2011. Como en otros casos la lítotes sirve como figura del énfasis para afirmar una idea con la negación de su contrario (compárese con el v. 516).

2202. Esta imagen de <<tomar a dientes>>, puede ser proverbial para expresar hiperbólica y poéticamente la humillación (compárese con la expresión <<morder el polvo>>). Como <<tomar a manos>> (vv. 701, 972), debe tener un sentido figurado (cf. D. McMillan, <<L'Humiliation du Cid>>, Coloquios de Roncesvalles, Publi. Facultad de Fil. y Let., Zaragoza, serie II, núm. 14 [1956], 253-61; también bibli. 270, v. 2022n).

2032. Contrástese en función de la gradación de paralelismos este perdón público con aquel decreto en carne fuertemientre sellada (v. 24). Y unos versos más abajo conseguirá el Cid el perdón y el amor y el salvoconducto par tierras del rey (compárese el v. 2034, con vv.50, 219, 392).

2048. Recuérdese que Minaya sirvió primero a Abengalbón en Molina (v. 1534); aunque Molina era tierra del Moro (v. 1464), Minaya había llegado primero.

2082. En ésta, como en alguna otra ocasión de especial emoción en el diálogo (vv. 2090, 3212n), el escritor se vale de la histerología en cuanto que hace hablar a un personaje antes de que el Cronista le dé la palabra. Nótese la impetuosidad del Cid, que reacciona como típico padre que no se da cuenta de que sus hijas ya no son niñas (todos conocemos el interés del Cid por casarlas). Las excusas del Cid se basan en la edad de las hijas y no en la condición de los Infantes. En cuanto a éstos, todo el mundo lo sabía, merecían casar con sus hijas y aun con mujeres de mayor categoría.

21]0. Nótese cómo la lítotes del segundo hemistiquio tiende a recalcar, por la negación de lo contrario, la idea del primero(v. 2204); procedimiento estilístico muy empleado por el autor de la primera parte del Cantar.

2126. No hay en la primera parte del Cantar oración que no se cumpla; también ésta se vería colmada en los propósitos del autor.

2165. En este caso también un tipo de lilotes en el segundo hemistiquio (se niega lo contrario, es decir el crecimiento en las filas del rey) sirve para destacar el valor del primero.

2172. La presencia del bullidor Ansur González contribuye a hacer más excepcionales a los dos hermanos, Diego y Fernando: ¡tan distintos!

2195. Las ventajas de las riquezas se exponen así en los libros de la Biblia: <<la riqueza allega muchos amigos, pero al pobre sus amigos le abandonan>> Prov. 19, 4. <<El rico señorea sobre el pobre y el que toma prestado es siervo del que le presta, <<Prov. 22, 7. <<La riqueza es para el rico fuerte ciudadela; le parece una alto muralla>>, Prov. 18, 11. Estos textos bíblicos están citados en una nota de las Siete Partidas, al hablar de cómo las riquezas conservan y acrecen la nobleza: <<divitiae augent, et conservant nobilitatem si sunt antiquatae>> (p. 5, t. 5, 1.44, n. 6). El deseo de riqueza, pues, es elogiable deseo en la mente del autor de la primera parte, lo exprese el Cid, sus hijas o los Infantes de Carrión. Muchos han sido los comentaristas que han reprochado a los Infantes la búsqueda de riquezas en sus casamientos con las hijas del Cid. Y sin embargo, nunca fueron ellos tan explícitos como doña Elvira y doña Sol, quienes en la primera parte abren su boca una solo vez, para decirlo todo en este verso. Las riquezas que ellas apetecían eran las que en la nota de las Partidas se elogiaban como divitiae antiquatae.

2022. Una y otra vez se ha llamado la atención del lector sobre el uso de lítotes; aquí hallamos un caso extremo: <<a todo supe decirle que si>>. El Cid quería que sus hijas estuvieran tan orgullosas como él del interés personal del rey: ¡qué cambio, desde aquellos días del monasterio!

2213. Véase en este verso una exclamación lírica del Cronista que ve acercarse el punto de reposo en la línea de ascensión narrativa. En elogio de los Infantes, los novios, se destaca su andar sosegado. El modo de andar como motivo del elogio ha contado con el favor de muchos poetas; basten aquí el ejemplo del Cantar de los Cantares en el elogio a la bella sulamita: <<Quam pulchri sunt gressus tui in calceamentis>> (7,1) y el de la Eneida (1. 405) en reconocimiento de la diosa: <<vera incessu patuit dea>> (cf. bibli. 140, pp. 153-4).

2252. Es notable el arte de esta conclusión en que el autor se va a ir cuidando de contrastar el brillo de la despedida con la palidez del comienzo; el que apareció en Vivar entre ruinas y desolación se muestra ahora rodeado de riquezas y amigos; los burgaleses, que en Burgos negaron al Cid alojamiento y víveres, fueron en Valencia hospedados y obsequiados con bienes a elegir. El Cid salió de la tierra del rey pobre, los del rey se regresan a su tierra ricos. Compárese aquella despedida llorosa de los burgaleses con éstas tan llena de satisfacción, y las falsas acusaciones aquellas de los mestureros, con estas bendiciones.

2273. Por fin, el último verso, antes de la plegaria final, es el jubiloso y exultante reverso del primero; léanse juntas: De los sus ojos tan fuertemente llorando (1), Alegre era el Cid y todos sus vasallos.

2275. Menéndez Pidal dice sobre el final de este verso en el Ms: <<el copista puso lo algo; luego se tachó algo y sobre el renglón se puso ouo, seguido de 5 ó 6 letras completamente emborronadas; la primera vez que usé reactivo se leyó vos en estas últimas letras: ouo...vos; la tinta de la enmienda es acaso del corrector>> (bibli. 250, II, p. 976n). En el espacio de las letras ilegibles -5 ó 6-, he reconstruido yo dicho a, que sin duda es may apropiado a las despedidas juglarescas, en las que el recitador solía hacer alguna alusión personal, pidiendo por lo general algún favor para sí. Mi lección del verso se aproxima a la sugerida por Menéndez Pidal como posible: <<lo ovo (por) voz (tratado)>>, aunque no referida al rey (como él quiere), sino al juglar o cronista (bibli. 250, III, v. 2275). Los editores del Cantar quieren ver una referencia al rey en el final de este verso que, siguiendo a Pellicer, rehacen como: lo ovo en algo.

2277. Aquí concluye, como quiere su autor y sentimos todos como efecto de la gravitación del arte de una conclusión (o epílogo) bien lograda, la obra que comenzaba con aquel primer verso del exordio: De los sus ojos tan fuertementre llorando.

2278. Los editores Sánchez, Damas Hinard, Janer, Vollmöller, Restori dividían el Cantar de mio Cid en este verso, con el que hacían comenzar una <<segunda parte>>. En la escritura del manuscrito no hay otra indicación en este verso que una E mayúscula (las mayúsculas aparecen también en otras ocasiones a lo largo del texto). Siguiendo el criterio de los mencionados editores, que se apoyan en los versos precedentes, acéptese el verso como comienzo de una segunda parte del Cantar de mio Cid; en mi opinión es obra de un continuador. Como <<continuación>> esta segunda parte se mantiene vinculada temáticamente con la primera, de la que arranca y en la que se inspire o alimenta, parafraseando a veces muchos de sus pasajes. Las características de su estilo, de su visión del mundo, de la penetración en la psicología de sus personajes, de su tratamiento de la justicia poética, distancian a esta segunda parte de la primera, confiriéndole unicidad propia, singular. Difieren de este sentir Lidforss, Estlander, Menéndez Pidal y editores posteriores para quienes en este verso comienza un Cantar III, cuyas peculiaridades de estilo se deberían -según Menéndez Pidal en un cambio tardío de opinión- a refundiciones de un segundo autor. E. Von Richthofen ha llamado a esta segunda parte <<continuación bastante tardía>> (bibli. 335, p. 143). Este asunto es objeto de uno de mis estudios de anticrético (bibli. 140. pp. 155-71).

2280. Ya en el tercer verso de la segunda parte el buen observador podrá darse cuenta de que en un escenario que parece familiar se ha introducido una decoración chocante: aquel escaño precioso, usado por el Cid y su esposa para sentarse a presidir en los actos de gran solemnidad (vv. 1762, 2216), se emplea aquí como lecho donde el Cid duerme. Como en otras ocasiones en esta segunda parte las cosas no cumplen con el fin propio para el que fueron hechas. ¿Y ese héroe durmiente? En la primera parte también se dice que durmió, pero sabíamos que estaba cansado, que era después de cenar, que fue un sueño infundido por el ángel que quería decirle algo (vv. 405 sts.). En la primera parte notábamos cómo los sucesos eran efectos de unas causas lógicas o psicológicas, y de pronto nos ha hecho saltar el autor de la segunda parte como de un trampolín: ¿por qué dormía el Cid y en el escaño? ¡por qué lo que sigue al sueño? El nuevo autor tiene una manera nueva de narrar; nos esperan en su obra eventos fortuitos. Estemos atentos.

2287. Nuevo empleo chocante del escaño, hecho para presidir.

2291. La impresión que teníamos de los Infantes era la inspirada por su sosegado andar (v. 2213). Y de pronto, esta tergiversación del que de ellos nos habíamos formado.

2298. Desde tiempos muy remotos se han valido los poetas del locus communis del león reverente que se humilla ante el personaje ensalzado en acatamiento de su carisma. La amplia tradición literaria del león reverente es objeto de uno de mis estudios de anticrético, cf bibli. 138 y 140. pp. 172-206 (otros estudios monográficos en bibli. 21; 61; 138; 179; 187, 298; 301: también 21, pp. 90 sts.).

2307. El mismo autor nos da la palabra clave de su nuevo arte: juego; lo encontrará el lector en las relaciones entre los personajes, en el estilo, y en el juego del autor con las emociones del lector; en esta segunda parte abunda la jocosidad, la caricatura, la ironía.

2309. El exordio de la primera parte fue una anécdota humanísima, realista; el autor de la segunda nos ha introducido a la trama por un pórtico alegórico, un capricho literario donde juegan los instintos, la transcendencia, las pasiones y frustraciones. En su capricho alegórico se nos han esbozado los temas de la narración: pusilanimidad de los Infantes, nostalgia por Carrión, el Cid carismático, burlas de los vasallos, rencor de los de Carrión, etc. El verso 2308 es de importancia capital en la trama; sería el propio héroe el que con la prohibición de las burlas se cerró a la información de la verdad sobre sus yernos y su falta de valor, y ello hizo posible la afrenta de Corpes (v.2340 n).

2312. El autor acude a la primera parte y recoge los elementos más aptos para la exageración y la caricatura. Por ejemplo aquel misterioso rey de Marruecos, que había escapado dos veces tras recibir tres colpes (vv. 1230, 1621), reaparece ahora como Búcar, y trae 50.000 tiendas, cuando no hacía mucho había sido derrotado con sus 50.000 hombres (de los que escaparon no más de ciento cuatro, v. 1735). La frase si le oiestes contar (v. 2314) parece versión secularizada y cómica de la esotérica de Cristo: qui potest capere, capiat (Mat. 19, 12).

2323. En la preparación para esta batalla el autor recoge los elementos que son el centro de atención en aquella de la primera parte: la alegría del Cid ante la ganancia (vv. 1648, 1659, 2315-6); el susto ante el espectáculo de las huestes, allí de doña Jimena y las hijas, aquí de los Infantes (vv. 1646, 2317-8); los casamientos de las hijas, el ajuar allí (v. 1650), la viudez aquí.

2327. El Cid, recuérdese, había prohibido burlarse de los Infantes (v. 2308) y, sin embargo, Gustioz no puede evitar el comentario irónico. Nótese la habilidad del autor en preparar el drama, el conflicto que nace de la antipatía de los vasallos hacía los Infantes. Por ejemplo, Gustioz da al Cid una información tendenciosa pues el lenguaje de los Infantes (vv. 2222-3) era una simple perífrasis de la posible muerte en el campo de batalla; además Gustioz no mencionó lo que podría haberse interpretado como preocupación sincera de los Infantes por la viudez de sus esposas.

2333. La reacción del Cid estaba motivada por favorecer no tanto a los Infantes, como a sus hijas, aún jovencitas, que preferirían que sus maridos permanecieran con ellas; la expresión en braços tenedes debe considerarse como perífrasis eufemística de connotaciones sexuales (vv. 2703, 2761, 3449).

2337. Compárense los vv.2335-6 con 1653-5 y éste con el 1656.

2338. Este es un verso suelto -posiblemente pertenece a Fernando- que sigue al folio perdido; el contenido del folio podría rehacerse partiendo del discurso de Pero Bermúdez (vv. 3316-25). Hubiera sido interesantísimo comparar la narración perdida con la versión de Pero; uno llega a pensarse que algún viejo lector destruyera el folio por ser su contenido de tono algo diferente de lo que el vasallo dijo en la corte, cargando las tintas en su acusación de Fernando. Menéndez Pidal intercala en su edición el texto del pasaje según la Crónica de Veinte Reyes. Parece colegirse del texto que Pero otorga ante alguna falsa pretensión de Fernando; el vasallo no quiso contradecir al Infante en presencia de todos y provocar nuevas burlas; lo había prohibido el Cid (sobre una curiosa anécdota que envuelve este verso cf. bibli. 261 ó 270, v. 2338n). Menéndez Pidal reconstruye así el folio perdido en su edición crítica (bibli. 260, pp. 230-1), de acuerdo con la versión de la Crónica de Veinte Reyes: <<Ellos en esto fablando enbió el rey Búcar dezir al Çid que dejase Valencia ese fuesse en paz: sinón, que le pecharie quanto y avie fecho. El Çid dixo a aquel que troxiera el mensaje: 'id dezir a Búcar, a aquel fi de enemigo, que ante destos tres días le daré yo lo que él demanda'. Otro día mandó el Çid armar todos los suyos e sallió a lo moros. Los Infantes de Carrión pidiéronle estonces la delantera; e después que el Çid ova paradas sus azes, don Ferrando, el uno de los infantes, adelantóse por ir ferir a un moro a que dicían Aladraf. El moro quando lo vio, fue contra él otrossí; e el infante, con el grand miedo que ovo dél, bolbió la rienda e fuxó, que solamente non lo osó esperar. Pero Bermúdez que iva açerca dél, quando aquéllo vio, fue ferir en el moro, e lidió con él e matólo. Desí tomó el cavallo del moro, e fare en pos el infante que iva fuyendo e díxole: 'don Ferrando, tomad este cavallo e dezid a todos que vos matastes al moro cúyo era, e yo otorgarlo e con vusco'. El infante dixo: 'don Pero Bermúdez, mucho vos gradezco lo que dezides'>> (continúa aquí el verso 2338).

2359. Compárese este plan estratégico de Pero con el de Minaya en los vv. 1695-6.

237S. El estandarte del obispo tenía como emblema -de señal- corzas y armas. En cuanto a la estructura del verso, con el primer hemistiquio terminado en en verbo -trayo- seguido de vero -a- en el segundo, compárese con el v. 314. El Papa Víctor II (1055-57) tenía también un ciervo en su escudo (cf. D. L. Galbreath, A Treatise on Ecclesiastical Heraldry: I. Papal Heraldry, Cambridge, 1930, p. 69, según la nota de I. Michael). El ciervo pertenece a los símbolos eucarísticos. En el Poema de Almería aparece así la imagen del ciervo: <<Como el ciervo acosado por los perros en los bosques anhela las alturas, dejando el manantial, así los españoles ansían la lucha con los moros y no duermen de día ni de noche>> (36-39, bibli. 241, pp. 27 y 218). Hinard prefería interpretar el corças del Ms. como croças (báculos). Tanto corças como croças junto con armas sirven bien como símbolos de la armonización de las letras y las armas, de la función del pastor y del soldado. El verso ha sido objeto de controversia entre los editores, que han leído a como preposición; aquí, en cambio, se interpreta como verbo: ha, lo que da sentido al verso (bibli. 250. II, pp. 594-6; 270, v. 2375n).

2379. El autor de la segunda parte ha sabido recargar de tonos caricaturescos las bravuconadas del obispo, en la primera parte caboso coronado, en ésta, muy bien armado (compárese este pasaje con los vv. 1707-8, 1793-5). Bibli. 140, pp. 232-234.

2406. También procede esta imagen de la primera parte, vv. 1776-7.

2412. La maldición es propia de la segunda parte, en la que el autor pone al desnudo los impulsos primitivos de los individuos.

2450. Los editores se dividen en la interpretación de espado; D. Hinard, Lidforss, Menéndez Pidal, Smith y otros creen que debe leerse espadado, significando que el escudo estaba marcado con los golpes de la espada, añadiendo en el verso siguiente que no podían contarse los golpes de la lanza. Sánchez interpretó espado como <<maltratado, estropeado>>, bello como <<horadado, abollado>>. Los editores, en general, ven en espado un modificativo de escudo; ¿cómo podían diferenciarse los golpes de la espada y de la lanza? En cambio, podíamos ver una referencia a Minaya como que venía espado, por <<aspeado>> o <<despeado>> (vulgarismo <<espeado>>) es decir, <<con los pies lastimados por haber andado mucho>>. Implica el autor de la Razón que a Minaya le habían matado el caballo, como le pasó en la lucha con Fáriz (v. 744).

2460. Si a esta alabanza de Minaya sumamos la anterior del Cid (v. 2444) no podremos menos de aceptar que Diego y Fernando participaron en el duro combate contra Búcar y lucharon con valor. ¿Es que el Cid y Minaya estaban mal informados? Parece ser que las burlas de los vasallos versaban sobre lo acaecido con el león solamente. Bastante irracional; tanto más interesante literariamente.

2464. Si ironía es alabar con el propósito de ofender y viceversa, como irónico interpretaron los Infantes el elogio del Cid. Lo que de veras molestaría a los Infantes en lo que les dijo el Cid sería aquello de adelante serán preçiados, que les daba a entender que les esperaban más guerras; ¡ellos que sólo habían pensado en las ganancias de Valencia (v. 2320)! La ironía y su importancia en la segunda parte del Cantar es objeto de uno de mis estudios de anticrético. cf bibli. 140, pp. 207-240 (también 323).

2483. Dos cosas ha mencionado el Cid: la honra y las ganancias de los Infantes; lo uno de este verso debe referirse a la ganancia que el Cid les ha proporcionado y acrecentaría, con lo otro se refería a la honra o la nobleza que les pertenece a los Infantes por naturaleza. Este verso es muy parecido al 2531 (cf. nota). En el v. l48l debe suplirse (zeugma) <<han>>, expreso en irán del anterior.

2531. Es ahora Fernando el que confirma lo dicho anteriormente por el Cid; que su honra está salvaguardada y lo que había que pensar era en otros asuntos, como el acrecentar las ganancias, hacer nuevas guerras, objeto de la reunión en corte. Por lo que dice el Cronista a continuación, en la corte debieron los vasallos de enumerar quiénes habían luchado mejor (compárese con Los vv. 734 sts.). Entre los mencionados no entraron los nombres de Diego y Fernando. Este hecho, sumado a las muchas burlas y sonrisitas, acabó con la paciencia de los Infantes (v. 2537). En el v. 2533 debe sobrentenderse (zeugma) Fallaban, expreso en el siguiente.

2538. Ha estallado el conflicto, provocado por las sonrisas y burlas de los vasallos las noches y los días. Al finalizar la reunión los Infantes salieron aparte; llegaron a un acuerdo de lo que habían de hacer unidos como verdaderos hermanos. Nos parte no hayamos: <<renunciemos a todo esto>> -a Valencia: las guerras, las sonrisas, los juegos. Otros editores leen el v. 2539 como un paréntesis del Cronista que avisaba al auditorio a no tomar parte en lo que hablaron los Infantes; la conversación de los Infantes comenzaría, pues, en Vayamos, v. 2540. Las dificultades de esta lección y los méritos de la preferida aquí se encuentran expuestos en mi obra (bibli. 140, pp. 241-5). I. Macal rechaza mi lección porque <<introduce un uso inaceptable del encabalgamiento>> (bibli. 270. v. 2538n). El comentarista no habrá advertido los arreglos de encabalgamientos que él ejecuta sobre el Ms. ni otros que nos ha transmitido en los vv. 347-8, 10-72-73, 1084-85, 2468-9, 3418-20, 3465-66 (cf. también bibli. 63).

2548. El autor sabe presentarnos a los personajes bajo el imperio de sus propias obsesiones: obsesionado parece el Cid con el valor de sus yernos (y no hay quien le convenza de lo contrario); obsesionados los vasallos en su menosprecio y burlas de los Infantes; y obsesionados, sobre todo, éstos con lo del león. Ahora se proponen vengarse; antes que nos retrayan puede interpretarse: <<antes que ellas...>>, o <<sin esperar a que los vasallos vuelvan a ...>>.

2575. El Cid les da a sus yernos las espadas con las que no iban a pelear, sino que -como colmo de la ironía- iban a ser ellos mismos derrotados en los duelos del final (bibli. 140, p. 231 y n. 24).

2615. Uno hubiera esperado la mención de estos agüeros antes de la celebración de las bodas; también es irónico que el Cid empiece a sospechar por los signos de las aves, cuando no prestó atención alguna a las insinuaciones -si no acusaciones- de sus vasallos.

2630. En la primera parte del Cantar de mio Cid no encontramos ningún caso de oración frustrada, de manera que una oración, un ruego a Dios, es ya un eslabón en la cadena de causas y efectos. No es así en la segunda parte; se dijo en otra glosa que en ésta las cosas no sirven necesariamente para su fin natural o convencional; el escaño se usa para dormir o esconderse, se regalan armas para propia destrucción, los agüeros llegan tarde, un sombrero, más adelante, va a servir para restablecer la vida de las moribundas ahora se han acumulado oraciones llamadas a frustración: de la madre (v. 2603), de Minaya (v. 2627), del padre (v. 2628), de los yernos (v. 2630), de Abengalbón, a continuación (v. 2684). Lo contrario a lo pedido fue lo que sucedió. Irónico.

2660. Nótese cómo el autor penetra en el alma de sus personajes; en tal estado se encontraban los Infantes que las señales de bondad y generosidad del Cid, primero, y de Abengalbón ahora, les endurecen más y más. No cabe duda que la traiçión que maquinaban no era motivada sólo por la riqueza, sino también y principalmente, porque los favores del moro se debían al amor del Cid Campeador.

2668. un moro latinado ha sido interpretado como <<moro que sabía latín>>, lengua que usaban los Infantes para comunicarse entre sí, y <<moro que sabía castellano>>. Es improbable que los Infantes hablaran en latín, nada nos lo indica en el texto; por otro lado todos los moros del Cantar entienden y hablan castellano. ¿Por qué señalar a éste? Interpretese: <<un moro que sabía latín>>, en el sentido familiar y figurado que aun hoy tiene la expresión, un moro astuto, disimulado, un espía en términos modernos. Ese fue el papel del moro: espiar y llevar la noticia a su señor. Por el Cantar sabemos que el Cid se aseguraba que no había moros entre sus hombres antes de conferenciar sobre sus planes (vv. 679-80). El vocablo latinado y el espionaje en el Cantar es objeto de uno de mis estudios de anticrético, cf. bibli.140, pp. 246-250.

2676. Este verso ha sido trastocado y retocado por los editores libertina e irracionalmente. Algunos, por buscar una aproxima-

2703. Hoy día se conoce como sadismo la crueldad deliberada que se inflige a otra persona como satisfacción abierta o disimulada de los impulsos sexuales. El nombre precede del Marqués de Sade, noble pervertido del siglo XVIII. Tal trastorno moral bien pudo llamarse <<carrionismo>>, y definirse de acuerdo con estos versos del Cantar; lo que comenzaba como demostraciones convencionales de amor carnal derivaría en cruel tortura (cf. bibli. 62; 130; 215; 240).

2719. Con verbos reflexivos aparece otras veces el pronombre nos como antepuesto al verbo (vv. 365, 373, en contra de lo que dice H. Ramsden, Week-pronoun Position in the Early Romance Lanquages, Manchester, 1936, pp. 99-103; I. Macal se sintió incómodo con este verso e hizo algunos arreglos propios, cf. bibli. 270, pp. 369-70); aquésta y la pueden referirse a parte (v. 2717), como diciendo: <<esta parte que le vamos a dar vaya por la que nos dieron cuando lo del león>>. Sin embargo, no es necesario suplir <<parte>>, ya que tanto aquésta como la pueden considerarse perfectamente pronombres neutros (cf. v. 2832) a la manera de la expresión <<tenerla con alguien>>, y otras muchas por el estilo en nuestra lengua.

2728. No es que las jóvenes esposas desearan el martirio, sino que preferían morir de un tajo a ser ultrajadas, deshonradas. Martirio es muerte sufrida por razón de religión. Interprétese pues: <<Cortándonos la cabeza, podréis decir que hemos sido degolladas por los moros y todos os lo creerán, pues no somos tan criminales como para que sea castigo merecido>>. Con el fin de convencer a sus esposos a que les dieran una muerte rápida añadirían que si sólo las maltrataban y ultrajaban, algún día podrían testificar contra ellos (w. 2733-4). No sabían ellas que el placer de los Infantes era precisamente el de hacerles sufrir, con el mayor sadismo, que el autor sabe relatar morosamente (vv. 2734 sts.). Para los posibles tonos de martirio religioso apetecido por las hijas del Çid cf. J. K. Walsh, <<Religious Motifs in the Early Spanish Epic>>. RHM, 36 (1970-1), 165-72.

2736. las çinchas corredizas debían ser las hoy llamadas <<de jineta>>, que pasan (corren o resbalan) por encima de la silla; las que van sujetas a la silla se llaman <<de brida>>.

2743. Según Du Cange (bibli. 114) cosimentum se usaba con las acepciones de sententia, judicium, arbitrium, acepción que cae bien en el contexto del Cantar como de que estaban <<sin sentido, sin conocimiento>>, muy de acuerdo con la interpretación dada por Hinard y Bello. Otro significado dada a cosimentum es el de protectio, tutela, defensio (cf v. 1431n), acepción que, de preferirse, indicaría la razón por la que Tanto las majaron (porque no podían defenderse o había quien las protegiera). Menéndez Pidal no pudo demostrar por qué cosiment habla de significar <<fuerzas, valor físico>>, en el sentido que él da al verso (cf. bibli. 250, II, pp. 602-3).

2753. ¡Qué maestría la del narrador! Hace suspirar al público con el reiterado deseo de la presencia de un Cid tan lejano; su lejanía deja a todos más consternados. Quien salvaría a las jóvenes iba a ser no el padre -personaje anhelado-, sino el primo -personaje insospechado-; será éste el que venga a aliviar la tensión emocional tras haber alcanzado la cima de la angustia.

2761. Nótese cómo el autor sabe penetrar en el alma humano; ahora los Infantes tratan de buscar otras razones que justifiquen su nefanda acción, como si necesitaran convencerse del todo y acallar su conciencia. Su razonamiento; menosprecio de la victima, tan inútiles eran sus esposas (¿para el amor?) que ni siquiera servirían para barraganas (¿mozas de placer?). El v. 2760 debe entenderse como parentético con si condicional más subjuntivo optativo: deseo contrario al hecho (compárese con los vv. 3276-7). Bibli. 140, pp. 75-77.

2782. En la primera parte del Cantar se vieron cumplidos los deseos buenos que los personajes expresaban en sus oraciones; en esta segunda parte, por el contrario, esos deseos buenos de buen viaje se vieron frustrados y son las oraciones de venganza (también en v. 2894) las que se verían colmadas. La diferencia no es menospreciable.

2799. El autor de la segunda parte sobrepasa al de la primera en la atención y función dadas a las prendas de vestir; nótese el detalle de dar a saber al público que el sombrero no sólo era nuevo, sino también fresco: <<sin estrenar>>. Quiere evitar la imagen de las jóvenes bebiendo de un sombrero lleno de sudor y del polvo de los caminos castellanos.

2831. La honra de este verso deberá tomarse como el Albriçias del v. 14; en sentido irónico en el contexto de la acción que lo motiva, pero en sentido propio como prenuncio de los acontecimientos del futuro; en este caso la honra de unas segundas nupcias mejores que las primeras (cf. 14n).

2832. Compárese no la lograrán con no se lo habían logrado (v. 2452) y con la expresión más moderna no se les logrará en giro impersonal: <<no se realizara el propósito de una acción>>. Tanto la como lo deben considerarse pronombres neutros (cf. 1729n; también M. Sandmann, <<Zur Frage des neutralen Femininums im Spanischen>>, VR, l5 (1956), 54-82).

2835. Este cambio de sentimiento en el Cid y en el rey (v. 2825), personajes principales de la acción, constituye lo que en la poética aristotélica se denominaba peripecia: así viene explicada por Lausberg: <<un cambio de sentimientos de un personaje dramático (principal), cambio que trae consigo la modificación sustancial del curso de la acción. Este cambio de sentimientos está ocultamente motivado, a lo largo de la acción anterior, por el carácter y las pasiones del personaje correspondiente (piénsese en los Infantes); sin embargo, produce en otro personaje (principal) [el Cid y el rey] un efecto sorprendente, puesto que este otro personaje no ha valorado debidamente el carácter y las pasiones del primer personaje>> (bibli. 212, II. pp. 488-9).

2864. Una de las acepciones del latino habere era la de <<considerar, tener por>>; habere deos aeternos (Cicerón, De natura deorum, 1, 17, 45); así también el ha del Cantar en el ejemplo: yo las he fijas y tu primas cormanas (v. 3303). En este verso pues, se nos dice que Pero tenía a las jóvenes por otro tanto, lo mismo que Minaya, o sea, por primas, como se mencionaba unos versos más arriba (v. 2858).

2911. El Cid les encomienda a sus hombres que sepan agrandar debidamente el delito de los Infantes; toda la deshonra debía considerarla el rey como hecha a su real persona: él fue el que ordenó los casamientos.

2950. Un tipo de zeugma es el sustantivo embebido en un vocablo de otro miembro oracional; nótese en el refrán: <<mucho sabe el cornudo y más quien se los [cuernos] puso>>. En nuestro verso: la [deshondra] vuestra... (cf. 3091n y 3095n).

2972. En el v. 2769 se dice que el rey les da siete semana más tiempo que el acostumbrado, que solía ser treinta días (contrástese con el plazo de nueve días (vv. 306-7) dada para salir de Castilla en la primera parte, plazo que también solía ser de treinta días (cf. bibli. 250, II, pp. 797-8). Como el plazo dado aquí es largo, el rey les aconseja a que <<se tomen el tiempo que precisen>>. Entre ellos haya espacio (compárese con la frase proverbial festina lente). Menéndez Pidal y otros creen que haya espaçio significa <<alégrense>>, lo cual parece alga inoportuno en las circunstancias del contexto.