schwer, daß Sancho ihm beistehen mußte, um sie heraufzuheben. Sein Herr befahl ihm nachzusehen, was in dem Mantelsack sei; |
| Hízolo con mucha presteza Sancho, y, aunque la maleta venía cerrada con una cadena y su candado, por lo roto y podrido della vio lo que en ella había, que eran cuatro camisas de delgada holanda y otras cosas de lienzo, no menos curiosas que limpias , y en un pañizuelo halló un buen montoncillo de escudos de oro; y, así como los vio, dijo: | er tat es in größter Eile; und wiewohl der Mantelsack mit Kette und Vorlegeschloß verwahrt war, sah Sancho durch die vermoderten Stellen und Risse hindurch, was er enthielt, nämlich vier Hemden von feinem Batist nebst noch andern Sachen von Leinwand, alles sauber und schön, und in einem Tüchlein fand er ein artiges Häuflein Goldtaler. Und als er die sah, sprach er: |
| -¡Bendito sea todo el cielo, que nos ha deparado una aventura que sea de provecho. | »Gepriesen sei der Himmel nebst allen Heiligen, daß er uns endlich ein Abenteuer zugeschickt hat, das etwas einträgt!« |
| Y buscando más, halló un librillo de memoria, ricamente guarnecido. Éste le pidió don Quijote, y mandóle que guardase el dinero y lo tomase para él. Besóle las manos Sancho por la merced, y, desvalijando a la valija de su lencería, la puso en el costal de la despensa. Todo lo cual visto por don Quijote, dijo. | Und als er weitersuchte, fand er ein kleines, reichverziertes Notizbuch; das verlangte Don Quijote von ihm und gebot ihm, das Geld zu nehmen und für sich zu behalten. Sancho küßte ihm die Hände für diese Gnade; alles Leinenzeug aus dem Mantelsack sackte er ein und packte es in seinen eigenen Sack zu dem Mundvorrat. Als Don Quijote das sah, sprach er: |
| -Paréceme, Sancho, y no es posible que sea otra cosa, que algún caminante descaminado debió de pasar por esta sierra, y, salteándole malandrines, le debieron de matar, y le trujeron a enterrar en esta tan escondida parte. | »Es bedünkt mich, Sancho, es kann gar nicht anders sein, irgendein in dieser Gegend unbewanderter Wanderer muß über das Gebirge gekommen sein, und Wegelagerer müssen ihn angefallen und umgebracht und ihn zu diesem versteckten Orte geschleppt haben, um ihn zu begraben.« |
| -No puede ser eso -respondió Sancho-, porque si fueran ladrones, no se dejaran aquí este dinero. | »Das kann nicht sein«, entgegnete Sancho, »denn wären es Räuber gewesen, so hätten sie dies Geld nicht hier gelassen.« |
| -Verdad dices -dijo don Quijote-, y así, no adivino ni doy en lo que esto pueda ser; mas, espérate: veremos si en este librillo de memoria hay alguna cosa escrita por donde podamos rastrear y venir en conocimiento de lo que deseamos . | »Du sprichst wahr«, sprach Don Quijote, »und sonach kann ich nicht erraten und darauf kommen, wie es zugegangen sein mag. Doch warte einmal, wir wollen sehen, ob in diesem Notizbüchlein sich etwas geschrieben findet, mit dessen Hilfe wir das Gewünschte entdecken und erfahren könnten.« |
| Abrióle, y lo primero que halló en él escrito, como en borrador, aunque de muy buena letra, fue un soneto, que, leyéndole alto porque Sancho también lo oyese , vio que decía desta manera. | Er öffnete es; und das erste, was er darin, wie einen ersten Entwurf, doch mit sehr guter Handschrift, eingetragen fand, war ein Sonett, das er laut las, damit auch Sancho es hören könne, und das auf diese Weise lautete: |
O le falta al Amor conocimiento, o le sobra crueldad, o no es mi pena igual a la ocasión que me condena al género más duro de tormento. Pero si Amor es dios, es argumento que nada ignora, y es razón muy buena que un dios no sea cruel. Pues, ¿quién ordena el terrible dolor que adoro y siento? Si digo que sois vos, Fili, no acierto; que tanto mal en tanto bien no cabe, ni me viene del cielo esta rüina. Presto habré de morir, que es lo más cierto; que al mal de quien la causa no se sabe milagro es acertar la medicina. | Entweder, Lieb, hast Kenntnis du der Seelen Zuwenig, oder zuviel Grausamkeit, Oder ich bin verurteilt, daß mein Leid Weit über alles Maß mich darf zerquälen. Doch ist die Lieb ein Gott, so kann's nicht fehlen, Daß sie die Seelen kennt; auch ist kein Streit, Daß Götter nimmer grausam. Wer denn weiht Mich Qualen, die so süß und mich entseelen? Sag ich, du tust es, Phyllis, das war sündlich; So Gutem kann sich Böses nicht verbinden, Noch kommt mein tödlich Weh aus Himmels Händen. Bald werd ich sterben, das erhoff ich stündlich; Denn für ein Leid, des Grund nicht aufzufinden, Vermocht ein Wunder Heilung nur zu spenden. |
| -Por esa trova -dijo Sancho- no se puede saber nada, si ya no es que por ese hilo que está ahí se saque el ovillo de todo. | »Aus diesen Reimen«, sprach Sancho, »kann man nichts entnehmen. Freilich steht darin: ,Du tust vieles', und damit kann man vielleicht herausbringen, wer es denn tut.« |
| -¿Qué hilo está aquí? -dijo don Quijote. | »Was heißt das: ,Du tust vieles'?« sprach Don Quijote. |
| -Paréceme -dijo Sancho- que vuestra merced nombró ahí hilo. | »Ich meine«, sagte Sancho, »Euer Gnaden hätten gelesen: ,Du tust vieles'.« |
| -No dije sino Fili -respondió don Quijote-, y éste, sin duda, es el nombre de la dama de quien se queja el autor deste soneto; y a fe que debe de ser razonable poeta , o yo sé poco del arte. | »Nicht ,vieles', sondern .Phyllis' sagte ich«, erwiderte Don Quijote, »und dies ist ohne Zweifel der Name des Fräuleins, über welches sich der Verfasser dieses Sonetts beklagt; und aufs Wort, es muß ein richtiger Poet sein, oder ich verstehe nichts von der Kunst.« |
| -Luego, ¿también -dijo Sancho- se le entiende a vuestra merced de trovas. | »Also versteht sich Euer Gnaden auch auf Reime?« fragte Sancho. |
| -Y más de lo que tú piensas -respondió don Quijote-, y veráslo cuando lleves una carta, escrita en verso de arriba abajo, a mi señora Dulcinea del Toboso. Porque quiero que sepas, Sancho, que todos o los más caballeros andantes de la edad pasada eran grandes trovadores y grandes músicos ; que estas dos habilidades, o gracias, por mejor decir , son anexas a los enamorados andantes. Verdad es que las coplas de los pasados caballeros tienen más de espíritu que de primor. | »Mehr, als du glaubst«, entgegnete Don Quijote; »und das sollst du sehen, wenn du einmal einen Brief, von oben bis unten in Versen geschrieben, an meine Gebieterin Dulcinea von Toboso zu bringen hast. Denn du sollst wissen, Sancho, daß sämtliche oder doch die meisten fahrenden Ritter der vergangenen Zeit große Dichter und große Musiker waren; denn diese beiden Talente, oder besser gesagt, Himmelsgaben gehören zum Wesen der fahrenden Helden, wenn sie verliebt sind. Allerdings zeigen die Strophen der früheren Ritter mehr Naturanlage als Formvollendung.« |
| -Lea más vuestra merced -dijo Sancho-, que ya hallará algo que nos satisfaga. | »Lest weiter«, sprach Sancho, »Euer Gnaden wird schon etwas finden, das unsern Wunsch befriedigt.« |
| Volvió la hoja don Quijote y dijo: | Don Quijote schlug das Blatt um und sprach: |
| -Esto es prosa, y parece carta. | »Das ist Prosa und scheint ein Brief.« |
| -¿Carta misiva , señor? -preguntó Sancho. | »Ein Brief zum Verschicken?« fragte Sancho. |
| -En el principio no parece sino de amores -respondió don Quijote. | »Zu Anfang scheint er nicht das, sondern ein Liebesbrief«, antwortete Don Quijote. |
| -Pues lea vuestra merced alto -dijo Sancho-, que gusto mucho destas cosas de amores. | »Dann wolle Euer Gnaden ihn laut lesen«, sprach Sancho, »denn ich habe großes Vergnügen an Liebessachen.« |
| -Que me place -dijo don Quijote. | »Ganz gern«, versetzte Don Quijote. |
| Y, leyéndola alto, como Sancho se lo había rogado, vio que decía desta manera. | Er las ihn laut vor, wie Sancho ihn gebeten hatte, und fand ihn dieser Art lautend: |
| Tu falsa promesa y mi cierta desventura me llevan a parte donde antes volverán a tus oídos las nuevas de mi muerte que las razones de mis quejas. Desechásteme, ¡oh ingrata!, por quien tiene más, no por quien vale más que yo; mas si la virtud fuera riqueza que se estimara, no envidiara yo dichas ajenas ni llorara desdichas propias. Lo que levantó tu hermosura han derribado tus obras: por ella entendí que eras ángel, y por ellas conozco que eres mujer. Quédate en paz, causadora de mi guerra, y haga el cielo que los engaños de tu esposo estén siempre encubiertos, porque tú no quedes arrepentida de lo que heciste y yo no tome venganza de lo que no deseo. | Dein falsches Versprechen und mein zweifelloses Mißgeschick führen mich an einen Ort, von wo die Nachricht von meinem Tode früher zu Deinen Ohren gelangen wird als der Laut meiner Klagen. Du hast mich hinweggestoßen, o Undankbare, für einen, der mehr besitzt, aber nicht mehr wert ist als ich; aber wäre die Tugend ein Reichtum, den man zu würdigen wüßte, so würde ich nicht fremdes Glück zu beneiden noch eignes Unglück zu beweinen haben. Was Deine Schönheit auf erbaute, haben Deine Taten niedergestürzt; um jener willen erachtete ich Dich für einen Engel, an diesen erkenne ich Dich für ein Weib. Lebe in Frieden, Du Schöpferin meines Unfriedens, und ewig bleibe Dir die Verräterei Deines Gemahls verborgen, das gebe der Himmel, damit Du nicht bereuen müssest, was Du getan, und ich mich nicht gerächt sehe durch das, was ich nicht wünsche. |
| Acabando de leer la carta, dijo don Quijote: | Als Don Quijote den Brief gelesen, sagte er: |
| -Menos por ésta que por los versos se puede sacar más de que quien la escribió es algún desdeñado amante. | »Hieraus läßt sich noch weniger als aus den Versen etwas andres entnehmen, als daß der Schreiber des Briefes ein verschmähter Liebhaber ist.« |
| Y, hojeando casi todo el librillo, halló otros versos y cartas, que algunos pudo leer y otros no ; pero lo que todos contenían eran quejas, lamentos, desconfianzas, sabores y sinsabores, favores y desdenes, solenizados los unos y llorados los otros. | Und indem er fast das ganze Notizbuch durchblätterte, fand er noch mehr Verse und Briefe, von welchen er einige lesen konnte und andre nicht; aber bei allen war der Inhalt nur Klagen, Jammern, eifersüchtige Vorwürfe, Versöhnung und Verhöhnung, Begünstigung und Verschmähung, jene wonnevoll gefeiert, diese schmerzlich beweint. |
| En tanto que don Quijote pasaba el libro, pasaba Sancho la maleta, sin dejar rincón en toda ella, ni en el cojín, que no buscase, escudriñase e inquiriese, ni costura que no deshiciese, ni 11R vedija de lana que no escarmenase, porque no se quedase nada por diligencia ni mal recado: tal golosina habían despertado en él los hallados escudos, que pasaban de ciento. Y, aunque no halló mas de lo hallado, dio por bien empleados los vuelos de la manta , el vomitar del brebaje, las bendiciones de las estacas , las puñadas del arriero, la falta de las alforjas, el robo del gabán y toda la hambre, sed y cansancio que había pasado en servicio de su buen señor, pareciéndole que estaba más que rebién pagado con la merced recebida de la entrega del hallazgo. | Während Don Quijote das Buch durchsah, sah Sancho den Mantelsack durch und ließ weder in diesem noch im Sattelkissen einen Winkel undurchsucht, ungeprüft, unergründet, keine Naht, die er nicht aufgetrennt, kein Flocken Wolle, den er nicht auseinandergezupft hätte, damit ja nichts aus Lässigkeit oder Unachtsamkeit zurückbliebe - solche unmäßige Begier hatten die gefundenen Goldstücke in ihm erregt, deren mehr als hundert waren. Obschon er nichts weiter fand als das bisher schon Gefundene, so war er nun doch ganz zufrieden mit dem Wippen auf der Bettdecke, dem Erbrechen nach dem Trank, der Einsegnung mit den Knüppeln, den Faustschlägen des Maultiertreibers, dem Verlust seines Zwerchsacks, dem Raub seines Mantels und mit all dem Hunger, Durst und der Mühsal, so er im Dienste seines Herrn erlitten. Und es bedünkte ihn, er sei schon besser als gut bezahlt mit dem Lohn, der ihm durch die Überlassung des Fundes geworden. |
| Con gran deseo quedó el Caballero de la Triste Figura de saber quién fuese el dueño de la maleta, conjeturando, por el soneto y carta, por el dinero en oro y por las tan buenas camisas, que debía de ser de algún principal enamorado, a quien desdenes y malos tratamientos de su dama debían de haber conducido a algún desesperado término. Pero, como por aquel lugar inhabitable y escabroso no parecía persona alguna de quien poder informarse, no se curó de más que de pasar adelante, sin llevar otro camino que aquel que Rocinante quería, que era por donde él podía caminar, siempre con imaginación que no podía faltar por aquellas malezas alguna estraña aventura. | Der Ritter von der traurigen Gestalt indessen war über die Maßen begierig zu erfahren, wessen Eigentum der Mantelsack sei, und schloß aus dem Sonett und dem Briefe, aus den Goldstücken und aus den feinen Hemden, er müsse einem Verliebten von Stande angehört haben, den Verschmähung und üble Behandlung von Seiten seiner Dame zu irgendeinem verzweifelten Schritt getrieben. Da jedoch in dieser unwegsamen, unwirtlichen Umgebung sich niemand blicken ließ, bei dem man sich hätte erkundigen können, so dachte er nur noch daran, weiterzukommen, und schlug den Weg ein, den sein Pferd gehen wollte, das heißt, den es gehen konnte, wobei er sich beständig einbildete, es könne in diesen dicht verwachsenen Wildnissen irgendein seltsames Abenteuer nicht ausbleiben. |
| Yendo, pues, con este pensamiento, vio que, por cima de una montañuela que delante de los ojos se le ofrecía, iba saltando un hombre, de risco en risco y de mata en mata, con estraña ligereza. Figurósele que iba desnudo, la barba negra y espesa, los cabellos muchos y rabultados, los pies descalzos y las piernas sin cosa alguna; los muslos cubrían unos calzones, al parecer de terciopelo leo nado, mas tan hechos pedazos que por muchas partes se le descubrían las carnes. Traía la cabeza descubierta, y, aunque pasó con la ligereza que se ha dicho, todas estas menudencias miró y notó el Caballero de la Triste Figura; y, aunque lo procuró, no pudo seguille, porque no era dado a la debilidad de Rocinante andar por aquellas asperezas, y más siendo él de suyo pisacorto y flemático. Luego imaginó don Quijote que aquél era el dueño del cojín y de la maleta, y propuso en sí de buscalle, aunque supiese andar un año por aquellas montañas hasta hallarle; y así, mandó a Sancho que se apease del asno y atajase por la una parte de la montaña, que él iría por la otra y podría ser que topasen, con esta diligencia, con aquel hombre que con tanta priesa se les había quitado de delante. | Wie er so in diesen Gedanken hinritt, erblickte er auf einer Höhe, die sich seinen Augen darbot, einen Menschen mit ungemeiner Leichtfüßigkeit von Fels zu Fels, von Strauch zu Strauch dahinspringen. Er glaubte zu bemerken, der Mann sei halbnackt, mit dichtem schwarzem Bart, reichlichem und verworrenem Haar, die Füße unbeschuht, die Beine unbekleidet; die Schenkel trugen Hosen, dem Anscheine nach von fahlem Samt, aber so in Fetzen, daß man an vielen Stellen die Haut durchsah; den Kopf hatte er unbedeckt. Und obschon er mit der geschilderten Behendigkeit vorübersprang, sah und merkte sich der Ritter von der traurigen Gestalt all diese Einzelheiten. Aber wiewohl er es versuchte, konnte er ihm doch nicht nacheilen; denn der schwachen Kraft Rosinantes war es nicht vergönnt, über diese steilen Höhen zu setzen, zumal der Gaul von Hause aus kurzschrittlich und von gar bequemer Natur war. Don Quijote vermutete sogleich, dieses müsse der Eigentümer des Kissens und Mantelsacks sein, und nahm sich vor, ihn aufzusuchen, wüßte er auch, daß er eines ganzen Jahres bedürfte, um ihn in diesen Bergen zu finden. Daher befahl er Sancho, auf der einen Seite den Weg über den Berg abzuschneiden, er werde den über die andre Seite einschlagen, und es wäre das vielleicht das rechte Mittel, um den Mann zu treffen, der so rasch vor ihren Augen vorübergeeilt. |
| -No podré hacer eso -respondió Sancho-, porque, en apartándome de vuestra merced, luego es conmigo el miedo, que me asalta con mil géneros de sobresaltos y visiones. Y sírvale esto que digo de aviso, para que de aquí adelante no me aparte un dedo de su presencia. | »Das kann ich nicht«, antwortete Sancho, »denn sobald ich mich von Euer Gnaden entferne, so kommt auf der Stelle die Furcht heran und überfällt mich mit Schreckbildern und Spuk von tausenderlei Gestalt; und was ich sage, das möge Euch zur Nachricht dienen, daß ich von jetzt an mich nie mehr einen Fingerbreit aus Eurer Gegenwart entfernen werde.« |
| -Así será -dijo el de la Triste Figura-, y yo estoy muy contento de que te quieras valer de mi ánimo, el cual no te ha de faltar, aunque te falte el ánima del cuerpo. Y vente ahora tras mí poco a poco, o como pudieres, y haz de los ojos lanternas; rodearemos esta serrezuela: quizá toparemos con aquel hombre que vimos, el cual, sin duda alguna, no es otro que el dueño de nuestro hallazgo. | »So sei es«, sprach Der von der traurigen Gestalt, »es gefällt mir sehr wohl, daß du dich auf meinen Mut verlassest; er wird dich nie im Stich lassen, selbst wenn deine Seele deinen Leib im Stich ließe. Jetzt komm hinter mir her, Schritt für Schritt, oder wie du irgend kannst, und mache deine Augen zu Laternen; wir wollen um diesen Hügel herum; vielleicht treffen wir den Mann, den wir gesehen und der ohne Zweifel kein anderer ist als der Eigentümer unseres Fundes.« |
| A lo que Sancho respondió: | Worauf Sancho erwiderte: |
| -Harto mejor sería no buscalle , porque si le hallamos y acaso fuese el dueño del dinero, claro está que lo tengo de restituir; y así, fuera mejor, sin hacer esta inútil diligencia, poseerlo yo con buena fe hasta que, por otra vía menos curiosa y diligente, pareciera su verdadero señor; y quizá fuera a tiempo que lo hubiera gastado, y entonces el rey me hacía franco. | »Viel besser wäre es, ihn nicht zu suchen; denn wenn wir ihn finden und er etwa der Eigentümer des Geldes sein sollte, so ist es klar, ich muß es ihm wiedergeben. Und demnach wäre es besser, ohne dieses nutzlose Bemühen aufzuwenden, ich behielte es mit gutem Gewissen, bis einmal auf eine andere Weise ohne absichtliches Aufsuchen und Bemühen der wahre Eigentümer zum Vorschein kommt; und vielleicht geschähe das zu einer Zeit, wo ich es schon ausgegeben hätte, und dann: wo nichts ist, hat der Kaiser sein Recht verloren.« |
| -Engáñaste en eso, Sancho -respondió don Quijote-; que, ya que hemos caído en sospecha de quién es el dueño, cuasi delante , estamos obligados a buscarle y volvérselos; y, cuando no le buscásemos, la vehemente sospecha que tenemos de que él lo sea nos pone ya en tanta culpa como si lo fuese. Así que, Sancho amigo, no te dé pena el buscalle, por la que a mí se me quitará si le hallo. | »Darin irrst du, Sancho«, entgegnete Don Quijote; »denn da wir schon auf die Vermutung gekommen, wer der Eigentümer ist, und wir ihn schier vor Augen haben, so sind wir verpflichtet, ihn aufzusuchen und ihm das Geld zurückzuerstatten; und falls wir ihn nicht aufsuchen, so hat schon unsere gegründete Vermutung, daß er es ist, uns ebenso strafbar gemacht, als wenn er es wirklich wäre. Mithin, Freund Sancho, mache dir keinen Kummer darüber, daß wir ihn aufsuchen, schon um deswillen, daß mir ein wahrer Kummer benommen wird, wenn ich ihn finde.« |
| Y así, picó a Rocinante, y siguióle Sancho con su acostumbrado jumento; y, habiendo rodeado parte de la montaña, hallaron en un arroyo, caída, muerta y medio comida de perros y picada de grajos, una mula ensillada y enfrenada; todo lo cual confirmó en ellos más la sospecha de que aquel que huía era el dueño de la mula y del cojín. | Und so spornte er seinen Rosinante, und Sancho folgte ihm nach, zu Fuß und beladen dank dem Ginés de Pasamonte. Nachdem sie den Berg zum Teil umkreist hatten, fanden sie ein Maultier mit Sattel und Zaum in einem Bache liegen, tot, von Hunden halb aufgezehrt und von Raben zerfleischt; und das alles bestärkte sie in der Vermutung, jener Flüchtling sei der Eigentümer des Maultiers und des Kissens. |
| Estándola mirando, oyeron un silbo como de pastor que guardaba ganado, y a deshora, a su siniestra mano, parecieron una buena cantidad de cabras, y tras ellas, por cima de la montaña, pareció el cabrero que las guardaba, que era un hombre anciano. Diole voces don Quijote, y rogóle que bajase donde estaban. Él respondió a gritos que quién les había traído por aquel lugar, pocas o ningunas veces pisado sino de pies de cabras o de lobos y otras fieras que por allí andaban. Respondióle Sancho que bajase, que de todo le darían buena cuenta. Bajó el cabrero, y, en llegando adonde don Quijote estaba, dijo. | Während sie das Tier betrachteten, vernahmen sie ein Pfeifen wie von einem die Herde hütenden Schäfer, und plötzlich zeigten sich ihnen zur linken Hand Ziegen in ansehnlicher Menge, und hinter ihnen erschien auf der Höhe des Berges der Hirt, der sie hütete, ein alter Mann. Don Quijote rief ihn laut an und bat ihn, er möchte zu ihnen herunterkommen. Der Hirt schrie zurück, wer sie an diesen Ort gebracht habe, den selten oder nie ein Fuß betrete, wenn nicht die Füße der Ziegen, der Wölfe oder anderer wilder Tiere, die hier herumstrichen. Sancho entgegnete, er möge nur herabkommen, sie würden ihm über alles volle Auskunft erteilen. Der Ziegenhirt stieg denn herab, und sich Don Quijote nähernd, sprach er: |
| -Apostaré que está mirando la mula de alquiler que está muerta en esa hondonada. Pues a buena fe que ha ya seis meses que está en ese lugar. Díganme: ¿han topado por ahí a su dueño. | »Ich will wetten, Ihr betrachtet Euch den Mietesel, der hier im Hohlwege liegt; er liegt weiß Gott schon sechs Monate da. Sagt mir, habt Ihr vielleicht seinen Herrn dort herum angetroffen?« |
| -No hemos topado a nadie -respondió don Quijote-, sino a un cojín y a una maletilla que no lejos deste lugar hallamos. | »Wir haben niemand angetroffen«, antwortete Don Quijote, »nur ein Sattelkissen und einen Mantelsack haben wir nicht weit von hier gefunden.« |
| -También la hallé yo -respondió el cabrero-, mas nunca la quise alzar ni llegar a ella, temeroso de algún desmán y de que no me la pidiesen por de hurto; que es el diablo sotil, y debajo de los pies se levanta allombre cosa donde tropiece y caya, sin saber cómo ni cómo no. | »Den hab auch ich gefunden«, entgegnete der Ziegenhirt, »aber ich mochte ihn nicht vom Boden aufheben noch auch nur ihm nahe kommen, aus Furcht, daß mir was Unangenehmes zustoßen und man mich wegen Diebstahls verklagen könnte; denn der Teufel ist schlau und wirft dem Menschen oft etwas unter die Füße, daß er darüber strauchelt und fällt, ohne zu wissen, wann und wie.« |
| -Eso mesmo es lo que yo digo -respondió Sancho -: que también la hallé yo, y no quise llegar a ella con un tiro de piedra; allí la dejé y allí se queda como se estaba, que no quiero perro con cencerro . | »Gerade das sag ich auch«, versetzte Sancho, »ich hab ihn auch gefunden und wollte ihm auf Steinwurfsweite nicht nahe kommen; ich hab ihn dort gelassen, und dort mag er bleiben, wie er da lag, denn ein Hund mit der Schelle ist ein böser Geselle.« |
| -Decidme, buen hombre -dijo don Quijote-, ¿sabéis vos quién sea el dueño destas prendas? | »Sagt mir, guter Freund«, sprach Don Quijote, »wißt Ihr, wer der Eigentümer dieser Sachen ist?« |
| -Lo que sabré yo decir -dijo el cabrero- es que «habrá al pie de seis meses, poco más a menos , que llegó a una majada de pastores, que estará como tres leguas deste lugar, un mancebo de gentil talle y apostura, caballero sobre esa mesma mula que ahí está muerta, y con el mesmo cojín y maleta que decís que hallastes y no tocastes. Preguntónos que cuál parte desta sierra era la más áspera y escondida; dijímosle que era esta donde ahora estamos; y es ansí la verdad, porque si entráis media legua más adentro, quizá no acertaréis a salir; y estoy maravillado de cómo habéis podido llegar aquí, porque no hay camino ni senda que a este lugar encamine. Digo, pues, que, en oyendo nuestra respuesta el mancebo, volvió las riendas y encaminó hacia el lugar donde le señalamos, dejándonos a todos contentos de su buen talle, y admirados de su demanda y de la priesa con que le víamos caminar y volverse hacia la sierra; y desde entonces nunca más le vimos, hasta que desde allí a algunos días salió al camino a uno de nuestros pastores, y, sin decille nada, se llegó a él y le dio muchas puñadas y coces, y luego se fue a la borrica del hato y le quitó cuanto pan y queso en ella traía; y, con estraña ligereza, hecho esto, se volvió a emboscar en la sierra. Como esto supimos algunos cabreros, le anduvimos a buscar casi dos días por lo más cerrado desta sierra, al cabo de los cuales le hallamos metido en el hueco de un grueso y valiente alcornoque. Salió a nosotros con mucha mansedumbre, ya roto el vestido, y el rostro disfigurado y tostado del sol, de tal suerte que apenas le conocíamos, sino que los vestidos, aunque rotos, con la noticia que dellos teníamos, nos dieron a entender que era el que buscábamos. Saludónos cortésmente , y en pocas y muy buenas razones nos dijo que no nos maravillásemos de verle andar de aquella suerte, porque así le convenía para cumplir cierta penitencia que por sus muchos pecados le había sido impuesta. Rogámosle que nos dijese quién era, mas nunca lo pudimos acabar con él. Pedímosle también que, cuando hubiese menester el sustento, sin el cual no podía pasar, nos dijese dónde le hallaríamos, porque con mucho amor y cuidado se lo llevaríamos ; y que si esto tampoco fuese de su gusto, que, a lo menos, saliese a pedirlo, y no a quitarlo a los pastores. Agradeció nuestro ofrecimiento, pidió perdón de los asaltos pasados, y ofreció de pedillo de allí adelante por amor de Dios, sin dar molestia alguna a nadie. En cuanto lo que tocaba a la estancia de su habitación, dijo que no tenía otra que aquella que le ofrecía la ocasión donde le tomaba la noche; y acabó su plática con un tan tierno llanto, que bien fuéramos de piedra los que escuchado le habíamos, si en él no le acompañáramos, considerándole cómo le habíamos visto la vez primera, y cuál le veíamos entonces. Porque, como tengo dicho, era un muy gentil y agraciado mancebo, y en sus corteses y concertadas razones mostraba ser bien nacido y muy cortesana persona; que, puesto que éramos rústicos los que le escuchábamos, su gentileza era tanta, que bastaba a darse a conocer a la mesma rusticidad. Y, estando en lo mejor de su plática, paró y enmudecióse; clavó los ojos en el suelo por un buen espacio, en el cual todos estuvimos quedos y suspensos, esperando en qué había de parar aquel embelesamiento, con no poca lástima de verlo; porque, por lo que hacía de abrir los ojos, estar fijo mirando al suelo sin mover pestaña gran rato, y otras veces cerrarlos, apretando los labios y enarcando las cejas, fácilmente conocimos que algún accidente de locura le había sobrevenido. Mas él nos dio a entender presto ser verdad lo que pensábamos, porque se levantó con gran furia del suelo, donde se había echado, y arremetió con el primero que halló junto a sí, con tal denuedo y rabia que, si no se le quitáramos, le matara a puñadas y a bocados; y todo esto hacía, diciendo: ''¡Ah, fementido Fernando! ¡Aquí, aquí me pagarás la sinrazón que me heciste: estas manos te sacarán el corazón, donde albergan y tienen manida todas las maldades juntas, principalmente la fraude y el engaño!'' Y a éstas añadía otras razones, que todas se encaminaban a decir mal de aquel Fernando y a tacharle de traidor y fementido. Quitámossele, pues, con no poca pesadumbre, y él, sin decir más palabra, se apartó de nosotros y se emboscó corriendo por entre estos jarales y malezas, de modo que nos imposibilitó el seguille. Por esto conjeturamos que la locura le venía a tiempos, y que alguno que se llamaba Fernando le debía de haber hecho alguna mala obra, tan pesada cuanto lo mostraba el término a que le había conducido. Todo lo cual se ha confirmado después acá con las veces, que han sido muchas, que él ha salido al camino, unas a pedir a los pastores le den de lo que llevan para comer y otras a quitárselo por fuerza; porque cuando está con el accidente de la locura, aunque los pastores se lo ofrezcan de buen grado, no lo admite, sino que lo toma a puñadas; y cuando está en su seso, lo pide por amor de Dios, cortés y comedidamente, y rinde por ello muchas gracias, y no con falta de lágrimas. Y en verdad os digo, señores -prosiguió el cabrero-, que ayer determinamos yo y cuatro zagales, los dos criados y los dos amigos míos, de buscarle hasta tanto que le hallemos, y, después de hallado, ya por fuerza ya por grado, le hemos de llevar a la villa de Almodóvar , que está de aquí ocho leguas, y allí le curaremos, si es que su mal tiene cura, o sabremos quién es cuando esté en sus seso, y si tiene parientes a quien dar noticia de su desgracia ». Esto es, señores, lo que sabré deciros de lo que me habéis preguntado; y entended que el dueño de las prendas que hallastes es el mesmo que vistes pasar con tanta ligereza como desnudez -que ya le había dicho don Quijote cómo había visto pasar aquel hombre saltando por la sierra. | »Was ich sagen kann«, antwortete der Ziegenhirt, »ist dies: es wird so was wie sechs Monate her sein, nicht viel mehr oder weniger, da kam zu dem Hirtenpferch, der so was wie drei Meilen von hier ist, ein junger Herr von feiner Gestalt und stattlichem Aussehn und ritt auf diesem selben Maultier, das tot daliegt, und hatte dasselbe Sattelkissen nebst Mantelsack, den ihr, wie ihr sagt, gefunden habt, und habt ihn nicht angerührt. Er fragte uns, welch eine Gegend im Gebirge am wildesten sei und am tiefsten versteckt; wir sagten ihm, es sei gerade der Strich, wo wir uns jetzt befinden. Und es ist so, in der Tat; denn wenn ihr nur eine halbe Stunde tiefer hineindringt, so glückt's euch vielleicht nie, wieder herauszukommen, und ich bin verwundert, wie ihr nur hierhergelangen konntet; denn es gibt weder Weg noch Steg, der zu diesem Orte führt. Ich sage also, wie der junge Mann unsre Antwort vernahm, so wendete er die Zügel und nahm den Weg nach der Gegend, die wir ihm bezeichnet hatten; wir aber standen alle da, erfreut ob seines stattlichen Wesens und verwundert ob seiner Frage und ob der großen Eile, mit der er, dieweil wir zuschauten, davonritt und sich in die Berge schlug. Und seit damalen bekamen wir ihn nicht mehr zu Gesicht, bis er ein paar Tage später einen unsrer Schäfer anpackte und über ihn herfiel, ohne ein Wort zu sagen, und versetzte ihm eine schwere Menge Faustschläge und Fußtritte und machte sich sogleich über den Packesel, der bei der Herde gehalten wird, und nahm dem alles weg, was er an Brot und Käse trug, und wie alles getan war, wandte er sich mit unbegreiflicher Behendigkeit zurück, um sich im Gebirge zu verstecken. Als ich und noch etliche Ziegenhirten das erfuhren, so machten wir uns auf und suchten nach ihm, wo das Gebirge am unwegsamsten ist, schier zwei Tage lang, wo wir ihn dann fanden, wie er in der Höhlung einer dicken, mächtigen Korkeiche stak. Er kam uns ruhig und freundlich entgegen, sein Anzug war bereits zerschlissen, das Gesicht entstellt und von der Sonne verbrannt, so daß wir ihn kaum erkannten, wenn nicht seine Tracht, die uns erinnerlich war, uns überzeugt hätte, er sei der Mann, den wir suchten. Er grüßte uns höflich und sagte uns mit wenigen und recht verständigen Worten, wir sollten uns nicht wundern, daß er in solchem Aufzug umhertreibe; denn so gezieme es ihm, um eine gewisse Buße zu vollbringen, die ihm um seiner vielen Sünden willen auferlegt worden. Wir ersuchten ihn, uns zu sagen, wer er sei, aber wir konnten das durchaus nicht bei ihm fertigbringen. Auch baten wir ihn, wenn er etwas zum Unterhalt nötig habe, ohne den er doch nicht bestehen könne, so solle er uns sagen, wo wir ihn finden könnten; denn wir würden es ihm mit größter Liebe und Fürsorge bringen; und wenn das etwa auch nicht nach seinem Sinn wäre, so möchte er wenigstens kommen und es verlangen, anstatt es den Hirten wegzunehmen. Er dankte für unser Anerbieten, bat um Verzeihung für die bisherigen Gewalttätigkeiten und erbot sich, fürderhin alles um Gottes willen zu erbitten, ohne irgendeinem beschwerlich zu fallen. Was seinen Wohnungsort betreffe, sagte er, er habe keinen andern, als den ihm der Zufall darbiete, wo ihn die Nacht überrasche. Und als er das gesprochen, brach er in so bittere Tränen aus, daß wir, die ihm zugehört, von Stein hätten sein müssen, um nicht mit ihm zu weinen, wenn wir bedachten, wie wir ihn das erstemal gesehen hatten und in welchem Zustand wir ihn jetzt sahen; denn, wie ich gesagt, er war ein gar feiner, angenehmer Junker, und mit seinen höflichen und verständigen Worten bewährte er, wie er aus gutem Hause und von vornehmer Bildung sei. Waren wir, die ihm zuhörten, auch nur einfältige Bauersleute, so war doch sein feiner Anstand derart, daß er genügend war, um von der bäurischen Einfalt selbst begriffen und erkannt zu werden. Und wie er gerade im besten Reden war, hielt er unversehens inne und verstummte und heftete die Augen geraume Zeit auf den Boden, während wir alle schweigend und staunend dastanden, voll Erwartung, was es mit dieser Verzückung werden sollte, und mit nicht geringer Betrübnis, so was ansehen zu müssen; denn aus der Art, wie er die Augen aufriß und dann wieder lange Zeit starr auf den Boden sah, ohne nur die Wimpern zu bewegen, dann die Augen schloß und die Lippen zusammenpreßte und die Brauen in die Höhe zog, erkannten wir alsbald, daß ihn wieder ein Anfall von Verrücktheit plötzlich heimgesucht habe. Er bewies uns sofort, daß unsre Vermutung Wahrheit sei; denn mit gewaltiger Wut sprang er vom Boden empor, auf den er sich geworfen, und fiel über den ersten her, den er in seiner Nähe fand, mit so wahnsinnigem Ingrimm, daß, wenn wir ihn nicht aus seinen Händen gerissen, er ihn mit Faustschlägen und Bissen umgebracht hätte. Und während er das tat, schrie er beständig: ,Ha, du verräterischer Fernando! Hier, hier sollst du mir die Missetat bezahlen, die du an mir begangen! Diese Hände sollen dir das Herz ausreißen, in dem alle Schlechtigkeiten zusammen hausen und ihren Sitz haben, vorab Trug und Tücke!' Diesen Worten fügte er noch andre hinzu, und alle liefen darauf hinaus, dem Fernando Böses nachzureden und ihn des Verrats und Treubruchs zu beschuldigen. Mit nicht geringer Beschwer hatten wir endlich den Hirten seiner Wut entrissen, und er, ohne ein Wort weiter zu reden, verließ uns, rannte fort und verbarg sich hinter jenem stachligen Gestrüpp und Dornhecken, so daß er es uns unmöglich machte, ihm zu folgen. Daraus entnahmen wir, daß seine Verrücktheit ihn nur zuzeiten befällt und daß jemand des Namens Fernando ihm etwas sehr Arges angetan haben muß, so arg, wie der Zustand es zeigt, zu dem er ihn heruntergebracht hat. All dieses sahen wir mehr und mehr bestätigt, wenn er vom Wald auf den Weg herauskam, und das geschah gar vielmal; einmal, um die Schäfer zu bitten, ihm etwas Essen zu bringen, ein andermal, um es ihnen mit Gewalt zu nehmen. Wenn er nämlich seinen Anfall von Wahnsinn hat und die Hirten es ihm aus freien Stücken anbieten, so nimmt er es nicht an, sondern raubt es mit Faustschlägen; und wenn er bei Verstande ist, so erbittet er sich's um Gottes willen, höflich und freundlich, und sagt vielen Dank dafür und läßt es dabei nicht an Tränen fehlen. Und wirklich muß ich euch sagen, liebe Herren«, fuhr der Ziegenhirt fort, »gestern beschloß ich mit vier andern Burschen, zwei davon meine Knechte, die zwei andern aber Freunde von mir, ihm so lange nachzuspüren, bis wir ihn finden, und haben wir ihn gefunden, so wollen wir ihn, sei es mit Gewalt, sei es im guten, nach der Stadt Almodóvar bringen, acht Meilen von hier, und dort wollen wir ihn heilen lassen, falls für sein Leiden noch Heilung möglich; oder wir erfahren wenigstens, wenn er einmal bei Verstand ist, wer er ist und ob er Verwandte hat, denen man Nachricht von seinem Unglück geben kann. Das ist es, liebe Herren, was ich auf eure Fragen zu antworten habe; und seid überzeugt, daß der Besitzer der Sachen, die ihr gefunden habt, derselbe ist, den ihr so behende und halbnackt an euch vorüberrennen saht.« Don Quijote hatte ihm nämlich bereits gesagt, wie er den Menschen über die Höhen hinspringen gesehn. |
| El cual quedó admirado de lo que al cabrero había oído, y quedó con más deseo de saber quién era el desdichado loco; y propuso en sí lo mesmo que ya tenía pensado: de buscalle por toda la montaña, sin dejar rincón ni cueva en ella que no mirase, hasta hallarle. Pero hízolo mejor la suerte de lo que él pensaba ni esperaba, porque en aquel mesmo instante pareció, por entre una quebrada de una sierra que salía donde ellos estaban, el mancebo que buscaba, el cual venía hablando entre sí cosas que no podían ser entendidas de cerca, cuanto más de lejos . Su traje era cual se ha pintado, sólo que, llegando cerca, vio don Quijote que un coleto hecho pedazos que sobre sí traía era de ámbar ; por donde acabó de entender que persona que tales hábitos traía no debía de ser de ínfima calidad. | Der Ritter war voll Staunens ob der Mitteilungen des Ziegenhirten und wurde um so begieriger, zu erfahren, wer der unglückliche Verrückte sein möchte. Was er vorher schon zu tun im Sinne hatte, das wurde jetzt bei Ihm zum festen Vorsatz: im ganzen Gebirge nach ihm zu spähen und keinen Winkel und keine Höhle dort undurchsucht zu lassen, bis er ihn fände. Aber das Schicksal fügte es besser, als er dachte und hoffte; denn in diesem nämlichen Augenblick erschien in einer Felsenschlucht, die sich auf die Stelle hin öffnete, wo sie sich befanden, der junge Mann, den der Ritter suchte. Er kam daher und murmelte etwas zwischen den Lippen, was man nicht von nahem hätte verstehen können, wieviel weniger aus der Entfernung. Sein Aufzug war, wie bereits geschildert; nur bemerkte Don Quijote, als er näher kam, daß das zerrissene Lederkoller, das er auf dem Leibe trug, nach Ambra roch; was ihn denn vollends überzeugte, daß jemand, der so gekleidet sei, nicht von geringem Stand sein könne. |
| En llegando el mancebo a ellos, les saludó con una voz desentonada y bronca, pero con mucha cortesía. Don Quijote le volvió las saludes con no menos comedimiento, y, apeándose de Rocinante, con gentil continente y donaire, le fue a abrazar y le tuvo un buen espacio estrechamente entre sus brazos, como si de luengos tiempos le hubiera conocido. El otro, a quien podemos llamar el Roto de la Mala Figura -como a don Quijote el de la Triste-, después de haberse dejado abrazar, le apartó un poco de sí, y, puestas sus manos en los hombros de don Quijote, le estuvo mirando, como que quería ver si le conocía; no menos admirado quizá de ver la figura, talle y armas de don Quijote, que don Quijote lo estaba de verle a él. En resolución, el primero que habló después del abrazamiento fue el Roto, y dijo lo que se dirá adelante. | Der Jüngling trat zu ihnen heran und grüßte mit tonloser, heiserer Stimme, doch mit vieler Höflichkeit. Don Quijote erwiderte den Gruß nicht minder artig, stieg von Rosinante ab, ging auf ihn zu und umarmte ihn mit edlem Gebaren und zierlichem Anstand und hielt ihn eine gute Weile so innig umschlungen, als hätte er ihn schon seit langen Zeiten gekannt. Der andre, den wir den »Lumpen von der jämmerlichen Gestalt« nennen könnten wie Don Quijote den Ritter von der traurigen, schob diesen, nachdem er sich die Umarmung hatte gefallen lassen, ein wenig beiseite, legte die Hände auf des Ritters Schultern, stand eine Zeitlang im Anschauen da, als wollte er nachsinnen, ob er ihn erkenne, und war vielleicht nicht weniger verwundert, Don Quijotes Gesicht, Gestalt und Rüstung zu sehen, als Don Quijote verwundert war, ihn zu sehen. Der erste, der endlich nach der Umarmung das Wort nahm, war der »Lump von der jämmerlichen Gestalt«, und er sprach, was nachher erzählt werden soll. |
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