| I. Capítulo XXXVI. Que trata de otros raros sucesos que en la venta le sucedieron | 36. Kapitel Welches von andern merkwürdigen Begebnissen handelt, so sich in der Schenke begaben |
| Estando en esto, el ventero, que estaba a la puerta de la venta, dijo: | Während man hierbei war, rief der Wirt, der an der Tür der Schenke stand: |
| -Esta que viene es una hermosa tropa de huéspedes: si ellos paran aquí, gaudeamus tenemos. | »Da kommen Leute, es ist ein prächtiger Trupp Gäste; wenn die hier einkehren, dann wird's hoch hergehen!« |
| -¿Qué gente es? -dijo Cardenio. | »Was für Leute sind es?« fragte Cardenio. |
| -Cuatro hombres -respondió el ventero- vienen a caballo, a la jineta, con lanzas y adargas , y todos con antifaces negros; y junto con ellos viene una mujer vestida de blanco, en un sillón, ansimesmo cubierto el rostro, y otros dos mozos de a pie. | »Vier Herren«, antwortete der Wirt; »sie sitzen zu Pferde mit kurzgeschnalltem Bügel, mit Speeren und Tartschen und alle mit schwarzen Schleiern vor dem Gesicht, und mit ihnen kommt eine weißgekleidete Dame daher auf einem Saumsattel, ihr Gesicht ebenfalls verdeckt, und noch zwei Diener zu Fuß.« |
| -¿Vienen muy cerca? -preguntó el cura. | »Sind sie noch weit?« fragte der Pfarrer. |
| -Tan cerca -respondió el ventero-, que ya llegan. | »Sie werden gleich dasein«, antwortete der Wirt. |
| Oyendo esto Dorotea, se cubrió el rostro, y Cardenio se entró en el aposento de don Quijote ; y casi no habían tenido lugar para esto, cuando entraron en la venta todos los que el ventero había dicho; y, apeándose los cuatro de a caballo, que de muy gentil talle y disposición eran, fueron a apear a la mujer que en el sillón venía; y, tomándola uno dellos en sus brazos, la sentó en una silla que estaba a la entrada del aposento donde Cardenio se había escondido. En todo este tiempo, ni ella ni ellos se habían quitado los antifaces, ni hablado palabra alguna; sólo que, al sentarse la mujer en la silla, dio un profundo suspiro y dejó caer los brazos, como persona enferma y desmayada. Los mozos de a pie llevaron los caballos a la caballeriza. | Als Dorotea das hörte, verschleierte sie ihr Gesicht, und Cardenio begab sich in Don Quijotes Gemach. Und beinahe hätten sie dazu keine Zeit mehr gehabt, als die vom Wirt genannten Personen schon allesamt in die Schenke einzogen. Die vier Reiter, vornehm an Aussehen und Haltung, stiegen ab und hoben die Dame vom Sattel; einer nahm sie in die Arme und setzte sie auf einen Stuhl, der am Eingang des Zimmers stand, wo sich Cardenio verborgen hatte. Während dieser ganzen Zeit hatten weder die Dame noch die Herren die Gesichtshüllen abgelegt noch ein Wort gesprochen. Nur stieß die Dame beim Niederlassen auf den Stuhl einen tiefen Seufzer aus und ließ wie krank und erschöpft die Arme sinken. Die Diener, die zu Fuß gekommen waren, führten die Pferde in den Stall. |
| Viendo esto el cura, deseoso de saber qué gente era aquella que con tal traje y tal silencio estaba, se fue donde estaban los mozos, y a uno dellos le preguntó lo que ya deseaba; el cual le respondió: | Der Pfarrer, der dies alles bemerkte, war begierig, zu erfahren, wer die Leute in solchem Aufzug seien, die sich so schweigend verhielten, ging den Dienern nach und befragte einen von ihnen um die Auskunft, die ihm am Herzen lag. Der aber antwortete ihm: |
| -Pardiez, señor, yo no sabré deciros qué gente sea ésta; sólo sé que muestra ser muy principal, especialmente aquel que llegó a tomar en sus brazos a aquella señora que habéis visto; y esto dígolo porque todos los demás le tienen respeto, y no se hace otra cosa más de la que él ordena y manda. | »So wahr mir Gott helfe, Señor, ich bin nicht imstande, Euch zu sagen, was für Leute es sind; ich weiß nur, daß sie wie sehr vornehme Leute auftreten, insonderheit jener, der zu der Dame, die Ihr gesehen habt, hinging und sie in die Arme nahm. Und das kommt mir deshalb so vor, weil die übrigen alle ihm mit Ehrerbietung begegnen und weil nichts andres geschieht, als was er anordnet und befiehlt.« |
| {}> -Y la señora, ¿quién es? -preguntó el cura. | »Und wer ist die Dame?« fragte der Pfarrer. |
| -Tampoco sabré decir eso -respondió el mozo-, porque en todo el camino no la he visto el rostro; suspirar sí la he oído muchas veces, y dar unos gemidos que parece que con cada uno dellos quiere dar el alma. Y no es de maravillar que no sepamos más de lo que habemos dicho, porque mi compañero y yo no ha más de dos días que los acompañamos; porque, habiéndolos encontrado en el camino, nos rogaron y persuadieron que viniésemos con ellos hasta el Andalucía , ofreciéndose a pagárnoslo muy bien. | »Das kann ich ebensowenig sagen«, antwortete der Diener, »denn auf dem ganzen Wege habe ich ihr Gesicht nicht erblickt; ächzen allerdings habe ich sie öfters hören und so tiefe Seufzer ausstoßen, als ob sie mit jedem die Seele aushauchen wollte. Es ist aber nicht zu verwundern, daß wir nicht mehr wissen; denn mein Kamerad und ich begleiten sie erst zwei Tage; wir trafen sie nämlich unterwegs, und da ersuchten und beredeten sie uns, mit ihnen bis nach Andalusien zu gehen, und boten uns sehr gute Bezahlung an.« |
| -¿Y habéis oído nombrar a alguno dellos? -preguntó el cura. | »Und habt Ihr einen von ihnen mit Namen nennen hören?« fragte der Pfarrer. |
| -No, por cierto -respondió el mozo-, porque todos caminan con tanto silencio que es maravilla, porque no se oye entre ellos otra cosa que los suspiros y sollozos de la pobre señora, que nos mueven a lástima; y sin duda tenemos creído que ella va forzada dondequiera que va, y, según se puede colegir por su hábito, ella es monja, o va a serlo, que es lo más cierto, y quizá porque no le debe de nacer de voluntad el monjío, va triste, como parece. | »Gewiß nicht«, antwortete der Diener, »sie gehen alle so schweigsam ihres Weges, daß es ein Wunder ist; man hört bei ihnen nichts als das Seufzen und Schluchzen der armen Dame, daß es uns zum Mitleid bewegt; und wir sind überzeugt, daß sie nur gezwungen mitreist, und soviel man aus ihrer Kleidung schließen kann, ist sie eine Nonne oder im Begriff, es zu werden, was das Wahrscheinlichere ist. Und vielleicht, weil sie das Klosterleben nicht aus eigner Neigung führt, ist sie so traurig, wie der Augenschein zeigt.« |
| -Todo podría ser -dijo el cura. | »Das kann alles sein«, sagte der Pfarrer, |
| Y, dejándolos, se volvió adonde estaba Dorotea, la cual, como había oído suspirar a la embozada, movida de natural compasión, se llegó a ella y le dijo. | ließ sie stehen und kehrte zu Dorotea zurück. Diese hatte die Verhüllte seufzen hören, und von angeborenem Mitgefühl bewegt, näherte sie sich ihr und sprach: |
| -¿Qué mal sentís, señora mía? Mirad si es alguno de quien las mujeres suelen tener uso y experiencia de curarle, que de mi parte os ofrezco una buena voluntad de serviros. | »Was für ein Leiden fühlt Ihr, mein Fräulein? Bedenkt, ob es eins von denen ist, in deren Heilung wir Frauen Übung und Erfahrung besitzen; denn ich meinerseits biete Euch aufrichtig meine Dienste an.« |
| A todo esto callaba la lastimada señora; y, aunque Dorotea tornó con mayores ofrecimientos, todavía se estaba en su silencio, hasta que llegó el caballero embozado que dijo el mozo que los demás obedecían, y dijo a Dorotea. | Auf all dieses blieb die betrübte Dame stumm, und wiewohl Dorotea ihr Erbieten dringender wiederholte, verharrte sie fortwährend in ihrem Stillschweigen, bis der verlarvte Herr, von dem der Diener gesagt, daß die andern ihm gehorchten, herzutrat und zu Dorotea sprach: |
| -No os canséis, señora , en ofrecer nada a esa mujer, porque tiene por costumbre de no agradecer cosa que por ella se hace, ni procuréis que os responda, si no queréis oír alguna mentira de su boca. | »Quält Euch nicht damit, Señora, diesem Weibe irgend etwas anzubieten; denn sie hat die Gewohnheit, nichts, was man für sie tut, dankbar aufzunehmen. Bemühet Euch auch nicht, eine Antwort von ihr zu erlangen, wenn Ihr nicht eine Lüge aus ihrem Munde hören wollet.« |
| -Jamás la dije -dijo a esta sazón la que hasta allí había estado callando-; antes, por ser tan verdadera y tan sin trazas mentirosas, me veo ahora en tanta desventura; y desto vos mesmo quiero que seáis el testigo, pues mi pura verdad os hace a vos ser falso y mentiroso. | »Niemals habe ich eine solche gesagt«, sprach jetzt die Dame, die bis dahin im Schweigen verharrt hatte, »im Gegenteil, weil ich so wahrheitsliebend und allen lügenhaften Anschlägen fremd bin, sehe ich mich jetzt in so großem Unglück; und zu dessen Zeugen will ich Euch selbst nehmen, da gerade meine reine Wahrheitsliebe Euch zum falschen Lügner gemacht hat.« |
| Oyó estas razones Cardenio bien clara y distintamente, como quien estaba tan junto de quien las decía que sola la puerta del aposento de don Quijote estaba en medio; y, así como las oyó, dando una gran voz dijo: | Diese Worte vernahm Cardenio deutlich und genau, da er sich so nahe bei der Dame befand, daß nur die Türe von Don Quijotes Kammer zwischen beiden war; und sobald er sie hörte, schrie er laut und rief: |
| -¡Válgame Dios! ¿Qué es esto que oigo? ¿Qué voz es esta que ha llegado a mis oídos. | »So helfe mir Gott! Was hör ich? Welche Stimme dringt mir ins Ohr?« |
| Volvió la cabeza a estos gritos aquella señora, toda sobresaltada, y, no viendo quién las daba, se levantó en pie y fuese a entrar en el aposento; lo cual visto por el caballero, la detuvo, sin dejarla mover un paso. A ella, con la turbación y desasosiego, se le cayó el tafetán con que traía cubierto el rostro, y descubrió una hermosura incomparable y un rostro milagroso, aunque descolorido y asombrado, porque con los ojos andaba rodeando todos los lugares donde alcanzaba con la vista, con tanto ahínco, que parecía persona fuera de juicio; cuyas señales, sin saber por qué las hacía , pusieron gran lástima en Dorotea y en cuantos la miraban. Teníala el caballero fuertemente asida por las espaldas, y, por estar tan ocupado en tenerla, no pudo acudir a alzarse el embozo, que se le caía, como, en efeto, se le cayó del todo; y, alzando los ojos Dorotea, que abrazada con la señora estaba, vio que el que abrazada ansimesmo la tenía era su esposo don Fernando; y, apenas le hubo conocido, cuando, arrojando de lo íntimo de sus entrañas un luengo y tristísimo ''¡ay!'', se dejó caer de espaldas desmayada; y, a no hallarse allí junto el barbero, que la recogió en los brazos, ella diera consigo en el suelo. | Bei diesem Ausruf wandte die Dame den Kopf in jähem Schrecken, und da sie nicht sah, wer da gerufen, stand sie auf und wollte in die Kammer hinein; doch als der fremde Herr dies sah, hielt er sie zurück und ließ sie keinen Schritt von der Stelle tun. In der Verwirrung und Aufregung fiel der Schleier von Taft, mit dem sie das Gesicht verdeckt hatte, und es zeigte sich eine unvergleichliche Schönheit, ein Antlitz von wunderbarem Reiz, obschon bleich und angstvoll, da sie ihre Augen überall, wohin ihr Blick reichte, mit solcher Hast umherrollen ließ, daß sie wie von Sinnen schien. Diese schmerzlichen Gebärden, deren Veranlassung niemand wußte, erregten tiefes Mitleid in Dorotea wie in allen, die den Blick auf sie gerichtet hatten. Der fremde Herr hatte sie fest an den Schultern gefaßt, und da er vollauf damit zu tun hatte, sie zu halten, so konnte er seine herabgleitende Larve nicht wieder hinaufschieben; sie fiel ihm ganz und gar vom Gesicht. Als nun Dorotea, welche die Dame mit den Armen umschlungen hatte, die Augen erhob, sah sie, daß der Mann, der die Dame gleichfalls umschlossen hielt, ihr Gemahl Don Fernando war; und kaum hatte sie ihn erkannt, als sie aus dem innersten Herzen ein langes, schmerzliches »Ach!« ausstieß und in Ohnmacht rückwärts niedersank. Und hätte nicht der Barbier nahe dabeigestanden und sie in seinen Armen aufgefangen, so wäre sie zu Boden gestürzt. |
| Acudió luego el cura a quitarle el embozo, para echarle agua en el rostro, y así como la descubrió la conoció don Fernando, que era el que estaba abrazado con la otra, y quedó como muerto en verla; pero no porque dejase, con todo esto, de tener a Luscinda, que era la que procuraba soltarse de sus brazos; la cual había conocido en el suspiro a Cardenio, y él la había conocido a ella. Oyó asimesmo Cardenio el ¡ay! que dio Dorotea cuando se cayó desmayada, y, creyendo que era su Luscinda, salió del aposento despavorido, y lo primero que vio fue a don Fernando, que tenía abrazada a Luscinda. También don Fernando conoció luego a Cardenio; y todos tres, Luscinda, Cardenio y Dorotea, quedaron mudos y suspensos, casi sin saber lo que les había acontecido. | Der Pfarrer eilte sogleich herbei und nahm ihr den Schleier ab, um ihr Wasser ins Gesicht zu spritzen; und sobald er sie entschleierte, wurde sie von Don Fernando erkannt; denn er war es wirklich, der die andre Dame umfaßt hielt. Er blieb wie leblos bei dem Anblick, doch ohne deshalb Luscinda loszulassen; ja, Luscinda war es, die sich mühte, sich seinen Armen zu entwinden. Sie hatte Cardenio an seinem Aufschrei erkannt und er nicht minder sie. So hatte auch Cardenio Doroteas »Ach!« gehört; er glaubte, es sei seine Luscinda, stürzte angstvoll aus der Kammer, und das erste, was er sah, war Don Fernando, der Luscinda in den Armen hielt. Don Fernando erkannte ebenfalls Cardenio auf der Stelle, und alle drei, Luscinda, Cardenio und Dorotea, blieben stumm und starr, fast ohne zu wissen, was ihnen begegnet war. |
| Callaban todos y mirábanse todos : Dorotea a don Fernando, don Fernando a Cardenio, Cardenio a Luscinda y Luscinda a Cardenio. Mas quien primero rompió el silencio fue Luscinda, hablando a don Fernando desta manera. | Alle schwiegen, und alle blickten staunend aufeinander, Dorotea auf Don Fernando, Don Fernando auf Cardenio, Cardenio auf Luscinda und Luscinda auf Cardenio. Aber wer zuerst das Stillschweigen brach, war Luscinda, die zu Don Fernando folgendermaßen sprach: |
| -Dejadme, señor don Fernando, por lo que debéis a ser quien sois, ya que por otro respeto no lo hagáis; dejadme llegar al muro de quien yo soy yedra, al arrimo de quien no me han podido apartar vuestras importunaciones, vuestras amenazas, vuestras promesas ni vuestras dádivas. Notad cómo el cielo, por desusados y a nosotros encubiertos caminos, me ha puesto a mi verdadero esposo delante. Y bien sabéis por mil costosas experiencias que sola la muerte fuera bastante para borrarle de mi memoria. Sean, pues, parte tan claros desengaños para que volváis, ya que no podáis hacer otra cosa, el amor en rabia, la voluntad en despecho, y acabadme con él la vida; que, como yo la rinda delante de mi buen esposo, la daré por bien empleada: quizá con mi muerte quedará satisfecho de la fe que le mantuve hasta el último trance de la vida. | »Lasset mich, Señor Don Fernando, um der Rücksicht willen, die Ihr Eurem eignen Selbstgefühl schuldig seid, wenn Ihr es um keiner andern Rücksicht willen tun wollt, laßt mich an die Mauer mich lehnen, deren Efeu ich bin; laßt mich hin zu der Stütze, von der mich Eure Zudringlichkeiten, Eure Drohungen, Eure Versprechungen, Eure Geschenke nicht wegzureißen vermochten! Seht und merkt Euch, wie der Himmel auf ungewöhnlichen und unserm Blicke verborgenen Pfaden mir meinen wahren Gemahl vor die Augen geführt hat. Auch wißt Ihr aus tausendfachen kostspieligen Erfahrungen, daß der Tod allein imstande wäre, ihn aus meinem Gedächtnis auszumerzen. So mögen denn diese Enttäuschungen, die Euch geworden, bewirken, daß Ihr - wenn Ihr Euch zu nichts anderem aufraffen könnt - die Neigung in Groll und die Liebe in Haß verwandelt, und in diesem Groll nehmt mir das Leben, und wenn ich es vor den Augen meines lieben Gatten ende, so halte ich es für gut angewendet. Vielleicht wird ihn mein Tod von der Treue überzeugen, die ich ihm bis zum letzten Augenblick meines Daseins bewahrt habe.« |
| Había en este entretanto vuelto Dorotea en sí, y había estado escuchando todas las razones que Luscinda dijo, por las cuales vino en conocimiento de quién ella era; que, viendo que don Fernando aún no la dejaba de los brazos, ni respondía a sus razones, esforzándose lo más que pudo, se levantó y se fue a hincar de rodillas a sus pies; y, derramando mucha cantidad de hermosas y lastimeras lágrimas, así le comenzó a decir. | Inzwischen war Dorotea wieder zu sich gekommen, hatte Luscindas Äußerungen alle angehört und aus denselben ersehen, wer die Dame war. Als sie nun bemerkte, daß Don Fernando noch immer Luscinda nicht aus seinen Armen ließ und auf deren Worte nichts erwiderte, nahm sie alle Kraft zusammen, erhob sich, eilte zu ihm hin und warf sich auf die Knie vor ihm nieder und begann, einen Strom so reizender wie schmerzvoller Tränen vergießend, so zu ihm zu sprechen; |
| -Si ya no es, señor mío, que los rayos deste sol que en tus brazos eclipsado tienes te quitan y ofuscan los de tus ojos, ya habrás echado de ver que la que a tus pies está arrodillada es la sin ventura, hasta que tú quieras, y la desdichada Dorotea. Yo soy aquella labradora humilde a quien tú, por tu bondad o por tu gusto, quisiste levantar a la alteza de poder llamarse tuya. Soy la que, encerrada en los límites de la honestidad, vivió vida contenta hasta que, a las voces de tus importunidades, y, al parecer, justos y amorosos sentimientos, abrió las puertas de su recato y te entregó las llaves de su libertad: dádiva de ti tan mal agradecida, cual lo muestra bien claro haber sido forzoso hallarme en el lugar donde me hallas, y verte yo a ti de la manera que te veo. Pero, con todo esto, no querría que cayese en tu imaginación pensar que he venido aquí con pasos de mi deshonra, habiéndome traído sólo los del dolor y sentimiento de verme de ti olvidada. Tú quisiste que yo fuese tuya, y quisístelo de manera que, aunque ahora quieras que no lo sea, no será posible que tú dejes de ser mío. Mira, señor mío, que puede ser recompensa a la hermosura y nobleza por quien me dejas la incomparable voluntad que te tengo. Tú no puedes ser de la hermosa Luscinda, porque eres mío, ni ella puede ser tuya, porque es de Cardenio; y más fácil te será, si en ello miras, reducir tu voluntad a querer a quien te adora, que no encaminar la que te aborrece a que bien te quiera. Tú solicitaste mi descuido, tú rogaste a mi entereza, tú no ignoraste mi calidad, tú sabes bien de la manera que me entregué a toda tu voluntad: no te queda lugar ni acogida de llamarte a engaño. Y si esto es así, como lo es, y tú eres tan cristiano como caballero, ¿por qué por tantos rodeos dilatas de hacerme venturosa en los fines, como me heciste en los principios? Y si no me quieres por la que soy, que soy tu verdadera y legítima esposa, quiéreme, a lo menos, y admíteme por tu esclava; que, como yo esté en tu poder, me tendré por dichosa y bien afortunada. No permitas, con dejarme y desampararme, que se hagan y junten corrillos en mi deshonra; no des tan mala vejez a mis padres, pues no lo merecen los leales servicios que, como buenos vasallos, a los tuyos siempre han hecho. Y si te parece que has de aniquilar tu sangre por mezclarla con la mía, considera que pocas o ninguna nobleza hay en el mundo que no haya corrido por este camino, y que la que se toma de las mujeres no es la que hace al caso en las ilustres decendencias; cuanto más, que la verdadera nobleza consiste en la virtud, y si ésta a ti te falta, ne gándome lo que tan justamente me debes, yo quedaré con más ventajas de noble que las que tú tienes. En fin, señor, lo que últimamente te digo es que, quieras o no quieras, yo soy tu esposa: testigos son tus palabras, que no han ni deben ser mentirosas , si ya es que te precias de aquello por que me desprecias ; testigo será la firma que hiciste , y testigo el cielo, a quien tú llamaste por testigo de lo que me prometías. Y, cuando todo esto falte, tu misma conciencia no ha de faltar de dar voces callando en mitad de tus alegrías, volviendo por esta verdad que te he dicho y turbando tus mejores gustos y contentos . | »Wenn nicht etwa, o mein Gebieter, die Strahlen dieser Sonne, die du jetzt verfinstert in deinen Armen hältst, die Strahlen deiner Augen verdunkeln und löschen, wirst du bereits bemerkt haben, daß das Weib, das zu deinen Füßen kniend liegt, die unselige Dorotea ist, sie, die vom Glück verlassen ist, solange du es nicht anders willst. Ich bin jenes demütige Landmädchen, das du aus Güte oder Neigung zu der Höhe erheben wolltest, daß sie sich die Deinige nennen durfte; ich bin jene, die, von den Schranken der Sittsamkeit umhegt, ein zufriedenes Leben lebte, bis sie auf die Stimme deiner ungestümen Bewerbung und deiner dem Anscheine nach redlichen und liebevollen Gesinnung hin die Pforten ihrer mädchenhaften Scheu auf tat und dir die Schlüssel ihrer Freiheit übergab: eine Gabe, für die du so schlechten Dank erwiesen, daß ich gezwungen bin, mich hier zu befinden und dich unter solchen Umständen wiederzusehen, wie ich dich hier sehe. Aber bei alledem möchte ich nicht, daß dir in den Sinn käme, ich sei etwa in ehrlosem Lebenswandel hierhergeraten, da mich doch nichts hergeführt hat als ein Lebenswandel voll Qualen, voll Schmerz darüber, daß ich mich von dir vergessen sah. Du, du hast gewollt, daß ich die Deine wurde, und du hast es mit solchem Ernste gewollt, daß du, wenn du auch nunmehr wolltest, ich wäre es nicht, unmöglich aufhören kannst, der Meinige zu sein. Bedenke, mein Gebieter, für den hohen Reiz und Adel, um dessentwillen du mich verlassen hast, kann dir die Liebe sondergleichen, die ich dir widme, einen Ersatz bieten. Du kannst der schönen Luscinda nicht angehören, weil du mir angehörst, und sie kann nicht die Deine sein, weil sie Cardenios Gattin ist. Und es wird dir leichter fallen, wenn du es wohl erwägst, daß du deinem Willen gebietest, die zu lieben, die dich anbetet, als daß du jene, die dich verabscheut, vermögen kannst, dich wahrhaft zu lieben. Du, du hast meine Unerfahrenheit umgarnt, du hast mein reines Gemüt mit Bitten bedrängt; mein Stand war dir nicht unbekannt; du weißt wohl, unter welchen Bedingungen ich mich deinem Willen ergab; es bleibt dir weder Grund noch Vorwand, dich für hintergangen zu erklären. Und wenn dem so ist - und es ist so! - und wenn du ein ebenso guter Christ als Edelmann bist, warum gehst du so krumme Wege und zögerst, mich auch am Ende glücklich zu machen, wie du mich am Anfang glücklich gemacht hast? Und liebst du mich nicht als das, was ich bin, als deine wirkliche und rechtmäßige Gemahlin, dann darfst du mich wenigstens als deine Sklavin lieben und bei dir aufnehmen. Wenn ich in deiner Gewalt bin, will ich mich selig und beglückt schätzen. Gib nicht zu, wenn du mich verstößt und schutzlos lassest, daß alsdann die Leute auf der Straße zusammenstehen und meine Ehre mit böser Nachrede verfolgen; bereite nicht meinen greisen Eltern ein so trauriges Alter; denn die redlichen Dienste, die sie den Deinigen als treue Untertanen geleistet, verdienen nicht solchen Lohn. Und wenn du glaubst, du würdest dein Blut durch Vermischung mit dem meinigen verunehren, so bedenke, daß es selten oder nie einen Adel gibt, dem nicht das nämliche geschehen wäre, und daß ein Adel, der sich von den Frauen herleiten ließe, bei erlauchten Geschlechtern nicht in Betracht gezogen wird; zumal der wahre Adel nur in der Tugend besteht. Und wenn diese dir fehlt, weil du mir verweigerst, was du mir nach allem Rechte schuldest, dann habe ich die Vorzüge des Adels in weit höherem Maße als du. Endlich, Señor, und das ist das letzte, was ich dir sage: ob du nun willst oder nicht willst, ich bin deine Gemahlin; dessen Zeugen sind deine Worte, die nicht lügen werden und nicht lügen dürfen, wenn du wirklich das an dir hochachtest, um dessentwillen du mich mißachtest; Zeuge ist die Unterschrift, die du mir gegeben, und Zeuge der Himmel, den du selbst zum Zeugen deiner Versprechungen aufgerufen. Und wenn alle diese Zeugnisse fehlen sollten, so wird doch dein Gewissen nicht verfehlen, inmitten deiner Freuden schweigend zu reden; es wird für diese Wahrheiten, die ich dir gesagt, in die Schranken treten und deine besten Genüsse und Wonnen dir zerstören.« |
| Estas y otras razones dijo la lastimada Dorotea, con tanto sentimiento y lágrimas, que los mismos que acompañaban a don Fernando, y cuantos presentes estaban, la acompañaron en ellas. Escuchóla don Fernando sin replicalle palabra, hasta que ella dio fin a las suyas y principio a tantos sollozos y suspiros, que bien había de ser corazón de bronce el que con muestras de tanto dolor no se enterneciera. Mirándola estaba Luscinda, no menos lastimada de su sentimiento que admirada de su mucha discreción y hermosura; y, aunque quisiera llegarse a ella y decirle algunas palabras de consuelo, no la dejaban los brazos de don Fernando, que apretada la tenían. El cual, lleno de confusión y espanto, al cabo de un buen espacio que atentamente estuvo mirando a Dorotea, abrió los brazos y, dejando libre a Luscinda, dijo. | Diese und ähnliche Worte mehr sprach die betrübte Dorotea in so tiefem Schmerz und mit so viel Tränen, daß alle Anwesenden, selbst die Begleiter Don Fernandos, mit ihr weinen mußten. Don Fernando hörte sie an, ohne ihr ein Wort zu erwidern, bis sie zu reden aufhörte und so zu seufzen und zu schluchzen begann, daß das Herz wohl von Erz sein mußte, das nicht von den Äußerungen so tiefen Schmerzes gerührt worden wäre. Luscinda stand da und schaute sie an, ob ihres Kummers so voll Mitleid wie voll Verwunderung ob ihres Verstandes und ihrer Schönheit. Und wiewohl sie gern auf sie zugegangen wäre, um ihr einige tröstende Worte zu sagen, so ließen Don Fernandos Arme sie nicht los, die sie noch immer festhielten, Aber endlich öffnete er in Verwirrung und Aufregung, nachdem er geraume Zeit und mit gespannter Aufmerksamkeit Doroteen ins Gesicht gesehen, die Arme, ließ Luscinda frei und sprach: |
| -Venciste, hermosa Dorotea, venciste; porque no es posible tener ánimo para negar tantas verdades juntas. | »Du hast gesiegt, schöne Dorotea, du hast gesiegt; niemand kann das Herz haben, so viele zusammenwirkende Wahrheiten abzuleugnen.« |
| Con el desmayo que Luscinda había tenido, así como la dejó don Fernando, iba a caer en el suelo; mas, hallándose Cardenio allí junto, que a las espaldas de don Fernando se había puesto porque no le conociese , prosupuesto todo temor y aventurando a todo riesgo, acudió a sostener a Luscinda, y, cogiéndola entre sus brazos, le dijo: | Luscinda, noch schwach von der Ohnmacht, die sie befallen hatte, war im Begriff, zu Boden zu sinken, als Don Fernando sie freiließ; allein Cardenio, der in der Nähe geblieben und sich hinter Don Fernando gestellt hatte, damit dieser ihn nicht erkenne, setzte nun alle Besorgnis beiseite, wagte es auf alle Gefahr hin, ihr zu Hilfe zu kommen, um sie aufrechtzuerhalten, faßte sie in seine Arme und sprach: |
| -Si el piadoso cielo gusta y quiere que ya tengas algún descanso, leal, firme y hermosa señora mía, en ninguna parte creo yo que le tendrás más seguro que en estos brazos que ahora te reciben, y otro tiempo te recibieron , cuando la fortuna quiso que pudiese llamarte mía. | »Wenn der barmherzige Himmel es will, daß du endlich Erholung und Ruhe findest, du meine getreue, beständige, schöne Gebieterin, so wirst du sie nirgends, glaube ich, sicherer finden als in diesen Armen, die dich jetzt umfangen und dich schon in früheren Tagen umschlossen haben, als das Schicksal es mir noch gewährte, dich die Meine nennen zu dürfen.« |
| A estas razones, puso Luscinda en Cardenio los ojos, y, habiendo comenzado a conocerle, primero por la voz, y asegurándose que él era con la vista, casi fuera de sentido y sin tener cuenta a ningún honesto respeto, le echó los brazos al cuello, y, juntando su rostro con el de Cardenio, le dijo: | Bei diesen Worten richtete Luscinda ihre Augen auf Cardenio. Zuerst hatte sie ihn an der Stimme zu erkennen geglaubt, jetzt überzeugte sie sich durch den Anblick, daß er es sei, und fast ganz von Sinnen, und ohne irgendwelche Rücksicht des Anstands zu beachten, schlang sie ihm die Arme um den Hals, lehnte ihr Gesicht an das seine und sprach zu ihm: |
| -Vos sí, señor mío, sois el verdadero dueño desta vuestra captiva, aunque más lo impida la contraria suerte, y, aunque más amenazas le hagan a esta vida que en la vuestra se sustenta. | »Ja, Ihr, Señor, Ihr seid der wahre Herr dieses Herzens, das in Euren Banden liegt, ob auch das feindliche Schicksal es noch so sehr verwehren will und ob man auch noch so sehr dies Leben bedrohe, das nur aus Eurem seine Kraft erhält.« |
| Estraño espectáculo fue éste para don Fernando y para todos los circunstantes, admirándose de tan no visto suceso. Parecióle a Dorotea que don Fernando había perdido la color del rostro y que hacía ademán de querer vengarse de Cardenio, porque le vio encaminar la mano a ponella en la espada; y, así como lo pensó, con no vista presteza se abrazó con él por las rodillas, besándoselas y teniéndole apretado, que no le dejaba mover, y, sin cesar un punto de sus lágrimas, le decía. | Ein überraschendes Schauspiel war dies für Don Fernando und für alle Umstehenden, die ob eines so unerhörten Ereignisses voller Verwunderung dastanden. Dorotea kam es vor, als sei alle Farbe aus Don Fernandos Antlitz gewichen und als mache er Miene, an Cardenio Rache zu nehmen; denn sie sah, wie er die Hand bewegte, um sie ans Schwert zu legen; doch kaum war ihr dieser Gedanke gekommen, so schlang sie mit unglaublicher Schnelligkeit die Arme um seine Knie, küßte sie und drückte ihn so fest an sich, daß sie ihm keine Bewegung gestattete, und mit Tränen in den Augen sprach sie zu ihm: |
| -¿Qué es lo que piensas hacer, único refugio mío, en este tan impensado trance? Tú tienes a tus pies a tu esposa, y la que quieres que lo sea está en los brazos de su marido. Mira si te estará bien o te será posible deshacer lo que el cielo ha hecho, o si te convendrá querer levantar a igualar a ti mismo a la que, pospuesto todo inconveniente, confirmada en su verdad y firmeza , delante de tus ojos tiene los suyos, bañados de licor amoroso el rostro y pecho de su verdadero esposo. Por quien Dios es te ruego, y por quien tú eres te suplico, que este tan notorio desengaño no sólo no acreciente tu ira, sino que la mengüe en tal manera, que con quietud y sosiego permitas que estos dos amantes le tengan, sin impedimiento tuyo, todo el tiempo que el cielo quisiere concedérsele; y en esto mostrarás la generosidad de tu ilustre y noble pecho, y verá el mundo que tiene contigo más fuerza la razón que el apetito. | »Was nun gedenkst du zu tun, du meine einzige Zuflucht, im Drange dieses so unerwarteten Zusammentreffens? Du hast zu deinen Füßen deine Gattin; die aber, die du zur Gattin begehrst, sie ist in den Armen ihres Gemahls. Bedenke, ob es dir wohl ansteht oder ob es dir überhaupt möglich ist, ungeschehen zu machen, was durch des Himmels Fügung geschehen ist, oder ob es dir nicht geziemt, diejenige zu gleicher Höhe mit dir zu erheben, die, alle Hindernisse beiseite setzend, bewährt in ihrer Treue und Beständigkeit, vor deinen Augen die ihrigen in liebevollen Tränen badet und damit Gesicht und Brust ihres Gemahls benetzt. So wahr Gott unser Gott ist, bitte ich dich, und so wahr du ein Edelmann bist, flehe ich dich an, laß diese offenkundige Enttäuschung deinen Groll nicht stärker entfachen, sondern ihn so völlig beschwichtigen, daß du in Ruhe und Frieden diesem Liebespaar gestattest, Ruhe und Frieden zu genießen, solange der Himmel sie ihnen vergönnen will. Dadurch wirst du zeigen, wie hochherzig dein erlauchtes edles Gemüt ist; daran wird die Welt ersehen, daß die Vernunft über dich mehr Gewalt hat als die Leidenschaft.« |
| En tanto que esto decía Dorotea, aunque Cardenio tenía abrazada a Luscinda, no quitaba los ojos de don Fernando, con determinación de que, si le viese hacer algún movimiento en su perjuicio, procurar defenderse y ofender como mejor pudiese a todos aquellos que en su daño se mostrasen, aunque le costase la vida. Pero a esta sazón acudieron los amigos de don Fernando, y el cura y el barbero, que a todo habían estado presentes, sin que faltase el bueno de Sancho Panza , y todos rodeaban a don Fernando, suplicándole tuviese por bien de mirar las lágrimas de Dorotea; y que, siendo verdad, como sin duda ellos creían que lo era, lo que en sus razones había dicho, que no permitiese quedase defraudada de sus tan justas esperanzas. Que considerase que, no acaso, como parecía, sino con particular providencia del cielo, se habían todos junta do en lugar donde menos ninguno pensaba; y que advirtiese -dijo el cura- que sola la muerte podía apartar a Luscinda de Cardenio; y, aunque los dividiesen filos de alguna espada , ellos tendrían por felicísima su muerte; y que en los lazos inremediables era suma cordura, forzándose y venciéndose a sí mismo, mostrar un generoso pecho, permitiendo que por sola su voluntad los dos gozasen el bien que el cielo ya les había concedido; que pusiese los ojos ansimesmo en la beldad de Dorotea, y vería que pocas o ninguna se le podían igualar, cuanto más hacerle ventaja, y que juntase a su hermosura su humildad y el estremo del amor que le tenía; y, sobre todo, advirtiese que si se preciaba de caballero y de cristiano, que no podía hacer otra cosa que cumplille la palabra dada, y que, cumpliéndosela, cumpliría con Dios y satisfaría a las gentes discretas, las cuales saben y conocen que es prerrogativa de la hermosura, aunque esté en sujeto humilde, como se acompañe con la honestidad, poder levantarse e igualarse a cualquiera alteza, sin nota de menoscabo del que la levanta e iguala a sí mismo; y, cuando se cumplen las fuertes leyes del gusto, como en ello no intervenga pecado, no debe de ser culpado el que las sigue. | Während Dorotea so sprach, hielt Cardenio noch immer Luscinda in den Armen, ohne jedoch Don Fernando aus den Augen zu lassen, fest entschlossen, bei der geringsten gefährlichen Bewegung mit Verteidigung und Angriff so nachdrücklich als möglich gegen jeden vorzugehen, der sich ihm feindlich erweise, und sollte es ihn selbst auch das Leben kosten. Aber in diesem Augenblick schlugen sich Don Fernandos Freunde ins Mittel, ebenso der Pfarrer und der Barbier, die bei allem zugegen gewesen, und selbst der gute Kerl von Sancho fehlte nicht dabei, und alle umringten Don Fernando und baten ihn, er möge doch endlich auf Doroteas Tränen Rücksicht nehmen; und da doch alles wahr sei, was sie vorgebracht habe, so möge er nicht zugeben, daß sie sich um ihre so ganz gerechten Hoffnungen betrogen sähe; er möchte erwägen, daß sie sich alle nicht zufällig, wie es den Anschein habe, sondern durch besondere Fügung des Himmels an einem Ort zusammengefunden, wo es gewiß keiner erwartet hätte. Auch möge er wohl bedenken, sagte der Pfarrer, daß der Tod allein Luscinda von Cardenio scheiden könne und daß sie, wenn selbst die Schneide eines Schwertes sie trennen sollte, ihren Tod für höchstes Glück erachten würden; in Fällen, wo nichts zu andern stehe, sei es die höchste Weisheit, mit Bezähmung des eignen Willens und Selbstüberwindung ein edles Herz zu zeigen. Er möge den beiden freiwillig ein Glück zugestehen, das ihnen der Himmel vergönnt habe. Auch möge er die Blicke auf Doroteas Schönheit richten, und da werde er sehen, daß es wenige oder keine Reize gebe, die den ihrigen gleichzukommen, viel weniger sie zu übertreffen vermöchten; zudem verbinde sie mit ihrer Schönheit demütigen Sinn und unbegrenzte Liebe zu ihm. Vor allem aber möge er wohl beachten, daß er als Edelmann und Christ nicht anders könne, als ihr das gegebene Wort zu erfüllen, und wenn er es erfülle, so werde er damit seine Pflicht gegen Gott erfüllen und den Beifall aller Verständigen erlangen, die da wohl wissen und erkennen, daß die Schönheit, auch wenn sie sich bei einem Mädchen von geringem Stande findet, das Vorrecht besitzt, falls sie nur mit Sittsamkeit gepaart ist, sich zu jeder Höhe zu erheben, ohne daß die Ehre dessen darunter leide, der sie emporhebe und auf gleiche Stufe mit sich selbst stelle. Und wenn den allmächtigen Geboten der Neigung gehorcht wird, so kann, wofern nur nichts Sündliches hinzukommt, der keinen Tadel verdienen, der ihnen Folge leistet. |
| En efeto, a estas razones añadieron todos otras, tales y tantas, que el valeroso pecho de don Fernando (en fin, como alimentado con ilustre sangre) se ablandó y se dejó vencer de la verdad, que él no pudiera negar aunque quisiera; y la señal que dio de haberse rendido y entregado al buen parecer que se le había propuesto fue abajarse y abrazar a Dorotea, diciéndole. | Nun fügten sie alle zu diesen Gründen noch andere und so überzeugende hinzu, daß Don Fernandos starkes Herz, da es in der Tat edlen Blutes war, weich wurde und sich von der Wahrheit überwinden ließ, die er nicht leugnen konnte, selbst wenn er es gewollt hätte. Und zum Beweis, daß er dem erteilten guten Rate sich gefügt und völlig ergeben habe, beugte er sich nieder, umarmte Dorotea und sprach zu ihr: |
| -Levantaos, señora mía, que no es justo que esté arrodillada a mis pies la que yo tengo en mi alma; y si hasta aquí no he dado muestras de lo que digo, quizá ha sido por orden del cielo, para que, viendo yo en vos la fe con que me amáis, os sepa estimar en lo que merecéis. Lo que os ruego es que no me reprehendáis mi mal término y mi mucho descuido, pues la misma ocasión y fuerza que me movió para acetaros por mía, esa misma me impelió para procurar no ser vuestro. Y que esto sea verdad, volved y mirad los ojos de la ya contenta Luscinda, y en ellos hallaréis disculpa de todos mis yerros; y, pues ella halló y alcanzó lo que deseaba, y yo he hallado en vos lo que me cumple, viva ella segura y contenta luengos y felices años con su Cardenio, que yo rogaré al cielo que me los deje vivir con mi Dorotea. | »Erhebet Euch, meine Gebieterin, denn es gebührt sich nicht, daß die zu meinen Füßen kniet, die ich im Herzen trage. Und wenn ich das, was ich sage, bis jetzt nicht durch die Tat bewiesen habe, so geschah es vielleicht nach dem Gebote des Himmels, damit ich recht ersehen sollte, mit welcher Treue Ihr mich liebt, und darum Euch so hoch schätzen lernte, wie Ihr es verdient. Was ich von Euch erbitte, ist, daß Ihr meine Härte und meine Vernachlässigung mir nicht zum Vorwurfe macht; denn die nämliche Ursache, die nämliche Gewalt, die mich jetzo vermochte, Euch als die Meinige anzuerkennen, die nämliche hatte mich vorhin dahin gebracht, daß ich der Eurige nicht mehr sein wollte. Und um zu erkennen, wie wahr dies ist: wendet Euch dorthin und schaut der jetzt glücklichen Luscinda in die Augen, und in ihnen werdet Ihr die Entschuldigung finden für all meine Verirrungen. Und da Luscinda gefunden und erlangt hat, was sie ersehnte, und ich in Euch gefunden habe, was mich beglückt, so möge sie gesichert und zufrieden lange beseligte Jahre mit ihrem Cardenio leben, und ich will den Himmel bitten, daß er sie mich mit meiner Dorotea verleben lasse.« |
| Y, diciendo esto, la tornó a abrazar y a juntar su rostro con el suyo, con tan tierno sentimiento, que le fue necesario tener gran cuenta con que las lágrimas no acabasen de dar indubitables señas de su amor y arrepentimiento. No lo hicieron así las de Luscinda y Cardenio , y aun las de casi todos los que allí presentes estaban, porque comenzaron a derramar tantas, los unos de contento proprio y los otros del ajeno, que no parecía sino que algún grave y mal caso a todos había sucedido. Hasta Sancho Panza lloraba, aunque después dijo que no lloraba él sino por ver que Dorotea no era , como él pensaba, la reina Micomicona, de quien él tantas mercedes esperaba. Duró algún espacio, junto con el llanto, la admiración en todos, y luego Cardenio y Luscinda se fueron a poner de rodillas ante don Fernando, dándole gracias de la merced que les había hecho con tan corteses razones, que don Fernando no sabía qué responderles; y así, los levantó y abrazó con muestras de mucho amor y de mucha cortesía. | Und mit diesen Worten umarmte er sie aufs neue und preßte sein Antlitz an das ihrige, so bewegt von inniger Herzensempfindung, daß er sich große Gewalt antun mußte, um nicht mit hervorbrechenden Tränen zweifellose Beweise seiner Liebe und Reue zu geben. Doch Luscindas und Cardenios Tränen wollten sich nicht in solcher Weise zurückhalten lassen und ebenso die fast aller andern Anwesenden, die nun begannen, ihrer so viele zu vergießen, die einen über ihr eignes, die andern über fremdes Glück, daß es nicht anders aussah, als hätte sie alle ein schweres und trauriges Ereignis betroffen. Sancho weinte, wiewohl er nachher sagte, er weine nur, weil er gesehen, daß Dorotea nicht, wie er geglaubt, die Königin Míkomikona sei, von der er so viele Gnaden erhofft habe. Zu der Rührung gesellte sich bei allen das Staunen und hielt eine Zeitlang an. Dann warfen sich Cardenio und Luscinda vor Don Fernando auf die Knie und dankten ihm für die Güte, die er ihnen erwiesen, mit so wohlbemessenen Worten, daß Don Fernando nicht wußte, was er ihnen antworten sollte. Und so hob er sie vom Boden auf und umarmte sie mit Zeichen größter Freundschaft und höchstem Anstand. |
| Preguntó luego a Dorotea le dijese cómo había venido a aquel lugar tan lejos del suyo. Ella, con breves y discretas razones, contó todo lo que antes había contado a Cardenio, de lo cual gustó tanto don Fernando y los que con él venían , que quisieran que durara el cuento más tiempo: tanta era la gracia con que Dorotea contaba sus desventuras. Y, así como hubo acabado, dijo don Fernando lo que en la ciudad le había acontecido después que halló el papel en el seno de Luscinda, donde declaraba ser esposa de Cardenio y no poderlo ser suya. Dijo que la quiso matar, y lo hiciera si de sus padres no fuera impedido; y que así, se salió de su casa, despechado y corrido, con determinación de vengarse con más comodidad; y que otro día supo como Luscinda había faltado de casa de sus padres, sin que nadie supiese decir dónde se había ido, y que, en resolución, al cabo de algunos meses vino a saber como estaba en un monesterio , con voluntad de quedarse en él toda la vida, si no la pudiese pasar con Cardenio; y que, así como lo supo, escogiendo para su compañía aquellos tres caballeros, vino al lugar donde estaba, a la cual no había querido hablar, temeroso que, en sabiendo que él estaba allí, había de haber más guarda en el monesterio; y así, aguardando un día a que la portería estuviese abierta, dejó a los dos a la guarda de la puerta, y él, con otro, habían entrado en el monesterio buscando a Luscinda, la cual hallaron en el claustro hablando con una monja; y, arrebatándola, sin darle lugar a otra cosa, se habían venido con ella a un lugar donde se acomodaron de aquello que hubieron menester para traella. Todo lo cual habían podido hacer bien a su salvo, por estar el monesterio en el campo, buen trecho fuera del pueblo. Dijo que, así como Luscinda se vio en su poder, perdió todos los sentidos; y que, después de vuelta en sí, no había hecho otra cosa sino llorar y suspirar, sin hablar palabra alguna; y que así, acompañados de silencio y de lágrimas, habían llegado a aquella venta, que para él era haber llegado al cielo, donde se rematan y tienen fin todas las desventuras de la tierra. | Dann bat er Dorotea, ihm zu sagen, wie sie an diesen Ort gekommen, der so fern von dem ihrigen sei. Mit kurzen und verständigen Worten berichtete sie alles, was sie vorher Cardenio erzählt hatte, und Don Fernando und seine Begleiter fanden so viel Gefallen daran, daß sie der Erzählung eine weit längere Dauer gewünscht hätten, mit so großer Anmut wußte Dorotea ihre Erlebnisse zu schildern. Sobald sie geendet hatte, erzählte Don Fernando, was ihm in der Stadt seit der Zeit begegnet war, als er in Luscindas Busen den Brief fand, in dem sie erklärte, Cardenios Gattin zu sein und die seinige nicht werden zu können. Er sagte, er habe sie töten wollen und hätte es auch sicher getan, wenn ihn ihre Eltern nicht zurückgehalten hätten. So sei er denn aus ihrem Hause voll Grimm und Erbitterung fortgeeilt, entschlossen, bei besserer Gelegenheit Rache zu nehmen. Am folgenden Tage habe er erfahren, daß Luscinda aus dem Haus ihrer Eltern verschwunden sei, ohne daß jemand wußte, wohin sie gegangen; zuletzt jedoch habe er nach einigen Monaten erfahren, sie befinde sich in einem Kloster und sei willens, ihr ganzes Leben, wenn sie es nicht an Cardenios Seite verbringen könne, darin zu bleiben. Sobald er dies vernommen, habe er diese drei Edelleute zu seiner Begleitung erlesen und sich an Luscindas Aufenthaltsort begeben; jedoch habe er nicht versucht, sie zu sprechen, weil er besorgte, man werde im Kloster strengere Wachsamkeit üben, sobald man wisse, daß er sich dort befinde. So habe er gewartet, bis eines Tags die Klosterpforte offenstand, habe zwei von seinen Begleitern zur Bewachung der Tür zurückgelassen und sei mit dem dritten ins Kloster gedrungen, um Luscinda zu suchen; sie hätten sie im Kreuzgang im Gespräch mit einer Nonne gefunden und sie im Nu fortgeschleppt, ohne ihr einen Augenblick Besinnung zu lassen, und seien mit ihr zu einer Ortschaft gelangt, wo sie sich mit allem versorgten, was erforderlich war, um sie weiter mitzunehmen. Dies alles hätten sie mit vollster Sicherheit ausführen können, weil das Kloster im freien Felde, eine gute Strecke von der Stadt entfernt, lag. Er erzählte dann, sobald Luscinda sich in seiner Gewalt gesehen, habe sie alle Besinnung verloren, und als sie wieder zu sich gekommen, habe sie nichts als geweint und geseufzt und kein Wort gesprochen. So seien sie im Geleite des Stillschweigens und Weinens zu dieser Schenke gekommen, die für ihn geradeso sei, als wäre er in den Himmel gekommen, wo alles Mißgeschick der Erde schwinde und sein Ende finde. |
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