| I. Capítulo L. De las discretas altercaciones que don Quijote y el Canónigo tuvieron, con otros sucesos | CAPITOLO XLIX. DI ALTRE CONTROVERSIE SEGUITE FRA DON CHISCIOTTE ED IL CANONICO, E DI ALTRI SUCCESSI.
|
| -¡Bueno está eso! -respondió don Quijote-. Los libros que están impresos con licencia de los reyes y con aprobación de aquellos a quien se remitieron, y que con gusto general son leídos y celebrados de los grandes y de los chicos, de los pobres y de los ricos, de los letrados e ignorantes, de los plebeyos y caballeros, finalmente, de todo género de personas, de cualquier estado y condición que sean, ¿habían de ser mentira?; y más llevando tanta apariencia de verdad, pues nos cuentan el padre, la madre, la patria, los parientes, la edad, el lugar y las hazañas, punto por punto y día por día, que el tal caballero hizo, o caballeros hicieron. Calle vuestra merced, no diga tal blasfemia (y créame que le aconsejo en esto lo que debe de hacer como discreto), sino léalos, y verá el gusto que recibe de su leyenda. Si no, dígame ¿hay mayor contento que ver, como si dijésemos aquí ahora se muestra delante de nosotros un gran lago de pez hirviendo a borbollones, y que andan nadando y cruzando por él muchas serpientes, culebras y lagartos, y otros muchos géneros de animales feroces y espantables, y que del medio del lago sale una voz tristísima que dice ''Tú, caballero, quienquiera que seas, que el temeroso lago estás mirando, si quieres alcanzar el bien que debajo destas negras aguas se encubre, muestra el valor de tu fuerte pecho y arrójate en mitad de su negro y encendido licor; porque si así no lo haces, no serás digno de ver las altas maravillas que en sí encierran y contienen los siete castillos de las siete fadas que debajo desta negregura yacen?'' ¿Y que, apenas el caballero no ha acabado de oír la voz temerosa , cuando, sin entrar más en cuentas consigo, sin ponerse a considerar el peligro a que se pone, y aun sin despojarse de la pesadumbre de sus fuertes armas, encomendándose a Dios y a su señora, se arroja en mitad del bullente lago , y, cuando no se cata ni sabe dónde ha de parar, se halla entre unos floridos campos , con quien los Elíseos no tienen que ver en ninguna cosa? Allí le parece que el cielo es más transparente, y que el sol luce con claridad más nueva ; ofrécesele a los ojos una apacible floresta de tan verdes y frondosos árboles compuesta, que alegra a la vista su verdura, y entretiene los oídos el dulce y no aprendido canto de los pequeños, infinitos y pintados pajarillos que por los intricados ramos van cruzando. Aquí descubre un arroyuelo, cuyas frescas aguas, que líquidos cristales parecen, corren sobre menudas arenas y blancas pedrezuelas, que oro cernido y puras perlas semejan; acullá vee una artificiosa fuente de jaspe variado y de liso mármol compuesta; acá vee otra a lo brutesco adornada, adonde las menudas conchas de las almejas, con las torcidas casas blancas y amarillas del caracol, puestas con orden desordenada, mezclados entre ellas pedazos de cristal luciente y de contrahechas esmeraldas, hacen una variada labor, de manera que el arte, imitando a la naturaleza, parece que allí la vence. Acullá de improviso se le descubre un fuerte castillo o vistoso alcázar, cuyas murallas son de macizo oro, las almenas de diamantes, las puertas de jacintos; finalmente, él es de tan admirable compostura que, con ser la materia de que está formado no menos que de diamantes, de carbuncos , de rubíes, de perlas, de oro y de esmeraldas, es de más estimación su hechura. Y ¿hay más que ver, después de haber visto esto, que ver salir por la puerta del castillo un buen número de doncellas , cuyos galanos y vistosos trajes, si yo me pusiese ahora a decirlos como las historias nos los cuentan, sería nunca acabar; y tomar luego la que parecía principal de todas por la mano al atrevido caballero que se arrojó en el ferviente lago, y llevarle, sin hablarle palabra, dentro del rico alcázar o castillo, y hacerle desnudar como su madre le parió, y bañarle con templadas aguas, y luego untarle todo con olorosos ungüentos, y vestirle una camisa de cendal delgadísimo, toda olorosa y perfumada, y acudir otra doncella y echarle un mantón sobre los hombros, que, por lo menos menos, dicen que suele valer una ciudad , y aun más? ¿Qué es ver, pues, cuando nos cuentan que, tras todo esto, le llevan a otra sala, donde halla puestas las mesas, con tanto concierto, que queda suspenso y admirado?; ¿qué, el verle echar agua a manos, toda de ámbar y de olorosas flores distilada?; ¿qué, el hacerle sentar sobre una silla de marfil? ; ¿qué, verle servir todas las doncellas , guardando un maravilloso silencio?; ¿qué, el traerle tanta diferencia de manjares, tan sabrosamente guisados, que no sabe el apetito a cuál deba de alargar la mano? ¿Cuál será oír la música que en tanto que come suena, sin saberse quién la canta ni adónde suena? ¿Y, después de la comida acabada y las mesas alzadas, quedarse el caballero recostado sobre la silla, y quizá mondándose los dientes, como es costumbre, entrar a deshora por la puerta de la sala otra mucho más hermosa doncella que ninguna de las primeras, y sentarse al lado del caballero, y comenzar a darle cuenta de qué castillo es aquél , y de cómo ella está encantada en él, con otras cosas que suspenden al caballero y admiran a los leyentes que van leyendo su historia? No quiero alargarme más en esto, pues dello se puede colegir que cualquiera parte que se lea, de cualquiera historia de caballero andante, ha de causar gusto y maravilla a cualquiera que la leyere. Y vuestra merced créame, y, como otra vez le he dicho, lea estos libros, y verá cómo le destierran la melancolía que tuviere, y le mejoran la condición, si acaso la tiene mala. De mí sé decir que, después que soy caballero andante, soy valiente, comedido, liberal, bien criado, generoso, cortés, atrevido, blando, paciente, sufridor de trabajos, de prisiones, de encantos; y, aunque ha tan poco que me vi encerrado en una jaula, como loco, pienso, por el valor de mi brazo, favoreciéndome el cielo y no me siendo contraria la fortuna, en pocos días verme rey de algún reino, adonde pueda mostrar el agradecimiento y liberalidad que mi pecho encierra. Que, mía fe, señor, el pobre está inhabilitado de poder mostrar la virtud de liberalidad con ninguno, aunque en sumo grado la posea; y el agradecimiento que sólo consiste en el deseo es cosa muerta, como es muerta la fe sin obras . Por esto querría que la fortuna me ofreciese presto alguna ocasión donde me hiciese emperador, por mostrar mi pecho haciendo bien a mis amigos, especialmente a este pobre de Sancho Panza, mi escudero, que es el mejor hombre del mundo, y querría darle un condado que le tengo muchos días ha prometido, sino que temo que no ha de tener habilidad para gobernar su estado. | - Voi le dite grosse davvero! sclamò don Chisciotte. E che? i libri che s'imprimono colla licenza del re e coll'approvazione dei suoi delegati, e che con generale soddisfazione vengono letti e celebrati dai grandi e dai piccoli, dai poveri e dai ricchi, dai letterati e dagli ignoranti, dai plebei e dai nobili, e finalmente da ogni qualità di persone, qualunque ne sia il loro stato, hanno da essere bugiardi? E non varrà a difenderli quella tanta limpidezza di verità di cui sono rivestiti, facendoci conoscer il padre, la madre, la patria, i parenti, delle persone, e il tempo e il luogo delle prodezze narrate, punto per punto, giorno per giorno, secondo che furono eseguite da uno o da più cavalieri? Taccia vossignoria, né pronunci sì grosse bestemmie, ma dia retta a quello a cui la consiglio come prudente; e se si vuol persuadere li legga, e vedrà quale diletto ne ricaverà. Per provarle poi col fatto quanto io espongo, mi risponda se può darsi più vivo piacere di quello dell'immaginare di vedersi innanzi un gran lago di pece che bolle a ricorsoio ed in cui vanno nuotando e guizzando in qua e in là e lucertole e serpenti e tante altre sorti di feroci e spaventevoli bestie! Dal bel mezzo del lago mi pare di udire una triste voce che dice: O tu, cavaliere qualunque ti sia, che stai mirando il lago terribile, se giunger brami a vedere il bene che è di sotto a queste nere onde non saresti degno di mirare le alte meraviglie che in queste acque si ascondono; mostra l'ardimento del coraggioso tuo cuore, balza in mezzo al suo nero e ribollente liquore, perché altri ne rinchiudono e contengono i sette castelli delle sette Fate, che giacciono sotto questa nerezza! Intesa appena dal cavaliere del Lago la voce terribile, senza altre riflessioni e senza por mente al pericolo che va ad affrontare, e senza nemmeno alleggerirsi del peso delle forti sue armi, raccomandandosi a Dio e alla sua signora, si precipita in mezzo al bollente lago, e quando né pensa né sa quale debba essere il suo porto, si trova in mezzo a floridi campi in confronto dei quali nulla sono gli Elisi. Ivi scorge più trasparente il cielo e più rilucente il sole; e gli si offre alla vista una deliziosa foresta, rivestita di alti e frondosi arbori che colla loro verdura consolano gli occhi: ivi sorprendono l'udito col canto dolcissimo ed innocente piccioli ed infiniti dipinti augelli che per gl'intrecciati rami vanno saltellando. Scopresi in poca distanza un ruscello le cui fresc'onde somiglianti a liquidi cristalli, vanno scorrendo sulla minuta rena, che quasi gareggia coll'oro forbito e colle più candide perle. Ammirasi da altra parte una fonte artifiziosa di variato diaspro e di liscio marmo formata; ed altrove una ne sorge dove i minuti nicchi delle telline con le torte variopinte case e con chiocciole in bel disordine collocate mostrano fra loro frammischiati pezzi bellissimi di cristallo e di contraffatto smeraldo componenti uno svariato lavoro, di maniera che la natura sembra vinta dall'arte, sua imitatrice. In altro canto si eleva un forte castello, o superbo palagio, le cui muraglie sono di oro massiccio, i merli di diamanti, di giacinti le porte, e di stupenda archittettura costrutto, che sebbene la materia che lo compone sia tutta diamanti e carbonchi e rubini e perle e oro e smeraldi, è nondimeno vinta assai dal lavoro. Resta poi a vedersi dopo sì grandi maraviglie altra cosa che più di tutte esilara e rallegra, ed è l'uscita dalle porte del castello di un gran numero di donzelle, i cui vaghi e ricchi vestiti se fossero da me descritti come li troviamo nelle storie, sarebbe un non finirla mai più! Ecco là l'ardito cavaliere che, balzato nel lago, è preso per mano da quella delle donzelle che sembra la più speziosa, la quale seco lo guida, senza dischiuder le labbra, dentro la ricca torre o castello. Dov'egli è profumato e rivestito di sottilissimo bisso, e riceve un largo manto, il cui valore è quanto quello di una bella città, ed anche più. Che descrizione può mai darsi più deliziosa di quando leggiamo che la donzella predetta ed un'altra sua compagna lo conducono in una sala dove stanno apparecchiate le tavole così simetricamente disposte da restarne egli stupefatto e trasecolato? Oh il bell'istante quando gli danno nelle mani un'acqua tutta ambra, e di rarissimi fiori distillata! quando lo assidono sopra una sedia di avorio! quando tutte le donzelle amorosamente lo servono serbando un rispettoso silenzio! quando gli apprestano tanti diversi cibi e tanto saporitamente conditi, che l'appetito non sa più per quale decidersi! E poi che diremo di quella musica che durante il pranzo soavemente risuona da per tutto senza sapere donde proceda? Quando è terminato il mangiare, e sparecchiate le tavole, resta il cavaliere appoggiato sulla sua sedia ripulendosi i denti a suo bell'agio ed entra intanto alla impensata per la porta della sala un'altra donzella molto più vaga delle altre, e si asside allato di lui, ed imprende a narrargli che un castello si è quello dov'egli si trova, e ch'ella vi sta incantata, con altre cose che fanno stupire il cavaliere, e destano ammirazione, in tutti quelli che leggono la sua istoria. Non vo' dilungarmi da vantaggio, perché dal poco che ho detto si può inferire che qualunque parte si legga di ogni storia di un cavaliere errante, debb'essa produrre stupore o diletto; e credami vossignoria, come altra volta le ho detto, legga questi libri, e vedrà dileguarsi ogni melanconia che la opprimesse, e rendersi migliore la sua condizione comunque affannosa. Se deggio parlare di me, io posso affermare che dal tempo in cui mi sono applicato all'esercizio della errante cavalleria mi trovo valoroso, cortese, liberale, gentile, generoso, splendido, audace, piacevole, paziente, sopportatore di fatiche, di prigionie, d'incanti: e tuttoché io mi sia veduto poco fa rinserrato in una gabbia come un pazzo, penso, nondimeno, mercé il valore del mio braccio e col favore del Cielo, che mi vedrò fra pochi giorni re di qualche regno, dove mi si aprirà il campo di mostrare la grandezza e la magnanimità del generoso mio cuore. Io ho osservato, o mio signore, che il povero resta inabile a poter palesare la virtù della liberalità con chicchesia: benché egli la possegga in grado eminente. Quella gratitudine che consiste nel solo desiderio è cosa morta; e questa è la ragione per cui io vorrei che la fortuna mi presentasse senza indugio qualche opportunità di poter diventare un imperatore, poiché io mostrerei il mio animo beneficando gli amici. Allora sì, ch'io avrei specialmente a cuore questo poveretto di Sancio Pancia mio scudiere, ch'è il più buon uomo del mondo, e a cui io vorrei regalare una contea, che gli ho promessa da molto tempo, benché qualche volta io dubiti ch'egli sia per essere poi da tanto da governare il suo nuovo Stato. »
|
| Casi estas últimas palabras oyó Sancho a su amo, a quien dijo | Udì Sancio queste ultime parole del suo padrone, e gli disse:
|
| -Trabaje vuestra merced, señor don Quijote, en darme ese condado, tan prometido de vuestra merced como de mí esperado, que yo le prometo que no me falte a mí habilidad para gobernarle; y, cuando me faltare, yo he oído decir que hay hombres en el mundo que toman en arrendamiento los estados de los señores, y les dan un tanto cada año, y ellos se tienen cuidado del gobierno, y el señor se está a pierna tendida, gozando de la renta que le dan, sin curarse de otra cosa. | « Procuri pure vossignoria, signor don Chisciotte, di regalarmi questa contea tante volte da lei promessa quante da me desiderata, e posso assicurarla che mi trovo capacissimo a governarla: e quando anche nol fossi, ho sentito a dire che vi sono degli uomini i quali prendono in appalto gli Stati dei gran signori, pagandone un tanto all'anno, e si danno la briga di governare essi, e frattanto se ne sta il padrone a panciolle godendo la rendita senza pigliarsi pure un fastidio.
|
| y así haré yo, y no repararé en tanto más cuanto, sino que luego me desistiré de todo, y me gozaré mi renta como un duque , y allá se lo hayan. | Io mi regolerò a questo modo, né guarderò le cose per lo minuto, ed anzi, preso ch'io abbia il governo, comincierò dall'abbandonarlo un poco per volta, finché poi lo rinuncerò affatto per godermi le mie entrate come un duca, e ci pensi chi ci vuol pensare. »
|
| -Eso, hermano Sancho -dijo el canónigo-, entiéndese en cuanto al gozar la renta; empero, al administrar justicia, ha de atender el señor del estado, y aquí entra la habilidad y buen juicio, y principalmente la buena intención de acertar; que si ésta falta en los principios, siempre irán errados los medios y los fines; y así suele Dios ayudar al buen deseo del simple como desfavorecer al malo del discreto. | - Questo, fratello Sancio, disse il canonico, si riferisce unicamente al godimento delle rendite; ma l'amministrazione della giustizia appartiene tutta al signore dello Stato, ed è qui dove fa duopo sfoggiare l'abilità ed il giusto discernimento, e principalmente la buona intenzione di fare le cose con rettitudine: che se ciò manca al principio, andranno sempre errati il mezzo ed il fine; ed è per questo che suol aiutare Iddio il buon desiderio del semplice ed opporsi al cattivo dell'uomo falso ed astuto.
|
| -No sé esas filosofías -respondió Sancho Panza-; mas sólo sé que tan presto tuviese yo el condado como sabría regirle; que tanta alma tengo yo como otro, y tanto cuerpo como el que más, y tan rey sería yo de mi estado como cada uno del suyo; y, siéndolo, haría lo que quisiese; y, haciendo lo que quisiese, haría mi gusto; y, haciendo mi gusto, estaría contento; y, en estando uno contento, no tiene más que desear; y, no teniendo más que desear, acabóse; y el estado venga, y a Dios y veámonos, como dijo un ciego a otro. | - Io non m'intendo di queste filosofie, rispose Sancio Pancia, e solo posso ripetere che sia pure presta a venire la contea, che già mi tengo da tanto da saperla ben governare, avendo tant'animo quanto un altro, e tanto corpo quanto un altro, anche più grande di me: e tanto sarei re del mio Stato come ciascun uomo del suo, ed essendolo, farei quello che fosse di mio volere; e facendo le cose di mia volontà, farei quello che mi piacerebbe, io mi troverei uomo contento; trovandomi uomo contento, non mi resterebbe cosa da desiderare; e non restandomi cosa da desiderare, non occorre altro: venga lo Stato e addio e a rivederci, come disse quel cieco all'altro che non ci vedeva.
|
| -No son malas filosofías ésas, como tú dices, Sancho ; pero, con todo eso, hay mucho que decir sobre esta materia de condados. | - Questa non è cattiva filosofia, come voi dite, o Sancio, replicò il canonico; con tutto ciò vi sarebbe molto da dire intorno a queste contee. »
|
| A lo cual replicó don Quijote. | Soggiunse allora don Chisciotte:
|
| -Yo no sé que haya más que decir; sólo me guío por el ejemplo que me da el grande Amadís de Gaula, que hizo a su escudero conde de la Ínsula Firme ; y así, puedo yo, sin escrúpulo de conciencia, hacer conde a Sancho Panza, que es uno de los mejores escuderos que caballero andante ha tenido. | - In somma io non saprei che cosa più occorrere possa, e mi rimetto all'esempio del grande e non mai abbastanza lodato Amadigi di Gaula, che fece conte dell'Isola Ferma il suo proprio scudiere. Per i meriti stessi posso ben io senza scrupolo di coscienza eleggere conte Sancio Pancia, ch'è uno dei migliori scudieri che mai vantasse cavaliere errante. »
|
| Admirado quedó el canónigo de los concertados disparates que don Quijote había dicho, del modo con que había pintado la aventura del Caballero del Lago, de la impresión que en él habían hecho las pensadas mentiras de los libros que había leído; y, finalmente, le admiraba la necedad de Sancho, que con tanto ahínco deseaba alcanzar el condado que su amo le había prometido. | Restò attonito il buon canonico dei regolari spropositi (se li spropositi aver possono regolarità) che don Chisciotte aveva detto; del modo con cui aveva dipinta la ventura del cavaliere del Lago; della impressione fatta in lui dalle menzogne dei libri che aveva letti: lo rendevano poi stupito soprattutto le sciocchezze di Sancio che con tanto coraggio desiderava di pervenire alla contea promessagli dal suo padrone.
|
| Ya en esto, volvían los criados del canónigo, que a la venta habían ido por la acémila del repuesto, y, haciendo mesa de una alhombra y de la verde yerba del prado, a la sombra de unos árboles se sentaron, y comieron allí, porque el boyero no perdiese la comodidad de aquel sitio, como queda dicho. Y, estando comiendo, a deshora oyeron un recio estruendo y un son de esquila, que por entre unas zarzas y espesas matas que allí junto estaban sonaba , y al mesmo instante vieron salir de entre aquellas malezas una hermosa cabra, toda la piel manchada de negro, blanco y pardo. Tras ella venía un cabrero dándole voces, y diciéndole palabras a su uso, para que se detuviese, o al rebaño volviese. La fugitiva cabra, temerosa y despavorida, se vino a la gente, como a favorecerse della, y allí se detuvo. Llegó el cabrero, y, asiéndola de los cuernos, como si fuera capaz de discurso y entendimiento, le dijo. | Ma erano già di ritorno colla vettovaglia i servitori del canonico, i quali aveano condotto le cavalcature all'osteria per riposare. Apprestaronsi le tavole, o per meglio dire si distese un tappeto sopra la verde erbetta del prato, dove si assise la brigata all'ombra degli alberi più frondosi, né si volle prescegliere altro sito affinché i carradori non perdessero la opportunità per lo pasto dei loro buoi. Mangiavano tutti di buona voglia, quando inaspettatamente udirono un gran fracasso ed un suono di campanello che veniva dalle folte macchie vicine. Videro nel tempo istesso uscire da quei cespugli una bella capra che aveva la pelle chiazzata di nero, bianco e bigio, e dietro a questa un capraio chiamandola, e alla sua usanza invitandola, che si fermasse e ritornasse al branco. La fuggitiva capra, corse alla volta della gente quasi domandasse aiuto, e si fermò. La raggiunse il capraio, e prendendola per le corna la sgridò dolcemente come se fosse stata capace d'intenderlo, dicendole così:
|
| -¡Ah cerrera, cerrera , Manchada, Manchada, y cómo andáis vos estos días de pie cojo! ¿Qué lobos os espantan, hija? ¿No me diréis qué es esto, hermosa? Mas ¡qué puede ser sino que sois hembra, y no podéis estar sosegada; que mal haya vuestra condición, y la de todas aquellas a quien imitáis! Volved, volved, amiga; que si no tan contenta, a lo menos, estaréis más segura en vuestro aprisco, o con vuestras compañeras; que si vos que las habéis de guardar y encaminar andáis tan sin guía y tan descaminada, ¿en qué podrán parar ellas. | - Ah vagabonda vagabonda, schiazzata schiazzata che sei! e com'è che oggi zoppichi? Non ti spaventano i lupi, figliuola? Mi dirai tu che no, mia vezzosa? Ma veramente, quale stupore? tu sei femmina e non puoi startene quieta; che maledetta sia la condizione tua e di tutte quelle che t'imitano. Tornati, amica, tornati se non contenta, sicura almeno nella tua stalla e colle tue compagne; ché sei tu che le devi guardare ed essere a loro guida; ma se ti sbranchi che sarà mai di loro? »
|
| Contento dieron las palabras del cabrero a los que las oyeron, especialmente al canónigo, que le dijo. | Le parole del capraio erano un piacere di quanti le udivano, ma singolarmente del canonico, che replicò:
|
| -Por vida vuestra, hermano, que os soseguéis un poco y no os acuciéis en volver tan presto esa cabra a su rebaño; que, pues ella es hembra, como vos decís, ha de seguir su natural distinto , por más que vos os pongáis a estorbarlo. Tomad este bocado y bebed una vez, con que templaréis la cólera, y en tanto, descansará la cabra. | - Via, via, fratello, acchetatevi un poco, né vogliate darvi sì gran fretta per obbligar la capra a tornarsi al suo gregge, che essendo ella femmina, come voi dite, ha da seguitare naturale suo istinto per quanto voi vi sforziate ad opporvele. Pigliate questo boccone, bevete un poco per ammorzare la collera, e riposerà frattanto la capra. »
|
| Y el decir esto y el darle con la punta del cuchillo los lomos de un conejo fiambre, todo fue uno. Tomólo y agradeciólo el cabrero; bebió y sosegóse, y luego dijo. | Così dicendo gli porse sulla punta del coltello un pezzo di coniglio freddo. Lo prese il capraio, si mostrò grato, bevette alquanto, e deposto ogni dispetto disse:
|
| -No querría que por haber yo hablado con esta alimaña tan en seso, me tuviesen vuestras mercedes por hombre simple; que en verdad que no carecen de misterio las palabras que le dije. Rústico soy, pero no tanto que no entienda cómo se ha de tratar con los hombres y con las bestias. | - Non vorrei che per avere io parlato con questa bestia come se fosse una creatura ragionevole, le signorie vostre mi avessero in conto di scimunito, perché in verità non furono senza un'arcana ragione le parole che ho dette; io sono un villano, è vero, ma so bene come si dee procedere cogli uomini e colle bestie.
|
| -Eso creo yo muy bien -dijo el cura-, que ya yo sé de esperiencia que los montes crían letrados y las cabañas de los pastores encierran filósofos . | - Lo credo senza verun dubbio, soggiunse il curato, perché la sperienza mi ammaestra che le montagne producono uomini di sapere ed anche nelle capanne pastoreccie alberga la filosofia.
|
| -A lo menos, señor -replicó el cabrero-, acogen hombres escarmentados; y para que creáis esta verdad y la toquéis con la mano, aunque parezca que sin ser rogado me convido , si no os enfadáis dello y queréis, señores, un breve espacio prestarme oído atento, os contaré una verdad que acredite lo que ese señor (señalando al cura) ha dicho, y la mía. | - Se non altro accolgono, replicò il capraio, uomini sperimentati; e perché tenghiate per vera questa mia sentenza, e la tocchiate con mano, quantunque io vegga di trovarmi a convito senza essere invitato, pure se non vi dispiacesse ascoltarmi, vorrei alle brevi raccontarvi una istoria che confermerebbe ciò che questo signore (accennando il curato) ha detto. »
|
| A esto respondió don Quijote. | Rispose don Chisciotte:
|
| -Por ver que tiene este caso un no sé qué de sombra de aventura de caballería, yo, por mi parte, os oiré, hermano, de muy buena gana, y así lo harán todos estos señores, por lo mucho que tienen de discretos y de ser amigos de curiosas novedades que suspendan, alegren y entretengan los sentidos, como, sin duda, pienso que lo ha de hacer vuestro cuento. Comenzad, pues, amigo, que todos escucharemos. | - Supponendo che la vostra istoria contenga in sé l'apparenza di un'avventura cavalleresca, io, quanto a me, ne ascolterò ben volentieri, e vi ascolteranno eziandio questi signori: cominciate dunque, amico mio, che noi tutti vi presteremo ogni attenzione.
|
| -Saco la mía -dijo Sancho- ; que yo a aquel arroyo me voy con esta empanada, donde pienso hartarme por tres días; porque he oído decir a mi señor don Quijote que el escudero de caballero andante ha de comer, cuando se le ofreciere, hasta no poder más, a causa que se les suele ofrecer entrar acaso por una selva tan intricada que no aciertan a salir della en seis días; y si el hombre no va harto, o bien proveídas las alforjas, allí se podrá quedar, como muchas veces se queda , hecho carne momia. | - Tranne però la mia persona, disse Sancio, che me ne vado con questo poco di cibo a quel fiumicello perché voglio prenderne una corpacciata da restarne satollo per tre giorni interi: tanto più che ho udito dire dal mio signor don Chisciotte, che lo scudiere del cavaliere errante ha da mangiare quando può a crepapancia, potendo accadergli di entrare in una selva sì folta da non saperne uscire in sei giorni; e se l'uomo non è sfamato, o non ha le bisacce ben provvedute, può restarsene, come qualche volta accade, simile ad un pezzo di carne di mummia.
|
| -Tú estás en lo cierto, Sancho -dijo don Quijote- vete adonde quisieres, y come lo que pudieres; que yo ya estoy satisfecho, y sólo me falta dar al alma su refacción, como se la daré escuchando el cuento deste buen hombre. | - Tu cogli nel segno, o Sancio, don Chisciotte soggiunse: vattene dove ti piace, e mangia a sazietà, che io mi trovo già empiuto, e non mi resta altro che pascere lo spirito, lo che farò ascoltando la storia di questo buon uomo.
|
| -Así las daremos todos a las nuestras -dijo el canónigo. | - Faremo lo stesso noi pure, disse il canonico,
|
| Y luego, rogó al cabrero que diese principio a lo que prometido había. El cabrero dio dos palmadas sobre el lomo a la cabra, que por los cuernos tenía, diciéndole. | e pregò il capraio a dare principio a quanto aveva promesso. Il capraio diede due palmate sui fianchi alla capra che tenea per le corna dicendole:
|
| -Recuéstate junto a mí, Manchada, que tiempo nos queda para volver a nuestro apero . | - Statti vicina a me, chiazzata, che avremo poi tempo di ritornare al nostro gregge. »
|
| Parece que lo entendió la cabra, porque, en sentándose su dueño, se tendió ella junto a él con mucho sosiego, y, mirándole al rostro, daba a entender que estaba atenta a lo que el cabrero iba diciendo, el cual comenzó su historia desta manera | Parea che la capra lo intendesse, perché nell'assidersi che fece il padrone, si distese accanto a lui agiatamente, e lo guardò in faccia come se volesse stare attenta alle parole del capraio, il quale cominciò così la sua narrazione.
|