Don Quijote de la Mancha
         de Miguel de Cervantes Saavedra
Edición bilingüe, español-italiano, en textos paralelos
Edizione bilingue Spagnolo-Italiana, in testi paralleli
Traducción: Ed. de Edoardo Perino.
Integrado en el sistema MGARCI
P. I- Pró. 01 02 03 04 05 06 07 08 09 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52
P. I- Pró. 01 02 03 04 05 06 07 08 09 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74
I. Capítulo XI. De la estraña aventura que le sucedió al valeroso don Quijote con el bravo Caballero de los Espejos. CAPITOLO XI DELLA STRANA AVVENTURA ACCADUTA A DON CHISCIOTTE COL VALOROSO CAVALIERE DAGLI SPECCHI.
La noche que siguió al día del rencuentro de la Muerte la pasaron don Quijote y su escudero debajo de unos altos y sombrosos árboles, habiendo, a persuasión de Sancho, comido don Quijote de lo que venía en el repuesto del rucio, y entre la cena dijo Sancho a su señor. La notte che successe al giorno in cui avevano incontrato la Carretta della Morte don Chisciotte e il suo scudiere la passarono sotto alcuni alti e ombrosi alberi, dove per consiglio di Sancio don Chisciotte mangiò della provvigione che trovavasi nella credenza portata dall'asino. Durante la cena disse Sancio al suo padrone:
-Señor, ¡qué tonto hubiera andado yo si hubiera escogido en albricias los despojos de la primera aventura que vuestra merced acabara, antes que las crías de las tres yeguas! En efecto, en efecto, más vale pájaro en mano que buitre volando. — Sarei pure stato balordo se avessi scelto per mancia lo spoglio della prima ventura che fosse stata effettuata da vossignoria, piuttostoché la razza delle tre cavalle! oh è meglio uccelletto in mano che aquila al volo.
-Todavía -respondió don Quijote-, si tú, Sancho, me dejaras acometer, como yo quería, te hubieran cabido en despojos, por lo menos, la corona de oro de la Emperatriz y las pintadas alas de Cupido, que yo se las quitara al redropelo y te las pusiera en las manos. — Contuttociò, disse don Chisciotte, se tu, o Sancio, mi avessi lasciato combattere come era mia volontà, ti sarebbe toccato in ispoglio almeno almeno la corona d'oro dell'imperadore, e le dipinte ali di Cupido, ch'io gliele avrei strappate di forza, e te le avrei date.
-Nunca los cetros y coronas de los emperadores farsantes -respondió Sancho Panza- fueron de oro puro, sino de oropel o hoja de lata. — Le corone, disse Sancio, degl'imperadori di teatro non furono mai di oro fino, ma di orpello o di stagno.
-Así es verdad -replicó don Quijote-, porque no fuera acertado que los atavíos de la comedia fueran finos, sino fingidos y aparentes, como lo es la mesma comedia, con la cual quiero, Sancho, que estés bien, teniéndola en tu gracia, y por el mismo consiguiente a los que las representan y a los que las componen, porque todos son instrumentos de hacer un gran bien a la república, poniéndonos un espejo a cada paso delante, donde se veen al vivo las acciones de la vida humana, y ninguna comparación hay que más al vivo nos represente lo que somos y lo que habemos de ser como la comedia y los comediantes. Si no, dime ¿no has visto tú representar alguna comedia adonde se introducen reyes, emperadores y pontífices, caballeros, damas y otros diversos personajes? Uno hace el rufián, otro el embustero, éste el mercader, aquél el soldado, otro el simple discreto, otro el enamorado simple; y, acabada la comedia y desnudándose de los vestidos della, quedan todos los recitantes iguales. — Ciò è vero, replicò don Chisciotte, perché sarebbe cosa malfatta che gli ornamenti teatrali fossero fini, ed anzi va bene che sieno finti e apparenti come la stessa commedia. Io poi bramo, o Sancio, che tu sia amico della commedia tenendola in grazia tua, e così pure quelli che la rappresentano, perché servono tutti di giovamento alla repubblica. Costoro ci pongono ad ogni tratto dinanzi agli occhi uno specchio in cui veggonsi al vivo le azioni dell'umana vita, e non avvi paragone più atto a rappresentare quello che siamo, o che dovremmo essere, quanto la commedia e i commedianti. Né ti opporre, o amico Sancio, ma dimmi: non hai tu veduto rappresentar qualche commedia in cui s'introducono re, imperadori, pontefici, cavalieri, ed altri differenti personaggi, uno dei quali fa lo smargiasso, un altro l'imbrogliatore, questi il mercadante, quegli il soldato, un altro il semplice contegnoso, quell'altro l'innamorato morto; e poi terminata la commedia e spogliati gli abiti, tutti i recitanti restano eguali?
-Sí he visto -respondió Sancho. — Sì, signore, ne ho veduti molto bene, disse Sancio.
-Pues lo mesmo -dijo don Quijote- acontece en la comedia y trato deste mundo, donde unos hacen los emperadores, otros los pontífices, y, finalmente, todas cuantas figuras se pueden introducir en una comedia; pero, en llegando al fin, que es cuando se acaba la vida, a todos les quita la muerte las ropas que los diferenciaban, y quedan iguales en la sepultura. — Ora sappi, disse don Chisciotte, che lo stesso avviene nella commedia e nel traffico di questo mondo; in cui taluno fa da imperadore, tal altro da papa e da mille altre comparse che possono essere nella commedia introdotte; ma giungendo al fine, ch'è quando termina la vita, la morte toglie a ciascuno l'abito che lo rendeva diverso dagli altri, e tutti restano eguali nella sepoltura.
-¡Brava comparación! -dijo Sancho-, aunque no tan nueva que yo no la haya oído muchas y diversas veces, como aquella del juego del ajedrez, que, mientras dura el juego, cada pieza tiene su particular oficio; y, en acabándose el juego, todas se mezclan, juntan y barajan, y dan con ellas en una bolsa, que es como dar con la vida en la sepultura. — Bel paragone! sclamò Sancio; ma egli non è poi tanto nuovo ch'io non l'abbia sentito mille e mille volte, come quello del giuoco degli scacchi, che mentre dura la partita ogni pezzo ha il suo offizio, ma terminata che sia, tutti si mescolano, si uniscono, si mutano e si cacciano in una borsa; ch'è lo stesso come la comparazione della vita che termina nella sepoltura.
-Cada día, Sancho -dijo don Quijote-, te vas haciendo menos simple y más discreto. — Tu vai ogni giorno, o Sancio, disse don Chisciotte, diventando meno semplice e più giudizioso.
-Sí, que algo se me ha de pegar de la discreción de vuestra merced -respondió Sancho-; que las tierras que de suyo son estériles y secas, estercolándolas y cultivándolas, vienen a dar buenos frutos quiero decir que la conversación de vuestra merced ha sido el estiércol que sobre la estéril tierra de mi seco ingenio ha caído; la cultivación, el tiempo que ha que le sirvo y comunico; y con esto espero de dar frutos de mí que sean de bendición, tales, que no desdigan ni deslicen de los senderos de la buena crianza que vuesa merced ha hecho en el agostado entendimiento mío. — Batti e ribatti, rispose Sancio, ha da restarmi inchiodata bene in testa un poco della sapienza di vossignoria, poiché anche i terreni che sono sterili e senza umore nutritivo, a forza di mettervi buon letame, e di coltivarli, vengono a produrre buone frutta; e voglio inferire da questo che il conversare colla signoria vostra è stato il letame che ingrassò lo sterile terreno dell'infecondo mio ingegno; e la sollevazione del mio spirito la ripeto dal tempo in cui sono al suo servigio e converso con lei; e per tutte queste cose spero che un giorno darò frutta degne di benedizione, e tali che punto non isconvengano né sdrucciolino fuori dalla strada delle buone creanze che vossignoria ha ora aperta al mio intelletto. »
Rióse don Quijote de las afectadas razones de Sancho, y parecióle ser verdad lo que decía de su emienda, porque de cuando en cuando hablaba de manera que le admiraba; puesto que todas o las más veces que Sancho quería hablar de oposición y a lo cortesano, acababa su razón con despeñarse del monte de su simplicidad al profundo de su ignorancia; y en lo que él se mostraba más elegante y memorioso era en traer refranes, viniesen o no viniesen a pelo de lo que trataba, como se habrá visto y se habrá notado en el discurso desta historia. Si mise a ridere don Chisciotte delle studiate espressioni di Sancio, e gli sembrava anche vero ciò che dicea de' suoi progressi, perché parlava di tanto in tanto a modo che lo faceva restare maravigliato, quantunque non si possa dissimulare che il più delle volte coi suoi discorsi di opposizione o alla cortigianesca precipitasse dal colmo della sua semplicità, nel profondo della sua ignoranza. Quello in che si mostrava più elegante e memorativo era una profusione di proverbi, cadessero o no in acconcio al soggetto di cui trattavasi, come si andrà osservando nel corso di questa istoria.
En estas y en otras pláticas se les pasó gran parte de la noche, y a Sancho le vino en voluntad de dejar caer las compuertas de los ojos, como él decía cuando quería dormir, y, desaliñando al rucio, le dio pasto abundoso y libre. No quitó la silla a Rocinante, por ser expreso mandamiento de su señor que, en el tiempo que anduviesen en campaña, o no durmiesen debajo de techado, no desaliñase a Rocinante antigua usanza establecida y guardada de los andantes caballeros, quitar el freno y colgarle del arzón de la silla; pero, ¿quitar la silla al caballo?, ¡guarda!; y así lo hizo Sancho, y le dio la misma libertad que al rucio, cuya amistad dél y de Rocinante fue tan única y tan trabada, que hay fama, por tradición de padres a hijos, que el autor desta verdadera historia hizo particulares capítulos della; mas que, por guardar la decencia y decoro que a tan heroica historia se debe, no los puso en ella, puesto que algunas veces se descuida deste su prosupuesto, y escribe que, así como las dos bestias se juntaban, acudían a rascarse el uno al otro, y que, después de cansados y satisfechos, cruzaba Rocinante el pescuezo sobre el cuello del rucio (que le sobraba de la otra parte más de media vara), y, mirando los dos atentamente al suelo, se solían estar de aquella manera tres días; a lo menos, todo el tiempo que les dejaban, o no les compelía la hambre a buscar sustento. In tali e altri ragionamenti passarono gran parte della notte. Finalmente s'invogliò Sancio di lasciarsi cadere le cateratte sugli occhi (come soleva dir egli quando volea dormire), e però, levata all'asino la bardella, lo lasciò in pienissima libertà di andarsene al pascolo per lo prato. Non tolse la sella a Ronzinante per essere espresso comando del suo padrone che nel tempo in cui battessero la campagna, o dormissero allo scoperto, non lo sfornisse mai: vecchia costumanza stabilita e osservata dai cavalieri erranti. Levare la briglia e attaccarla all'arcione della sella, pazienza! ma togliere la sella al cavallo? guai! Così fece Sancio, e la libertà dell'asino poté essere comune a Ronzinante la cui amicizia per l'asino fu sì unica e sì stretta che la fama ne corre per tradizione da padre a figliuolo; e l'autore di questa veridica istoria ne fece capitoli a parte, che non ha inseriti soltanto per voler essere geloso custode della decenza e decoro dovuto a narrazioni sì eroiche. Ben è il vero che alcuna volta si dimentica di tale suo proposito e scrive che subito che le due bestie potevano avvicinarsi andavano grattandosi l'una coll'altra, e che quando eran molto stracche, Ronzinante cacciava il suo collo a posare su quello del leardo per modo che ne riusciva un mezzo braccio dall'altra parte, e fissando ambedue gli occhi a terra stavansene a quel modo per tre giorni, o almeno fino a tanto che la fame non li spingeva a cercarsi altrove alimento.
Digo que dicen que dejó el autor escrito que los había comparado en la amistad a la que tuvieron Niso y Euríalo, y Pílades y Orestes; y si esto es así, se podía echar de ver, para universal admiración, cuán firme debió ser la amistad destos dos pacíficos animales, y para confusión de los hombres, que tan mal saben guardarse amistad los unos a los otros. Por esto se dijo. Soggiungo una cosa ancora e non più, ed è che l'autore ha lasciato scritto che nell'amicizia erano queste bestie da compararsi a Niso ed Eurialo, a Pilade ed Oreste: e se ciò è vero, resta luogo ad osservare con istupore, quanto stabile dovette essere la colleganza dei due pacifici animali, a confusione degli uomini che tanto male si conducono gli uni con gli altri.
No hay amigo para amigo. Non v'è amico per l'amico,
las cañas se vuelven lanzas. e le canne si cambiano in lance.
y el otro que cantó.
De amigo a amigo la chinche, etc.
Y no le parezca a alguno que anduvo el autor algo fuera de camino en haber comparado la amistad destos animales a la de los hombres, que de las bestias han recebido muchos advertimientos los hombres y aprendido muchas cosas de importancia, como son de las cigüeñas, el cristel; de los perros, el vómito y el agradecimiento; de las grullas, la vigilancia; de las hormigas, la providencia; de los elefantes, la honestidad, y la lealtad, del caballo. Né sembri a taluno che l'autore abbia deviato dal diritto sentiero paragonando l'amicizia di quelle due bestie con l'amicizia degli uomini; perché gli uomini hanno appreso dalle bestie molti e molto importanti insegnamenti; come sarebbe a dire dalle cicogne il cristere, dai cani la gratitudine, dalle grue la vigilanza, dalle formiche la provvidenza, dagli elefanti l'onestà, e la lealtà dal cavallo.
Finalmente, Sancho se quedó dormido al pie de un alcornoque, y don Quijote dormitando al de una robusta encina; pero, poco espacio de tiempo había pasado, cuando le despertó un ruido que sintió a sus espaldas, y, levantándose con sobresalto, se puso a mirar y a escuchar de dónde el ruido procedía, y vio que eran dos hombres a caballo, y que el uno, dejándose derribar de la silla, dijo al otro. Finalmente Sancio si addormentò sotto un sughero, e don Chisciotte se ne stette sonniferando disotto d'un'altissima quercia. Breve intervallo di tempo era scorso quando don Chisciotte fu desto da un rumore che udì dietro a sé, e levandosi impaurito e postosi ad ascoltare ed a vedere di dove procedesse, scoprì che erano due uomini a cavallo, uno dei quali abbandonando la sella, diceva all'altro:
-Apéate, amigo, y quita los frenos a los caballos, que, a mi parecer, este sitio abunda de yerba para ellos, y del silencio y soledad que han menester mis amorosos pensamientos. — Smonta, amico, e leva il freno ai cavalli, che a parer mio, qui trovasi abbondevolmente dell'erba pel loro pascolo, e qui sono la solitudine ed il silenzio che abbisognano agli amorosi miei pensamenti. »
El decir esto y el tenderse en el suelo todo fue a un mesmo tiempo; y, al arrojarse, hicieron ruido las armas de que venía armado, manifiesta señal por donde conoció don Quijote que debía de ser caballero andante; y, llegándose a Sancho, que dormía, le trabó del brazo, y con no pequeño trabajo le volvió en su acuerdo, y con voz baja le dijo. Il proferir queste parole ed il distendersi sulla terra fu tutto uno; ma nell'atto che si coricava, le armi che aveva indosso fecero rumore: dal che don Chisciotte argomentò che dovesse essere un qualche cavaliere errante. Accostatosi a Sancio che dormiva, lo riscosse, e con poca fatica lo svegliò, poi a bassa voce gli disse:
-Hermano Sancho, aventura tenemos. — Fratello Sancio, abbiamo qui una ventura.
-Dios nos la dé buena -respondió Sancho-; y ¿adónde está, señor mío, su merced de esa señora aventura. — Dio ce la mandi buona! rispose Sancio. E dove sta, signor mio, la signoria di questa signora ventura?
-¿Adónde, Sancho? -replicó don Quijote-; vuelve los ojos y mira, y verás allí tendido un andante caballero, que, a lo que a mí se me trasluce, no debe de estar demasiadamente alegre, porque le vi arrojar del caballo y tenderse en el suelo con algunas muestras de despecho, y al caer le crujieron las armas. — Dove? mi domandi, replicò don Chisciotte. Volgiti, guarda e vedrai quivi prosteso un cavaliere errante, ch'io penso non debba essere soverchiamente allegro, poiché lasciatosi cadere giù da cavallo, si distese per terra con non dubbi segni di animo irato; e nel cadere rumoreggiarono le sue armi.
-Pues ¿en qué halla vuesa merced -dijo Sancho- que ésta sea aventura. — E in che trova vossignoria, disse Sancio, che questa sia un'avventura?
-No quiero yo decir -respondió don Quijote- que ésta sea aventura del todo, sino principio della; que por aquí se comienzan las aventuras. Pero escucha, que, a lo que parece, templando está un laúd o vigüela, y, según escupe y se desembaraza el pecho, debe de prepararse para cantar algo. — Non voglio dire, don Chisciotte rispose, che sia del tutto una ventura, ma principio di essa, ché così le avventure hanno principio. Ma stattene attento: a quanto pare, egli va accordando un liuto o una viola, ed al tossire e allo spurgarsi che fa, indovino ch'egli si apparecchia a cantare un poco.
-A buena fe que es así -respondió Sancho-, y que debe de ser caballero enamorado. — In fede mia ch'è vero, rispose Sancio: oh sarà per certo un cavaliere innamorato.
-No hay ninguno de los andantes que no lo sea -dijo don Quijote-. Y escuchémosle, que por el hilo sacaremos el ovillo de sus pensamientos, si es que canta; que de la abundancia del corazón habla la lengua. — Non avvi alcuno degli erranti che non lo sia, soggiunse don Chisciotte, e stiamolo a sentire, ché da questo filo scopriremo il gomitolo dei suoi pensieri: la lingua parla per l'abbondanza del cuore. »
Replicar quería Sancho a su amo, pero la voz del Caballero del Bosque, que no era muy mala mi muy buena, lo estorbó; y, estando los dos atónitos, oyeron que lo que cantó fue este soneto Voleva Sancio replicare al padrone, quando la voce del cavaliere del Bosco, che non era né molto cattiva né molto buona, glielo impedì, e standosene tutti e due in attenzione udirono che il suo canto diceva presso a poco così:
-Dadme, señora, un término que siga,
conforme a vuestra voluntad cortado;
que será de la mía así estimado,
que por jamás un punto dél desdiga.
Si gustáis que callando mi fatiga
muera, contadme ya por acabado
si queréis que os la cuente en desusado
modo, haré que el mesmo amor la diga.
A prueba de contrarios estoy hecho,
de blanda cera y de diamante duro,
y a las leyes de amor el ama ajusto.
Blando cual es, o fuerte, ofrezco el pecho
entallad o imprimid lo que os dé gusto,
que de guardarlo eternamente juro.
« Datemi, o mia signora, una via da seguire
sempre il vostro volere;
ed io conformerò a quello il voler mio per modo,
che mai non me ne allontanerò pur d'un punto.
« Se v'è a grado che tacendo de' miei martirî
io muoia, e voi abbiatemi già fin d'ora per morto;
o se volete ch'io ne parli di un modo inusato,
farò che Amore stesso pigli a parlarne per me.
« Io, a prova de' contrari, son fatto
di molle cera e di duro diamante,
e accomodo l'animo mio alle leggi d'Amore.
« Molle qual è o forte, io vi offro il mio cuore:
voi tagliate od imprimetevi quello che più vi piace,
ché io giuro di custodirlo eternamente. »
Con un ¡ay!, arrancado, al parecer, de lo íntimo de su corazón, dio fin a su canto el Caballero del Bosque, y, de allí a un poco, con voz doliente y lastimada, dijo Con un ahi tratto, per quanto sembrava, dall'intimo del cuore, diè fine al suo canto il cavaliere dal Bosco, e di lì a poco con dogliosa e compassionevole voce proruppe:
-¡Oh la más hermosa y la más ingrata mujer del orbe! ¿Cómo que será posible, serenísima Casildea de Vandalia, que has de consentir que se consuma y acabe en continuas peregrinaciones y en ásperos y duros trabajos este tu cautivo caballero? ¿No basta ya que he hecho que te confiesen por la más hermosa del mundo todos los caballeros de Navarra, todos los leoneses, todos los tartesios, todos los castellanos, y, finalmente, todos los caballeros de la Mancha. — Oh la più bella e la più ingrata donna dell'orbe! come sarà egli possibile, serenissima Casildea di Vandalia, che ti piaccia di vedere consunto e sfinito in continue peregrinazioni ed in aspri e crudeli travagli questo tuo schiavo cavaliere? Non basta a te ch'egli abbia costretto a dichiararti per la più bella donna del mondo i cavalieri tutti della Navarra, tutti quei di Leone, tutti i Tartesii, i Castigliani tutti, e finalmente tutti i cavalieri della Mancia?
-Eso no -dijo a esta sazón don Quijote-, que yo soy de la Mancha y nunca tal he confesado, ni podía ni debía confesar una cosa tan perjudicial a la belleza de mi señora; y este tal caballero ya vees tú, Sancho, que desvaría. Pero, escuchemos quizá se declarará más. — Oh questo poi no, disse don Chisciotte a tal punto: io sono cavaliere della Mancia, e non mai feci tal confessione, né posso né devo farla a pregiudizio della bellezza della mia dama. Tu vedi, o Sancio, che quel cavaliere delira: ma ascoltiamo, che forse si spiegherà un poco più.
-Si hará -replicó Sancho-, que término lleva de quejarse un mes arreo. — Sentiamolo pure, rispose Sancio, ma egli ha ciera da querelarsi per un mese a di lungo. »
Pero no fue así, porque, habiendo entreoído el Caballero del Bosque que hablaban cerca dél, sin pasar adelante en su lamentación, se puso en pie, y dijo con voz sonora y comedida. Così non passò la cosa, perché avvedutosi il cavaliere dal Bosco che qualcuno stava favellando vicino a lui, senza più continuar nel suo lamento, si alzò e con sonora e cortese voce, disse:
-¿Quién va allá? ¿Qué gente? ¿Es por ventura de la del número de los contentos, o la del de los afligidos. — Chi è là? Che gente siete? siete fra i contenti o fra i miseri?
-De los afligidos -respondió don Quijote. — Fra gl'infelici, rispose don Chisciotte.
-Pues lléguese a mí -respondió el del Bosque-, y hará cuenta que se llega a la mesma tristeza y a la aflición mesma. — Dunque venite a me, soggiunse quello dal Bosco, e in me troverete l'affanno e la tribolazione stessa in persona. »
Don Quijote, que se vio responder tan tierna y comedidamente, se llegó a él, y Sancho ni más ni menos. Udendosi don Chisciotte rispondere sì teneramente e con sì alta cortesia, si avvicinò a lui, e Sancio ancora.
El caballero lamentador asió a don Quijote del brazo, diciendo. Il dolente cavaliere prese don Chisciotte per un braccio dicendogli:
-Sentaos aquí, señor caballero, que para entender que lo sois, y de los que profesan la andante caballería, bástame el haberos hallado en este lugar, donde la soledad y el sereno os hacen compañía, naturales lechos y propias estancias de los caballeros andantes. — Sedete qua, signor cavaliere, che per conoscervi tale e per accorgermi che professate la errante cavalleria bastami avervi ritrovato in questo luogo dove la solitudine e la serenità sono e compagni e piume naturali e veri soggiorni dei cavalieri erranti.
A lo que respondió don Quijote Cui don Chisciotte:
-Caballero soy, y de la profesión que decís; y, aunque en mi alma tienen su propio asiento las tristezas, las desgracias y las desventuras, no por eso se ha ahuyentado della la compasión que tengo de las ajenas desdichas. De lo que contaste poco ha, colegí que las vuestras son enamoradas, quiero decir, del amor que tenéis a aquella hermosa ingrata que en vuestras lamentaciones nombrastes. — Cavaliere son io, e della professione che dite, e tuttoché abbiano sede lor propria nell'anima mia le afflizioni, le sciagure e gli affanni! non per questo mi rifiuto di sentire compassione per le sventure altrui. Dal tenore del vostro canto, che ho inteso, sono convinto che le vostre sono afflizioni innamorate: voglio dire che nascono dall'amore che vi accende per la bella ingrata che ricordate nei vostri sospiri. »
Ya cuando esto pasaban estaban sentados juntos sobre la dura tierra, en buena paz y compañía, como si al romper del día no se hubieran de romper las cabezas. Stando in questo colloquio trovavansi già seduti sul nudo terreno in santa pace e in amichevole compagnia, come se allo spuntare dell'alba non avessero a maltrattarsi a vicenda.
-Por ventura, señor caballero -preguntó el del Bosque a don Quijote-, ¿sois enamorado. — Signor cavaliere, domandò a don Chisciotte quello dal Bosco, sareste voi per avventura innamorato?
-Por desventura lo soy -respondió don Quijote-; aunque los daños que nacen de los bien colocados pensamientos, antes se deben tener por gracias que por desdichas. — Lo sono per fatalità mia, rispose don Chisciotte, benché i danni che ci derivano dai ben collocati affetti nostri debbano più propriamente chiamarsi favori che danni.
-Así es la verdad -replicó el del Bosque-, si no nos turbasen la razón y el entendimiento los desdenes, que, siendo muchos, parecen venganzas. — Questo è pur troppo vero, replicò quello dal Bosco, quando però non ci ottenebrassero alcuna volta la ragione o l'intelletto quegli sdegni che col moltiplicarsi vestono le sembianze della vendetta.
-Nunca fui desdeñado de mi señora -respondió don Quijote. — Giammai, rispose don Chisciotte, fui io sdegnato contro la mia signora.
-No, por cierto -dijo Sancho, que allí junto estaba-, porque es mi señora como una borrega mansa es más blanda que una manteca. — Oh no certamente, soggiunse Sancio che gli era accanto, perché la mia padrona è simile ad una piacevole asinella, e più morbida di un pane di burro.
-¿Es vuestro escudero éste? -preguntó el del Bosque. — È costui il vostro scudiere? domandò quello dal Bosco.
-Sí es -respondió don Quijote. — Per lo appunto, rispose don Chisciotte.
-Nunca he visto yo escudero -replicó el del Bosque- que se atreva a hablar donde habla su señor; a lo menos, ahí está ese mío, que es tan grande como su padre, y no se probará que haya desplegado el labio donde yo hablo. — Non mi è mai più accaduto, replicò quello dal Bosco, di udire che lo scudiero abbia ardito di frammettersi nei ragionamenti del suo signore; ed il mio che pur è qui grande e grosso, non osa mai di aprire bocca quando io favello.
-Pues a fe -dijo Sancho-, que he hablado yo, y puedo hablar delante de otro tan..., y aun quédese aquí, que es peor meneallo. — Oh bella! disse Sancio; oh gran novità! ho parlato, posso parlare e non parlare davanti ad un altro tanto quanto... tanto più la puzza quanto più... »
El escudero del Bosque asió por el brazo a Sancho, diciéndole. Lo scudiere del cavaliere dal Bosco prese allora Sancio per un braccio e gli disse:
-Vámonos los dos donde podamos hablar escuderilmente todo cuanto quisiéremos, y dejemos a estos señores amos nuestros que se den de las astas, contándose las historias de sus amores; que a buen seguro que les ha de coger el día en ellas y no las han de haber acabado. — Andiamo, amico, noi altri due soli in un appartato luogo dove potremo discorrercela insieme scudierilmente, e lasciamo questi nostri padroni che si discervellino colle istorie dei loro amori, le quali scommetterei che non finiranno sino a dimani.
-Sea en buena hora -dijo Sancho-; y yo le diré a vuestra merced quién soy, para que vea si puedo entrar en docena con los más hablantes escuderos. — Andiamo alla buon'ora, disse Sancio, e racconterò a vossignoria chi sono io, e voi deciderete se io sono uomo da essere così posto in un fascio con gli scudieri ciarloni. »
Con esto se apartaron los dos escuderos, entre los cuales pasó un tan gracioso coloquio como fue grave el que pasó entre sus señores. Si ritirarono amendue, e passò tra loro un ragionamento che riuscì tanto saporito quanto serio fu stato quello dei loro padroni.