Don Quijote de la Mancha
         de Miguel de Cervantes Saavedra
Edición bilingüe, español-italiano, en textos paralelos
Edizione bilingue Spagnolo-Italiana, in testi paralleli
Traducción: Ed. de Edoardo Perino.
Integrado en el sistema MGARCI
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Traducción bilingüe al: Alemán Francés Inglés Italiano
I. Capítulo XXXVI. Que trata de otros raros sucesos que en la venta le sucedieron CAPITOLO XXXVI SI RACCONTANO ALTRI VARI AVVENIMENTI SUCCESSI NELL'OSTERIA.
Estando en esto, el ventero, que estaba a la puerta de la venta, dijo — Evviva! gridò l'albergatore d'in su la porta dell'osteria; vedo da quella parte avanzarsi una buona comitiva di gente:
-Esta que viene es una hermosa tropa de huéspedes si ellos paran aquí, gaudeamus tenemos. se sono diretti a questa vôlta noi faremo un gaudeamus.
-¿Qué gente es? -dijo Cardenio. — Che genti sono? disse Cardenio.
-Cuatro hombres -respondió el ventero- vienen a caballo, a la jineta, con lanzas y adargas , y todos con antifaces negros; y junto con ellos viene una mujer vestida de blanco, en un sillón, ansimesmo cubierto el rostro, y otros dos mozos de a pie. — Quattr'uomini, rispose l'oste, a cavallo con lancie e targhe, tutti con maschera nera, ed accompagnano una donna vestita di bianco che ne viene sopra una sella donnesca, col viso coperto di nero; poi altri due servitori a piedi.
-¿Vienen muy cerca? -preguntó el cura. — Sono molto vicini? dimandò il curato.
-Tan cerca -respondió el ventero-, que ya llegan. — Tanto, rispose l'oste, da essere quasi arrivati. »
Oyendo esto Dorotea, se cubrió el rostro, y Cardenio se entró en el aposento de don Quijote ; y casi no habían tenido lugar para esto, cuando entraron en la venta todos los que el ventero había dicho; y, apeándose los cuatro de a caballo, que de muy gentil talle y disposición eran, fueron a apear a la mujer que en el sillón venía; y, tomándola uno dellos en sus brazos, la sentó en una silla que estaba a la entrada del aposento donde Cardenio se había escondido. En todo este tiempo, ni ella ni ellos se habían quitado los antifaces, ni hablado palabra alguna; sólo que, al sentarse la mujer en la silla, dio un profundo suspiro y dejó caer los brazos, como persona enferma y desmayada. Los mozos de a pie llevaron los caballos a la caballeriza. Ciò udendo Dorotea si coperse il viso, e Cardenio entrò nel camerone di don Chisciotte, e quasi subito dopo arrivarono nell'osteria tutte le persone già annunciate dall'oste. Smontati da cavallo i quattro che erano di figura molto gentili e assai bene in assetto, andarono ad aiutare la dama a discendere dalla sua sella; e presala uno di essi fra le sue braccia l'adagiò sopra una sedia, che stavasi all'ingresso della stanza dov'erasi ritirato Cardenio. In questo mentre nessuno di loro erasi levata la maschera, né pronunziato avea parola eccettuata però la donna, che nell'atto di sedere mandò un profondo sospiro, e si lasciò cadere le braccia come persona inferma e desolata.
Viendo esto el cura, deseoso de saber qué gente era aquella que con tal traje y tal silencio estaba, se fue donde estaban los mozos, y a uno dellos le preguntó lo que ya deseaba; el cual le respondió Frattanto i servitori a piedi posero in istalla i cavalli, e dietro a loro andò il curato, desideroso di sapere che gente era quella che siffatto arnese vestiva, e guardava sì rigoroso silenzio. Si rivolse ad uno dei domestici, gliene chiese conto, ed ebbe questa risposta;
-Pardiez, señor, yo no sabré deciros qué gente sea ésta; sólo sé que muestra ser muy principal, especialmente aquel que llegó a tomar en sus brazos a aquella señora que habéis visto; y esto dígolo porque todos los demás le tienen respeto, y no se hace otra cosa más de la que él ordena y manda. -Y la señora, ¿quién es? -preguntó el cura. — In fede mia, o signore, io non saprei dirvi chi sia questa gente; mi pare bensì che sia di gran nobiltà, e colui singolarmente che prese la signora fra le sue braccia, siccome vedeste; e dico questo perché tutti gli altri lo rispettano ed eseguiscono esattamente ogni suo comando. — E chi è la signora? domandò il curato.
-Tampoco sabré decir eso -respondió el mozo-, porque en todo el camino no la he visto el rostro; suspirar sí la he oído muchas veces, y dar unos gemidos que parece que con cada uno dellos quiere dar el alma. Y no es de maravillar que no sepamos más de lo que habemos dicho, porque mi compañero y yo no ha más de dos días que los acompañamos; porque, habiéndolos encontrado en el camino, nos rogaron y persuadieron que viniésemos con ellos hasta el Andalucía , ofreciéndose a pagárnoslo muy bien. — Neppure in questo posso compiacervi, rispose il servo, giacché durante tutto il viaggio non le ho mai veduta la faccia; bensì la ho sentita molte volte a mandar certi lamenti che pareva che ne dovesse morire: non è poi da farsi maraviglia se noi servitori non sappiamo più di quello che vi ho detto, non essendo se non due giorni che io e il mio compagno venimmo per caso a questo servizio, mentre avvenendosi in noi per istrada, fummo da loro persuasi e pregati che li seguitassimo sino in Andalusia coll'offerta di darci un buon pagamento.
-¿Y habéis oído nombrar a alguno dellos? -preguntó el cura. — Né avete inteso il nome di alcuno di essi? domandò il curato.
-No, por cierto -respondió el mozo-, porque todos caminan con tanto silencio que es maravilla, porque no se oye entre ellos otra cosa que los suspiros y sollozos de la pobre señora, que nos mueven a lástima; y sin duda tenemos creído que ella va forzada dondequiera que va, y, según se puede colegir por su hábito, ella es monja, o va a serlo, que es lo más cierto, y quizá porque no le debe de nacer de voluntad el monjío, va triste, como parece. — No, certamente, rispose il giovane, perché marciano tutti sì taciturni ch'è uno stupore; né si ode fra loro altro che sospiri e singhiozzi della povera signora, sì dirotti che movono tutti noi a gran compassione. Noi crediamo senz'altro che dovunque la menino vi sia condotta per forza, ed a quanto apparisce dal suo vestito, essa è monaca, o sta per entrare in un monastero, il che è forse più probabile; ma perché forse il ritiro non le andrà a sangue, verrà di qui tanta sua disperazione.
-Todo podría ser -dijo el cura. — Tutto questo può darsi, disse il curato: »
Y, dejándolos, se volvió adonde estaba Dorotea, la cual, como había oído suspirar a la embozada, movida de natural compasión, se llegó a ella y le dijo. e lasciandoli tornò a Dorotea, la quale avendo inteso i sospiri della signora velata, mossa naturalmente a compassione se le accostò e disse:
-¿Qué mal sentís, señora mía? Mirad si es alguno de quien las mujeres suelen tener uso y experiencia de curarle, que de mi parte os ofrezco una buena voluntad de serviros. — Che male vi sentite, signora mia? S'egli fosse mai della natura di quelli che possono per uso e sperienza di donne essere curati, io mi offro ben volentieri ad assistervi.
A todo esto callaba la lastimada señora; y, aunque Dorotea tornó con mayores ofrecimientos, todavía se estaba en su silencio, hasta que llegó el caballero embozado que dijo el mozo que los demás obedecían, y dijo a Dorotea. Taceva costantemente la sconsolata donna, e benché Dorotea le reiterasse le offerte, proseguiva a serbare un rigoroso silenzio, finché arrivò quel cavaliere velato a cui il servo affermava che obbedivano gli altri tutti, e disse a Dorotea:
-No os canséis, señora , en ofrecer nada a esa mujer, porque tiene por costumbre de no agradecer cosa que por ella se hace, ni procuréis que os responda, si no queréis oír alguna mentira de su boca. « Non vogliate disturbarvi, o signora, ad offerire nulla a questa straniera, perché ha in costume di non aggradire ciò che si fa per suo bene; né la eccitate a rispondervi, a meno non vi piaccia udir qualche menzogna dalla sua bocca.
-Jamás la dije -dijo a esta sazón la que hasta allí había estado callando-; antes, por ser tan verdadera y tan sin trazas mentirosas, me veo ahora en tanta desventura; y desto vos mesmo quiero que seáis el testigo, pues mi pura verdad os hace a vos ser falso y mentiroso. — Non ne ho mai proferito una sola, disse allora colei che sino a quel punto avea taciuto; ed anzi la mia disgrazia deriva dall'essere io veritiera e nemica del mentire; ne allego testimonio voi stesso, che dal candore di quella verità che vive sulle mie labbra, traete adesso argomento di essere falso e mendace. »
Oyó estas razones Cardenio bien clara y distintamente, como quien estaba tan junto de quien las decía que sola la puerta del aposento de don Quijote estaba en medio; y, así como las oyó, dando una gran voz dijo Udì Cardenio queste parole chiaramente e distintamente, come quello che stavasi molto vicino a chi le proferiva, mentre n'era diviso dalla sola porta della stanza di don Chisciotte. E non le ebbe appena sentite che esclamò:
-¡Válgame Dios! ¿Qué es esto que oigo? ¿Qué voz es esta que ha llegado a mis oídos. « Dio grande! che sento io mai? qual voce mi giunge all'orecchio? »
Volvió la cabeza a estos gritos aquella señora, toda sobresaltada, y, no viendo quién las daba, se levantó en pie y fuese a entrar en el aposento; lo cual visto por el caballero, la detuvo, sin dejarla mover un paso. A ella, con la turbación y desasosiego, se le cayó el tafetán con que traía cubierto el rostro, y descubrió una hermosura incomparable y un rostro milagroso, aunque descolorido y asombrado, porque con los ojos andaba rodeando todos los lugares donde alcanzaba con la vista, con tanto ahínco, que parecía persona fuera de juicio; cuyas señales, sin saber por qué las hacía , pusieron gran lástima en Dorotea y en cuantos la miraban. Teníala el caballero fuertemente asida por las espaldas, y, por estar tan ocupado en tenerla, no pudo acudir a alzarse el embozo, que se le caía, como, en efeto, se le cayó del todo; y, alzando los ojos Dorotea, que abrazada con la señora estaba, vio que el que abrazada ansimesmo la tenía era su esposo don Fernando; y, apenas le hubo conocido, cuando, arrojando de lo íntimo de sus entrañas un luengo y tristísimo ''¡ay!'', se dejó caer de espaldas desmayada; y, a no hallarse allí junto el barbero, que la recogió en los brazos, ella diera consigo en el suelo. A queste parole si volse la signora con grande agitazione, né vedendo chi le proferiva, si alzò in piedi avviandosi per entrare nella stanza; ma il cavaliere si oppose, né lasciolla muovere un passo. Cadde a lei pel gran turbamento e scompiglio il velo che le copriva il volto, e lasciò scorgere una incomparabile bellezza ed un celeste sembiante, benché scolorito e impaurito. Andava cercando avidamente cogli occhi ogni angolo di quei luoghi con sì grande ansietà che sembrava persona fuori del senno; e questi movimenti produssero molta afflizione in Dorotea non meno che in quanti la stavano guardando, senza poterne indovinar la cagione. La teneva il cavaliere con molta forza immobile per le spalle, e trovandosi tutto affacendato, non poté impedire che la maschera gli cadesse, come cadde in effetto, lasciando scoperto il sembiante. Alzò gli occhi in quel punto Dorotea, che teneva abbracciata la signora incognita, e vide che quello che sforzavasi a rattenerla, era il suo sposo don Fernando. L'ebbe conosciuto appena che traendo dall'intimo del petto un lungo e dolentissimo: Oimé! » cadde svenuta: e se non fosse stato il barbiere, che la sostenne trovandosele appresso, sarebbe stramazzata sul suolo.
Acudió luego el cura a quitarle el embozo, para echarle agua en el rostro, y así como la descubrió la conoció don Fernando, que era el que estaba abrazado con la otra, y quedó como muerto en verla; pero no porque dejase, con todo esto, de tener a Luscinda, que era la que procuraba soltarse de sus brazos; la cual había conocido en el suspiro a Cardenio, y él la había conocido a ella. Oyó asimesmo Cardenio el ¡ay! que dio Dorotea cuando se cayó desmayada, y, creyendo que era su Luscinda, salió del aposento despavorido, y lo primero que vio fue a don Fernando, que tenía abrazada a Luscinda. También don Fernando conoció luego a Cardenio; y todos tres, Luscinda, Cardenio y Dorotea, quedaron mudos y suspensos, casi sin saber lo que les había acontecido. Si affrettò il curato a torle dal viso il velo che la copriva per ispruzzarla di acqua affinché rinvenisse, né l'aveva appena scoperta che fu riconosciuta da don Fernando, il quale al vederla restò come uomo morto. Non per questo si staccò egli da Lucinda, che pur voleva allontanarla siccome quella che avea riconosciuto Cardenio nel sospirare, ed egli lei. Cardenio ancora avea udito il doloroso oimé di Dorotea quando cadde svenuta, e credendo che fosse proceduto dalla sua Lucinda, escì fuori tutto convulso dalla stanza, ed il primo in cui si avvenne fu don Fernando, il quale teneva tuttavia stretta fra le braccia Lucinda.
Callaban todos y mirábanse todos Dorotea a don Fernando, don Fernando a Cardenio, Cardenio a Luscinda y Luscinda a Cardenio. Mas quien primero rompió el silencio fue Luscinda, hablando a don Fernando desta manera. Fu allora che don Fernando conobbe Cardenio; egli, Lucinda, Cardenio e Dorotea restarono tutti mutoli e sospesi, non potendo comprendere lo spettacolo che loro stava dinanzi. Tacevano e si guardavano l'un l'altro: Dorotea don Fernando, don Fernando Cardenio, Cardenio Lucinda e Lucinda Cardenio. Prima a rompere il silenzio fu Lucinda che, volto il parlare a don Fernando, così gli disse:
-Dejadme, señor don Fernando, por lo que debéis a ser quien sois, ya que por otro respeto no lo hagáis; dejadme llegar al muro de quien yo soy yedra, al arrimo de quien no me han podido apartar vuestras importunaciones, vuestras amenazas, vuestras promesas ni vuestras dádivas. Notad cómo el cielo, por desusados y a nosotros encubiertos caminos, me ha puesto a mi verdadero esposo delante. Y bien sabéis por mil costosas experiencias que sola la muerte fuera bastante para borrarle de mi memoria. Sean, pues, parte tan claros desengaños para que volváis, ya que no podáis hacer otra cosa, el amor en rabia, la voluntad en despecho, y acabadme con él la vida; que, como yo la rinda delante de mi buen esposo, la daré por bien empleada quizá con mi muerte quedará satisfecho de la fe que le mantuve hasta el último trance de la vida. « Lasciatemi, don Fernando, lasciatemi una volta che bene sapete chi mi son io; lasciate che mi appoggi all'olmo di cui sono vite, dal cui sostegno non hanno potuto rimovermi le importunità, le minacce, le promesse, le lusinghe, i regali. Considerate per quali disusate ed a noi ascose vie mi vien dal Cielo posto innanzi il vero mio sposo e già sapete per mille pericolose sperienze che la sola morte potrà cancellarlo dalla mia memoria: decidetevi una volta per sì evidenti disinganni a convertire (giacché non potete far altra cosa) l'amore in rabbia, l'affezione in disprezzo e finite, con ciò di togliermi questa misera vita, ma sappiate che io la perderò volentieri purché ciò mi accada dinanzi al mio sposo; che la mia morte gli sarà prova incontrastabile del candore di quella fede che gli ho serbata e gli serberò fino all'ultimo respiro. »
Había en este entretanto vuelto Dorotea en sí, y había estado escuchando todas las razones que Luscinda dijo, por las cuales vino en conocimiento de quién ella era; que, viendo que don Fernando aún no la dejaba de los brazos, ni respondía a sus razones, esforzándose lo más que pudo, se levantó y se fue a hincar de rodillas a sus pies; y, derramando mucha cantidad de hermosas y lastimeras lágrimas, así le comenzó a decir. Era frattanto rinvenuta Dorotea, ed avea inteso tutto ciò che erasi detto da Lucinda, di maniera che conobbe bene chi ella fosse; e vedendo che don Fernando la teneva tuttavia fra le braccia, né le rispondeva parola, ella sforzandosi quanto poteva, si alzò per gittarsi ai suoi piedi, e spargendo un fiume di belle e dolenti lagrime così prese a dirgli: « Se i raggi di questo sole che voi tenete ecclissato fra le braccia non vi abbagliassero gli occhi, avreste veduto, o signore, che quella che sta ginocchioni ai vostri piedi è la sfortunata Dorotea, che tale sarà finché a voi non piaccia di mutar la sua sorte.
-Si ya no es, señor mío, que los rayos deste sol que en tus brazos eclipsado tienes te quitan y ofuscan los de tus ojos, ya habrás echado de ver que la que a tus pies está arrodillada es la sin ventura, hasta que tú quieras, y la desdichada Dorotea. Yo soy aquella labradora humilde a quien tú, por tu bondad o por tu gusto, quisiste levantar a la alteza de poder llamarse tuya. Soy la que, encerrada en los límites de la honestidad, vivió vida contenta hasta que, a las voces de tus importunidades, y, al parecer, justos y amorosos sentimientos, abrió las puertas de su recato y te entregó las llaves de su libertad dádiva de ti tan mal agradecida, cual lo muestra bien claro haber sido forzoso hallarme en el lugar donde me hallas, y verte yo a ti de la manera que te veo. Pero, con todo esto, no querría que cayese en tu imaginación pensar que he venido aquí con pasos de mi deshonra, habiéndome traído sólo los del dolor y sentimiento de verme de ti olvidada. Tú quisiste que yo fuese tuya, y quisístelo de manera que, aunque ahora quieras que no lo sea, no será posible que tú dejes de ser mío. Mira, señor mío, que puede ser recompensa a la hermosura y nobleza por quien me dejas la incomparable voluntad que te tengo. Tú no puedes ser de la hermosa Luscinda, porque eres mío, ni ella puede ser tuya, porque es de Cardenio; y más fácil te será, si en ello miras, reducir tu voluntad a querer a quien te adora, que no encaminar la que te aborrece a que bien te quiera. Tú solicitaste mi descuido, tú rogaste a mi entereza, tú no ignoraste mi calidad, tú sabes bien de la manera que me entregué a toda tu voluntad no te queda lugar ni acogida de llamarte a engaño. Y si esto es así, como lo es, y tú eres tan cristiano como caballero, ¿por qué por tantos rodeos dilatas de hacerme venturosa en los fines, como me heciste en los principios? Y si no me quieres por la que soy, que soy tu verdadera y legítima esposa, quiéreme, a lo menos, y admíteme por tu esclava; que, como yo esté en tu poder, me tendré por dichosa y bien afortunada. No permitas, con dejarme y desampararme, que se hagan y junten corrillos en mi deshonra; no des tan mala vejez a mis padres, pues no lo merecen los leales servicios que, como buenos vasallos, a los tuyos siempre han hecho. Y si te parece que has de aniquilar tu sangre por mezclarla con la mía, considera que pocas o ninguna nobleza hay en el mundo que no haya corrido por este camino, y que la que se toma de las mujeres no es la que hace al caso en las ilustres decendencias; cuanto más, que la verdadera nobleza consiste en la virtud, y si ésta a ti te falta, ne gándome lo que tan justamente me debes, yo quedaré con más ventajas de noble que las que tú tienes. En fin, señor, lo que últimamente te digo es que, quieras o no quieras, yo soy tu esposa testigos son tus palabras, que no han ni deben ser mentirosas , si ya es que te precias de aquello por que me desprecias ; testigo será la firma que hiciste , y testigo el cielo, a quien tú llamaste por testigo de lo que me prometías. Y, cuando todo esto falte, tu misma conciencia no ha de faltar de dar voces callando en mitad de tus alegrías, volviendo por esta verdad que te he dicho y turbando tus mejores gustos y contentos . « Sì, sono io quell'umile contadina che piacque alla vostra bontà di sollevare all'altezza di potere chiamarsi vostra. Quella sono io che rinserrata fra i cancelli dell'onestà visse contenta, finché vinta dai vostri scongiuri e da quei sentimenti che parevano sì amorosi e sinceri aprì la porta del suo ritiro, e vi rese signore della sua libertà: dono da voi sì male accolto come chiaramente dimostrano il luogo e il modo del presente incontro fra noi! Non vorrei, mio signore, che sospettaste di trovarmi qui trascinata sui passi del mio disonore; ma lo sono su quelli del vivo cruccio e dell'afflizione che in me produsse il vedermi da voi dimenticata. Voi voleste che divenissi vostra e lo voleste per modo che vi rende impossibile di non essere mio. Considerate una volta che lo sviscerato amore che vi porto, può essere degno compenso della bellezza e della nobiltà per cui mi abbandonaste. La vezzosa Lucinda, essendo voi mio, essere non può vostra sposa, perché già è sposa di Cardenio; e vi sarà molto più facile, se ben riflettete, ridurre la vostra volontà ad amare chi vi adora, che non è tentare di ridurre ad amarvi chi vi abborrisce tuttoché da voi sia amata. Voi avete sollecitata e vinta la mia resistenza; vi era pienamente palese la mia condizione; vi è noto per quali promesse io mi arresi alla vostra volontà; né potete trovar pretesto per accusarmi di avervi ingannato. Ora se così è, com'è senza dubbio, e se voi siete cristiano non meno che cavaliere, perché volete con tante difficoltà indugiare a rendere felice il fine come fu il principio? E se non mi amate per ciò che sono (che sono vostra vera e legittima sposa) amatemi almeno ed accoglietemi per vostra schiava, che mi terrò per contenta, solo che io vi possa essere vicina, né permettete col vostro abbandono e col vostro disprezzo che si accresca danno al mio disonore; non funestate la vecchiezza ai miei genitori, che non lo meritano i servigi da loro come buoni vassalli prestati alla vostra casa in ogni tempo; e se vi sembra di avvilire il vostro sangue meschiandolo al mio, considerate che poca o nessuna nobiltà evvi al mondo che non abbia battuto lo stesso sentiero, e che quella che portano seco le mogli non accresce il pregio delle illustri discendenze: tanto più che la vera nobiltà consiste nella virtù, e se di questa voi vi spogliate negandomi ciò che giustamente mi dovete, io resterò con maggiori diritti di nobiltà di quelli che voi non abbiate. Ciò che vi dico per ultimo, mio signore, si è che, vogliate o non vogliate, io sono vostra sposa. Ne fanno fede le vostre parole, che non sono né possono essere mendaci, se pur volete poter vantarvi di quella nobiltà per cui mi vilipendete; ne fan fede la vostra sottoscrizione e il testimonio del Cielo da voi chiamato ad assistere alle vostre promesse. E dopo tutto questo non tacerà la vostra stessa coscienza, ma vi rimorderà in mezzo al corso dei vostri passatempi, facendovi presenti le verità che vi ho esposte, ed avvelenando ogni vostro contento. »
Estas y otras razones dijo la lastimada Dorotea, con tanto sentimiento y lágrimas, que los mismos que acompañaban a don Fernando, y cuantos presentes estaban, la acompañaron en ellas. Escuchóla don Fernando sin replicalle palabra, hasta que ella dio fin a las suyas y principio a tantos sollozos y suspiros, que bien había de ser corazón de bronce el que con muestras de tanto dolor no se enterneciera. Mirándola estaba Luscinda, no menos lastimada de su sentimiento que admirada de su mucha discreción y hermosura; y, aunque quisiera llegarse a ella y decirle algunas palabras de consuelo, no la dejaban los brazos de don Fernando, que apretada la tenían. El cual, lleno de confusión y espanto, al cabo de un buen espacio que atentamente estuvo mirando a Dorotea, abrió los brazos y, dejando libre a Luscinda, dijo. Queste ed altre ragioni disse l'afflitta Dorotea con tal sentimento e collo spargimento di tante lagrime che fece piangere gli stessi compagni di don Fernando ivi presenti. La ascoltò don Fernando senza interromperla, finché, terminate le parole, essa cominciò a mandare tanti singhiozzi e sospiri che sarebbe stato cuor di bronzo quello che a vista di sì intenso dolore non ne fosse rimasto intenerito. Lucinda la stava guardando, tocca non meno dall'affanno di Dorotea che maravigliata del suo grande discernimento e della sua bellezza; e cercava di avvicinarsele per dirle qualche parola di consolazione, ma non glielo permettevano le braccia di don Fernando che tuttavia la tenevano stretta. Pieno di confusione e di stupore, dopo avere per buona pezza mirato Dorotea con somma attenzione, egli aprì le braccia, e mettendo in libertà Lucinda disse:
-Venciste, hermosa Dorotea, venciste; porque no es posible tener ánimo para negar tantas verdades juntas. « Vincesti, bella Dorotea, vincesti, né è possibile di resistere a tante virtù che concorrono a difenderti. »
Con el desmayo que Luscinda había tenido, así como la dejó don Fernando, iba a caer en el suelo; mas, hallándose Cardenio allí junto, que a las espaldas de don Fernando se había puesto porque no le conociese , prosupuesto todo temor y aventurando a todo riesgo, acudió a sostener a Luscinda, y, cogiéndola entre sus brazos, le dijo Lucinda dopo il sofferto svenimento sarebbe caduta per debolezza quando fu lasciata libera da don Fernando, ma trovandosele a lato Cardenio, ch'erasi messo a tergo di don Fernando, per non essere conosciuto, posposto ogni timore e cimentandosi ad affrontare ogni evento, si prestò a sostenerla, ed accogliendola fra le sue braccia le disse:
-Si el piadoso cielo gusta y quiere que ya tengas algún descanso, leal, firme y hermosa señora mía, en ninguna parte creo yo que le tendrás más seguro que en estos brazos que ahora te reciben, y otro tiempo te recibieron , cuando la fortuna quiso que pudiese llamarte mía. — Se gradisce e se vuole il pietoso Cielo ch'io possa gustar qualche riposo, o leale, costante ed unica signora mia, non credo che tu possa chiamarti più sicura di quello che sei mentre ti accolgono queste braccia che in altro tempo ti avrebbero stretta quando le necessarie solennità mi avessero dato dritto di chiamarti mia sposa. »
A estas razones, puso Luscinda en Cardenio los ojos, y, habiendo comenzado a conocerle, primero por la voz, y asegurándose que él era con la vista, casi fuera de sentido y sin tener cuenta a ningún honesto respeto, le echó los brazos al cuello, y, juntando su rostro con el de Cardenio, le dijo A questo discorso fissò Lucinda gli occhi sopra Cardenio, ed avendo cominciato a riconoscerlo prima per la voce e poi per la vista, quasi fuori di se stessa e senza riguardo ai circostanti se gli gittò colle braccia al collo, ed unendo il suo al viso di lui gli disse:
-Vos sí, señor mío, sois el verdadero dueño desta vuestra captiva, aunque más lo impida la contraria suerte, y, aunque más amenazas le hagan a esta vida que en la vuestra se sustenta. « Voi sì, signore, voi siete il padrone di questa prigioniera creatura in onta all'avversa sorte e in onta alle minaccie di questa mia vita che solo per voi si sostiene. » Strano spettacolo si fu questo per don Fernando e per tutti gli altri restando ognuno maravigliato di tanti immaginati successi.
Estraño espectáculo fue éste para don Fernando y para todos los circunstantes, admirándose de tan no visto suceso. Parecióle a Dorotea que don Fernando había perdido la color del rostro y que hacía ademán de querer vengarse de Cardenio, porque le vio encaminar la mano a ponella en la espada; y, así como lo pensó, con no vista presteza se abrazó con él por las rodillas, besándoselas y teniéndole apretado, que no le dejaba mover, y, sin cesar un punto de sus lágrimas, le decía. Sembrò a Dorotea che don Fernando avesse perduto il colore del viso, e che facesse moto per vendicarsi di Cardenio portando la mano alla spada. Un tale sospetto la mosse con indicibile celerità ad abbracciargli le ginocchia e tenendolo stretto per modo da non lasciargli adito a moversi, senza intermettere il pianto un momento solo proruppe:
-¿Qué es lo que piensas hacer, único refugio mío, en este tan impensado trance? Tú tienes a tus pies a tu esposa, y la que quieres que lo sea está en los brazos de su marido. Mira si te estará bien o te será posible deshacer lo que el cielo ha hecho, o si te convendrá querer levantar a igualar a ti mismo a la que, pospuesto todo inconveniente, confirmada en su verdad y firmeza , delante de tus ojos tiene los suyos, bañados de licor amoroso el rostro y pecho de su verdadero esposo. Por quien Dios es te ruego, y por quien tú eres te suplico, que este tan notorio desengaño no sólo no acreciente tu ira, sino que la mengüe en tal manera, que con quietud y sosiego permitas que estos dos amantes le tengan, sin impedimiento tuyo, todo el tiempo que el cielo quisiere concedérsele; y en esto mostrarás la generosidad de tu ilustre y noble pecho, y verá el mundo que tiene contigo más fuerza la razón que el apetito. « Che meditate voi di fare, unico rifugio mio, in tale impensato avvenimento? Avete ai vostri piedi la vostra sposa, e quella che vorreste fosse vostra sta fra le braccia di suo marito. Credete voi cosa giusta o possibile il disfare ciò che dal Cielo si è fatto? Non è forse miglior consiglio sollevare alla vostra altezza colei che, esempio di virtù e di fermezza, vi sta qui dinanzi bagnando di amoroso pianto il viso e il petto del vero suo sposo? Vi prego, per quanto v'ha in cielo di sacro, e per onore di voi stesso vi supplico che il presente sì chiaro disinganno non solo non accresca lo sdegno vostro, ma lo diminuisca per modo da permettere con quiete e tranquillamente che questi due amanti vivano uniti senza ostacolo per tutto il tempo che loro concederà il Cielo. Sarà questa la più alta prova della generosità ond'è fornito il nobile ed illustre vostro cuore, e conoscerà il mondo che la ragione prevale in voi ad ogni passione. »
En tanto que esto decía Dorotea, aunque Cardenio tenía abrazada a Luscinda, no quitaba los ojos de don Fernando, con determinación de que, si le viese hacer algún movimiento en su perjuicio, procurar defenderse y ofender como mejor pudiese a todos aquellos que en su daño se mostrasen, aunque le costase la vida. Pero a esta sazón acudieron los amigos de don Fernando, y el cura y el barbero, que a todo habían estado presentes, sin que faltase el bueno de Sancho Panza , y todos rodeaban a don Fernando, suplicándole tuviese por bien de mirar las lágrimas de Dorotea; y que, siendo verdad, como sin duda ellos creían que lo era, lo que en sus razones había dicho, que no permitiese quedase defraudada de sus tan justas esperanzas. Que considerase que, no acaso, como parecía, sino con particular providencia del cielo, se habían todos junta do en lugar donde menos ninguno pensaba; y que advirtiese -dijo el cura- que sola la muerte podía apartar a Luscinda de Cardenio; y, aunque los dividiesen filos de alguna espada , ellos tendrían por felicísima su muerte; y que en los lazos inremediables era suma cordura, forzándose y venciéndose a sí mismo, mostrar un generoso pecho, permitiendo que por sola su voluntad los dos gozasen el bien que el cielo ya les había concedido; que pusiese los ojos ansimesmo en la beldad de Dorotea, y vería que pocas o ninguna se le podían igualar, cuanto más hacerle ventaja, y que juntase a su hermosura su humildad y el estremo del amor que le tenía; y, sobre todo, advirtiese que si se preciaba de caballero y de cristiano, que no podía hacer otra cosa que cumplille la palabra dada, y que, cumpliéndosela, cumpliría con Dios y satisfaría a las gentes discretas, las cuales saben y conocen que es prerrogativa de la hermosura, aunque esté en sujeto humilde, como se acompañe con la honestidad, poder levantarse e igualarse a cualquiera alteza, sin nota de menoscabo del que la levanta e iguala a sí mismo; y, cuando se cumplen las fuertes leyes del gusto, como en ello no intervenga pecado, no debe de ser culpado el que las sigue. Frattanto che parlava a questa maniera Cardenio, benché tenesse abbracciata Lucinda, non perdeva di vista don Fernando, deliberato se mai facesse qualche moto in suo pregiudizio, di difendersi e di offendere anche quei tutti che se gli palesassero nemici a costo della propria vita. In questo mentre gli amici di don Fernando, il curato e il barbiere che furono presenti ad ogni cosa, intervennero a rendere la scena più grave, né vi mancò quel buon uomo di Sancio Pancia. Si fecero tutti attorno a don Fernando supplicandolo di aver compassione delle lagrime di Dorotea, e che vero essendo (come non dubitavano) ciò che da lei era stato esposto, non la lasciasse delusa nelle sue giuste speranze. Gl'insinuarono di considerare che non già per caso, siccome parea, ma per disposizione particolare del Cielo trovaronsi uniti tutti dove meno potevano pensarlo; tenesse per fermo che la morte sola avrebbe potuto dividere Lucinda da Cardenio, e che se pure li separasse il filo di una tagliente spada, eglino avrebbero avuta per felicissima la loro morte. Soggiunse il curato che negl'irrimediabili eventi era proprio dell'uomo saggio, sforzando e vincendo se stesso, spiegare un generoso cuore e concorrere per quanto stesse da lui a far sì che potessero i due sposi goder di quel bene che veniva loro impartito dal Cielo. Considerasse la bellezza di Dorotea cui poche o forse nessuna potevano uguagliarsi; riflettesse alla sua umiliazione ed all'estremo amore che gli portava; e sopra ogni altra cosa badasse che vantandosi cavaliere e cristiano, doveva innanzi tutto mantenere a lei la parola; e che ciò eseguendo servirebbe al dovere verso Dio, e n'avrebbe la piena approvazione delle genti dabbene, le quali conoscono e sanno ch'è prerogativa della bellezza, benché sia collocata in bassa persona (quando però abbia per compagna la onestà) di poter sollevarsi e compararsi a qualunque altezza, senza nota di biasimo in chi la solleva e la adegua a sé; e che non può ascriversi a colpa il seguire le proprie inclinazioni quando si compiono senza offesa del Cielo.
En efeto, a estas razones añadieron todos otras, tales y tantas, que el valeroso pecho de don Fernando (en fin, como alimentado con ilustre sangre) se ablandó y se dejó vencer de la verdad, que él no pudiera negar aunque quisiera; y la señal que dio de haberse rendido y entregado al buen parecer que se le había propuesto fue abajarse y abrazar a Dorotea, diciéndole. Aggiunse a queste tante e tali altre ragioni che il cuore di don Fernando, derivato veramente da nobil sangue, si piegò, e si lasciò vincere dalla forza della verità, la cui luce tutto lo veniva occupando: e la prova che diede di essersi arreso e di avere accettato il proposto consiglio si fu il chinarsi, l'abbracciar Dorotea e prorompere in queste parole:
-Levantaos, señora mía, que no es justo que esté arrodillada a mis pies la que yo tengo en mi alma; y si hasta aquí no he dado muestras de lo que digo, quizá ha sido por orden del cielo, para que, viendo yo en vos la fe con que me amáis, os sepa estimar en lo que merecéis. Lo que os ruego es que no me reprehendáis mi mal término y mi mucho descuido, pues la misma ocasión y fuerza que me movió para acetaros por mía, esa misma me impelió para procurar no ser vuestro. Y que esto sea verdad, volved y mirad los ojos de la ya contenta Luscinda, y en ellos hallaréis disculpa de todos mis yerros; y, pues ella halló y alcanzó lo que deseaba, y yo he hallado en vos lo que me cumple, viva ella segura y contenta luengos y felices años con su Cardenio, que yo rogaré al cielo que me los deje vivir con mi Dorotea. « Alzatevi, signora mia, che non è dovere che stiasi prostesa ai miei piedi quella che dee stare scolpita nel mio cuore; e se non vi ho provata finora la verità dei miei detti, ciò forse avvenne per suprema disposizione, affinché riconoscendosi da me il tenore della fede con cui mi amate, possiate voi ricevere un corrispondente ricambio di stima e di affetto. Quello di che vi prego si è che non mi rinfacciate il mio sconsigliato procedere e la mia ingratitudine, perché quell'impulso che m'indusse a volervi per mia sposa, quel medesimo poi mi aveva strascinato a tentare di non esser vostro. In prova che ciò sia vero volgetevi e mirate gli occhi della già contenta Lucinda, e troverete in essi la discolpa di tutti i miei falli; e giacché ella pervenne al colmo dei suoi desiderî, ed io in voi ho trovato chi compirà i miei interamente, viva ella sicura e contenta lunghi e felici anni col suo Cardenio, ch'io pregherò genuflesso il Cielo che mi conceda lo stesso colla mia Dorotea. »
Y, diciendo esto, la tornó a abrazar y a juntar su rostro con el suyo, con tan tierno sentimiento, que le fue necesario tener gran cuenta con que las lágrimas no acabasen de dar indubitables señas de su amor y arrepentimiento. No lo hicieron así las de Luscinda y Cardenio , y aun las de casi todos los que allí presentes estaban, porque comenzaron a derramar tantas, los unos de contento proprio y los otros del ajeno, que no parecía sino que algún grave y mal caso a todos había sucedido. Hasta Sancho Panza lloraba, aunque después dijo que no lloraba él sino por ver que Dorotea no era , como él pensaba, la reina Micomicona, de quien él tantas mercedes esperaba. Duró algún espacio, junto con el llanto, la admiración en todos, y luego Cardenio y Luscinda se fueron a poner de rodillas ante don Fernando, dándole gracias de la merced que les había hecho con tan corteses razones, que don Fernando no sabía qué responderles; y así, los levantó y abrazó con muestras de mucho amor y de mucha cortesía. Così dicendo reiterò gli abbracciamenti, ed era tanto commosso che a gran fatica impedì che le lagrime non dessero maggior dimostrazione del suo amore e del suo pentimento. Non era ciò da temersi per quelle di Lucinda e di Cardenio, e per quelle di quasi tutti gli altri che erano quivi presenti, da che tante ne fecero piovere dagli occhi, gli uni pel loro particolare contento, gli altri per l'altrui felicità che sembrava essere ivi accaduta qualche sciagura. Piangeva lo stesso Sancio, ma ebbe a confessare di poi che non per altro piangeva egli se non se per vedere che Dorotea non era più, come si figurava, la regina Micomicona, dalla quale attendevasi tanti benefizi. Durò qualche tempo unitamente alle lagrime la generale maraviglia, dopo di che Cardenio e Lucinda si posero ginocchioni dinanzi a don Fernando ringraziandolo del favore da lui ricevuto, e ciò con sì obbliganti espressioni che don Fernando non seppe rispondere, ma li rialzò e li abbracciò con molta affezione e con singolare cortesia.
Preguntó luego a Dorotea le dijese cómo había venido a aquel lugar tan lejos del suyo. Ella, con breves y discretas razones, contó todo lo que antes había contado a Cardenio, de lo cual gustó tanto don Fernando y los que con él venían , que quisieran que durara el cuento más tiempo tanta era la gracia con que Dorotea contaba sus desventuras. Y, así como hubo acabado, dijo don Fernando lo que en la ciudad le había acontecido después que halló el papel en el seno de Luscinda, donde declaraba ser esposa de Cardenio y no poderlo ser suya. Dijo que la quiso matar, y lo hiciera si de sus padres no fuera impedido; y que así, se salió de su casa, despechado y corrido, con determinación de vengarse con más comodidad; y que otro día supo como Luscinda había faltado de casa de sus padres, sin que nadie supiese decir dónde se había ido, y que, en resolución, al cabo de algunos meses vino a saber como estaba en un monesterio , con voluntad de quedarse en él toda la vida, si no la pudiese pasar con Cardenio; y que, así como lo supo, escogiendo para su compañía aquellos tres caballeros, vino al lugar donde estaba, a la cual no había querido hablar, temeroso que, en sabiendo que él estaba allí, había de haber más guarda en el monesterio; y así, aguardando un día a que la portería estuviese abierta, dejó a los dos a la guarda de la puerta, y él, con otro, habían entrado en el monesterio buscando a Luscinda, la cual hallaron en el claustro hablando con una monja; y, arrebatándola, sin darle lugar a otra cosa, se habían venido con ella a un lugar donde se acomodaron de aquello que hubieron menester para traella. Todo lo cual habían podido hacer bien a su salvo, por estar el monesterio en el campo, buen trecho fuera del pueblo. Dijo que, así como Luscinda se vio en su poder, perdió todos los sentidos; y que, después de vuelta en sí, no había hecho otra cosa sino llorar y suspirar, sin hablar palabra alguna; y que así, acompañados de silencio y de lágrimas, habían llegado a aquella venta, que para él era haber llegado al cielo, donde se rematan y tienen fin todas las desventuras de la tierra. Domandò poscia a Dorotea com'erasi recata in quel luogo sì discosto dal suo paese, ed ella brevemente e con bel garbo narrò quanto aveva riferito a Cardenio; di che n'ebbero sì grande soddisfazione don Fernando e i compagni suoi, che avrebbero desiderato che non terminasse il racconto sì presto: tanta era la grazia con cui esponeva Dorotea la storia delle sue passate disavventure. Finito ch'ebbe di parlare, narrò don Fernando ciò che eragli avvenuto nella città dopo di aver trovato in seno a Lucinda il foglio con cui dichiarava di essere già sposa a Cardenio; disse ch'era stato sul punto di ucciderla se i parenti di lei non gli avessero impedito di compiere il suo tristo disegno; e che quindi se ne partì pieno di risentimento e di dispetto deciso di vendicarsi a tempo più opportuno; che gli pervenne a notizia essersi sottratta Lucinda dalla casa paterna senza che alcuno sapesse dove si fosse diretta: e che finalmente a capo di alcuni mesi egli seppe in modo da non dubitarne ch'erasi ritirata in un monastero, determinata di restarvi per tutta la sua vita, se non avesse potuto farsi sposa a Cardenio: che avendo ciò risaputo, egli con quei tre cavalieri, se ne andò al luogo di sua dimora senza farle sapere il suo arrivo, temendo che ciò potesse renderla più guardinga: che un giorno veduto aperto il convento, lasciò due dei compagni suoi di guardia alla porta, ed egli penetrò con l'altro nel monastero in traccia di Lucinda: e trovatala appunto nel chiostro, mentre stava parlando ad una monaca, impadronendosi di lei (senza darle adito a verun tentativo per sottrarsi da loro), seco la condussero in luogo dove poi pensarono il modo di partirsi senza opposizione di chicchesia; e che tutto ciò eseguirono a mano salva, per esser situato il monastero molto lungi dall'abitato. Soggiunse che Lucinda perdette i sentimenti tosto che si vide in loro potere: che altro dopo d'allora non fece che piangere e sospirare senza proferire parola alcuna, e che finalmente accompagnati così dal silenzio e dal pianto, erano giunti a quell'osteria, dove pareagli di aver trovato il paradiso e dove finalmente avevano trovato un termine tutte le disavventure.