Don Quijote de la Mancha
         de Miguel de Cervantes Saavedra
Edición bilingüe, español-italiano, en textos paralelos
Edizione bilingue Spagnolo-Italiana, in testi paralleli
Traducción: Ed. de Edoardo Perino.
Integrado en el sistema MGARCI
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Capítulo XLVII. Donde prosigue el canónigo la materia de los libros de caballerías con otras cosas dignas de su ingenio CAPITOLO XLVII SEGUITA A RAGIONARE IL CANONICO IN MATERIA DI LIBRI DI CAVALLERIA, CON ALTRE COSE DEGNE DEL SUO MOLTO TALENTO.
-Así es como vuestra merced dice, señor canónigo -dijo el cura-, y por esta causa son más dignos de reprehensión los que hasta aquí han compuesto semejantes libros sin tener advertencia a ningún buen discurso, ni al arte y reglas por donde pudieran guiarse y hacerse famosos en prosa, como lo son en verso los dos príncipes de la poesía griega y latina. — Vossignoria, signor canonico, disse il curato, ha ogni ragione: e perciò io trovo che sono degni di riprensione tutti coloro che fino al presente hanno composte siffatte opere senza aver riguardo a verun sano ragionamento né all'arte o alle regole colle quali avrebbero potuto diventar celebri nella prosa come lo sono nel verso i principi della poesia greca e latina.
-Yo, a lo menos -replicó el canónigo-, he tenido cierta tentación de hacer un libro de caballerías, guardando en él todos los puntos que he significado; y si he de confesar la verdad, tengo escritas más de cien hojas. Y para hacer la experiencia de si correspondían a mi estimación, las he comunicado con hombres apasionados desta leyenda, dotos y discretos, y con otros ignorantes, que sólo atienden al gusto de oír disparates, y de todos he hallado una agradable aprobación; pero, con todo esto, no he proseguido adelante, así por parecerme que hago cosa ajena de mi profesión, como por ver que es más el número de los simples que de los prudentes; y que, puesto que es mejor ser loado de los pocos sabios que burlado de los muchos necios, no quiero sujetarme al confuso juicio del desvanecido vulgo, a quien por la mayor parte toca leer semejantes libros. Pero lo que más me le quitó de las manos , y aun del pensamiento, de acabarle, fue un argumento que hice conmigo mesmo, sacado de las comedias que ahora se representa, diciendo ''Si estas que ahora se usan, así las imaginadas como las de historia , todas o las más son conocidos disparates y cosas que no llevan pies ni cabeza, y, con todo eso, el vulgo las oye con gusto, y las tiene y las aprueba por buenas, estando tan lejos de serlo, y los autores que las componen y los actores que las representan dicen que así han de ser, porque así las quiere el vulgo , y no de otra manera; y que las que llevan traza y siguen la fábula como el arte pide, no sirven sino para cuatro discretos que las entienden, y todos los demás se quedan ayunos de entender su artificio, y que a ellos les está mejor ganar de comer con los muchos, que no opinión con los pocos, deste modo vendrá a ser un libro , al cabo de haberme quemado las cejas por guardar los preceptos referidos, y vendré a ser el sastre del cantillo'' .

Y, aunque algunas veces he procurado persuadir a los actores que se engañan en tener la opinión que tienen, y que más gente atraerán y más fama cobrarán representando comedias que hagan el arte que no con las disparatadas, y están tan asidos y encorporados en su parecer, que no hay razón ni evidencia que dél los saque. Acuérdome que un día dije a uno destos pertinaces ''Decidme, ¿no os acordáis que ha pocos años que se representaron en España tres tragedias que compuso un famoso poeta destos reinos, las cuales fueron tales, que admiraron, alegraron y suspendieron a todos cuantos las oyeron, así simples como prudentes, así del vulgo como de los escogidos, y dieron más dineros a los representantes ellas tres solas que treinta de las mejores que después acá se han hecho?''

''Sin duda -respondió el autor que digo-, que debe de decir vuestra merced por La Isabela, La Filis y La Alejandra'' . ''Por ésas digo -le repliqué yo-; y mirad si guardaban bien los preceptos del arte, y si por guardarlos dejaron de parecer lo que eran y de agradar a todo el mundo. Así que no está la falta en el vulgo , que pide disparates, sino en aquellos que no saben representar otra cosa. Sí, que no fue disparate La ingratitud vengada, ni le tuvo La Numancia, ni se le halló en la del Mercader amante, ni menos en La enemiga favorable , ni en otras algunas que de algunos entendidos poetas han sido compuestas, para fama y renombre suyo, y para ganancia de los que las han representado''. Y otras cosas añadí a éstas, con que, a mi parecer, le dejé algo confuso, pero no satisfecho ni convencido para sacarle de su errado pensamiento.

— Io pure, riprese a dire il canonico, ebbi qualche tentazione di comporre un libro di cavalleria con tutte le avvertenze dette pocanzi; e se ho a dirvi il vero ne ho anche scritto oltre cento carte: e per conoscere se l'effetto corrispondesse alla mia opinione, le ho comunicate a persone amanti di tali letture, dotte e sensate, ed eziandio ad ignoranti che si dilettano di sentire spropositi e rodomontate, ed ho conseguito da tutti un'approvazione pienissima. Ad onta di ciò non ho proseguito la mia opera, sì perché parvemi tutta aliena dalla mia professione, sì per avere sperimentato che il numero degli scimuniti sormonta quello dei prudenti, ed è poi più aggradevole il conseguire lode dai pochi che sanno, che non beffe dai molti che non sanno; non voglio però sottomettermi all'incerto giudizio del volgo leggero ch'è per la gran parte formato dei leggitori di opere di questa fatta. Quello poi che mi fece dimettere assolutamente il pensiero di condurre a termine il mio lavoro fu un ragionamento che feci meco medesimo, nato dalle commedie che oggidì si rappresentano, e dissi: Se quelle che ora sono in pregio, tanto le fantastiche quanto le tratte dalla storia, sono per la maggior parte un ammasso di spropositi e cose senza capo e senza coda, e nondimeno il volgo le gusta e le approva come buone: se gli autori che le compongono, e i recitanti che le mettono in pubblico, sostengono che così dee farsi, perché così e non altrimenti le brama il volgo; e se quelle nelle quali si ammira una ragionata condotta, conforme l'arte prescrive, piacciono solo ad alquanti intelligenti, mentre gli altri tutti non si trovano al caso di conoscerne l'intrinseco merito; in conseguenza di tutto ciò anche il mio libro verrebbe considerato una superfluità dopo che mi sarei bruciate le ciglia per attenermi ai riferiti precetti, e avrei gettato tempo e fatica.
Benché siami accinto talvolta di persuadere agli attori che s'ingannano nella loro opinione, e che maggiore sarà il concorso esponendo commedie composte secondo le regole dell'arte, anziché spropositate, pure li ho ritrovati tanto ostinati e insistenti nella loro opinione che niun argomento per evidente che fosse, sarebbe valso a farli cangiare di proposito. Sovviemmi che parlai un giorno ad uno di questi pertinaci in tal modo: Ditemi di grazia, non vi ricordate che, pochi anni sono, si consegnarono alle scene di Spagna tre tragedie composte da un famoso poeta di questi regni, che furon ammirate da quanti le udirono, tanto semplici come dotti, tanto nobili come plebei, e produssero più danari ai commedianti quelle tre sole che trenta delle migliori che d'allora in qua si sieno mai recitate?
— Vossignoria certamente, soggiunse l'attore cui io parlava, intende rammentare la Isabella, la Fillide e l'Alessandra. — Questo appunto, io replicai; e considerate bene s'erano in esse osservati i precetti dell'arte, e se, attesa la loro regolarità, mancassero di effetto e di riuscire ben gradite dal pubblico. Il difetto non istà dunque nel volgo che dimandi spropositi, ma in quelli che recitare non sanno altra cosa; non fu sproposito la Ingratitudine vendicata, né la Numanzia, né lo furono il Mercadante innamorato, né la Nemica favorevole, come ancora alcune altre commedie composte da giudiziosi poeti con gloria del nome loro, e guadagno di quelli che le hanno eseguite. Aggiunsi a queste altre cose, in forza delle quali, per quanto mi parve, restò il recitante un poco confuso, e non però soddisfatto, né sifattamente convinto, che mutasse opinione.
-En materia ha tocado vuestra merced, señor canónigo -dijo a esta sazón el cura-, que ha despertado en mí un antiguo rancor que tengo con las comedias que agora se usan, tal, que iguala al que tengo con los libros de caballerías; porque, habiendo de ser la comedia, según le parece a Tulio, espejo de la vida humana , ejemplo de las costumbres y imagen de la verdad, las que ahora se representan son espejos de disparates, ejemplos de necedades e imágenes de lascivia . Porque, ¿qué mayor disparate puede ser en el sujeto que tratamos que salir un niño en mantillas en la primera cena del primer acto, y en la segunda salir ya hecho hombre barbado? Y ¿qué mayor que pintarnos un viejo valiente y un mozo cobarde, un lacayo rectórico, un paje consejero, un rey ganapán y una princesa fregona? ¿Qué diré, pues, de la observancia que guardan en los tiempos en que pueden o podían suceder las acciones que representan, sino que he visto comedia que la primera jornada comenzó en Europa, la segunda en Asia, la tercera se acabó en Africa, y ansí fuera de cuatro jornadas , la cuarta acababa en América , y así se hubiera hecho en todas las cuatro partes del mundo? Y si es que la imitación es lo principal que ha de tener la comedia, ¿cómo es posible que satisfaga a ningún mediano entendimiento que, fingiendo una acción que pasa en tiempo del rey Pepino y Carlomagno, el mismo que en ella hace la persona principal le atribuyan que fue el emperador Heraclio, que entró con la Cruz en Jerusalén, y el que ganó la Casa Santa, como Godofre de Bullón, habiendo infinitos años de lo uno a lo otro; y fundándose la comedia sobre cosa fingida, atribuirle verdades de historia, y mezclarle pedazos de otras sucedidas a diferentes personas y tiempos, y esto, no con trazas verisímiles, sino con patentes errores de todo punto inexcusables? Y es lo malo que hay ignorantes que digan que esto es lo perfecto, y que lo demás es buscar gullurías . Pues, ¿qué si venimos a las comedias divinas? ¡qué de milagros falsos fingen en ellas, qué de cosas apócrifas y mal entendidas, atribuyendo a un santo los milagros de otro! Y aun en las humanas se atreven a hacer milagros, sin más respeto ni consideración que parecerles que allí estará bien el tal milagro y apariencia, como ellos llaman , para que gente ignorante se admire y venga a la comedia; que todo esto es en perjuicio de la verdad y en menoscabo de las historias, y aun en oprobrio de los ingenios españoles; porque los estranjeros, que con mucha puntualidad guardan las leyes de la comedia, nos tienen por bárbaros e ignorantes, viendo los absurdos y disparates de las que hacemos. Y no sería bastante disculpa desto decir que el principal intento que las repúblicas bien ordenadas tienen, permitiendo que se hagan públicas comedias, es para entretener la comunidad con alguna honesta recreación, y divertirla a veces de los malos humores que suele engendrar la ociosidad; y que, pues éste se consigue con cualquier comedia, buena o mala, no hay para qué poner leyes, ni estrechar a los que las componen y representan a que las hagan como debían hacerse, pues, como he dicho, con cualquiera se consigue lo que con ellas se pretende .

A lo cual respondería yo que este fin se conseguiría mucho mejor, sin comparación alguna, con las comedias buenas que con las no tales; porque, de haber oído la comedia artificiosa y bien ordenada, saldría el oyente alegre con las burlas, enseñado con las veras, admirado de los sucesos, discreto con las razones, advertido con los embustes, sagaz con los ejemplos, airado contra el vicio y enamorado de la virtud; que todos estos afectos ha de despertar la buena comedia en el ánimo del que la escuchare, por rústico y torpe que sea; y de toda imposibilidad es imposible dejar de alegrar y entretener, satisfacer y contentar, la comedia que todas estas partes tuviere mucho más que aquella que careciere dellas, como por la mayor parte carecen estas que de ordinario agora se representan . Y no tienen la culpa desto los poetas que las componen , porque algunos hay dellos que conocen muy bien en lo que yerran, y saben estremadamente lo que deben hacer; pero, como las comedias se han hecho mercadería vendible, dicen, y dicen verdad, que los representantes no se las comprarían si no fuesen de aquel jaez; y así, el poeta procura acomodarse con lo que el representante que le ha de pagar su obra le pide. Y que esto sea verdad véase por muchas e infinitas comedias que ha compuesto un felicísimo ingenio destos reinos , con tanta gala, con tanto donaire, con tan elegante verso, con tan buenas razones, con tan graves sentencias y, finalmente, tan llenas de elocución y alteza de estilo, que tiene lleno el mundo de su fama. Y, por querer acomodarse al gusto de los representantes, no han llegado todas , como han llegado algunas, al punto de la perfección que requieren. Otros las componen tan sin mirar lo que hacen, que después de representadas tienen necesidad los recitantes de huirse y ausentarse, temerosos de ser castigados, como lo han sido muchas veces , por haber representado cosas en perjuicio de algunos reyes y en deshonra de algunos linajes. Y todos estos inconvinientes cesarían, y aun otros muchos más que no digo, con que hubiese en la Corte una persona inteligente y discreta que examinase todas las comedias antes que se representasen (no sólo aquellas que se hiciesen en la Corte, sino todas las que se quisiesen representar en España), sin la cual aprobación, sello y firma, ninguna justicia en su lugar dejase representar comedia alguna; y, desta manera, los comediantes tendrían cuidado de enviar las comedias a la Corte, y con seguridad podrían representallas, y aquellos que las componen mirarían con más cuidado y estudio lo que hacían, temorosos de haber de pasar sus obras por el riguroso examen de quien lo entiende; y desta manera se harían buenas comedias y se conseguiría felicísimamente lo que en ellas se pretende así el entretenimiento del pueblo, como la opinión de los ingenios de España, el interés y seguridad de los recitantes y el ahorro del cuidado de castigallos. Y si diese cargo a otro, o a este mismo, que examinase los libros de caballerías que de nuevo se compusiesen, sin duda podrían salir algunos con la perfección que vuestra merced ha dicho, enriqueciendo nuestra lengua del agradable y precioso tesoro de la elocuencia, dando ocasión que los libros viejos se escureciesen a la luz de los nuevos que saliesen, para honesto pasatiempo, no solamente de los ociosos, sino de los más ocupados; pues no es posible que esté continuo el arco armado , ni la condición y flaqueza humana se pueda sustentar sin alguna lícita recreación.

- — Ha versato vossignoria, signor canonico, disse il curato allora, in argomento che risvegliò in me un vecchio rancore contro le commedie di oggigiorno, non minore di quello che porto ai libri di cavalleria: ciò nasce dal considerare che, in conformità alla dottrina di Tullio, dovendo essere la commedia specchio della vita umana, esempio dei costumi e immagine della verità, trovo in vece che quelle che ora si recitano, essere specchi di spropositi, esempi di scioccherie e immagini di disonestà. E infatti, quale più grand'errore può darsi quanto il vedere al primo atto un bambino in fasce e rivederlo nel secondo uomo di già cresciuto e maturo? Chi può tollerare che ci si dipinga un vecchio spaccone e un giovine poltrone, uno scudiere rettorico e un consigliere scimunito, un re servitore ed una principessa fante di un'osteria? Che dirò poi intorno alla osservanza del tempo in cui possono o potevano accadere le azioni che si dànno al pubblico? Ho veduto commedie moderne nelle quali cominciava in Europa la prima giornata, era in Asia la seconda, e la terza aveva fine nell'Africa; di maniera che se in quattro giornate fosse stata divisa, la quarta terminata sarebbe in America, e così rappresentata si sarebbe in tutte le quattro parti del mondo. Se la imitazione è l'oggetto principale della commedia, com'è possibile che possa restare soddisfatto verun anche mezzano ingegno, quando fingendosi un'azione avvenuta ai tempi del re Pipino o di Carlomagno nel tempo stesso che vi fanno eglino la principal figura, si voglia poi introdurre l'imperatore Eraclio ch'entra colla croce in Gerusalemme, e fa il conquisto della Santa casa con Goffredo il Buglione, quando grandissima disparità di anni tra l'uno e l'altro correva? Fondandosi talvolta la commedia sopra finti soggetti, si vuole attribuirle verità di storia col frammischiarvi fatti avvenuti a differenti persone e in tempi diversi, e ciò non già con tracce verosimili, ma con evidenti ed inescusabili errori. Il peggio poi si è che si trovano ignoranti, i quali dicono che questo è il meglio, e sostengono che, diversamente volendo, la sarebbe una sofisticheria. E facendoci a parlare delle commedie spirituali che diremo noi? Quanti falsi miracoli non si fingono in esse, e quante cose apocrife e malintese, attribuendo i portenti di un santo ad un altro! Tuttociò torna a pregiudizio della verità, ad oltraggio della storia e a vitupero degl'ingegni spagnuoli, perché gli stranieri che si applicano con somma esattezza alle leggi della commedia, ci tengono in conto di barbari e d'ignoranti, scorgendo nelle nostre assurdità e gli spropositi che per noi si commettono. Né basterebbe già per discolparci l'asserire che il fine principale a cui mirano le ben regolate repubbliche, permettendo che si rappresentino commedie, è d'intertenere il popolo con qualche lecito passatempo, e togliere così gli animi dalle grame voglie che l'ozio suole produrre, e che dove questo fine sia conseguito, non occorre parlare di leggi, né vincolare ad esse gli autori e gli attori.
Risponderò a questi tali che verrebbesi a raggiungere cotesto fine molto meglio e senza confronto con le buone commedie piuttostoché con le cattive, perché la rappresentazione di una bene ordinata commedia, oltre al divertire lo spettatore cogli scherzi, lo rimanda addottrinato dalle verità, maravigliato dagli avvenimenti, illuminato dai ragionamenti, ammaestrato dal magistero e dagli esempli, sdegnato contro il vizio ed innamorato della virtù. Tutti questi effetti può risvegliare la buona commedia nell'animo dell'uditore, sia pur egli zotico e ignorante; ed è quasi impossibile che la commedia la quale in sé contenga tutte queste parti, non possa rallegrare, trattenere e rendere soddisfatti più dell'altre che ne mancano, quali sono quelle che d'ordinario noi vediamo sulle scene. Né la colpa è dei poeti che le compongono, perché ve n'ha taluno il quale sa benissimo che scrive male e conosce per eccellenza ciò che dovrebbe fare; ma dicono (e dicono il vero) che non sarebbero comperate da chi le recita se non fossero di un falso gusto; per la qual cosa il poeta cerca di adattarsi al volere e al capriccio del commediante che gli dee pagare la sua opera. Fanno di ciò prova le infinite commedie composte da un felicissimo ingegno di questi regni con sì grande vaghezza, con sì bel garbo, con versi di sì acconcia eleganza, con sì gravi sentenze, e finalmente con tanta facondia e altezza di stile, che meritano una celebrità universale: costretto però questo poeta a conformarsi al piacere dei commedianti non poté cogliere in tutte, come in alcune, il vero punto della perfezione. Alcuni scrittori compongono senza pensare a ciò che si fanno, e sì sciaguratamente che, terminata la rappresentazione, sono obbligati i commedianti a fuggire ed a nascondersi per tema di essere castigati. Ora cesserebbero tutti questi disordini e molti altri che da me si tacciono se si trovasse alla corte una persona intelligente e saggia, la quale assumesse di prendere in esame le commedie tutte che si compongono: e non solo quelle che sono scritte per la corte, ma quelle tutte che voglionsi rappresentare nel restante della Spagna. Questo è il segreto per ottenere una riforma del teatro. Se poi ad un altro, od al revisore stesso si desse l'incarico di esaminare i libri di cavalleria che di nuovo si componessero, potrebbe per certo riuscirne taluno della perfezione testé accennata da vossignoria, arricchendo in questo modo la nostra lingua dell'aggradevole e prezioso tesoro della eloquenza, ed ottenendo che alla luce dei libri nuovi restassero oscurati i vecchi, con onesto passatempo non pure degli oziosi, ma sì che anche delle persone dabbene, non essendo possibile che l'arco stia sempre teso, né che l'umana fiacchezza possa sostenersi senza una qualche lecita ricreazione. »
A este punto de su coloquio llegaban el canónigo y el cura, cuando, adelantándose el barbero, llegó a ellos, y dijo al cura. *Erano arrivati a tal passo del loro ragionamento, quando raggiunti furono dal barbiere, che disse al curato:
-Aquí, señor licenciado, es el lugar que yo dije que era bueno para que, sesteando nosotros, tuviesen los bueyes fresco y abundoso pasto. - — Questo è il sito, o signore, da me poco fa indicatovi come opportuno a riposarci ed a far pascere abbondantemente e rinfrescare i buoi.
-Así me lo parece a mí -respondió el cura. — Così appunto pare anche a me, rispose il curato:
Y, diciéndole al canónigo lo que pensaba hacer, él también quiso quedarse con ellos, convidado del sitio de un hermoso valle que a la vista se les ofrecía. Y, así por gozar dél como de la conversación del cura, de quien ya iba aficionado, y por saber más por menudo las hazañas de don Quijote, mandó a algunos de sus criados que se fuesen a la venta, que no lejos de allí estaba, y trujesen della lo que hubiese de comer, para todos, porque él determinaba de sestear en aquel lugar aquella tarde; a lo cual uno de sus criados respondió que el acémila del repuesto, que ya debía de estar en la venta, traía recado bastante para no obligar a no tomar de la venta más que cebada. e significando al canonico ciò che divisava di fare, volle egli pure restarne in loro compagnia, allettato dal prospetto di una valle giocondissima che gli stava dinanzi agli occhi. A tal fine e per compiacer se stesso e per godere della conversazione del curato cui erasi affezzionato, e per sapere minutamente le prodezze di don Chisciotte, ordinò ad alcuno dei servi suoi che se n'andassero all'osteria (ch'era poco discosta) e provvedessero di che mangiare per tutti, giacché designava di trattenersi in quel sito.
En tanto que esto pasaba, viendo Sancho que podía hablar a su amo sin la continua asistencia del cura y el barbero, que tenía por sospechosos, se llegó a la jaula donde iba su amo, y le dijo. ?? Frattanto vedendo Sancio che poteva parlare al suo padrone senza la perpetua vicinanza del curato e del barbiere, che gli erano sospetti, si accostò alla gabbia dove stavasi rinserrato e gli disse:
-Señor, para descargo de mi conciencia, le quiero decir lo que pasa cerca de su encantamento; y es que aquestos dos que vienen aquí cubiertos los rostros son el cura de nuestro lugar y el barbero; y imagino han dado esta traza de llevalle desta manera, de pura envidia que tienen como vuestra merced se les adelanta en hacer famosos hechos. Presupuesta, pues, esta verdad, síguese que no va encantado, sino embaído y tonto. Para prueba de lo cual le quiero preguntar una cosa; y si me responde como creo que me ha de responder, tocará con la mano este engaño y verá como no va encantado, sino trastornado el juicio. — Signor mio, per iscarico della mia coscienza voglio dire ciò che passa intorno all'incantamento di vossignoria. Sappia che questi due che vengono col viso coperto, sono il curato ed il barbiere del nostro paese, e mi figuro che abbiano divisato di condurlo a questo modo per la invidia che provano della gran nominanza a cui pervenne la signoria vostra colle sue prodezze. Per ciò poi, signor padrone, voi non siete incantato, ma ingannato e imbalordito: e per prova di questo io fo adesso alla signoria vostra una domanda e s'ella mi risponde, come tengo per fermo che debba rispondermi, toccherà con mano che questo è tutto un inganno.
-Pregunta lo que quisieres, hijo Sancho -respondió don Quijote-, que yo te satisfaré y responderé a toda tu voluntad. Y en lo que dices que aquellos que allí van y vienen con nosotros son el cura y el barbero, nuestros compatriotos y conocidos, bien podrá ser que parezca que son ellos mesmos; pero que lo sean realmente y en efeto, eso no lo creas en ninguna manera. Lo que has de creer y entender es que si ellos se les parecen, como dices, debe de ser que los que me han encantado habrán tomado esa apariencia y semejanza; porque es fácil a los encantadores tomar la figura que se les antoja, y habrán tomado las destos nuestros amigos, para darte a ti ocasión de que pienses lo que piensas, y ponerte en un laberinto de imaginaciones, que no aciertes a salir dél, aunque tuvieses la soga de Teseo . Y también lo habrán hecho para que yo vacile en mi entendimiento, y no sepa atinar de dónde me viene este daño; porque si, por una parte, tú me dices que me acompañan el barbero y el cura de nuestro pueblo, y, por otra, yo me veo enjaulado, y sé de mí que fuerzas humanas, como no fueran sobrenaturales , no fueran bastantes para enjaularme, ¿qué quieres que diga o piense sino que la manera de mi encantamento excede a cuantas yo he leído en todas las historias que tratan de caballeros andantes que han sido encantados? Ansí que, bien puedes darte paz y sosiego en esto de creer que son los que dices, porque así son ellos como yo soy turco. Y, en lo que toca a querer preguntarme algo, di, que yo te responderé, aunque me preguntes de aquí a mañana. — Interroga, Sancio mio garbatissimo, come meglio ti piace, disse don Chisciotte, ché io ti risponderò appuntino: ma quanto alla tua opinione che sieno il curato ed il barbiere nostri patriotti quelli che ci accompagnano, benché così ti possa parere, non ti dare però a credere a verun patto che così sia realmente e quello che hai da sapere e da intendere è solo che se ad essi rassomigliano, come tu asserisci, ciò proviene perché riesce agevole agli incantatori il prendere le forme che più loro tornano a genio: e preso avranno quelle dei nostri amici per avvilupparti in un labirinto di fantasie dalle quali non ti potresti mai trarre quand'anche tu possedessi il filo di Teseo. L'avranno inoltre anche fatto perché si confonda la mente mia, né sappia trovar l'origine di questa mia fatalità; perché se mi dici da un canto che sono accompagnato dal curato e dal barbiere del nostro paese, mi trovo dall'altro rinserrato in una gabbia, eppure io so benissimo che forze umane (a meno che non fossero soprannaturali), non sarebbero state giammai sufficienti per ingabbiarmi. E che vuoi tu mai ch'io dica o pensi, se non che il modo del mio incantesimo vince quant'altri ne lessi mai in tutte le storie che trattano dei cavalieri erranti? Ora tu ben puoi darti pace e levarti dal capo che sieno quello che dici, perché tanto lo sono essi quanto io sono turco. Se fuori di questo altra cosa ti resta da dimandarmi, fammi pure le tue interrogazioni, che io seguiterò a risponderti anche sino a dimani.
-¡Válame Nuestra Señora! -respondió Sancho, dando una gran voz-. Y ¿es posible que sea vuestra merced tan duro de celebro, y tan falto de meollo , que no eche de ver que es pura verdad la que le digo, y que en esta su prisión y desgracia tiene más parte la malicia que el encanto? Pero, pues así es, yo le quiero probar evidentemente como no va encantado. Si no, dígame, así Dios le saque desta tormenta, y así se vea en los brazos de mi señora Dulcinea cuando menos se piense... — Madonna mi aiuti! sclamò Sancio; e fu sull'orlo di aggiungervi una bestemmia: è egli possibile che la signoria vostra sia di cervello sì duro e sì mancante di midollo che non si conosca ad evidenza che io non dico se non la pura verità, e che la malizia e non l'incanto è la principale cagione di questa disgrazia? Ma poiché ella è pure così, io voglio accingermi a provarle evidentemente ch'ella non è incantato altrimenti; e se non mi crede, il Signore sia quello che uscire la faccia di questo malanno e la conduca anche in braccio della mia padrona Dulcinea quando men se lo pensa.
-Acaba de conjurarme -dijo don Quijote-, y pregunta lo que quisieres; que ya te he dicho que te responderé con toda puntualidad. — Finisci di scongiurarmi, disse don Chisciotte, e chiedimi ciò che brami, che io, ripeto, ti risponderò per filo e per segno.
-Eso pido -replicó Sancho-; y lo que quiero saber es que me diga, sin añadir ni quitar cosa ninguna, sino con toda verdad, como se espera que la han de decir y la dicen todos aquellos que profesan las armas, como vuestra merced las profesa, debajo de título de caballeros andantes... — Questo è quello che voglio, replicò Sancio: ora la cosa che io desidero di sapere si è ch'ella mi dica senz'aggiungere o levar sillaba, ma con netta e leale verità, come spero che sarà per fare e come la dicono tutti quelli che professano l'esercizio delle armi, sull'esempio di vossignoria, vero cavaliere errante...
-Digo que no mentiré en cosa alguna -respondió don Quijote-. Acaba ya de preguntar, que en verdad que me cansas con tantas salvas, plegarias y prevenciones, Sancho. — Ti replico, rispose don Chisciotte, che non mentirò mai, e finiscila di tirarmi giù per le lunghe.
-Digo que yo estoy seguro de la bondad y verdad de mi amo; y así, porque hace al caso a nuestro cuento, pregunto, hablando con acatamiento, si acaso después que vuestra merced va enjaulado y, a su parecer, encantado en esta jaula, le ha venido gana y voluntad de hacer aguas mayores o menores, como suele decirse. — Dico, soggiunse Sancio, che sono certissimo della bontà e della lealtà del mio padrone, e per questo (facendo ciò al caso nostro) gli chiedo, parlando con riverenza, se per caso dopo che vossignoria sta qui ingabbiato le è venuto mai voglia di alleggerirsi o per dinanzi o per di dietro?
-No entiendo eso de hacer aguas, Sancho; aclárate más, si quieres que te responda derechamente. — Non comprendo; disse don Chisciotte, che cosa sia questo alleggerirsi: spiegati meglio se vuoi ch'io ti risponda a dovere.
-¿Es posible que no entiende vuestra merced de hacer aguas menores o mayores? Pues en la escuela destetan a los muchachos con ello. Pues sepa que quiero decir si le ha venido gana de hacer lo que no se escusa . — È possibile che non intenda la signoria vostra che cosa ciò voglia dire? Eppure questo è quello che fanno tutti i bimbi appena spoppati e i ragazzi delle scuole. Farò più chiaramente la mia dimanda: non le viene mai il prurito di fare ciò che uno non può fare per un altro?
-¡Ya, ya te entiendo, Sancho! Y muchas veces; y aun agora la tengo. ¡Sácame deste peligro, que no anda todo limpio! — Ora t'intendo, Sancio: sì sì, molte volte, disse don Chisciotte, e l'ho anche adesso questo prurito: anzi cavami, Sancio mio da questo pericolo, che credo certo di aver cominciato.