Don Quijote de la Mancha
         de Miguel de Cervantes Saavedra
Edición bilingüe, español-italiano, en textos paralelos
Edizione bilingue Spagnolo-Italiana, in testi paralleli
Traducción: Ed. de Edoardo Perino.
Integrado en el sistema MGARCI
P. I- Pró. 01 02 03 04 05 06 07 08 09 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52
P. I- Pró. 01 02 03 04 05 06 07 08 09 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74
I. Capítulo XIV. Donde se prosigue la aventura del Caballero del Bosque. CAPITOLO XIV SEGUITA L'AVVENTURA DEL CAVALIERE DAL BOSCO.
Entre muchas razones que pasaron don Quijote y el Caballero de la Selva, dice la historia que el del Bosque dijo a don Quijote. Prosegue l'istoria narrando che dopo molti altri ragionamenti, il cavaliere dal Bosco disse a don Chisciotte:
-Finalmente, señor caballero, quiero que sepáis que mi destino, o, por mejor decir, mi elección, me trujo a enamorar de la sin par Casildea de Vandalia. Llámola sin par porque no le tiene, así en la grandeza del cuerpo como en el estremo del estado y de la hermosura. Esta tal Casildea, pues, que voy contando, pagó mis buenos pensamientos y comedidos deseos con hacerme ocupar, como su madrina a Hércules, en muchos y diversos peligros, prometiéndome al fin de cada uno que en el fin del otro llegaría el de mi esperanza; pero así se han ido eslabonando mis trabajos, que no tienen cuento, ni yo sé cuál ha de ser el último que dé principio al cumplimiento de mis buenos deseos. Una vez me mandó que fuese a desafiar a aquella famosa giganta de Sevilla llamada la Giralda, que es tan valiente y fuerte como hecha de bronce, y, sin mudarse de un lugar, es la más movible y voltaria mujer del mundo. Llegué, vila, y vencíla, y hícela estar queda y a raya, porque en más de una semana no soplaron sino vientos nortes. Vez también hubo que me mandó fuese a tomar en peso las antiguas piedras de los valientes Toros de Guisando, empresa más para encomendarse a ganapanes que a caballeros. Otra vez me mandó que me precipitase y sumiese en la sima de Cabra, peligro inaudito y temeroso, y que le trujese particular relación de lo que en aquella escura profundidad se encierra. Detuve el movimiento a la Giralda, pesé los Toros de Guisando, despeñéme en la sima y saqué a luz lo escondido de su abismo, y mis esperanzas, muertas que muertas, y sus mandamientos y desdenes, vivos que vivos. En resolución, últimamente me ha mandado que discurra por todas las provincias de España y haga confesar a todos los andantes caballeros que por ellas vagaren que ella sola es la más aventajada en hermosura de cuantas hoy viven, y que yo soy el más valiente y el más bien enamorado caballero del orbe; en cuya demanda he andado ya la mayor parte de España, y en ella he vencido muchos caballeros que se han atrevido a contradecirme. Pero de lo que yo más me precio y ufano es de haber vencido, en singular batalla, a aquel tan famoso caballero don Quijote de la Mancha, y héchole confesar que es más hermosa mi Casildea que su Dulcinea; y en solo este vencimiento hago cuenta que he vencido todos los caballeros del mundo, porque el tal don Quijote que digo los ha vencido a todos; y, habiéndole yo vencido a él, su gloria, su fama y su honra se ha transferido y pasado a mi persona 14,10}>; — Finalmente, signor cavaliere, bramo che voi sappiate che il mio destino, o a meglio dir la mia elezione, mi trasse ad innamorarmi della senza pari Casildea di Vandalia; senza pari la chiamo perché non ha chi la ragguagli sì nella perfetta grazia come nella bellezza. Questa Casildea di cui vi ragiono compensò i miei retti pensieri e le oneste mie brame obbligandomi, come fece la matrigna di Ercole, in molti e diversi cimenti; promettendomi sempre, al superarne di uno, che al fine dell'altro avrei ottenuto quello a cui tendevano le mie mire. Per tal modo si sono andate succedendo le mie imprese a segno di diventare innumerabili, né io so ancora quale sarà l'ultima che darà principio al compimento delle mie brame. Mi comandò una volta che andassi a sfidare a tenzone quella famosa gigantessa di Siviglia, chiamata la Giralda, il cui valore e fortezza la fa credere di bronzo, e che senza cambiar mai di luogo può contarsi per la più mobile e volubile donna di questo mondo. Andai, la vidi, la vinsi, e la ridussi a starsene ferma e a segno; perché pel corso di più che una settimana altri venti non soffiarono fuor quello di tramontana. Altra volta mi fece comando che andassi a pigliare di peso le pietre portate dai bravi tori di Guisando, impresa più da facchino che da cavaliere. Comandò altra volta che mi precipitassi e sprofondassi nella fogna di capra (pericolo inaudito e spaventosissimo!), e che le dessi conto preciso di ciò che rinserrasi in quella oscura profondità: fermai la Giralda, portai le pietre dei tori di Guisando, mi precipitai nella fogna, trassi alla luce quello che rinchiudevasi nell'abisso; ma rimasero più morte di prima le mie speranze, ed i suoi comandi e i suoi sdegni più vivi che mai. In fine mi comandò che scorressi le province tutte di Spagna, e obbligassi tutti i cavalieri erranti che vanno per quelle vagando, a confessare che in bellezza ella è la sola e la prima sopra quante altre vivono oggidì, e che io sono il più valoroso ed il meglio innamorato cavaliere dell'orbe. Per adempiere a questo nuovo comando ho già percorsa la maggior parte della Spagna, e ho trionfato di molti e molti cavalieri che hanno avuto ardire di contraddirmi. Quello poi di cui mi pregio e vanto, e che rende immortali le mie palme si è l'aver avuto vittoria in singolare tenzone di quel sì famoso cavaliere don Chisciotte della Mancia, e costrettolo a confessare che la mia Casildea è più bella della sua Dulcinea; e con questa sola vittoria fo conto di aver vinto tutti i cavalieri del mondo, poiché quel don Chisciotte di cui ragiono, aveva superati gli altri ed essendo da me debellato, la sua gloria, la sua fama, il suo onore si sono trasferiti nella persona mia.
y tanto el vencedor es más honrado. Tanto è maggiore il trionfo di vincitore
cuanto más el vencido es reputado. quanto più il vinto è tenuto in celebrità,
así que, ya corren por mi cuenta y son mías las inumerables hazañas del ya referido don Quijote. ond'è che vanno ormai per mio conto, e sono mie tutte le sue innumerabili imprese. »
Admirado quedó don Quijote de oír al Caballero del Bosque, y estuvo mil veces por decirle que mentía, y ya tuvo el mentís en el pico de la lengua; pero reportóse lo mejor que pudo, por hacerle confesar por su propia boca su mentira; y así, sosegadamente le dijo. Rimase stupefatto don Chisciotte udendo le parole del cavaliere dal Bosco, e stava per dargli una mentita, e già la teneva sulla punta della lingua, ma si astenne il meglio che poté per fargli confessare di propria bocca le sue bugie: in fine così gli disse e con molta gravità.
-De que vuesa merced, señor caballero, haya vencido a los más caballeros andantes de España, y aun de todo el mundo, no digo nada; pero de que haya vencido a don Quijote de la Mancha, póngolo en duda. Podría ser que fuese otro que le pareciese, aunque hay pocos que le parezcan. — Niente oppongo alle vittorie testé vantate da vossignoria, signor cavaliere, sopra la maggior parte dei cavalieri erranti di Spagna ed anche del mondo intero: ma dubito assai che abbiate vinto don Chisciotte della Mancia; ma forse così avrete creduto ingannandovi una gran somiglianza, benché pochi sieno che si rassembrino a lui.
-¿Cómo no? -replicó el del Bosque-. Por el cielo que nos cubre, que peleé con don Quijote, y le vencí y rendí; y es un hombre alto de cuerpo, seco de rostro, estirado y avellanado de miembros, entrecano, la nariz aguileña y algo corva, de bigotes grandes, negros y caídos. Campea debajo del nombre del Caballero de la Triste Figura, y trae por escudero a un labrador llamado Sancho Panza; oprime el lomo y rige el freno de un famoso caballo llamado Rocinante, y, finalmente, tiene por señora de su voluntad a una tal Dulcinea del Toboso, llamada un tiempo Aldonza Lorenzo; como la mía, que, por llamarse Casilda y ser de la Andalucía, yo la llamo Casildea de Vandalia. Si todas estas señas no bastan para acreditar mi verdad, aquí está mi espada, que la hará dar crédito a la mesma incredulidad. — Come no? replicò quello dal Bosco: per lo cielo che ci sta sopra che io ho combattuto con don Chisciotte, e l'ho vinto e sconfitto. È un uomo alto di corporatura, secco di viso, snello, di membra robuste, canuticcio, di naso aquilino e alquanto piegato, con basette nere, grandi e cadenti; campeggia sotto il nome di cavaliere dalla Trista Figura, conduce per suo scudiere un contadino chiamato Sancio Pancia, opprime i lombi e regge il freno di un famoso cavallo chiamato Ronzinante, ed in fine ha per signora della sua volontà una tale Dulcinea del Toboso, chiamata un tempo Aldonsa Lorenzo, come la mia, che per chiamarsi Casilda ed essere nativa di Andalusia, la nomino adesso Casildea di Vandalia. Se tutti questi contrassegni non bastano per avvalorare la verità, ho qui al mio fianco una spada che saprà dare piena fede alla incredulità stessa.
-Sosegaos, señor caballero -dijo don Quijote-, y escuchad lo que decir os quiero. Habéis de saber que ese don Quijote que decís es el mayor amigo que en este mundo tengo, y tanto, que podré decir que le tengo en lugar de mi misma persona, y que por las señas que dél me habéis dado, tan puntuales y ciertas, no puedo pensar sino que sea el mismo que habéis vencido. Por otra parte, veo con los ojos y toco con las manos no ser posible ser el mesmo, si ya no fuese que como él tiene muchos enemigos encantadores, especialmente uno que de ordinario le persigue, no haya alguno dellos tomado su figura para dejarse vencer, por defraudarle de la fama que sus altas caballerías le tienen granjeada y adquirida por todo lo descubierto de la tierra. Y, para confirmación desto, quiero también que sepáis que los tales encantadores sus contrarios no ha más de dos días que transformaron la figura y persona de la hermosa Dulcinea del Toboso en una aldeana soez y baja, y desta manera habrán transformado a don Quijote; y si todo esto no basta para enteraros en esta verdad que digo, aquí está el mesmo don Quijote, que la sustentará con sus armas a pie, o a caballo, o de cualquiera suerte que os agradare. — Tranquillizzatevi, signor cavaliere, disse don Chisciotte, e ascoltate quello che voglio dirvi. Dovete sapere che quel don Chisciotte, di cui ragionate, è il miglior amico che io abbia al mondo, e tale che asserire potrei francamente essere egli un altro me stesso. Per tutti i segnali che mi avete dati sì esatti e veridici resto convinto che altri non sia se non se lui medesimo colui che voi asserite di aver superato: veggo per altra parte cogli occhi miei proprî, e tocco con mano non esser ciò possibile, quando non fosse che avendo egli molti incantatori nemici, ed uno specialmente che d'ordinario il perseguita, non avesse costui pigliata a prestito la sua figura per lasciarsi vincere, e così defraudarlo della fama da lui guadagnatasi mercé quelle illustri cavallerie che l'hanno reso conosciutissimo per tutta la terra scoperta. In conferma di questo voglio che sappiate ancora, che questi tali incantatori nemici suoi trasformarono, non ha guari, la figura e persona della bella Dulcinea del Toboso in una rozza e vile contadina, e al modo stesso avranno operato anche la trasformazione di lui. Se tutto ciò non bastasse per farvi capace della verità che vi ho detta, eccovi presente lo stesso don Chisciotte in persona che lo sosterrà coll'arme alla mano, a piedi o a cavallo o in qualunque altro modo che più vi piacesse. »
Y, diciendo esto, se levantó en pie y se empuñó en la espada, esperando qué resolución tomaría el Caballero del Bosque; el cual, con voz asimismo sosegada, respondió y dijo. In ciò dire si rizzò in piedi, e impugnò la spada aspettando che risoluzione prendesse il cavaliere dal Bosco; il quale con tono egualmente grave rispose a questo modo:
-Al buen pagador no le duelen prendas el que una vez, señor don Quijote, pudo venceros transformado, bien podrá tener esperanza de rendiros en vuestro propio ser. Mas, porque no es bien que los caballeros hagan sus fechos de armas ascuras, como los salteadores y rufianes, esperemos el día, para que el sol vea nuestras obras. Y ha de ser condición de nuestra batalla que el vencido ha de quedar a la voluntad del vencedor, para que haga dél todo lo que quisiere, con tal que sea decente a caballero lo que se le ordenare. — A buon pagatore non dolgono i pegni: colui che una volta, o signor don Chisciotte, ebbe possanza per vincervi trasformato, può molto ben confidare di vincervi nella vostra propria figura: ma perché sta male che i cavalieri vengano a tenzone all'oscuro come fanno gli assassini e gli sgherri, attendasi il giorno, e sia testimonio il sole delle nostre azioni: sia intanto condizione della battaglia, che il vinto debba rimanere soggetto alla volontà del vincitore, sicché possa questi disporre di lui a sua voglia, sempre però entro i confini che si convengono ai cavalieri d'onore.
-Soy más que contento desa condición y convenencia -respondió don Quijote. — Sono più che contento di questo patto, ed accetto, » rispose don Chisciotte.
Y, en diciendo esto, se fueron donde estaban sus escuderos, y los hallaron roncando y en la misma forma que estaban cuando les salteó el sueño. Despertáronlos y mandáronles que tuviesen a punto los caballos, porque, en saliendo el sol, habían de hacer los dos una sangrienta, singular y desigual batalla; a cuyas nuevas quedó Sancho atónito y pasmado, temeroso de la salud de su amo, por las valentías que había oído decir del suyo al escudero del Bosque; pero, sin hablar palabra, se fueron los dos escuderos a buscar su ganado, que ya todos tres caballos y el rucio se habían olido, y estaban todos juntos. Dette queste parole andarono dove stavano i loro scudieri, e li trovarono russanti e sdraiati in quella stessa postura in cui il sonno li aveva sorpresi. Li svegliarono, comandarono loro che tenessero in punto i cavalli, perché al nascere del sole doveano venire tutti e due a sanguinoso, singolare e terribile combattimento. Sancio rimase attonito e spasimato a questa intimazione, temendo per la vita del suo padrone, attese le prodezze che aveva udite narrare dell'altro. Senza fare altre ciarle se ne andarono i due scudieri a trovar le loro bestie, che già tutti e tre i cavalli e il leardo eransi fiutati, e stavano insieme.
En el camino dijo el del Bosque a Sancho. Nel cammino quello dal Bosco disse a Sancio.
-Ha de saber, hermano, que tienen por costumbre los peleantes de la Andalucía, cuando son padrinos de alguna pendencia, no estarse ociosos mano sobre mano en tanto que sus ahijados riñen. Dígolo porque esté advertido que mientras nuestros dueños riñeren, nosotros también hemos de pelear y hacernos astillas. — Avete a sapere, o fratello, che i combattenti dell'Andalusia quando sono padrini di qualche battaglia non rimangono mai oziosi con le mani a cintola intanto che i loro appadrinati combattono; e dico questo per avvertirvi che mentre saranno alle prese i nostri, noi per egual modo abbiamo ad azzuffarci insieme e a darci in testa se ci riesce.
-Esa costumbre, señor escudero -respondió Sancho-, allá puede correr y pasar con los rufianes y peleantes que dice, pero con los escuderos de los caballeros andantes, ni por pienso. A lo menos, yo no he oído decir a mi amo semejante costumbre, y sabe de memoria todas las ordenanzas de la andante caballería. Cuanto más, que yo quiero que sea verdad y ordenanza expresa el pelear los escuderos en tanto que sus señores pelean; pero yo no quiero cumplirla, sino pagar la pena que estuviere puesta a los tales pacíficos escuderos, que yo aseguro que no pase de dos libras de cera, y más quiero pagar las tales libras, que sé que me costarán menos que las hilas que podré gastar en curarme la cabeza, que ya me la cuento por partida y dividida en dos partes. Hay más que me imposibilita el reñir el no tener espada, pues en mi vida me la puse. — Questo costume, signor scudiere, rispose Sancio, potrà correre nei vostri paesi, ed aver luogo con gli smargiassi e gli sgherri, ma non è applicabile neppure per ombra agli scudieri dei cavalieri erranti: almanco io non ho mai sentito dal mio padrone a far parola di tali usanze, eppure egli sa a mente e di punto in punto tutte le regole della errante cavalleria. E poi sia pure verità e legge espressa che abbiano a menare le mani fra loro gli scudieri intanto che i padroni combattono, io non mi ci adatterò sicuramente, e piuttosto pagherò la pena inflitta agli scudieri pacifici, la quale non dovrebbe oltrepassare le due libre di cera, ed anche la pagherò volentieri, perché importerà assai meno delle fila che potrei consumare in medicarmi la testa, che già mi pare di vedere partita in due; e c'è anche una ragione di più che mi rende impossibile il combattere, ed è quella che io non porto spada, né l'ho portata in vita mia.
-Para eso sé yo un buen remedio -dijo el del Bosque- yo traigo aquí dos talegas de lienzo, de un mesmo tamaño tomaréis vos la una, y yo la otra, y riñiremos a talegazos, con armas iguales. — A questo si rimedia facilmente, disse quello dal Bosco: io tengo con me due sacchetti di grossa tela della stessa misura: voi piglierete l'uno ed io l'altro, e combatteremo a sacchettate con arme eguali.
-Desa manera, sea en buena hora -respondió Sancho-, porque antes servirá la tal pelea de despolvorearnos que de herirnos. — Oh s'ella è a questo modo, sia in buon'ora, rispose Sancio, perché invece di ferire serviranno a sbatterci la polvere di dosso.
-No ha de ser así -replicó el otro-, porque se han de echar dentro de las talegas, porque no se las lleve el aire, media docena de guijarros lindos y pelados, que pesen tanto los unos como los otros, y desta manera nos podremos atalegar sin hacernos mal ni daño. — Non deve essere a tal modo, replicò l'altro, poiché dentro ai sacchetti, per impedire che vadano sventolando, si deve mettere mezza dozzina di pietre lisce e pelate, che tanto pesi l'una quanto l'altra, e in questa maniera ci potremo sacchettare senza farci gran male.
-¡Mirad, cuerpo de mi padre -respondió Sancho-, qué martas cebollinas, o qué copos de algodón cardado pone en las talegas, para no quedar molidos los cascos y hechos alheña los huesos! Pero, aunque se llenaran de capullos de seda, sepa, señor mío, que no he de pelear peleen nuestros amos, y allá se lo hayan, y bebamos y vivamos nosotros, que el tiempo tiene cuidado de quitarnos las vidas, sin que andemos buscando apetites para que se acaben antes de llegar su sazón y término y que se cayan de maduras. — Corpo di mio padre! sclamò allora Sancio, e volete voi riempirli di quelle lisce cipolle, di quei bioccoli di bambagia scardassata che possono fracassarci la testa e macinarci tutte quante le ossa? Sappiate, amico e compagno mio, che quand'anche fossero i sacchetti pieni di bozzoli di seta io non intendo né voglio menar le mani; combattano pure i nostri padroni, e male si abbiano, ma noi badiamo a bere ed a vivere allegramente, e lasciamo al tempo la briga di farci terminare la vita quando sarà matura senza cercare di abbreviarla con questi loro falsi gusti e appetiti.
-Con todo -replicó el del Bosque-, hemos de pelear siquiera media hora. — Non posso essere del vostro avviso, replicò quello dal Bosco, e bisogna combattere almeno per una mezz'ora.
-Eso no -respondió Sancho- no seré yo tan descortés ni tan desagradecido, que con quien he comido y he bebido trabe cuestión alguna, por mínima que sea; cuanto más que, estando sin cólera y sin enojo, ¿quién diablos se ha de amañar a reñir a secas. — E io dico di no, rispose Sancio, che non voglio esser ingrato e discortese a chi mi ha dato da mangiare e da bere senza che vi sia stato fra noi il più piccolo segno di collera e di amarezza. Chi diamine ha da essere colui che venga così in secco a menar le mani?
-Para eso -dijo el del Bosque- yo daré un suficiente remedio y es que, antes que comencemos la pelea, yo me llegaré bonitamente a vuestra merced y le daré tres o cuatro bofetadas, que dé con él a mis pies, con las cuales le haré despertar la cólera, aunque esté con más sueño que un lirón. — A questo, rispose quello di dal Bosco, rimedierò io facilmente, ed eccovi il modo: prima di cominciar il combattimento io mi accosterò pian pianino a vossignoria, e vi darò tre o quattro schiaffi tali da farvi cadere ai miei piedi; voi vi sveglierete alla collera se anche foste addormentato come un ghiro.
-Contra ese corte sé yo otro -respondió Sancho-, que no le va en zaga cogeré yo un garrote, y, antes que vuestra merced llegue a despertarme la cólera, haré yo dormir a garrotazos de tal suerte la suya, que no despierte si no fuere en el otro mundo, en el cual que no soy yo hombre que me dejo manosear el rostro de nadie; y cada uno mire por el virote, aunque lo más acertado sería dejar dormir su cólera a cada uno, que no sabe nadie el alma de nadie, y tal suele venir por lana que vuelve tresquilado; y Dios bendijo la paz y maldijo las riñas, porque si un gato acosado, encerrado y apretado se vuelve en león, yo, que soy hombre, Dios sabe en lo que podré volverme; y así, desde ahora intimo a vuestra merced, r escudero, que corra por su cuenta todo el mal y daño que de nuestra pendencia resultare. — Ed io, rispose Sancio, a questo rimedio avrò un controrimedio che non sarà da manco del vostro. Prenderò un buon bastone, e prima che vi riesca di farmi andare in collera, vi addormenterò a colpi di bastonate, in modo che non vi sveglierete se non al mondo di là, dov'è noto abbastanza ch'io non mi lascio pestare il muso da chicchessia. Eh badi ognuno a quello che fa, ed io consiglierei che lasciassimo dall'una e dall'altra parte dormire le nostre collere, ché uno non sa l'animo di un altro, e qualche volta accade che chi va per lana torna invece tosato, e Dio benedice la pace, e ha in odio la contesa; e se un gatto imbestialito è chiuso, diventa un leone; ed io che sono un uomo, Dio sa in che cosa potrei cambiarmi: in fine protesto a vossignoria, signor scudiere, che starà a vostro carico tutto il male e tutto il danno che fosse per risultare da tal contrasto.
-Está bien -replicó el del Bosque-. Amanecerá Dios y medraremos. — Ho inteso, replicò quello di dal Bosco, e vedremo dimani come andrà a finire questa faccenda. »
En esto, ya comenzaban a gorjear en los árboles mil suertes de pintados pajarillos, y en sus diversos y alegres cantos parecía que daban la norabuena y saludaban a la fresca aurora, que ya por las puertas y balcones del oriente iba descubriendo la hermosura de su rostro, sacudiendo de sus cabellos un número infinito de líquidas perlas, en cuyo suave licor bañándose las yerbas, parecía asimesmo que ellas brotaban y llovían blanco y menudo aljófar; los sauces destilaban maná sabroso, reíanse las fuentes, murmuraban los arroyos, alegrábanse las selvas y enriquecíanse los prados con su venida. Mas, apenas dio lugar la claridad del día para ver y diferenciar las cosas, cuando la primera que se ofreció a los ojos de Sancho Panza fue la nariz del escudero del Bosque, que era tan grande que casi le hacía sombra a todo el cuerpo. Cuéntase, en efecto, que era de demasiada grandeza, corva en la mitad y toda llena de verrugas, de color amoratado, como de berenjena; bajábale dos dedos más abajo de la boca; cuya grandeza, color, verrugas y encorvamiento así le afeaban el rostro, que, en viéndole Sancho, comenzó a herir de pie y de mano, como niño con alferecía, y propuso en su corazón de dejarse dar docientas bofetadas antes que despertar la cólera para reñir con aquel vestiglo. In questo mentre già cominciavano a garrire sugli albori mille sorta di vaghi augelletti, e nei lieti e vari loro canti pareva si congratulassero e salutassero la fresca aurora che per le porte e pei balconi dell'oriente veniva scoprendo la vaghezza del suo sembiante, e scuotendo dai capelli una pioggia di perle, nel cui soave liquore l'erbe inumidite sembrava che germogliassero, e facessero nascere manna; rideano le fonti, mormoravano i ruscelli, si rallegravano le selve, e per la sua venuta si smaltavano i prati. Ma appena il chiarore della mattina permise di potere vedere e distinguere le cose, il primo soggetto che si presentò agli occhi di Sancio Pancia fu il naso dello scudiere di dal Bosco, il quale era sì grande che facea ombra a quasi tutta la persona. Dicon che veramente fosse di strabocchevole misura, curvo nel mezzo, pieno tutto di porri, di colore pavonazzo come quello dei marignani, e che arrivava due dita sotto la bocca. La grandezza, il colore, i porri, l'incurvamento gli rendeano sì deforme il viso, che Sancio veggendolo incominciò a battere le mani e a dimenare i piedi come fanciullo che farnetica, proponendo in cuor suo di lasciarsi dare dugento schiaffi piuttosto che incollerirsi e venire alle prese con quella fantasima.
Don Quijote miró a su contendor, y hallóle ya puesta y calada la celada, de modo que no le pudo ver el rostro, pero notó que era hombre membrudo, y no muy alto de cuerpo. Sobre las armas traía una sobrevista o casaca de una tela, al parecer, de oro finísimo, sembradas por ella muchas lunas pequeñas de resplandecientes espejos, que le hacían en grandísima manera galán y vistoso; volábanle sobre la celada grande cantidad de plumas verdes, amarillas y blancas; la lanza, que tenía arrimada a un árbol, era grandísima y gruesa, y de un hierro acerado de más de un palmo. Anche don Chisciotte guardò il suo competitore, e vide ch'erasi posto già la celata, e avea mandata giù la visiera, per modo che non poteva riconoscerlo in volto, e notò unicamente ch'era uomo membruto e di statura non molto alta. Portava di sopra all'arme una sopravveste o casacca di una tela che sembrava di oro finissimo, su cui erano sparse molte lune di risplendenti specchi che la rendevano eccessivamente bella e vistosa. Sulla celata sventolavano in gran quantità piume verdi, gialle e bianche; e la lancia che stava appoggiata ad un arbore, era grandissima e molto grossa e di un ferro acciaiato per oltre un palmo. Vide e notò ogni cosa, e dalle minute sue osservazioni arguì che quel campione doveva esser uomo di grandi forze,
Todo lo miró y todo lo notó don Quijote, y juzgó de lo visto y mirado que el ya dicho caballero debía de ser de grandes fuerzas; pero no por eso temió, como Sancho Panza; antes, con gentil denuedo, dijo al Caballero de los Espejos. ma non per questo gli entrò in cuore lo spavento come a Sancio, che anzi con garbato modo si fece a dire all'incognito cavaliere dagli Specchi:
-Si la mucha gana de pelear, señor caballero, no os gasta la cortesía, por ella os pido que alcéis la visera un poco, porque yo vea si la gallardía de vuestro rostro responde a la de vuestra disposición. — Se l'ardente desìo di combattere non vi impedisce, signor cavaliere, di essere cortese, vi prego che alziate un poco la visiera, affinché io possa vedere se le forme del vostro sembiante a quelle corrispondano della vostra persona.
-O vencido o vencedor que salgáis desta empresa, señor caballero -respondió el de los Espejos-, os quedará tiempo y espacio demasiado para verme; y si ahora no satisfago a vuestro deseo, es por parecerme que hago notable agravio a la hermosa Casildea de Vandalia en dilatar el tiempo que tardare en alzarme la visera, sin haceros confesar lo que ya sabéis que pretendo. — Vinto o vincitore che usciate di questa impresa, signor cavaliere, rispose quello dagli Specchi, vi resterà largo spazio di tempo per vedermi; ma se adesso mi rifiuto di soddisfarvi, egli è unicamente perché sembrami di far torto notabile alla bella Casildea di Vandalia gettando via il tempo che occorre per alzare la visiera prima di astringervi a confessare quanto voi sapete che da me si pretende.
-Pues, en tanto que subimos a caballo -dijo don Quijote-, bien podéis decirme si soy yo aquel don Quijote que dijistes haber vencido. — Intanto che montiamo a cavallo, soggiunse don Chisciotte, potreste almeno dirmi se io sono quel don Chisciotte che pretendete di aver vinto.
-A eso vos respondemos -dijo el de los Espejos- que parecéis, como se parece un huevo a otro, al mismo caballero que yo vencí; pero, según vos decís que le persiguen encantadores, no osaré afirmar si sois el contenido o no. — A questo vi rispondiamo, disse quello dagli Specchi, che rassomigliate come uovo ad altr'uovo al cavaliere che io vinsi; ma avendomi voi assicurato ch'egli è perseguitato da incantatori, non oserei affermare che siate quello o nol siate.
-Eso me basta a mí -respondió don Quijote- para que crea vuestro engaño; empero, para sacaros dél de todo punto, vengan nuestros caballos; que, en menos tiempo que el que tardárades en alzaros la visera, si Dios, si mi señora y mi brazo me valen, veré yo vuestro rostro, y vos veréis que no soy yo el vencido don Quijote que pensáis. — Non m'occorre di più, replicò don Chisciotte, a persuadermi del vostro inganno; ma per cavarvene di tutto punto avanzino ora i nostri cavalli, che in meno tempo che impieghereste in alzarvi la visiera, se mi assistano Dio, la mia signora e 'l mio braccio, io vedrò il vostro volto, e voi conoscerete in effetto se io non sono quel vinto don Chisciotte che supponete. »
Con esto, acortando razones, subieron a caballo, y don Quijote volvió las riendas a Rocinante para tomar lo que convenía del campo, para volver a encontrar a su contrario, y lo mesmo hizo el de los Espejos. Pero, no se había apartado don Quijote veinte pasos, cuando se oyó llamar del de los Espejos, y, partiendo los dos el camino, el de los Espejos le dijo. E senz'altre parole montarono a cavallo, e don Chisciotte voltò le redini a Ronzinante per prendere il largo che conveniva nel campo, e volgersi ad incontrare il suo avversario: e così fece quello dagli Specchi. Era appena scostato don Chisciotte venti passi, che si udì chiamare da quello dagli Specchi, ed incontrandosi ambedue, gli disse:
-Advertid, señor caballero, que la condición de nuestra batalla es que el vencido, como otra vez he dicho, ha de quedar a discreción del vencedor. — Rammentatevi, signor cavaliere, che il patto della nostra tenzone si è, come già vi ho detto, che il vinto debba stare a discrezione del vincitore.
-Ya la sé -respondió don Quijote-; con tal que lo que se le impusiere y mandare al vencido han de ser cosas que no salgan de los límites de la caballería. — Me ne rammento, rispose don Chisciotte; ben inteso per altro che ciò che verrà imposto e comandato al vinto abbia ad essere limitato al dovere e al decoro della cavalleria.
-Así se entiende -respondió el de los Espejos. — Questo s'intende, » rispose l'altro.
Ofreciéronsele en esto a la vista de don Quijote las estrañas narices del escudero, y no se admiró menos de verlas que Sancho; tanto, que le juzgó por algún monstro, o por hombre nuevo y de aquellos que no se usan en el mundo. Sancho, que vio partir a su amo para tomar carrera, no quiso quedar solo con el narigudo, temiendo que con solo un pasagonzalo con aquellas narices en las suyas sería acabada la pendencia suya, quedando del golpe, o del miedo, tendido en el suelo, y fuese tras su amo, asido a una acción de Rocinante; y, cuando le pareció que ya era tiempo que volviese, le dijo. Si offerse in quel mentre alla vista di don Chisciotte lo straordinario naso dello scudiere, e non n'ebbe minor maraviglia di Sancio, tanto che lo tenne per qualche mostro o per uomo nuovo e di quelli che più non si usano al mondo. Sancio che vide muoversi il padrone per pigliare la carriera, non volle restarsene da solo a solo col nasuto, temendo che un solo colpo di quel gran naso avesse a terminare la quistione fra loro e gittarlo in terra morto o per la forza della percossa o per l'effetto dello spavento. Se ne andò pertanto dietro al suo padrone, preso avendo lo staffile che serviva per Ronzinante; e quando gli parve che fosse tempo di voltarsi disse a Don Chisciotte:
-Suplico a vuesa merced, señor mío, que antes que vuelva a encontrarse me ayude a subir sobre aquel alcornoque, de donde podré ver más a mi sabor, mejor que desde el suelo, el gallardo encuentro que vuesa merced ha de hacer con este caballero. — Supplico vossignoria, signor mio, che prima che torni ad incontrare il nemico ella mi aiuti a montare sopra quell'albero, di dove potrò vedere con tutto il mio comodo, meglio che standomi in terra, il gagliardo incontro di vossignoria con questo cavaliere.
-Antes creo, Sancho -dijo don Quijote-, que te quieres encaramar y subir en andamio por ver sin peligro los toros. — Io credo piuttosto, o Sancio, disse don Chisciotte, che tu brami salire sul palco per vedere la festa dei tori senza pericolo.
-La verdad que diga -respondió Sancho-, las desaforadas narices de aquel escudero me tienen atónito y lleno de espanto, y no me atrevo a estar junto a él. — Se debbo confessare la verità, replicò Sancio, il formidabile naso di quello scudiere mi riempie di stupore e di paura, né mi arrisico di stargli accanto.
-Ellas son tales -dijo don Quijote-, que, a no ser yo quien soy, también me asombraran; y así, ven ayudarte he a subir donde dices. — Per verità quel naso è tanto smisurato, soggiunse don Chisciotte, che se non fossi quello che sono mi metterei io pure in apprensione, e però vieni pur qua che ti assisterò a montare sull'albero. »
En lo que se detuvo don Quijote en que Sancho subiese en el alcornoque, tomó el de los Espejos del campo lo que le pareció necesario; y, creyendo que lo mismo habría hecho don Quijote, sin esperar son de trompeta ni otra señal que los avisase, volvió las riendas a su caballo -que no era más ligero ni de mejor parecer que Rocinante-, y, a todo su correr, que era un mediano trote, iba a encontrar a su enemigo; pero, viéndole ocupado en la subida de Sancho, detuvo las riendas y paróse en la mitad de la carrera, de lo que el caballo quedó agradecidísimo, a causa que ya no podía moverse. Don Quijote, que le pareció que ya su enemigo venía volando, arrimó reciamente las espuelas a las trasijadas ijadas de Rocinante, y le hizo aguijar de manera, que cuenta la historia que esta sola vez se conoció haber corrido algo, porque todas las demás siempre fueron trotes declarados; y con esta no vista furia llegó donde el de los Espejos estaba hincando a su caballo las espuelas hasta los botones, sin que le pudiese mover un solo dedo del lugar donde había hecho estanco de su carrera. Nel tempo che si trattenne don Chisciotte, perché Sancio montasse sopra un sughero, quello dagli Specchi prese il campo che gli sembrò più a proposito, e credendo che don Chisciotte avesse fatto lo stesso, senza aspettar suono di trombe od altro segnale, tirò la briglia al suo cavallo (che non era né più leggiero né di migliore portata di Ronzinante), e di mezzano trotto venne ad azzuffarsi col suo nemico. Avvicinatosi alquanto poté accorgersi che don Chisciotte stava aiutando Sancio a montare, sicché ritenne la briglia, e si fermò a mezzo il corso, della qual cosa il cavallo fu gratissimo, perché non potea andare innanzi. Don Chisciotte, cui parve che il suo nemico gli venisse incontro volando, spronò sì fortemente i malconci fianchi di Ronzinante, e siffattamente lo fece correre, che la istoria racconta quella essere stata l'unica volta in cui fu veduto andar di galoppo, atteso che in tutte le altre non furono mai altri che trotti belli e buoni. Con questa non più veduta furia raggiunse quello dagli Specchi, il quale benché piantasse nel corpo del suo cavallo gli sproni sino al bottone non gli riuscì di poterlo far muovere né manco un solo dito dal luogo dove aveva posta la meta al suo corso.
En esta buena sazón y coyuntura halló don Quijote a su contrario embarazado con su caballo y ocupado con su lanza, que nunca, o no acertó, o no tuvo lugar de ponerla en ristre. Don Quijote, que no miraba en estos inconvenientes, a salvamano y sin peligro alguno, encontró al de los Espejos con tanta fuerza, que mal de su grado le hizo venir al suelo por las ancas del caballo, dando tal caída, que, sin mover pie ni mano, dio señales de que estaba muerto. Colto l'avversario in sì difficile circostanza, imbarazzato molto dal suo stesso cavallo, ed occupato dalla lancia che non poté o non seppe a tempo mettere in resta, don Chisciotte non si curò punto di questi inconvenienti, ma a man salva e senza pericolo di sorta assalì quello dagli Specchi con sì gran furia, che a suo marcio dispetto lo fece stramazzare a terra per le groppe del suo cavallo. Tale si fu la caduta, che non movendo né piè né mani diede manifesti segni di essere rimasto morto.
Apenas le vio caído Sancho, cuando se deslizó del alcornoque y a toda priesa vino donde su señor estaba, el cual, apeándose de Rocinante, fue sobre el de los Espejos, y, quitándole las lazadas del yelmo para ver si era muerto y para que le diese el aire si acaso estaba vivo; y vio... ¿Quién podrá decir lo que vio, sin causar admiración, maravilla y espanto a los que lo oyeren? Vio, dice la historia, el rostro mesmo, la misma figura, el mesmo aspecto, la misma fisonomía, la mesma efigie, la pespetiva mesma del bachiller Sansón Carrasco; y, así como la vio, en altas voces dijo. Appena Sancio lo vide a terra, sdrucciolò giù dal sughero, e con grande velocità raggiunse il suo padrone, il quale smontando da Ronzinante fu sopra a quello dagli Specchi, e levandogli i cappii dell'elmo per vedere se fosse morto, o per fargli prendere una boccata d'aria se a caso vivesse ancora, vide... chi potrà dire ciò che vide, senza ingenerare maraviglia e terrore in chi ascolta? Vide, dice l'istoria, lo stesso volto, la medesima figura, l'aspetto istesso, la stessa fisonomia, la medesima effigie, l'identica prospettiva del baccelliere Sansone Carrasco. Lo riconobbe appena che sclamò ad alta voce:
-¡Acude, Sancho, y mira lo que has de ver y no lo has creer! ¡Aguija, hijo, y advierte lo que puede la magia, lo que pueden los hechiceros y los encantadores. — Corri qua, Sancio, e guarda quello che si può guardare e non credere! fa presto, figliuol Sancio, e considera di quanto è capace la magia, e quanto possano gli stregoni e gli incantatori. »
Llegó Sancho, y, como vio el rostro del bachiller Carrasco, comenzó a hacerse mil cruces y a santiguarse otras tantas. En todo esto, no daba muestras de estar vivo el derribado caballero, y Sancho dijo a don Quijote. Arrivò Sancio, e non sì tosto conobbe il volto del baccelliere, che prese a farsi mille segni di croce ed a chiamare tutti i santi. L'atterrato cavaliere non dava segni di vita, e Sancio disse a don Chisciotte:
-Soy de parecer, señor mío, que, por sí o por no, vuesa merced hinque y meta la espada por la boca a este que parece el bachiller Sansón Carrasco; quizá matará en él a alguno de sus enemigos los encantadores. — Sono di parere, signor mio, che vossignoria ficchi e cacci per la bocca la spada in corpo a costui che pare Sanson Carrasco,
-No dices mal -dijo don Quijote-, porque de los enemigos, los menos. perché forse le riuscirà in questo modo di ammazzar qualcuno dei suoi nemici incantatori.
Y, sacando la espada para poner en efecto el aviso y consejo de Sancho, llegó el escudero del de los Espejos, ya sin las narices que tan feo le habían hecho, y a grandes voces dijo. — Non dici male, soggiunse don Chisciotte, perché di nemici io non manco: e sfoderava già la spada per mandare ad effetto l'avvertimento e il consiglio di Sancio, quando arrivò ansante lo scudiere del vinto, spoglio di quel gran naso per il quale era paruto sì brutto, e esclamò:
-Mire vuesa merced lo que hace, señor don Quijote, que ese que tiene a los pies es el bachiller Sansón Carrasco, su amigo, y yo soy su escudero. — Guardi bene quello che fa, signor don Chisciotte, ché questo che tiene a' suoi piedi è il baccelliere Sansone Carrasco suo amico ed io sono il suo scudiere. »
Y, viéndole Sancho sin aquella fealdad primera, le dijo Vedendolo Sancio senza la deformità di prima, gli disse:
-¿Y las narices. — E dov'è il naso?
A lo que él respondió. Cui rispose:
-Aquí las tengo, en la faldriquera. — L'ho qua in tasca;
Y, echando mano a la derecha, sacó unas narices de pasta y barniz, de máscara, de la manifatura que quedan delineadas. Y, mirándole más y más Sancho, con voz admirativa y grande, dijo. e mettendo la mano alla diritta cavò fuori un naso di pasta e verniciato per maschera. Lo guardò Sancio una e più volte, e tutto trasecolato disse:
-¡Santa María, y valme! ¿Éste no es Tomé Cecial, mi vecino y mi compadre. — Santa Maria, aiutami! costui non è egli Tommaso Zeziale mio vicino e compare!
-Y ¡cómo si lo soy! -respondió el ya desnarigado escudero- Tomé Cecial soy, compadre y amigo Sancho Panza, y luego os diré los arcaduces, embustes y enredos por donde soy aquí venido; y en tanto, pedid y suplicad al señor vuestro amo que no toque, maltrate, hiera ni mate al caballero de los Espejos, que a sus pies tiene, porque sin duda alguna es el atrevido y mal aconsejado del bachiller Sansón Carrasco, nuestro compatrioto. — E come lo sono, rispose lo snasato scudiere: io sono Tommaso Zeziale vostro compare ed amico, Sancio Pancia mio caro, e vi dirò poi gli imbrogli, gl'intrighi, i pretesti che mi hanno qua strascinato; ma intanto supplicate il vostro padrone che non tocchi, maltratti, ferisca, o uccida il cavaliere dagli Specchi che sta disteso ai suoi piedi, perché è infallibilmente l'ardito e malconsigliato baccelliere Sansone Carrasco nostro paesano. »
En esto, volvió en sí el de los Espejos, lo cual visto por don Quijote, le puso la punta desnuda de su espada encima del rostro, y le dijo. Durante questi discorsi tornò in sé quello dagli Specchi, ed accortosene don Chisciotte, gli appuntò tosto la spada ignuda agli occhi, e gli disse:
-Muerto sois, caballero, si no confesáis que la sin par Dulcinea del Toboso se aventaja en belleza a vuestra Casildea de Vandalia; y demás de esto habéis de prometer, si de esta contienda y caída quedárades con vida, de ir a la ciudad del Toboso y presentaros en su presencia de mi parte, para que haga de vos lo que más en voluntad le viniere; y si os dejare en la vuestra, asimismo habéis de volver a buscarme, que el rastro de mis hazañas os servirá de guía que os traiga donde yo estuviere, y a decirme lo que con ella hubiéredes pasado; condiciones que, conforme a las que pusimos antes de nuestra batalla, no salen de los términos de la andante caballería. — Cavaliere, siete morto se non confessate che la senza pari Dulcinea del Toboso porta il vanto della bellezza sulla vostra Casildea di Vandalia, e se non giurate (purché vita vi resti dopo questa battaglia e caduta), di recarvi alla città del Toboso e presentarvi dinanzi a lei da mia parte perché faccia di voi il suo volere. Se vi lascierà arbitro della vostra volontà dovrete tornare in traccia di me, seguitando l'orma delle mie prodezze, per darmi conto di quanto avrete con lei convenuto: patto ch'è conforme al nostro accordo prima della tenzone, e che non eccede i limiti della cavalleria.
-Confieso -dijo el caído caballero- que vale más el zapato descosido y sucio de la señora Dulcinea del Toboso que las barbas mal peinadas, aunque limpias, de Casildea, y prometo de ir y volver de su presencia a la vuestra, y daros entera y particular cuenta de lo que me pedís. — Confesso, disse il vinto cavaliere, che più vale una scarpa sdrucita e sudicia della signora Dulcinea del Toboso, che i capegli malpettinati, benché puliti, di Casildea; e prometto di andare e di ritornare dalla sua presenza alla vostra, e di darvi esatto e particolare ragguaglio di quanto m'imponete.
-También habéis de confesar y creer -añadió don Quijote- que aquel caballero que vencistes no fue ni pudo ser don Quijote de la Mancha, sino otro que se le parecía, como yo confieso y creo que vos, aunque parecéis el bachiller Sansón Carrasco, no lo sois, sino otro que le parece, y que en su figura aquí me le han puesto mis enemigos, para que detenga y temple el ímpetu de mi cólera, y para que use blandamente de la gloria del vencimiento. — Dovete eziandio confessare, soggiunse don Chisciotte, che il cavaliere da voi altra volta vinto non fu, né poté essere don Chisciotte della Mancia, ma un altro che lo somigliava, come io confesso e credo che voi, sebbene sembriate il baccelliere Sansone Carrasco, nol siate già ma un altro che a lui somigli, e che i miei nemici vi facciano apparire tale perché io trattenga e temperi l'impeto del mio sdegno, ed usi in modo assai mite la gloria del mio trionfo.
-Todo lo confieso, juzgo y siento como vos lo creéis, juzgáis y sentís -respondió el derrengado caballero-. Dejadme levantar, os ruego, si es que lo permite el golpe de mi caída, que asaz maltrecho me tiene. — Confesso e credo, rispose il rinato cavaliere, ogni cosa, e credo e giudico e sento al modo stesso che da voi si crede, si giudica e si sente, ma intanto concedetemi, vi prego, ch'io possa alzarmi, se però potrò farlo dopo questa orribile stramazzata. »
Ayudóle a levantar don Quijote y Tomé Cecial, su escudero, del cual no apartaba los ojos Sancho, preguntándole cosas cuyas respuestas le daban manifiestas señales de que verdaderamente era el Tomé Cecial que decía; mas la aprehensión que en Sancho había hecho lo que su amo dijo, de que los encantadores habían mudado la figura del Caballero de los Espejos en la del bachiller Carrasco, no le dejaba dar crédito a la verdad que con los ojos estaba mirando. Finalmente, se quedaron con este engaño amo y mozo, y el de los Espejos y su escudero, mohínos y malandantes, se apartaron de don Quijote y Sancho, con intención de buscar algún lugar donde bizmarle y entablarle las costillas. Don Quijote y Sancho volvieron a proseguir su camino de Zaragoza, donde los deja la historia, por dar cuenta de quién era el Caballero de los Espejos y su narigante escudero. Lo aiutarono a levarsi don Chisciotte e Tommaso Zeziale scudiere, dal quale Sancio Pancia non distoglieva mai gli occhi, e gli faceva mille dimande, e riceveva brevi risposte, ma pur tali da assicurarlo che veramente fosse quel Tommaso Zeziale che diceva di essere. Dopo tutto questo, l'apprensione di Sancio per le parole dette dal suo padrone, che gli incantatori avessero trasformata la figura del cavaliere dagli Specchi in quella del baccelliere Carrasco, dubbia gli rendeva quella reale verità che co' suoi propri occhi stava guardando. In fine restarono nel loro inganno padrone e servo; e quello dagli Specchi e il suo scudiere in valigia e colla testa rotta, se ne andarono con intenzione di cercarsi ricovero in qualche luogo per apprestare rimedio alle costole fracassate. Tornaron don Chisciotte e Sancio sulla strada di Saragozza, dove li lascia l'istoria per dare più minuto ragguaglio del cavaliere dagli Specchi e del suo nasuto scudiere.