Don Quijote de la Mancha
         de Miguel de Cervantes Saavedra
Edición bilingüe, español-italiano, en textos paralelos
Edizione bilingue Spagnolo-Italiana, in testi paralleli
Traducción: Ed. de Edoardo Perino.
Integrado en el sistema MGARCI
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Traducción bilingüe al: Alemán Francés Inglés Italiano
I. Capítulo XXXVII. Que trata del curioso discurso que hizo don CAPITOLO XXXVII. CONTINUA IL SINGOLARE DISCORSO DI DON CHISCIOTTE SOPRA LE ARMI E LE LETTERE. Quijote de las armas y las letras.
Prosiguiendo don Quijote, dijo. Don Chisciotte ripigliò il suo ragionamento, dicendo:
-Pues comenzamos en el estudiante por la pobreza y sus partes, veamos si es más rico el soldado. Y veremos que no hay ninguno más pobre en la misma pobreza, porque está atenido a la miseria de su paga, que viene o tarde o nunca, o a lo que garbeare por sus manos, con notable peligro de su vida y de su conciencia.



Y a veces suele ser su desnudez tanta, que un coleto acuchillado le sirve de gala y de camisa, y en la mitad del invierno se suele reparar de las inclemencias del cielo, estando en la campaña rasa, con sólo el aliento de su boca, que, como sale de lugar vacío, tengo por averiguado que debe de salir frío, contra toda naturaleza. Pues esperad que espere que llegue la noche, para restaurarse de todas estas incomodidades, en la cama que le aguarda, la cual, si no es por su culpa, jamás pecará de estrecha; que bien puede medir en la tierra los pies que quisie re, y revolverse en ella a su sabor, sin temor que se le encojan las sábanas.

Lléguese, pues, a todo esto, el día y la hora de recebir el grado de su ejercicio; lléguese un día de batalla, que allí le pondrán la borla en la cabeza, hecha de hilas , para curarle algún balazo, que quizá le habrá pasado las sienes , o le dejará estropeado de brazo o pierna.

Y, cuando esto no suceda, sino que el cielo piadoso le guarde y conserve sano y vivo, podrá ser que se quede en la mesma pobreza que antes estaba, y que sea menester que suceda uno y otro rencuentro, una y otra batalla, y que de todas salga vencedor, para medrar en algo; pero estos milagros vense raras veces. Pero, decidme, señores, si habéis mirado en ello ¿cuán menos son los premiados por la guerra que los que han perecido en ella? Sin duda, habéis de responder que no tienen comparación, ni se pueden reducir a cuenta los muertos, y que se podrán contar los premiados vivos con tres letras de guarismo .

Todo esto es al revés en los letrados; porque, de faldas, que no quiero decir de mangas , todos tienen en qué entretenerse. Así que, aunque es mayor el trabajo del soldado, es mucho menor el premio. Pero a esto se puede responder que es más fácil premiar a dos mil letrados que a treinta mil soldados, porque a aquéllos se premian con darles oficios, que por fuerza se han de dar a los de su profesión, y a éstos no se pueden premiar sino con la mesma hacienda del señor a quien sirven; y esta imposibilidad fortifica más la razón que tengo.

Pero dejemos esto aparte, que es laberinto de muy dificultosa salida, sino volvamos a la preemi nencia de las armas contra las letras, materia que hasta ahora está por averiguar , según son las razones que cada una de su parte alega. Y, entre las que he dicho, dicen las letras que sin ellas no se podrían sustentar las armas, porque la guerra también tiene sus leyes y está sujeta a ellas, y que las leyes caen debajo de lo que son letras y letrados.

A esto responden las armas que las leyes no se podrán sustentar sin ellas, porque con las armas se defienden las repúblicas, se conservan los reinos, se guardan las ciudades, se aseguran los caminos, se despejan los mares de cosarios ; y, finalmente, si por ellas no fuese, las repúblicas, los reinos, las monarquías, las ciudades, los caminos de mar y tierra estarían sujetos al rigor y a la confusión que trae consigo la guerra el tiempo que dura y tiene licencia de usar de sus previlegios y de sus fuerzas. Y es razón averiguada que aquello que más cuesta se estima y debe de estimar en más.

Alcanzar alguno a ser eminente en letras le cuesta tiempo, vigilias, hambre, desnudez, váguidos de cabeza, indigestiones de estómago, y otras cosas a éstas adherentes, que, en parte, ya las tengo referidas; mas llegar uno por sus términos a ser buen soldado le cuesta todo lo que a el estudiante, en tanto mayor grado que no tiene comparación, porque a cada paso está a pique de perder la vida.

Y ¿qué temor de necesidad y pobreza puede llegar ni fatigar al estudiante, que llegue al que tiene un soldado, que, hallándose cercado en alguna fuerza , y estando de posta, o guarda, en algún revellín o caballero , siente que los enemigos están minando hacia la parte donde él está, y no pue de apartarse de allí por ningún caso, ni huir el peligro que de tan cerca le amenaza? Sólo lo que puede hacer es dar noticia a su capitán de lo que pasa, para que lo remedie con alguna contramina, y él estarse quedo, temiendo y esperando cuándo improvisamente ha de subir a las nubes sin alas y bajar al profundo sin su voluntad.

Y si éste parece pequeño peligro, veamos si le iguala o hace ventajas el de embestirse dos galeras por las proas en mitad del mar espacioso, las cuales enclavijadas y trabadas, no le queda al soldado más espacio del que concede dos pies de tabla del espolón; y, con todo esto, viendo que tiene delante de sí tantos ministros de la muerte que le amenazan cuantos cañones de artillería se asestan de la parte contraria, que no distan de su cuerpo una lanza, y viendo que al primer descuido de los pies iría a visitar los profundos senos de Neptuno;

y, con todo esto, con intrépido corazón, llevado de la honra que le incita, se pone a ser blanco de tanta arcabucería, y procura pasar por tan estrecho paso al bajel contrario. Y lo que más es de admirar que apenas uno ha caído donde no se podrá levantar hasta la fin del mundo , cuando otro ocupa su mesmo lugar; y si éste también cae en el mar, que como a enemigo le aguarda, otro y otro le sucede, sin dar tiempo al tiempo de sus muertes valentía y atrevimiento el mayor que se puede hallar en todos los trances de la guerra.

Bien hayan aquellos benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos endemoniados instrumentos de la artillería, a cuyo inventor tengo para mí que en el infierno se le está dando el premio de su diabólica invención, con la cual dio cau sa que un infame y cobarde brazo quite la vida a un valeroso caballero, y que, sin saber cómo o por dónde, en la mitad del coraje y brío que enciende y anima a los valientes pechos, llega una desmandada bala , disparada de quien quizá huyó y se espantó del resplandor que hizo el fuego al disparar de la maldita máquina, y corta y acaba en un los pensamientos y vida de quien la merecía gozar luengos siglos.

Y así, considerando esto, estoy por decir que en el alma me pesa de haber tomado este ejercicio de caballero andante en edad tan detestable como es esta en que ahora vivimos; porque, aunque a mí ningún peligro me pone miedo, todavía me pone recelo pensar si la pólvora y el estaño me han de quitar la ocasión de hacerme famoso y conocido por el valor de mi brazo y filos de mi espada, por todo lo descubierto de la tierra.

Pero haga el cielo lo que fuere servido, que tanto seré más estimado, si salgo con lo que pretendo, cuanto a mayores peligros me he puesto que se pusieron los caballeros andantes de los pasados siglos.

Poiché abbiamo considerato l'uomo di lettere dal lato della povertà e delle sue conseguenze, vediamo adesso se più ricco è il soldato, e conosceremo che non avvi chi di lui sia più povero nella povertà stessa; mentre egli non ha che una misera paga, e questa pure tardi o non mai gli viene corrisposta, né gli rimane se non quello che si procaccia con le sue mani con notabile pericolo della vita o della coscienza.

Tanta suol essere talora la sua nudità che un collare trinciato e logoro gli serve di vestito e di camicia, e nel verno in campagna aperta suole difendersi dalle inclemenze del cielo col solo fiato che gli esce di bocca; il quale movendo da un corpo vôto, mi fo a credere che debba essere freddo contro tutte le regole della madre natura. Quando poi sopraggiunge la notte, per ristoro di tanti disagi gli è bello apparecchiato un letto; il quale non dirà mai che sia angusto, mentre può pigliarsi lo spazio di terra a lui occorrente, e voltarsi e rivoltarsi senza temere che le lenzuola si vadano raggomitolando.

Aggiungasi a ciò l'obbligo rigoroso di non mancare ai doveri del suo esercizio; e in premio di tutto questo nel giorno della battaglia, gli porranno sulla testa una laurea di fila per curarlo da qualche ferita che il lascerà malconcio per sempre.

O se ciò non avvenga, e lo conservi e vivo e sano il pietoso Cielo, rimarrà povero come prima: e per migliorare un pochino la sua condizione ci vorranno tanti rischi, che l'uscirne sano è un prodigio. Tutto il contrario accade dei letterati; i quali o a dritto o a torto sanno trovarsi compensi; e così maggiore è la fatica del soldato, e molto minore la speranza del premio.




A tutto questo si potrebbe rispondere esser più facile premiare duemila uomini di lettere che trentamila soldati, perché quelli si premiano con ufficî che debbono per necessità appartenere ad uomini studiosi, mentre ai soldati bisogna far parte delle cose proprie del padrone cui servono: ma ciò avvalora ancor più la mia proposizione.




Ma lasciamo da parte questa difficoltà ch'è un labirinto di molto difficile uscita, e ritorniamo a trattare della preminenza fra le armi e le lettere; argomento tutt'ora indeciso. Dicono alcuni che senza lettere non si potrebbe sostenere le armi; perché ha sue leggi anche la guerra, e, tanto è dir leggi, come lettere e letterati.


A ciò rispondono le armi, ché le leggi non potrebbero sostenersi senza di loro, mentre colle armi si difendono le repubbliche, si conservano i regni, le città vengono custodite, hanno sicurezza le strade, i corsari sono scacciati dal mare. Ora è manifesto altresì che debbesi avere una più grande estimazione a quella cosa che ha maggior prezzo.






Costa tempo, veglie, fame, nudità, giramenti di capo, indigestioni di stomaco ed altri malanni di questa fatta, oltre a quelli da me riferiti, l'arrivare ad una eminente celebrità nelle lettere; ma per giungere al vanto di buon soldato, oltre tutto quello che soffre il letterato, le difficoltà si accrescono incomparabilmente, per essere ad ogni passo in procinto di perdere la vita.

Qual cosa può mai arrivare ad un uomo di lettere, che somigli a quanto prova il soldato allorché senta, per esempio, che l'inimico sta minando il sito dove egli si trova, né per questo può di là togliersi, né fuggire il pericolo che gli sovrasta? Niente altro gli è permesso fuorché avvertirne il suo capitano, affinché accorra con qualche contromina, standosi però egli fermo al suo posto con pericolo di volare al cielo senz'ale o di sprofondarsi senza volerlo.



E se questo sembra pericolo di poco momento, vediamo se non ve n'abbia un maggiore nell'investirsi che fanno due galere in mezzo al mare, dove il soldato chiuso in brevissimo spazio si vede dinanzi tanti ministri di morte quanti sono i cannoni della parte contraria, non più lontani della lunghezza di una lancia; e vede che lo sdrucciolare di un piede lo farebbe andar a visitare i profondi seni di Nettuno:



e a fronte di tutto questo, intrepido ed infiammato dall'onore che lo stimola, si fa bersaglio a tanto fuoco di artiglieria e procura di balzare per sì tremendo passo nel vascello nemico. Ciò poi che reca maggior meraviglia si è che caduto uno appena di dove non potrà più rialzarsi sino alla fine del mondo, un altro va ad occupare il suo posto; se pur cada, un altro vi succede senza dar tempo al tempo della loro morte: valore e ardimento il più grande che possa darsi tra tutti i pericoli della guerra!


Oh benedetti pure quei secoli nei quali non si conosceva la furia spaventevole degli infernali strumenti di artiglieria, l'inventore dei quali io reputo che ora trovi nell'inferno il premio della sua diabolica invenzione; per la quale fe' sì che un infame e codardo braccio dia morte ad un valoroso cavaliere!






Ora dunque, ciò tutto considerato, io sto per dire che mi pesa fino all'anima di avere intrapreso questo esercizio di cavaliere errante in età sì detestabile, come quella in cui viviamo; perché quantunque nessun pericolo mi metta spavento, inorridisco al pensare che poca polvere e poco piombo possano spegnere quelle celebrità a cui potrebbero sollevarmi per tutto il circolo della terra il valore del mio braccio e il filo della mia spada.
Ma faccia il cielo ciò che di me ha disposto; ché tanto io godrò della estimazione degli uomini, se arriverò a dar fine alle imprese cui aspiro, quanto più i pericoli ai quali mi cimenterò saranno grandi e maggiori di quelli affrontati dai cavalieri erranti dei passati secoli. »

Todo este largo preámbulo dijo don Quijote, en tanto que los demás cenaban, olvidándose de llevar bocado a la boca, puesto que algunas veces le había dicho Sancho Panza que cenase, que después habría lugar para decir todo lo que quisiese. En los que escuchado le habían sobrevino nueva lástima de ver que hombre que, al parecer, tenía buen entendimiento y buen discurso en todas las cosas que trataba, le hubiese perdido tan rematadamente, en tratándole de su negra y pizmienta caballería. El cura le dijo que tenía mucha razón en todo cuanto había dicho en favor de las armas, y que él, aunque letrado y graduado, estaba de su mesmo parecer. Fece don Chisciotte questo lungo ragionamento nel tempo che gli altri stavano cenando, dimenticandosi di mangiare pur un boccone, tuttoché Sancio, gli avesse insinuato di cenare anche egli e che avrebbe poi trovato tempo per discorrerla a suo piacimento. Venne in tutti coloro che udito lo avevano nuova compassione, considerando che un uomo, il quale sembrava avere intendimento sì retto e sì giudizioso ragionare, lo perdesse poi sì disgraziatamente se trattavasi della sua sciagurata e folle cavalleria. Soggiunse il curato che aveva avuto molte buone ragioni in tutto ciò che aveva detto in favore delle armi, e ch'egli quantunque uomo di lettere e dottore, acconsentiva all'opinione di lui.
Acabaron de cenar, levantaron los manteles, y, en tanto que la ventera, su hija y Maritornes aderezaban el camaranchón de don Quijote de la Mancha, donde habían determinado que aquella noche las mujeres solas en él se recogiesen, don Fernando rogó al cautivo les contase el discurso de su vida, porque no podría ser sino que fuese peregrino y gustoso, según las muestras que había comenzado a dar, viniendo en compañía de Zoraida. A lo cual respondió el cautivo que de muy buena gana haría lo que se le mandaba, y que sólo temía que el cuento no había de ser tal, que les diese el gusto que él deseaba; pero que, con todo eso, por no faltar en obedecelle, le contaría. El cura y todos los demás se lo agradecieron, y de nuevo se lo rogaron; y él, viéndose rogar de tantos, dijo que no eran menester ruegos adonde el mandar tenía tanta fuerza. Terminarono di cenare, levarono le tovaglie, e mentre l'ostessa, sua figlia e Maritorna assettavano il camerone di don Chisciotte della Mancia, dove avevano stabilito che in quella notte si raccogliessero le donne sole, don Fernando pregò lo schiavo arrivato colà con Zoraida di raccontargli le sue avventure. Rispose lo schiavo che farebbe di buon grado ciò che gli si dimandava, benché temesse di non riuscire così a dilettarli come forse s'immaginavano. Ne mostrarono gradimento il curato e tutti gli altri, che di nuovo gliene fecero istanza, ed egli vedendosi pregare da tanti disse non dovevano usarsi preghiere dove si poteva comandare.
-Y así, estén vuestras mercedes atentos , y oirán un discurso verdadero, a quien podría ser que no llegasen los mentirosos que con curioso y pensado artificio suelen componerse. « Stiensi dunque, soggiunse, attente le signorie loro e udranno una narrazione veritiera, senza alcuna di quelle menzogne che sogliono in tali racconti frammischiarsi con curioso e studiato artifizio. »
Con esto que dijo, hizo que todos se acomodasen y le prestasen un grande silencio; y él, viendo que ya callaban y esperaban lo que decir quisiese, con voz agradable y reposada, comenzó a decir desta manera Quindi sedettero tutti, e vedendo egli che ognuno taceva aspettando quello che a dire si accingesse, con voce gradevole e riposata cominciò nel modo che segue il suo racconto.