Don Quijote de la Mancha
         de Miguel de Cervantes Saavedra
Edición bilingüe, español-inglés, en textos paralelos
Bilingual edition: Spanish-English, in parallel texts
English translation by J. Ormsby, with Translator's Preface
Integrado en el sistema MGARCI
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Traducción bilingüe al: Alemán Francés Inglés Italiano
Parte II del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha.
PROLEGOMENOS
TASA Yo, Hernando de Vallejo, escribano de Cámara del Rey nuestro señor, de los que residen en su Consejo, doy fe que, habiéndose visto por los señores dél un libro que compuso Miguel de Cervantes Saavedra, intitulado Don Quijote de la Mancha, Segunda parte, que con licencia de Su Majestad fue impreso, le tasaron a cuatro maravedís cada pliego en papel, el cual tiene setenta y tres pliegos, que al dicho respeto suma y monta docientos y noventa y dos maravedís, y mandaron que esta tasa se ponga al principio de cada volumen del dicho libro, para que se sepa y entienda lo que por él se ha de pedir y llevar, sin que se exceda en ello en manera alguna, como consta y parece por el auto y decreto original sobre ello dado, y que queda en mi poder, a que me refiero; y de mandamiento de los dichos señores del Consejo y de pedimiento de la parte del dicho Miguel de Cervantes, di esta fee en Madrid, a veinte y uno días del mes de otubre del mil y seiscientos y quince años.

The introductory lines before the DEDICATORIA are missing in the translation

Hernando de Vallejo.
FE DE ERRATAS Vi este libro intitulado Segunda parte de don Quijote de la Mancha, compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra, y no hay en él cosa digna de notar que no corresponda a su original. Dada en Madrid, a veinte y uno de otubre, mil y seiscientos y quince.
El licenciado Francisco Murcia de la Llana.
APROBACIÓN Por comisión y mandado de los señores del Consejo, he hecho ver el libro contenido en este memorial: no contiene cosa contra la fe ni buenas costumbres, antes es libro de mucho entretenimiento lícito, mezclado de mucha filosofía moral; puédesele dar licencia para imprimirle. En Madrid, a cinco de noviembre de mil seiscientos y quince.
Doctor Gutierre de Cetina.
APROBACIÓN Por comisión y mandado de los señores del Consejo, he visto la Segunda parte de don Quijote de la Mancha, por Miguel de Cervantes Saavedra: no contiene cosa contra nuestra santa fe católica, ni buenas costumbres, antes, muchas de honesta recreación y apacible divertimiento, que los antiguos juzgaron convenientes a sus repúblicas, pues aun en la severa de los lacedemonios levantaron estatua a la risa, y los de Tesalia la dedicaron fiestas, como lo dice Pausanias, referido de Bosio, libro II De signis Ecclesiae, cap. 10, alentando ánimos marchitos y espíritus melancólicos, de que se acordó Tulio en el primero De legibus, y el poeta diciendo:
Interpone tuis interdum gaudia curis,
lo cual hace el autor mezclando las veras a las burlas, lo dulce a lo provechoso y lo moral a lo faceto, disimulando en el cebo del donaire el anzuelo de la reprehensión, y cumpliendo con el acertado asunto en que pretende la expulsión de los libros de caballerías, pues con su buena diligencia mañosamente alimpiando de su contagiosa dolencia a estos reinos, es obra muy digna de su grande ingenio, honra y lustre de nuestra nación, admiración y invidia de las estrañas. Éste es mi parecer, salvo etc. En Madrid, a 17 de marzo de 1615.
El maestro Josef de Valdivielso.
APROBACIÓN Por comisión del señor doctor Gutierre de Cetina, vicario general desta villa de Madrid, corte de Su Majestad, he visto este libro de la Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha, por Miguel de Cervantes Saavedra, y no hallo en él cosa indigna de un cristiano celo, ni que disuene de la decencia debida a buen ejemplo, ni virtudes morales; antes, mucha erudición y aprovechamiento, así en la continencia de su bien seguido asunto para extirpar los vanos y mentirosos libros de caballerías, cuyo contagio había cundido más de lo que fuera justo, como en la lisura del lenguaje castellano, no adulterado con enfadosa y estudiada afectación, vicio con razón aborrecido de hombres cuerdos; y en la correción de vicios que generalmente toca, ocasionado de sus agudos discursos, guarda con tanta cordura las leyes de reprehensión cristiana, que aquel que fuere tocado de la enfermedad que pretende curar, en lo dulce y sabroso de sus medicinas gustosamente habrá bebido, cuando menos lo imagine, sin empacho ni asco alguno, lo provechoso de la detestación de su vicio, con que se hallará, que es lo más difícil de conseguirse, gustoso y reprehendido. Ha habido muchos que, por no haber sabido templar ni mezclar a propósito lo útil con lo dulce, han dado con todo su molesto trabajo en tierra, pues no pudiendo imitar a Diógenes en lo filósofo y docto, atrevida, por no decir licenciosa y desalumbradamente, le pretenden imitar en lo cínico, entregándose a maldicientes, inventando casos que no pasaron, para hacer capaz al vicio que tocan de su áspera reprehensión, y por ventura descubren caminos para seguirle, hasta entonces ignorados, con que vienen a quedar, si no reprehensores, a lo menos maestros dél. Hácense odiosos a los bien entendidos, con el pueblo pierden el crédito, si alguno tuvieron, para admitir sus escritos y los vicios que arrojada e imprudentemente quisieren corregir en muy peor estado que antes, que no todas las postemas a un mismo tiempo están dispuestas para admitir las recetas o cauterios; antes, algunos mucho mejor reciben las blandas y suaves medicinas, con cuya aplicación, el atentado y docto médico consigue el fin de resolverlas, término que muchas veces es mejor que no el que se alcanza con el rigor del hierro. Bien diferente han sentido de los escritos de Miguel de Cervantes, así nuestra nación como las estrañas, pues como a milagro desean ver el autor de libros que con general aplauso, así por su decoro y decencia como por la suavidad y blandura de sus discursos, han recebido España, Francia, Italia, Alemania y Flandes. Certifico con verdad que en veinte y cinco de febrero deste año de seiscientos y quince, habiendo ido el ilustrísimo señor don Bernardo de Sandoval y Rojas, cardenal arzobispo de Toledo, mi señor, a pagar la visita que a Su Ilustrísima hizo el embajador de Francia, que vino a tratar cosas tocantes a los casamientos de sus príncipes y los de España, muchos caballeros franceses, de los que vinieron acompañando al embajador, tan corteses como entendidos y amigos de buenas letras, se llegaron a mí y a otros capellanes del cardenal mi señor, deseosos de saber qué libros de ingenio andaban más validos; y, tocando acaso en éste que yo estaba censurando, apenas oyeron el nombre de Miguel de Cervantes, cuando se comenzaron a hacer lenguas, encareciendo la estimación en que, así en Francia como en los reinos sus confinantes, se tenían sus obras: la Galatea, que alguno dellos tiene casi de memoria la primera parte désta, y las Novelas. Fueron tantos sus encarecimientos, que me ofrecí llevarles que viesen el autor dellas, que estimaron con mil demostraciones de vivos deseos. Preguntáronme muy por menor su edad, su profesión, calidad y cantidad. Halléme obligado a decir que era viejo, soldado, hidalgo y pobre, a que uno respondió estas formales palabras: ‘‘ Pues, ¿a tal hombre no le tiene España muy rico y sustentado del erario público?’’ Acudió otro de aquellos caballeros con este pensamiento y con mucha agudeza, y dijo: ‘‘ Si necesidad le ha de obligar a escribir, plega a Dios que nunca tenga abundancia, para que con sus obras, siendo él pobre, haga rico a todo el mundo’’. Bien creo que está, para censura, un poco larga; alguno dirá que toca los límites de lisonjero elogio; mas la verdad de lo que cortamente digo deshace en el crítico la sospecha y en mí el cuidado; además que el día de hoy no se lisonjea a quien no tiene con qué cebar el pico del adulador, que, aunque afectuosa y falsamente dice de burlas, pretende ser remunerado de veras. En Madrid, a veinte y siete de febrero de mil y seiscientos y quince.
El licenciado Márquez Torres.
PRIVILEGIO Por cuanto por parte de vos, Miguel de Cervantes Saavedra, nos fue fecha relación que habíades compuesto la Segunda parte de don Quijote de la Mancha, de la cual hacíades presentación, y, por ser libro de historia agradable y honesta, y haberos costado mucho trabajo y estudio, nos suplicastes os mandásemos dar licencia para le poder imprimir y privilegio por veinte años, o como la nuestra merced fuese; lo cual visto por los del nuestro Consejo, por cuanto en el dicho libro se hizo la diligencia que la premática por nos sobre ello fecha dispone, fue acordado que debíamos mandar dar esta nuestra cédula en la dicha razón, y nos tuvímoslo por bien. Por la cual vos damos licencia y facultad para que, por tiempo y espacio de diez años, cumplidos primeros siguientes, que corran y se cuenten desde el día de la fecha de esta nuestra cédula en adelante, vos, o la persona que para ello vuestro poder hobiere, y no otra alguna, podáis imprimir y vender el dicho libro que desuso se hace mención; y por la presente damos licencia y facultad a cualquier impresor de nuestros reinos que nombráredes para que durante el dicho tiempo le pueda imprimir por el original que en el nuestro Consejo se vio, que va rubricado y firmado al fin de Hernando de Vallejo, nuestro escribano de Cámara, y uno de los que en él residen, con que antes y primero que se venda lo traigáis ante ellos, juntamente con el dicho original, para que se vea si la dicha impresión está conforme a él, o traigáis fe en pública forma cómo, por corretor por nos nombrado, se vio y corrigió la dicha impresión por el dicho original, y más al dicho impresor que ansí imprimiere el dicho libro no imprima el principio y primer pliego dél, ni entregue más de un solo libro con el original al autor y persona a cuya costa lo imprimiere, ni a otra alguna, para efecto de la dicha correción y tasa, hasta que antes y primero el dicho libro esté corregido y tasado por los del nuestro Consejo, y estando hecho, y no de otra manera, pueda imprimir el dicho principio y primer pliego, en el cual imediatamente ponga esta nuestra licencia y la aprobación, tasa y erratas, ni lo podáis vender ni vendáis vos ni otra persona alguna, hasta que esté el dicho libro en la forma susodicha, so pena de caer e incurrir en las penas contenidas en la dicha premática y leyes de nuestros reinos que sobre ello disponen; y más, que durante el dicho tiempo persona alguna sin vuestra licencia no le pueda imprimir ni vender, so pena que el que lo imprimiere y vendiere haya perdido y pierda cualesquiera libros, moldes y aparejos que dél tuviere, y más incurra en pena de cincuenta mil maravedís por cada vez que lo contrario hiciere, de la cual dicha pena sea la tercia parte para nuestra Cámara, y la otra tercia parte para el juez que lo sentenciare, y la otra tercia parte par el que lo denunciare; y más a los del nuestro Consejo, presidentes, oidores de las nuestras Audiencias, alcaldes, alguaciles de la nuestra Casa y Corte y Chancillerías, y a otras cualesquiera justicias de todas las ciudades, villas y lugares de los nuestros reinos y señoríos, y a cada uno en su juridición, ansí a los que agora son como a los que serán de aquí adelante, que vos guarden y cumplan esta nuestra cédula y merced, que ansí vos hacemos, y contra ella no vayan ni pasen en manera alguna, so pena de la nuestra merced y de diez mil maravedís para la nuestra Cámara. Dada en Madrid, a treinta días del mes de marzo de mil y seiscientos y quince años.
YO, EL REY.
Por mandado del Rey nuestro señor: Pedro de Contreras.
DEDICATORIA AL CONDE DE LEMOS DEDICATION OF PART II TO THE COUNT OF LEMOS:
Enviando a Vuestra Excelencia los días pasados mis comedias, antes impresas que representadas, si bien me acuerdo, dije que don Quijote quedaba calzadas las espuelas para ir a besar las manos a Vuestra Excelencia; y ahora digo que se las ha calzado y se ha puesto en camino, y si él allá llega, me parece que habré hecho algún servicio a Vuestra Excelencia, porque es mucha la priesa que de infinitas partes me dan a que le envíe para quitar el hámago y la náusea que ha causado otro don Quijote, que, con nombre de segunda parte, se ha disfrazado y corrido por el orbe; y el que más ha mostrado desearle ha sido el grande emperador de la China, pues en lengua chinesca habrá un mes que me escribió una carta con un propio, pidiéndome, o, por mejor decir, suplicándome se le enviase, porque quería fundar un colegio donde se leyese la lengua castellana, y quería que el libro que se leyese fuese el de la historia de don Quijote. Juntamente con esto, me decía que fuese yo a ser el rector del tal colegio. THESE days past, when sending Your Excellency my plays, that had appeared in print before being shown on the stage, I said, if I remember well, that Don Quixote was putting on his spurs to go and render homage to Your Excellency. Now I say that with his spurs, he is on his way." Should he reach destination methinks I shall have rendered some service to Your Excellency, as from many parts I am urged to send him off, so as to dispel the loathing and disgust caused by another Don Quixote who, under the name of Second Part, has run masquerading through the whole world. And he who has shown the greatest longing for him has been the great Emperor of China, who wrote me a letter in Chinese a month ago and sent it by a special courier. He asked me, or to be truthful, he begged me to send him Don Quixote, for he intended to found a college where the Spanish tongue would be taught, and it was his wish that the book to be read should be the History of Don Quixote. He also added that I should go and be the rector of this college.
Preguntéle al portador si Su Majestad le había dado para mí alguna ayuda de costa. Respondióme que ni por pensamiento. ‘‘ Pues, hermano –le respondí yo–, vos os podéis volver a vuestra China a las diez, o a las veinte, o a las que venís despachado, porque yo no estoy con salud para ponerme en tan largo viaje; además que, sobre estar enfermo, estoy muy sin dineros, y emperador por emperador, y monarca por monarca, en Nápoles tengo al grande conde de Lemos, que, sin tantos titulillos de colegios ni rectorías, me sustenta, me ampara y hace más merced que la que yo acierto a desear’’. I asked the bearer if His Majesty had afforded a sum in aid of my travel expenses. He answered, "No, not even in thought." Then, brother," I replied, "you can return to your China, post haste or at whatever haste you are bound to go, as I am not fit for so long a travel and, besides being ill, I am very much without money, while Emperor for Emperor and Monarch for Monarch, I have at Naples the great Count of Lemos, who, without so many petty titles of colleges and rectorships, sustains me, protects me and does me more favour than I can wish for."
Con esto le despedí, y con esto me despido, ofreciendo a Vuestra Excelencia los Trabajos de Persiles y Sigismunda, libro a quien daré fin dentro de cuatro meses, Deo volente; el cual ha de ser o el más malo o el mejor que en nuestra lengua se haya compuesto, quiero decir de los de entretenimiento; y digo que me arrepiento de haber dicho el más malo, porque, según la opinión de mis amigos, ha de llegar al estremo de bondad posible. Thus I gave him his leave and I beg mine from you, offering Your Excellency the Trabajos de Persiles y Sigismunda," a book I shall finish within four months, Deo volente, and which will be either the worst or the best that has been composed in our language, I mean of those intended for entertainment; at which I repent of having called it the worst, for, in the opinion of friends, it is bound to attain the summit of possible quality.
Venga Vuestra Excelencia con la salud que es deseado; que ya estará Persiles para besarle las manos, y yo los pies, como criado que soy de Vuestra Excelencia. De Madrid, último de otubre de mil seiscientos y . May Your Excellency return in such health that is wished you; Persiles will be ready to kiss your hand and I your feet, being as I am, Your Excellency's most humble servant. From Madrid, this last day of October of the year one thousand six hundred and fifteen.
Criado de Vuestra Excelencia, At the service of Your Excellency:
Miguel de Cervantes Saavedra. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
AUTHOR'S PREFACE
PRÓLOGO AL LECTOR ¡Válame Dios, y con cuánta gana debes de estar esperando ahora, lector ilustre, o quier plebeyo, este prólogo, creyendo hallar en él venganzas, riñas y vituperios del autor del segundo Don Quijote; digo de aquel que dicen que se engendró en Tordesillas y nació en Tarragona. Pues en verdad que no te he dar este contento; que, puesto que los agravios despiertan la cólera en los más humildes pechos, en el mío ha de padecer excepción esta regla. Quisieras tú que lo diera del asno, del mentecato y del atrevido, pero no me pasa por el pensamiento: castíguele su pecado, con su pan se lo coma y allá se lo haya. Lo que no he podido dejar de sentir es que me note de viejo y de manco, como si hubiera sido en mi mano haber detenido el tiempo, que no pasase por mí, o si mi manquedad hubiera nacido en alguna taberna, sino en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros. Si mis heridas no resplandecen en los ojos de quien las mira, son estimadas, a lo menos, en la estimación de los que saben dónde se cobraron; que el soldado más bien parece muerto en la batalla que libre en la fuga; y es esto en mí de manera, que si ahora me propusieran y facilitaran un imposible, quisiera antes haberme hallado en aquella facción prodigiosa que sano ahora de mis heridas sin haberme hallado en ella. Las que el soldado muestra en el rostro y en los pechos, estrellas son que guían a los demás al cielo de la honra, y al de desear la justa alabanza; y hase de advertir que no se escribe con las canas, sino con el entendimiento, el cual suele mejorarse con los años. GOD bless me, gentle (or it may be plebeian) reader, how eagerly must thou be looking forward to this preface, expecting to find there retaliation, scolding, and abuse against the author of the second Don Quixote- I mean him who was, they say, begotten at Tordesillas and born at Tarragona! Well then, the truth is, I am not going to give thee that satisfaction; for, though injuries stir up anger in humbler breasts, in mine the rule must admit of an exception. Thou wouldst have me call him ass, fool, and malapert, but I have no such intention; let his offence be his punishment, with his bread let him eat it, and there's an end of it. What I cannot help taking amiss is that he charges me with being old and one-handed, as if it had been in my power to keep time from passing over me, or as if the loss of my hand had been brought about in some tavern, and not on the grandest occasion the past or present has seen, or the future can hope to see. If my wounds have no beauty to the beholder's eye, they are, at least, honourable in the estimation of those who know where they were received; for the soldier shows to greater advantage dead in battle than alive in flight; and so strongly is this my feeling, that if now it were proposed to perform an impossibility for me, I would rather have had my share in that mighty action, than be free from my wounds this minute without having been present at it. Those the soldier shows on his face and breast are stars that direct others to the heaven of honour and ambition of merited praise; and moreover it is to be observed that it is not with grey hairs that one writes, but with the understanding, and that commonly improves with years.
He sentido también que me llame invidioso, y que, como a ignorante, me describa qué cosa sea la invidia; que, en realidad de verdad, de dos que hay, yo no conozco sino a la santa, a la noble y bien intencionada; y, siendo esto así, como lo es, no tengo yo de perseguir a ningún sacerdote, y más si tiene por añadidura ser familiar del Santo Oficio; y si él lo dijo por quien parece que lo dijo, engañóse de todo en todo: que del tal adoro el ingenio, admiro las obras y la ocupación continua y virtuosa. Pero, en efecto, le agradezco a este señor autor el decir que mis novelas son más satíricas que ejemplares, pero que son buenas; y no lo pudieran ser si no tuvieran de todo. I take it amiss, too, that he calls me envious, and explains to me, as if I were ignorant, what envy is; for really and truly, of the two kinds there are, I only know that which is holy, noble, and highminded; and if that be so, as it is, I am not likely to attack a priest, above all if, in addition, he holds the rank of familiar of the Holy Office. And if he said what he did on account of him on whose behalf it seems he spoke, he is entirely mistaken; for I worship the genius of that person, and admire his works and his unceasing and strenuous industry. After all, I am grateful to this gentleman, the author, for saying that my novels are more satirical than exemplary, but that they are good; for they could not be that unless there was a little of everything in them.
Paréceme que me dices que ando muy limitado y que me contengo mucho en los términos de mi modestia, sabiendo que no se ha añadir aflición al afligido, y que la que debe de tener este señor sin duda es grande, pues no osa parecer a campo abierto y al cielo claro, encubriendo su nombre, fingiendo su patria, como si hubiera hecho alguna traición de lesa majestad. Si, por ventura, llegares a conocerle, dile de mi parte que no me tengo por agraviado: que bien sé lo que son tentaciones del demonio, y que una de las mayores es ponerle a un hombre en el entendimiento que puede componer y imprimir un libro, con que gane tanta fama como dineros, y tantos dineros cuanta fama; y, para confirmación desto, quiero que en tu buen donaire y gracia le cuentes este cuento. I suspect thou wilt say that I am taking a very humble line, and keeping myself too much within the bounds of my moderation, from a feeling that additional suffering should not be inflicted upon a sufferer, and that what this gentleman has to endure must doubtless be very great, as he does not dare to come out into the open field and broad daylight, but hides his name and disguises his country as if he had been guilty of some lese majesty. If perchance thou shouldst come to know him, tell him from me that I do not hold myself aggrieved; for I know well what the temptations of the devil are, and that one of the greatest is putting it into a man's head that he can write and print a book by which he will get as much fame as money, and as much money as fame; and to prove it I will beg of you, in your own sprightly, pleasant way, to tell him this story.
« Había en Sevilla un loco que dio en el más gracioso disparate y tema que dio loco en el mundo. Y fue que hizo un cañuto de caña puntiagudo en el fin, y, en cogiendo algún perro en la calle, o en cualquiera otra parte, con el un pie le cogía el suyo, y el otro le alzaba con la mano, y como mejor podía le acomodaba el cañuto en la parte que, soplándole, le ponía redondo como una pelota; y, en teniéndolo desta suerte, le daba dos palmaditas en la barriga, y le soltaba, diciendo a los circunstantes, que siempre eran muchos: ‘‘¿Pensarán vuestras mercedes ahora que es poco trabajo hinchar un perro?’’. There was a madman in Seville who took to one of the drollest absurdities and vagaries that ever madman in the world gave way to. It was this: he made a tube of reed sharp at one end, and catching a dog in the street, or wherever it might be, he with his foot held one of its legs fast, and with his hand lifted up the other, and as best he could fixed the tube where, by blowing, he made the dog as round as a ball; then holding it in this position, he gave it a couple of slaps on the belly, and let it go, saying to the bystanders (and there were always plenty of them): Do your worships think, now, that it is an easy thing to blow up a dog?"
¿Pensará vuestra merced ahora que es poco trabajo hacer un libro. Does your worship think now, that it is an easy thing to write a book?
Y si este cuento no le cuadrare, dirásle, lector amigo, éste, que también es de loco y de perro. And if this story does not suit him, you may, dear reader, tell him this one, which is likewise of a madman and a dog.
« Había en Córdoba otro loco, que tenía por costumbre de traer encima de la cabeza un pedazo de losa de mármol, o un canto no muy liviano, y, en topando algún perro descuidado, se le ponía junto, y a plomo dejaba caer sobre él el peso. Amohinábase el perro, y, dando ladridos y aullidos, no paraba en tres calles. Sucedió, pues, que, entre los perros que descargó la carga, fue uno un perro de un bonetero, a quien quería mucho su dueño. Bajó el canto, diole en la cabeza, alzó el grito el molido perro, violo y sintiólo su amo, asió de una vara de medir, y salió al loco y no le dejó hueso sano; y cada palo que le daba decía: ‘‘ Perro ladrón, ¿a mi podenco? ¿No viste, cruel, que era podenco mi perro?’’ Y, repitiéndole el nombre de podenco muchas veces, envió al loco hecho una alheña. Escarmentó el loco y retiróse, y en más de un mes no salió a la plaza; al cabo del cual tiempo, volvió con su invención y con más carga. Llegábase donde estaba el perro, y, mirándole muy bien de hito e "> In Cordova there was another madman, whose way it was to carry a piece of marble slab or a stone, not of the lightest, on his head, and when he came upon any unwary dog he used to draw close to him and let the weight fall right on top of him; on which the dog in a rage, barking and howling, would run three streets without stopping. It so happened, however, that one of the dogs he discharged his load upon was a cap-maker's dog, of which his master was very fond. The stone came down hitting it on the head, the dog raised a yell at the blow, the master saw the affair and was wroth, and snatching up a measuring-yard rushed out at the madman and did not leave a sound bone in his body, and at every stroke he gave him he said, "You dog, you thief! my lurcher! Don't you see, you brute, that my dog is a lurcher?" and so, repeating the word lurcher" again and again, he sent the madman away beaten to a jelly. The madman took the lesson to heart, and vanished, and for more than a month never once showed himself in public; but after that he came out again with his old trick and a heavier load than ever. He came up to where there was a dog, and examining it very carefully without venturing to let the stone fall, he said: This is a lurcher; ware!" In short, all the dogs he came across, be they mastiffs or terriers, he said were lurchers; and he discharged no more stones.
Quizá de esta suerte le podrá acontecer a este historiador: que no se atreverá a soltar más la presa de su ingenio en libros que, en siendo malos, son más duros que las peñas. Maybe it will be the same with this historian; that he will not venture another time to discharge the weight of his wit in books, which, being bad, are harder than stones.
Dile también que de la amenaza que me hace, que me ha de quitar la ganancia con su libro, no se me da un ardite, que, acomodándome al entremés famoso de La Perendenga, le respondo que me viva el Veinte y cuatro, mi señor, y Cristo con todos. Viva el gran conde de Lemos, cuya cristiandad y liberalidad, bien conocida, contra todos los golpes de mi corta fortuna me tiene en pie, y vívame la suma caridad del ilustrísimo de Toledo, don Bernardo de Sandoval y Rojas, y siquiera no haya emprentas en el mundo, y siquiera se impriman contra mí más libros que tienen letras las Coplas de Mingo Revulgo. Estos dos príncipes, sin que los solicite adulación mía ni otro género de aplauso, por sola su bondad, han tomado a su cargo el hacerme merced y favorecerme; en lo que me tengo por más dichoso y más rico que si la fortuna por camino ordinario me hubiera puesto en su cumbre. La honra puédela tener el pobre, pero no el vicioso; la pobreza puede anublar a la nobleza, pero no escurecerla del t Tell him, too, that I do not care a farthing for the threat he holds out to me of depriving me of my profit by means of his book; for, to borrow from the famous interlude of The Perendenga," I say in answer to him, Long life to my lord the Veintiquatro, and Christ be with us all." Long life to the great Conde de Lemos, whose Christian charity and well-known generosity support me against all the strokes of my curst fortune; and long life to the supreme benevolence of His Eminence of Toledo, Don Bernardo de Sandoval y Rojas; and what matter if there be no printing-presses in the world, or if they print more books against me than there are letters in the verses of Mingo Revulgo! These two princes, unsought by any adulation or flattery of mine, of their own goodness alone, have taken it upon them to show me kindness and protect me, and in this I consider myself happier and richer than if Fortune had raised me to her greatest height in the ordinary way. The poor man may retain honour, but not the vicious; poverty may cast a cloud over nobility, but cannot hide it altogether; and as virtue of itself sheds a certain light, even though it be through the straits and chinks of penury, it wins the esteem of lofty and noble spirits, and in consequence their protection.
Y no le digas más, ni yo quiero decirte más a ti, sino advertirte que consideres que esta segunda parte de Don Quijote que te ofrezco es cortada del mismo artífice y del mesmo paño que la primera, y que en ella te doy a don Quijote dilatado, y, finalmente, muerto y sepultado, porque ninguno se atreva a levantarle nuevos testimonios, pues bastan los pasados y basta también que un hombre honrado haya dado noticia destas discretas locuras, sin querer de nuevo entrarse en ellas: que la abundancia de las cosas, aunque sean buenas, hace que no se estimen, y la carestía, aun de las malas, se estima en algo. Olvídaseme de decirte que esperes el Persiles, que ya estoy acabando, y la segunda parte de Galatea. Thou needst say no more to him, nor will I say anything more to thee, save to tell thee to bear in mind that this Second Part of Don Quixote" which I offer thee is cut by the same craftsman and from the same cloth as the First, and that in it I present thee Don Quixote continued, and at length dead and buried, so that no one may dare to bring forward any further evidence against him, for that already produced is sufficient; and suffice it, too, that some reputable person should have given an account of all these shrewd lunacies of his without going into the matter again; for abundance, even of good things, prevents them from being valued; and scarcity, even in the case of what is bad, confers a certain value. I was forgetting to tell thee that thou mayest expect the Persiles," which I am now finishing, and also the Second Part of Galatea."