I. Capítulo XLII. Donde se cuenta la agradable historia del mozo de mulas, con otros estraños acaecimientos en la venta sucedidos - Marinero soy de amor, y en su piélago profundo navego sin esperanza de llegar a puerto alguno. Siguiendo voy a una estrella que desde lejos descubro, más bella y resplandeciente que cuantas vio Palinuro . Yo no sé adónde me guía, y así, navego confuso, el alma a mirarla atenta, cuidadosa y con descuido . Recatos impertinentes, honestidad contra el uso, son nubes que me la encubren cuando más verla procuro. ¡Oh clara y luciente estrella, en cuya lumbre me apuro!; al punto que te me encubras, será de mi muerte el punto. | CAPITOLO XLI. STORIA GRADEVOLE DEL VETTURINO, CON ALTRI AVVENIMENTI SUCCESSI NELL'OSTERIA. « Io son nocchiero d'Amore, e nel profondo suo pelago navigo senza speranza d'afferrar mai nessun porto. « Vo seguitando una stella che da lontano mi splende più bella e più rilucente di quante ne vide mai Palinuro. « Ignoro dov'ella mi guidi; e così navigo confuso coll'anima tutta in lei sola, né d'altro pensiero occupata. « Importuni riguardi e non usata onestà sono le nubi nelle quali s'avvolge allorché mi sforzo di affissarmi in lei. « O Chiara, brillante stella, il cui raggio mi consuma, il punto in cui tu sarai velata al mio sguardo, sarà il punto della mia morte! » |
| Llegando el que cantaba a este punto, le pareció a Dorotea que no sería bien que dejase Clara de oír una tan buena voz; y así, moviéndola a una y a otra parte, la despertó diciéndole. | Quando il cantore arrivò a questo passo, parve a Dorotea che fosse mal fatto che Chiara ancora non godesse di sì bella voce, e perciò scuotendola la chiamò dicendo: |
| -Perdóname, niña, que te despierto, pues lo hago porque gustes de oír la mejor voz que quizá habrás oído en toda tu vida. | - Perdonami, o giovinetta, se ti risveglio, ma desidero che tu pure gusti di una voce tanto soave, quale non avrai forse più udita. » |
| Clara despertó toda soñolienta, y de la primera vez no entendió lo que Dorotea le decía; y, volviéndoselo a preguntar, ella se lo volvió a decir, por lo cual estuvo atenta Clara. Pero, apenas hubo oído dos versos que el que cantaba iba prosiguiendo, cuando le tomó un temblor tan estraño como si de algún grave accidente de cuartana estuviera enferma, y, abrazándose estrechamente con Teodora, le dijo | Chiara svegliossi, ma sonnacchiosa ancora non intese ciò che Dorotea le dicesse, e tornando a domandarglielo ella ripeté il già detto. Chiara cominciò allora a starsene attenta; ma non ebbe appena uditi due versi, che la colse un tremito sì grande come se la quartana l'avesse assalita, anzi abbracciando strettamente Dorotea le disse: |
| -¡Ay señora de mi alma y de mi vida!, ¿para qué me despertastes?; que el mayor bien que la fortuna me podía hacer por ahora era tenerme cerrados los ojos y los oídos, para no ver ni oír a ese desdichado músico. | - Deh! mia buona ed amorosa signora, perché mai mi avete svegliata? Il maggior bene che la fortuna potesse farmi per ora si era di tenermi chiusi gli occhi e l'udito per non veder né sentire questo sventurato cantore! |
| -¿Qué es lo que dices, niña?; mira que dicen que el que canta es un mozo de mulas. | - Che dici tu, mia buona fanciulla? replicò Dorotea; bada bene che colui che canta è un condottiero di mule. |
| -No es sino señor de lugares -respondió Clara-, y el que le tiene en mi alma con tanta seguridad que si él no quiere dejalle, no le será quitado eternamente. | - Egli è un signore che ha vassalli, rispose Chiara, ed è sì padrone di questa anima mia, che nessuno potrà discacciarnelo mai, a meno che non si stanchi egli medesimo di restarne al possesso. » |
| Admirada quedó Dorotea de las sentidas razones de la muchacha, pareciéndole que se aventajaban en mucho a la discreción que sus pocos años prometían; y así, le dijo. | Rimase maravigliata Dorotea di ciò che intese dalla giovane, sembrandole che la qualità delle sue espressioni, e il suo giudizio fossero superiori all'età che dimostrava, e perciò le soggiunse: |
| -Habláis de modo, señora Clara, que no puedo entenderos declaraos más y decidme qué es lo que decís de alma y de lugares, y deste músico, cuya voz tan inquieta os tiene. Pero no me digáis nada por ahora , que no quiero perder, por acudir a vuestro sobresalto, el gusto que recibo de oír al que canta; que me parece que con nuevos versos y nuevo tono torna a su canto. | - Voi parlate in modo, o buona ragazza, che non vi so intendere; dichiaratevi più apertamente e rispondetemi: Che significa ciò che dite di anima e di vassalli, e di questo musico, la cui voce v'inquieta tanto? Ma no, tacete per ora, ché la brama di conoscere la causa delle vostre inquietudini non mi tolga il piacere che provo nell'ascoltare il cantore, il quale già ricomincia con nuovi versi e con altro tono. |
| -Sea en buen hora -respondió Clara. | - Fate ciò che vi aggrada, rispose Chiara, |
| Y, por no oílle, se tapó con las manos entrambos oídos, de lo que también se admiró Dorotea; la cual, estando atenta a lo que se cantaba, vio que proseguían en esta manera | ma per nulla sentire ella si turò gli orecchi con ambe le mani, del che non poco si maravigliò Dorotea, la quale stando attenta al cantore udì che proseguiva nel modo seguente: |
-Dulce esperanza mía, que, rompiendo imposibles y malezas, sigues firme la vía que tú mesma te finges y aderezas no te desmaye el verte a cada paso junto al de tu muerte. No alcanzan perezosos honrados triunfos ni vitoria alguna, ni pueden ser dichosos los que, no contrastando a la fortuna, entregan, desvalidos, al ocio blando todos los sentidos. Que amor sus glorias venda caras, es gran razón, y es trato justo, pues no hay más rica prenda que la que se quilata por su gusto ; y es cosa manifiesta que no es de estima lo que poco cuesta. Amorosas porfías tal vez alcanzan imposibles cosas; y ansí, aunque con las mías sigo de amor las más dificultosas, no por eso recelo de no alcanzar desde la tierra el cielo. | « O mia dolce speranza, che vincendo insuperabili ostacoli, seguiti la via che tu medesima ti hai trovata ed aperta, non ismarrirti comunque ti trovi presso all'ultimo passo. « Non sono de' peritosi gli onorati trionfi e la vittoria; né coloro conseguono la felicità i quali non contrastano alla fortuna, e tutti i lor sentimenti commettono all'ozio. « Ben è ragionevole e giusto che Amore venda a caro prezzo le sue glorie, poiché non ha il mondo miglior tesoro: ed è manifesto che tiensi a vile ciò che a vil pregio s'aquista. « L'amorosa perseveranza compie talvolta cose impossibili: però sebbene io mi sia proposto un fine malagevolissimo, non dispero per ciò di levarmi dalla terra al cielo! » |
| Aquí dio fin la voz, y principio a nuevos sollozos Clara . Todo lo cual encendía el deseo de Dorotea, que deseaba saber la causa de tan suave canto y de tan triste lloro. Y así, le volvió a preguntar qué era lo que le quería decir denantes . Entonces Clara, temerosa de que Luscinda no la oyese, abrazando estrechamente a Dorotea, puso su boca tan junto del oído de Dorotea, que seguramente podía hablar sin ser de otro sentida, y así le dijo. | Qui ebbe fine il canto, e qui cominciarono nuovi singhiozzi di Chiara; donde si accrebbe in Dorotea il desiderio di saper quello che prima le aveva già domandato. Chiara, temendo allora di essere udita da Lucinda, abbracciò Dorotea strettamente, poi le accostò la bocca all'orecchio per modo che parlare poteva con tutta sicurezza di non essere da altri sentita, e disse: |
| -Este que canta, señora mía, es un hijo de un caballero natural del reino de Aragón, señor de dos lugares, el cual vivía frontero de la casa de mi padre en la Corte ; y, aunque mi padre tenía las ventanas de su casa con lienzos en el invierno y celosías en el verano, yo no sé lo que fue, ni lo que no, que este caballero, que andaba al estudio, me vio, ni sé si en la iglesia o en otra parte. Finalmente, él se enamoró de mí, y me lo dio a entender desde las ventanas de su casa con tantas señas y con tantas lágrimas, que yo le hube de creer, y aun querer, sin saber lo que me quería. Entre las señas que me hacía, era una de juntarse la una mano con la otra, dándome a entender que se casaría conmigo; y, aunque yo me holgaría mucho de que ansí fuera, como sola y sin madre, no sabía con quién comunicallo, y así, lo dejé estar sin dalle otro favor si no era, cuando estaba mi padre fuera de casa y el suyo también, alzar un poco el lienzo o la celosía y dejarme ver toda, de lo que él hacía tanta fiesta, que daba señales de volverse loco. Llegóse en esto el tiempo de la partida de mi padre, la cual él supo, y no de mí, pues nunca pude decírselo. Cayó malo, a lo que yo entiendo, de pesadum bre; y así, el día que nos partimos nunca pude verle para despedirme dél, siquiera con los ojos. Pero, a cabo de dos días que caminábamos, al entrar de una posada, en un lugar una jornada de aquí , le vi a la puerta del mesón, puesto en hábito de mozo de mulas, tan al natural que si yo no le trujera tan retratado en mi alma fuera imposible conocelle. Conocíle, admiréme y alegréme; él me miró a hurto de mi padre, de quien él siempre se esconde cuando atraviesa por delante de mí en los caminos y en las posadas do llegamos ; y, como yo sé quién es, y considero que por amor de mí viene a pie y con tanto trabajo, muérome de pesadumbre, y adonde él pone los pies pongo yo los ojos. No sé con qué intención viene, ni cómo ha podido escaparse de su padre, que le quiere estraordinariamente, porque no tiene otro heredero, y porque él lo merece, como lo verá vuestra merced cuando le vea. Y más le sé decir que todo aquello que canta lo saca de su cabeza; que he oído decir que es muy gran estudiante y poeta. Y hay más que cada vez que le veo o le oigo cantar, tiemblo toda y me sobresalto, temerosa de que mi padre le conozca y venga en conocimiento de nuestros deseos. En mi vida le he hablado palabra, y, con todo eso, le quiero de manera que no he de poder vivir sin él. Esto es, señora mía, todo lo que os puedo decir deste músico, cuya voz tanto os ha contentado; que en sola ella echaréis bien de ver que no es mozo de mulas, como decís, sino señor de almas y lugares, como yo os he dicho. | - Questi che canta signora mia, è figliuolo di un cavaliere del regno di Aragona e signore di due terre, il quale abitava rimpetto alla casa di mio padre quand'era alla corte; e benché mio padre tenesse le finestre di case impannate di tela nell'inverno, e con gelosie nella state, nondimeno questo cavaliere che andava allo studio, mi vide, non saprei bene dirvi se in chiesa od altrove. Egli si è di me invaghito, e me lo fece conoscere dalle finestre di casa sua con tanti indizi e con tante lagrime ch'io gli ebbi a dar fede e ad amarlo, senza sapere io stessa quello che mi volessi. Fra i segnali che mi faceva, uno era quello di avvicinare le sue mani e di unirle, significandomi in tal maniera che desiderava di accasarsi meco: e quantunque mi compiacessi meco di quel suo desiderio, io non sapea però a cui confidarmi, perché sono sola e priva di madre. Senza dir parola ad alcuno io mi limitava a corrispondergli alzando un tal poco l'impannata o le gelosie, e, quando mio padre trovavasi fuori di casa, mi lasciavo appieno vedere, e di questo egli faceva tal festa, che ne pareva fuor di sé stesso. Giunse intanto il tempo della partenza di mio padre, ed egli lo seppe, ma non da me, perché non glielo potei mai dichiarare. Cadde infermo, a quanto intesi, per afflizione di animo, né potei vederlo il giorno della nostra partenza per torre da lui commiato, almeno cogli occhi. Ma dopo due giorni di viaggio, nell'entrare in una osteria lontana di qui una giornata, io lo vidi alla porta vestito da vetturino sì naturalmente, che sarebbe stato impossibile il ravvisarlo se non lo avessi avuto troppo bene scolpito al vivo nel cuore. Lo riconobbi, e ne provai ammirazione e contento; ed egli mi osservò di nascosto del genitore, ai cui sguardi sempre a gran cura s'invola quando passa dinanzi a me nelle strade o nelle osterie dove arriviamo. Io conosco bene la sua nobile condizione, e considerando che l'amore che mi porta, lo induce a viaggiare a piedi e con tanto suo disagio, ciò è cagione ch'io mi muoia di ambascia, e porti sempre gli occhi dove restano le orme dei piedi suoi. Non so veramente con quale intenzione mi tenga dietro, né come abbia potuto sottrarsi dalla casa del suo genitore che lo ama eccessivamente per non aver alcun altro erede e perch'egli è degnissimo di essere amato, come vossignoria si persuaderà bene, vedendolo. Mi è noto che tutto quello ch'egli canta, è parto del suo proprio ingegno, avendo inteso dire ch'è un bravissimo studente e poeta, e so dirvi di più che ogni volta che io lo veggo o l'odo cantare, tremo tutta, ed un gran batticuore mi conturba, pensando che mio padre potrebbe riconoscerlo ed avvedersi dei nostri amori. Non gli ho detto mai una sola parola; e non pertanto lo amo sì vivamente che sembrami di non poter vivere senza di lui. Eccovi, o signora, quanto io posso dire di questo cantore, la cui voce vi recò sì gran diletto; e basti essa sola per provarvi che non è egli già un vetturino, ma dominatore di cuori, e signore di vassalli siccome vi ho detto. |
| -No digáis más , señora doña Clara -dijo a esta sazón Dorotea, y esto, besándola mil ve ces-; no digáis más, digo, y esperad que venga el nuevo día, que yo espero en Dios de encaminar de manera vuestros negocios, que tengan el felice fin que tan honestos principios merecen. | - Non proseguite, signora Chiara, disse Dorotea dandole allora infiniti baci, non proseguite, vi ripeto, e attendete il nuovo giorno, che spero nel cielo d'incamminare le cose vostre per modo da condurle a quel termine fortunato che loro si addice. |
| -¡Ay señora! -dijo doña Clara-, ¿qué fin se puede esperar, si su padre es tan principal y tan rico que le parecerá que aun yo no puedo ser criada de su hijo, cuanto más esposa? Pues casarme yo a hurto de mi padre, no lo haré por cuanto hay en el mundo. No querría sino que este mozo se volviese y me dejase; quizá con no velle y con la gran distancia del camino que llevamos se me aliviaría la pena que ahora llevo, aunque sé decir que este remedio que me imagino me ha de aprovechar bien poco. No sé qué diablos ha sido esto, ni por dónde se ha entrado este amor que le tengo, siendo yo tan muchacha y él tan muchacho, que en verdad que creo que somos de una edad mesma, y que yo no tengo cumplidos diez y seis años; que para el día de San Miguel que vendrá dice mi padre que los cumplo. | - Ah signora, qual fine si può sperare mai essendo il padre suo tanto ricco e tanto grande, che gli sembrerà ch'io non possa divenire non pure la sposa, ma nemmeno la serva di suo figlio? Io poi non lo vorrei per mio marito senza l'assenso di suo padre, per quanto v'ha di più prezioso al mondo. Altro non bramerei adesso se non che questo giovane ritornasse a casa sua, né mi seguitasse; che forse più non vedendolo nel nostro lungo viaggio, mi si allevierebbe la pena che mi affligge tanto; ma pur troppo anche questo immaginato rimedio mi sarà di poco sollievo! Non so che voglia significare questo mio stato, né come io abbia concepito sì grande amore essendo ambedue noi e così giovani e probabilmente pari di età; poiché per quanto dice mio padre, io compirò i sedici anni al giorno del san Michele venturo. » |
| No pudo dejar de reírse Dorotea, oyendo cuán como niña hablaba doña Clara, a quien dijo. | Dorotea non seppe contenersi dal ridere sentendo Chiara parlare così all'infantile, e le disse: |
| -Reposemos, señora, lo poco que creo queda de la noche, y amanecerá Dios y medraremos, o mal me andarán las manos. | - Riposiamoci, signorina, il poco tempo che credo ci avanzi di questa notte, e al nuovo giorno o troveremo qualche rimedio, o io non sono quella che sono. » |
| Sosegáronse con esto, y en toda la venta se guardaba un grande silencio; solamente no dormían la hija de la ventera y Maritornes, su criada, las cuales, como ya sabían el humor de que pecaba don Quijote, y que estaba fuera de la venta armado y a caballo haciendo la guarda, determinaron las dos de hacelle alguna burla, o, a lo menos, de pasar un poco el tiempo oyéndole sus disparates. | Con questo tornarono a dormire, e nell'osteria regnava un gran silenzio. Erano svegliate la sola figlia dell'oste e Maritorna, le quali conoscendo l'umore di don Chisciotte, e sapendo che stava fuori dell'osteria armato e a cavallo facendo la sentinella, si misero in capo di fargli una burla, od almeno di passare un poco di tempo piacevolmente a spese della sua pazzia. |
| Es, pues, el caso que en toda la venta no había ventana que saliese al campo, sino un agujero de un pajar, por donde echaban la paja por defuera. A este agujero se pusieron las dos semidoncellas, y vieron que don Quijote estaba a caballo, recostado sobre su lanzón , dando de cuando en cuando tan dolientes y profundos suspiros que parecía, que con cada uno se le arrancaba el alma. Y asimesmo oyeron que decía con voz blanda, regalada y amorosa. | La cosa andò in questo modo. In tutta l'osteria non v'era finestra che riescisse sopra la strada, ma un buco solo per cui solevano gettar fuori la paglia. Si posero a questo buco le due semidonzelle, e videro don Chisciotte a cavallo appoggiato al suo lancione, gettando di tanto in tanto sì dogliosi e profondi sospiri che per ognuno di essi pareva dovesse uscirgli l'anima dal petto. Udirono inoltre che con tenera, gentile e amorosa voce così stava fra sé dicendo: |
| -¡Oh mi señora Dulcinea del Toboso, estremo de toda hermosura, fin y remate de la discreción, archivo del mejor donaire, depósito de la honestidad, y, ultimadamente , idea de todo lo provechoso, honesto y deleitable que hay en el mundo! Y ¿qué fará agora la tu merced? ¿Si tendrás por ventura las mientes en tu cautivo caballero, que a tantos peligros, por sólo servirte, de su voluntad ha querido ponerse? Dame tú nuevas della, ¡oh luminaria de las tres caras! Quizá con envidia de la suya la estás ahora mirando; que, o paseándose por alguna galería de sus suntuosos palacios, o ya puesta de pechos sobre algún balcón, está considerando cómo, salva su honestidad y grandeza, ha de amansar la tormenta que por ella este mi cuitado corazón padece, qué gloria ha de dar a mis penas, qué sosiego a mi cuidado y, finalmente, qué vida a mi muerte y qué premio a mis servicios. Y tú, sol, que ya debes de estar apriesa ensillando tus caballos, por madrugar y salir a ver a mi señora, así como la veas, suplícote que de mi parte la saludes; pero guárdate que al verla y saludarla no le des paz en el rostro, que tendré más celos de ti que tú los tuviste de aquella ligera ingrata que tanto te hizo sudar y correr por los llanos de Tesalia, o por las riberas de Peneo, que no me acuerdo bien por dónde corriste entonces celoso y enamorado. | « O mia signora Dulcinea del Toboso, estremo di tutte le bellezze, apice del più fino discernimento, archivio delle più brillanti grazie, deposito dell'onestà, idea insomma di tutto ciò che vi ha di utile, di onesto e di dilettevole al mondo, in che si occuperà di presente la tua signoria? Ti passerebbe forse dinanzi alla mente questo cavaliero tuo schiavo, che tanti perigli per solo desiderio di servirti, e di spontanea sua volontà va ad affrontare? Dammi tu nuove di lei, o pianeta dalle tre facce, che forse con invidia ora la stai mirando nell'atto che passeggia per qualche galleria dei suoi sontuosi palagi, o mentre appoggiato il seno a qualche indorata finestra, se ne sta considerando come possa, salva la sua onestà e grandezza, allegerire le procelle che per sua colpa questo incatenato mio cuore va sopportando, e qual compenso dee dare in premio alle mie pene, e quale tranquillità ai miei travagli, e finalmente quale vita alla mia morte e quale ricompensa alla mia servitù! E tu, o sole, che stai insellando con gran fretta i destrieri tuoi per affrettarli di vedere la mia signora, ti supplico che al primo mirarla tu la saluti da parte mia; ma guardati bene di non darle la pace nel viso quando la rimiri e la inchini, ch'io ne avrei molto maggior gelosia che tu non avesti per quella leggera, ingrata, che tanto ti fece sudare e correre per le pianure di Tessaglia o per le sponde del Peneo; ché ora non mi sovviene chiaramente quale sia stato il corso che tu pure facesti come geloso ed innamorato. » |
| A este punto llegaba entonces don Quijote en su tan lastimero razonamiento, cuando la hija de la ventera le comenzó a cecear y a decirle | Era don Chisciotte giunto a questo passo del suo doglioso ragionamento, quando la figlia dell'ostessa comincio a far zi zi ed a dirgli: |
| -Señor mío, lléguese acá la vuestra merced si es servido. | « Mio signore, se le piace, qua, qua, si accosti. » |
| A cuyas señas y voz volvió don Quijote la cabeza, y vio, a la luz de la luna, que entonces estaba en toda su claridad , cómo le llamaban del agujero que a él le pareció ventana, y aun con rejas doradas, como conviene que las tengan tan ricos castillos como él se imaginaba que era aquella venta; y luego en el instante se le representó en su loca imaginación que otra vez, como la pasada, la doncella fermosa, hija de la señora de aquel castillo, vencida de su amor, tornaba a solicitarle; y con este pensamiento, por no mostrarse descortés y desagradecido, volvió las riendas a Rocinante y se llegó al agujero, y, así como vio a las dos mozas, dijo. | A questa voce don Chisciotte si volta, e al chiarore della luna, la quale splendeva in tutta la sua pienezza, vede ch'era chiamato da quel buco che a lui parve una finestra colle inferriate d'oro, come sogliono essere quelle dei sontuosi castelli, qual egli s'immaginava che fosse quell'osteria. Gli fece sognare all'istante la pazza fantasia che la vezzosa figliuola della signora del forte castello, vinta una seconda volta dall'amore suo, tornasse ad importunarlo; e con questo pensiero, per non mostrarsi ingrato e scortese, voltò le redini a Ronzinante ed appressatosi al buco, e veduto le due giovani, disse: |
| -Lástima os tengo, fermosa señora, de que hayades puesto vuestras amorosas mientes en parte donde no es posible corresponderos conforme merece vuestro gran valor y gentileza; de lo que no debéis dar culpa a este miserable andante caballero, a quien tiene amor imposibilitado de poder entregar su voluntad a otra que aquella que, en el punto que sus ojos la vieron, la hizo señora absoluta de su alma . Perdonadme, buena señora, y recogeos en vuestro aposento, y no queráis, con significarme más vuestros deseos, que yo me muestre más desagradecido; y si del amor que me tenéis halláis en mí otra cosa con que satisfaceros, que el mismo amor no sea, pedídmela; que yo os juro, por aquella ausente enemiga dulce mía, de dárosla en continente, si bien me pidiésedes una guedeja de los cabellos de Medusa , que eran todos culebras, o ya los mesmos rayos del sol encerrados en una redoma . | « Sommamente mi duole, belle signore mie, che posto abbiate le vostre mire amorose sopra un oggetto che non può corrispondervi come sarebbero degne le vostre qualità e la molta gentilezza che vi adorna; ma di ciò incolpar non dovete un infelice cavalier errante che trovasi nella circostanza di non poter obbligar la sua volontà ad altri fuorché a quella che veduta appena dagli occhi suoi acquistò sul cuore di lui un assoluto predominio. Perdonatemi, mie buone signore, ritiratevi nel vostro appartamento, né mi costringete, mostrandovi a me affezionate, a divenire maggiormente scortese. Se da me voi volete cosa che possa appagare i desideri vostri, ma che però non sia amore, vi giuro per l'assente mia nemica di concedervela sull'istante, sebbene mi domandaste una ciocca dei capelli di Medusa ch'erano tanti serpenti ovvero gli stessi raggi del sole rinchiusi in una caraffa. |
| -No ha menester nada deso mi señora, señor caballero -dijo a este punto Maritornes. | - Nulla occorre di tutto questo, disse a tal punto Maritorna. |
| -Pues, ¿qué ha menester, discreta dueña , vuestra señora? -respondió don Quijote. | - Ebbene, rispose don Chisciotte, e di che abbisogna adunque, o saggia matrona, la signoria vostra? |
| -Sola una de vuestras hermosas manos -dijo Maritornes-, por poder deshogar con ella el gran deseo que a este agujero la ha traído, tan a peligro de su honor que si su señor padre la hubiera sentido, la menor tajada della fuera la oreja . | - Che mi porgiate una sola delle vostre belle mani, disse Maritorna, per potere isfogare sopra di essa le ardenti brame che a questo buco mi hanno tratta con sì grave pericolo del mio onore, mentre se fossi scoperta dal padre, l'orecchio sarebbe il pezzo più grande che rimanesse intero nel duro mio sacrifizio. |
| -¡Ya quisiera yo ver eso! -respondió don Quijote-; pero él se guardará bien deso, si ya no quiere hacer el más desastrado fin que padre hizo en el mundo, por haber puesto las manos en los delicados miembros de su enamorada hija. | - Vorrei vedere anche questa, rispose don Chisciotte; ma dovrà questo genitore prima pensarci bene se non vorrà condursi al più disgraziato fine che immaginar mai si possa per aver osato di porre le mani sulle delicate membra della sua istessa innamorata figliuola. » |
| Parecióle a Maritornes que sin duda don Quijote daría la mano que le habían pedido, y, proponiendo en su pensamiento lo que había de hacer, se bajó del agujero y se fue a la caballeriza, donde tomó el cabestro del jumento de Sancho Panza, y con mucha presteza se volvió a su agujero, a tiempo que don Quijote se había puesto de pies sobre la silla de Rocinante, por alcanzar a la ventana enrejada, donde se imaginaba estar la ferida doncella; y, al darle la mano, dijo. | Si persuase dopo di ciò Maritorna che don Chisciotte avrebbe pôrta senza dubbio la chiesta mano, e proponendo tra sé medesima quello che dovesse fare, discese dal buco, nella stalla, prese il capestro del giumento di Sancio Pancia, e con molta lestezza tornò al buco, quando appunto don Chisciotte si era rizzato in piedi sopra la sella di Ronzinante, per arrivare alla inferriata, dov'egli pensava che stesse la ferita donzella. Nel porgere la mano, disse: |
| -Tomad, señora, esa mano , o, por mejor decir, ese verdugo de los malhechores del mundo; tomad esa mano, digo, a quien no ha tocado otra de mujer alguna, ni aun la de aquella que tiene entera posesión de todo mi cuerpo. No os la doy para que la be séis, sino para que miréis la contestura de sus nervios, la trabazón de sus músculos, la anchura y espaciosidad de sus venas; de donde sacaréis qué tal debe de ser la fuerza del brazo que tal mano tiene. | - Prendete, o signora mia, questa mano, o a meglio dire, questa destra punitrice di tutt'i malfattori; prendete, replicò, questa mano che non fu tocca da verun'altra donna, e nemmeno da quella che tutto signoreggia il mio corpo. Né già ve la porgo perché la baciate, ma per darvi campo di ammirare la tessitura dei nervi, l'aggregato dei muscoli, la larghezza e la capacità delle vene, ed affinché da questi esami riconosciate quale debb'essere la gagliardia del braccio cui sta attaccata. |
| -Ahora lo veremos -dijo Maritornes. | - Ora la vedremo, disse Maritorna; |
| Y, haciendo una lazada corrediza al cabestro, se la echó a la muñeca, y, bajándose del agujero, ató lo que quedaba al cerrojo de la puerta del pajar muy fuertemente. Don Quijote, que sintió la aspereza del cordel en su muñeca, dijo. | e facendo un cappio scorsoio al capestro, glielo mise al polso della mano, poi allontanandosi dal buco legò fortemente la corda al chiavistello dell'uscio del pagliaio. Don Chisciotte che sentì nella mano la ruvidezza della fune, disse: |
| -Más parece que vuestra merced me ralla que no que me regala la mano; no la tratéis tan mal, pues ella no tiene la culpa del mal que mi voluntad os hace, ni es bien que en tan poca parte venguéis el todo de vuestro enojo. Mirad que quien quiere bien no se venga tan mal . | - Sembrami che la signoria vostra, bella matrona, più mi grattugi, che non mi accarezzi la mano: non la maltrattate a questo modo, ch'essa non è punto colpevole del male che vi fa la mia volontà, né è giusto che sì piccola parte sostenga tutto il peso del vostro sdegno; avvertite che chi ama non si vendica mai tanto aspramente. » |
| Pero todas estas razones de don Quijote ya no las escuchaba nadie, porque, así como Maritornes le ató, ella y la otra se fueron, de risa, y le dejaron asido de manera que fue imposible soltarse. | Ma tutte queste ciarle di don Chisciotte non erano intese da alcuno; poiché quando Maritorna l'ebbe legato, presto si tolse di là colla compagna scoppiando dalle risa, e lasciandolo impastoiato in modo da riescirgli impossibile il potersi sciorre. |
| Estaba, pues, como se ha dicho, de pies sobre Rocinante, metido todo el brazo por el agujero y atado de la muñeca, y al cerrojo de la puerta, con grandísimo temor y cuidado, que si Rocinante se desviaba a un cabo o a otro, había de quedar colgado del brazo; y así, no osaba hacer movimiento alguno, puesto que de la paciencia y quietud de Rocinante bien se podía esperar que estaría sin moverse un siglo entero. | Stava egli dunque, come si è detto, ritto su Ronzinante, col braccio dentro il buco, e legato il polso della mano al chiavistello dell'uscio, coll'affannoso pensiero che se Ronzinante fosse sguizzato di sotto ai suoi piedi dall'una parte o dall'altra, sarebbe rimasto egli penzolone appiccato pel braccio; e perciò non osava di fare il più piccolo movimento; benché avrebbe dovuto essere persuaso che la naturale flemma, quiete e tranquillità di Ronzinante lo avrebbero lasciato là senza moversi anche per un secolo intero. |
| En resolución, viéndose don Quijote atado, y que ya las damas se habían ido, se dio a imaginar que todo aquello se hacía por vía de encantamento, como la vez pasada, cuando en aquel mesmo castillo le molió aquel moro encantado del arriero; y maldecía entre sí su poca discreción y discurso, pues, habiendo salido tan mal la vez primera de aquel castillo, se había aventurado a entrar en él la segunda, siendo advertimiento de caballeros andantes que, cuando han probado una aventura y no salido bien con ella, es señal que no está para ellos guardada, sino para otros; y así, no tienen necesidad de probarla segunda vez. Con todo esto, tiraba de su brazo, por ver si podía soltarse; mas él estaba tan bien asido, que todas sus pruebas fueron en vano. Bien es verdad que tiraba con tiento, porque Rocinante no se moviese; y, aunque él quisiera sentarse y ponerse en la silla, no podía sino estar en pie, o arrancarse la mano. | Ma finalmente trovandosi così legato, ed essendo già partite le dame, cominciò a pensare che tutto accadesse per via d'incantesimo, come la volta passata quando quel malefico moro del vetturale lo bastonò acerbamente in quel castello medesimo. Malediceva pertanto il suo poco discernimento, perché essendogli quel castello riuscito sì mal soggiorno la prima volta, non avrebbe dovuto avventurarsi di entrarvi una seconda. è legge invariabile dell'errante cavalleria, che quando un'avventura qualunque non risponda alla prova, il cavaliere che l'ha tentata considerandola come cosa a lui interdetta, dee lasciarne ad altri l'incarico, e non è tenuto a mettervisi da capo. Con tutto ciò andava stirando il braccio per vedere se potesse distaccarsi, ma era sì strettamente accappiato che inutile se gli rendeva qualunque sperimento. Vero è bensì che tirava pian piano affinché Ronzinante non si movesse, e quantunque tentasse di sedere o di adagiarsi sulla sella, non poteva far di meno di restarsene in piedi per non istrapparsi la mano. |
| Allí fue el desear de la espada de Amadís, contra quien no tenía fuerza de encantamento alguno ; allí fue el maldecir de su fortuna; allí fue el exagerar la falta que haría en el mundo su presencia el tiempo que allí estuviese encantado, que sin duda alguna se había creído que lo estaba; allí el acordarse de nuevo de su querida Dulcinea del Toboso; allí fue el llamar a su buen escudero Sancho Panza, que, sepultado en sueño y tendido sobre el albarda de su jumento, no se acordaba en aquel instante de la madre que lo había parido; allí llamó a los sabios Lirgandeo y Alquife, que le ayudasen; allí invocó a su buena amiga Urganda , que le socorriese, y, finalmente, allí le tomó la mañana, tan desesperado y confuso que bramaba como un toro; porque no esperaba él que con el día se remediara su cuita, porque la tenía por eterna, teniéndose por encantado. Y hacíale creer esto ver que Rocinante poco ni mucho se movía, y creía que de aquella suerte, sin comer ni beber ni dormir, habían de estar él y su caballo, hasta que aquel mal influjo de las estrellas se pasase, o hasta que otro más sabio encantador le desencantase. | Oh allora sì che avrebbe dato qualunque prezzo per aver quella spada di Amadigi che spezzava ogni incanto! Malediceva la sorte che teneva preso a tale incantagione un cavaliere, da cui il mondo poteva aspettarsi tante nobili imprese: e chiamava a gran voce il suo buon Sancio Pancia, il quale sepolto nel sonno e prosteso sopra la bardella del suo asino non ricordavasi nemmeno della madre che l'aveva partorito. Chiamò in aiuto i savî Ligargeo e Alchiffo, e invocò la sua buona amica Urganda perché lo soccorressero. Finalmente giunse l'istante in cui si trovò sì disperato e rabbioso che mugghiava come un toro, e non isperava neppur col nascere del nuovo giorno di vedere la fine di tanta miseria, che supponeva eterna atteso il suo incantamento. Tanto più ciò teneva per certo in quanto che vedeva Ronzinante non muoversi né punto né poco; e credeva che senza mangiare, bere e dormire, egli ed il suo cavallo avrebbero dovuto restare colà finché cessato non fosse il maligno influsso dell'avversa stella, o finché qualche altro più savio incantatore non giugnesse a disfare la stregoneria. |
| Pero engañóse mucho en su creencia, porque, apenas comenzó a amanecer, cuando llegaron a la venta cuatro hombres de a caballo, muy bien puestos y aderezados, con sus escopetas sobre los arzones. Llamaron a la puerta de la venta, que aún estaba cerrada, con grandes golpes; lo cual, visto por don Quijote desde donde aún no dejaba de hacer la centinela, con voz arrogante y alta dijo. | S'ingannò di molto nelle sue molte fantasie; perché cominciò appena ad apparire il sole che arrivarono all'osteria quattro uomini a cavallo molto ben vestiti portando i loro archibusi sopra gli arcioni. Picchiarono forte alla porta, che stava tuttavia chiusa, e don Chisciotte, il quale immaginavasi di far tuttavia la sentinella, sentendoli, con alta ed arrogante voce disse loro: |
| -Caballeros, o escuderos, o quienquiera que seáis no tenéis para qué llamar a las puertas deste castillo; que asaz de claro está que a tales horas, o los que están dentro duermen, o no tienen por costumbre de abrirse las fortalezas hasta que el sol esté tendido por todo el suelo. Desviaos afuera, y esperad que aclare el día, y entonces veremos si será justo o no que os abran. | - Cavalieri, scudieri, o chiunque voi siate, picchiar non dovete alla porta di questo castello, e dovete pur sapere che a quest'ora quelli che vi si rinchiudono, stanno dormendo e non usano di aprire la fortezza se prima il sole non è tutto alzato; allontanatevi dunque ed attendete che il giorno s'inoltri, che conosceremo allora se sia giusto o no che vi sia aperto. |
| -¿Qué diablos de fortaleza o castillo es éste -dijo uno-, para obligarnos a guardar esas ceremonias? Si sois el ventero, mandad que nos abran, que somos caminantes que no queremos más de dar cebada a nuestras cabalgaduras y pasar adelante, porque vamos de priesa. | - Che diamine di fortezza, disse uno di loro, o di castello è mai codesto da obbligarci a queste cerimonie? Se siete l'oste ordinate che ci aprano, che noi siamo passeggieri e non vogliamo se non dare la biada alle nostre cavalcature, e passare avanti perché abbiamo gran fretta. |
| -¿Paréceos, caballeros, que tengo yo talle de ventero? -respondió don Quijote. | - Sembra a voi, o cavalieri, disse don Chisciotte, che io abbia ciera da oste? |
| -No sé de qué tenéis talle -respondió el otro-, pero sé que decís disparates en llamar castillo a esta venta. | - Non so di che v'abbiate ciera, rispose un altro; dico bene che vi scappano di bocca spropositi bestiali chiamando castello quest'osteria. |
| -Castillo es -replicó don Quijote-, y aun de los mejores de toda esta provincia; y gente tiene dentro que ha tenido cetro en la mano y corona en la cabeza. | - È un castello, soggiunse don Chisciotte, e dei migliori di questa provincia, e rinserra persone che hanno tenuto scettro in mano e corona in testa. |
| -Mejor fuera al revés -dijo el caminante- el cetro en la cabeza y la corona en la mano. Y será, si a mano viene, que debe de estar dentro alguna compañía de representantes, de los cuales es tener a menudo esas coronas y cetros que decís, porque en una venta tan pequeña, y adonde se guarda tanto silencio como ésta, no creo yo que se alojan personas dignas de corona y cetro. | - Direbbesi meglio al rovescio, disse un passeggiero; lo scettro in testa e in mano la corona; e sarà probabile che qua dentro si trovi qualche compagnia di commedianti, i quali sogliono avere scettri e corone senza fine. In questa piccola e romita osteria io non crederò mai che possano aver albergo persone degne di scettro e di corona. |
| -Sabéis poco del mundo -replicó don Quijote-, pues ignoráis los casos que suelen acontecer en la caballería andante. | - Poco v'intendete, disse don Chisciotte, delle cose del mondo, e vedesi bene che ignorate gli avvenimenti proprî della errante cavalleria. » |
| Cansábanse los compañeros que con el preguntante venían del coloquio que con don Quijote pasaba, y así, tornaron a llamar con grande furia; y fue de modo que el ventero despertó, y aun todos cuantos en la venta estaban; y así, se levantó a preguntar quién llamaba. Sucedió en este tiempo que una de las cabalgaduras en que venían los cuatro que llamaban se llegó a oler a Rocinante, que, melancólico y triste, con las orejas caídas, sostenía sin moverse a su estirado señor; y como, en fin, era de carne, aunque parecía de leño, no pudo dejar de resentirse y tornar a oler a quien le llegaba a hacer caricias; y así, no se hubo movido tanto cuanto, cuando se desviaron los juntos pies de don Quijote, y, resbalando de la silla, dieran con él en el suelo, a no quedar colgado del brazo cosa que le causó tanto dolor que creyó o que la muñeca le cortaban, o que el brazo se le arrancaba; porque él quedó tan cerca del suelo que con los estremos de las puntas de los pies besaba la tierra , que era en su perjuicio, porque, como sentía lo poco que le faltaba para poner las plantas en la tierra, fatigábase y estirábase cuanto podía por alcanzar al suelo bien así como los que están en el tormento de la garrucha , puestos a toca, no toca, que ellos mesmos son causa de acrecentar su dolor, con el ahínco que ponen en estirarse, engañados de la esperanza que se les representa, que con poco más que se estiren llegarán al suelo . | Cominciavano gli altri ad inquietarsi di quel colloquio con don Chisciotte, e quindi tornarono a picchiare con tanta furia che si svegliò l'oste, e con esso tutti gli altri che stavano dormendo, curiosi di sapere chi battesse con sì poca creanza. Avvenne in questo che saltò il grillo ad uno delle cavalcature dei quattro passeggieri di andar a fiutar Ronzinante, il quale malinconioso e triste colle orecchie basse sosteneva senza muoversi il suo stirato signore; e come quello che in sostanza era di carne, tuttoché sembrasse fatto di legno, non poté a meno di non iscuotersi, né lasciar di fiutare egli pure chi gli faceva carezze. Mossosi alquanto il cavallo, si mossero in conseguenza gli appaiati piedi di don Chisciotte, sotto ai quali mancata essendo la sella avrebbe dovuto precipitar se non fosse stato col braccio legato. Ciò gli causò sì acuto spasimo, che già ne faceva spacciata la mano, e rimase tanto vicino a terra, che già la toccava colle punte dei piedi; ma anche questo era peggio per lui, mentre sentendo che poco gli mancava per poggiarvi fermamente, stiravasi e facea d'ogni sua possa per giugnervi. Pareva uno di coloro i quali posti al tormento della corda, si trovano talvolta calati sì abbasso che accrescono eglino stessi il loro strazio nello stirarsi che fanno, colla fiducia di porre piede sicuro in terra per poco che vadan ancora distendendo la vita.
|