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3014. Como el autor de la Gesta de mio Cid (v. 2013), el de la Razón hace al rey que espere por el Cid. Aquí se indica además que el rey se preocupa por la demora del Cid, ¡qué detalle tan delicado!; parece como si el rey no supiera seguir el consejo que él mismo había dado a los del Cid: no precipitarse, tomarlo con calma -entre ellos haya espacio (v. 29,2n). Otros comentaristas ofrecen ingeniosas pesquisas sobre hechos históricos posiblemente aludidos (bibli. 271. v. 3014n). 3025. Compárense este verso y el siguiente con los vv. 1842, 2019, 2022. 3077. <<Espadas que tan gratamente cortan.>> En dulçes y tajadores se unen dos conceptos de fuerte tensión por su aparente contrariedad (figura retórica oxímoron, cf. bibli. 212, II, pp.222-3). Compárese con algunos precedentes de escritores latinos. Propercio, poeta lírico, sentía como <<dulces>> las armas de Venus (dulcia arma, 3, 20, 20). Estacio, poeta épico, llamaba <<dulces>> al hierro y las ardorosas armas (dulci ferro [Thebais 12, 639]: dulcibus armorum furtis, Achilleis, 1, 398). En la liturgia del Viernes Santo, en el himno Crux fidelis, se ensalza la <<dulzura>> del leño y los clavos del Señor (dulce lignun, dulces clavos). Menéndez Pidal y otros han dicho que dulçes es un término técnico que habla de la calidad del hierro de las espadas (bibli. 250, II, pp. 632-3). 3080. <<Aunque los Infantes traigan hombres de sobra, yo, donde estén estos ciento míos, me sentiré de lo más fuerte.>> Compárese de sobra con <<demás>> (de + más); cf. bibli. 250, I, pp. 370-1 (también 270, v. 3080n). 3091. El sujeto de pareçen está embebido en obrado (zeugma, cf. vv. 2950n y 3095n); <<huebras>> (labores); pero el sujeto debe extenderse e incluir calças, los çapatos, las presas de oro y plata. 3097. El cabello y la barba se protegían, según viejos motivos folklóricos, con un significado especial: aquí se nos dice expresamente qué pretendía el Cid: recaudar quiere todo lo suyo. Más adelante, tras la recaudación, el Cid se quitaría la cofia, se soltaría la barba (vv. 3492-4). 3112. El tono narrativo de la Razón dista tanto del de la Gesta, como el de un drama psicológico dista del de un relato épico. En la Razón la lucha y la tensión se expresan con símbolos, la imponente superioridad del Cid se refleja en sus ropas finas y lujosas y, sobre todo, en el cabello y la barba. Aquí el autor, con un simple apodo, Crespo -<<pelita rizado>>- pone en ridículo y derrota al enemigo, como preámbulo de la <<batalla de los pelos>> que tendría lugar en la corte (vv. 3273-90). 3115. El lector es libre para imaginarse que el escaño este, ahora en posesión del rey, sea el que apareció al comienzo de la Razón; aquel en que el Cid dormía tranquilamente, del que se levantó tranquilamente para amansar el león que causó tanto trastorno. El escaño y el león serán mencionados varias veces durante la corte, como si fueran las fuerzas centrípetas de la narración. Alrededor de este escaño, como de aquel otro, se situaron los vasallos del Campeador (vv. 2285 y 3122). 3130. El autor debe referirse a los dos acontecimientos más sobresalientes de la primera parte: una sobrentendida corte en Burgos (¿narrada en la hoja perdida?) que originó la carta fuertemiente sellada (v. 24) con el edicto de expulsión, y la reunión en Carrión donde el rey proclamó ante la corte (v. 1360) que el Cid y los suyos eran perdonados (vv. 1361-66). Los investigadores de la historia no han podido explicarse qué tres cortes son éstas que el rey hizo. Pero el Cantar no es un texto de historia, y lo que pretende el autor es presentarnos a un rey que no parecía tener en su reino cosa más importante que hacer que el estar pendiente del Cid. Las tres cortes, pues, son tres que tuvieran que ver con el Campeador, centro de atención de la narración. I. Michael sugirió ya, con otro propósito, que en la hoja perdida al comienzo se hablara de alguna reunión de corte (cf. bibli. 270, v. ln). 3l45. Un ejemplo más de histerología (cf. v. 57n). 3150. Es bien sabido que los autores del protocantar castellano, el de Gesta y el de la Razón, contaban con una lengua aún en su infancia, falta de vocabulario rico y flexible sintaxis. Eso les impedía un estilo fácil y elegante, pero no una expresión meditada y de efectividad conceptual. A lo largo del Cantar, en las situaciones en que aparecen el rey y el Cid frente a frente, los sentimientos y deseos de ambos se expresan de acuerdo con las normas retóricas del incrementum, es decir, se enuncia el concepto que se quiere destacar por medio de una designación lingüística que asciende de abajo a arriba. En estos versos no se afirma que el Cid no sintiera deshonor, si lo sentía; lo que pretende el Cid es señalar que el suyo no era nada comparado con el del rey (por haber casado a sus hijas, compárese con los vv.2909-11). Sobre la técnica del incrementum puede consultarse la estupenda obra de H. Lausberg, bibli. 212, I, pp. 340-1. 3212. Nótese que este hablar fuera de turno o sin esperar a la introducción (v. 2082n) del Cronista sucede en ocasiones de alto tensión emocional, como es ésta. Menéndez Pidal y otros editores suprimen y trastocan a placer muchos elementos de este verso y los siguientes, atizando la fogosa polémica entre sí. Como en otras ocasiones el lector de esta edición tiene la oportunidad de apreciar, por si mismo, lo que el texto manuscrito dice; lo único que se ha añadido, como en otros casos, son los nombres marginales de los interlocutores. El autor ha sabido pintar con gran maestría unos momentos de evidente excitación y pasión, valiéndose de las entradas a destiempo del rey, de los jueces, del Cronista mismo, que se aturrulla al querer dar a saber los detalles todos, como el hecho de que Alvar Fañez se pusiera de pie (v.3215), como sin notar que el Cid estaba hablando. Bibli. 270, p. 372, vv. 3212 y 3215. 3216. Este verso está reconstruido en cuanto a d'ello razón, que fue añadido en el manuscrito de mano posterior, incluso dedes es casi ilegible; apenas importa, pues el dedes d'ello razón es una aclaración simplemente amplificadora del ¿do? El Cid quería que los Infantes declararan -dedes dello razón- ante los jueces dos cosas: si estaban listos a devolverle sus bienes y, muy importante, dónde (que implica también un cuándo). Nótese cómo los jueces ordenarían a los Infantes: que aquí lo enterguedes dentro en la corte (v. 3227). Bibli. 250, III, p. 1145. 3233. todos fechos son es construcción pasiva por <<a todos les hacen que entreguen...>>. El verbo fazer se emplea en el Cantar con el sentido de <<mandar>>, aunque en la voz activa: fizo posar (vv. 428, 1032); éste es el único ejemplo en pasiva con tal acepción. Menéndez Pidal y otros editores no entendieron todos fechos son y lo cambiaron a <<desfechos son>>, que significaría -basándose a la vez en la falsa suposición del v. 1433- <<arruinados>>. ¡Qué hubiera sido de la literatura mundial, sobre todo la de los clásicos, si cada editor se hubiera encargado de cambiar un texto o construcción que no entendía a otra más familiar! Bibli. 250, II, p. 685. 3277. Don García se lamenta de que el casamiento se hubiera celebrado. Con el uso del relativo quien evita la mención abierta del rey, haciendo posible que su queja se interprete como en contra de Minaya, que fue quien de hecho <<rogó>> a los Infantes que <<tomasen por mujeres>> (v. 2233) a las hijas del Cid. En la Razón todos los personajes expresan su pesar par los matrimonios, cada cual con su punto de vista personal, como puede apreciarse al comparar esta lamentación de don García con los vv. 2759-61 y 2958-9. Tómese la expresión como exclamación de queja y no como interrogación retórica. 3280. Recuérdese lo que más arriba se hizo notar sobre la <<batalla de los pelos>>, o tensión entre los símbolos en la Razón; aquí el Cid se olvida de la defensa explícita de sus hijas para ensalzar su barba y ridiculizar la del enemigo (cf vv. 3095n, 3097n y 3l12n). 3283. El simbolismo de la barba fue bien explicado por San Agustín: <<virtus... in barba intelligitur>> y <<barba significat fortes; barba significat luvenes, strenuos, impigros, alacres>> (in psalmum 33, Serm. 1, 11, 132, 7; cf. bibli. 54, 147). 3288. Nótese el juego de palabras. Además de la referencia al lugar -castiello de Cabra- la reiteración de Cabra sugiere que el Cid le agarró al Conde por los pelos como a una cobra; don García, el Crespo (v. 3112), tenía <<barba de chivo>>. que se explica en el diccionario como <<escasas en los carrillos y alargadas debajo de la boca>>. (Más en mi obra, bibli. 140, pp. 213-5.) 3289. Horacio tiene una frase muy parecida a este verso: Vellunt tibi barbam lascivi pueri: <<te mesan la barba los desvergonzados rapaces>> (Sátiras 1, 3, 133). Entre los griegos y latinos <<mesar la barba>> a alguien era expresión proverbial por <<mofarse>> (compárese con la actual frase: <<tomar el pelo>>). En el término rapaz del verso del Cantar pueden verse fundidas varias connotaciones: Las del puer lascivas del proverbio latino, la de ladrón rapaz que agarra lo que no es suyo y la de rapabarbas, muy acertada y no menos cómica (bibli. 140, pp. 213-5; 250, II. pp. 494-9), 3302. Menéndez Pidal, con su tino filológico, nos ha dicho que Vermúez debería ser considerado <<Vermudoz>> (bibli. 25O, II, p.794), forma esta que nos sirve más claramente para comprender el juego seudoetimológico (figura paronomasia) del escritor; <<Vermudoz>>, por otra parte, sonaba casi como Pero Mudo, pero al mismo tiempo, en fácil derivación, se hace proceder de Vir (=varón) mutus (=mudo), o sea, Mudo varón que tanto callas. ¿Quién ha dicho que el estilo del Cantar es de un arte espontáneo? El Cid se entretiene a bromear con su sobrino Pero a quien sólo irónicamente puede llamar Mudo; primero, porque es de hecho el que más largamente hablaría (a continuación y a lo largo de sus intervenciones muestra no tener pelos en la lengua) y, segundo, porque de ser <<tartamudo>> (como algunos han creído) de verdad resultaría un mote descarado que de divertir a alguien, sería a los adversarios. 3304. Esta frase debe entenderse como proverbial, comparable a <<A ti te lo digo, hijuela, entiéndelo tú mi nuera>>, o <<A ti te lo digo, Pedro, para que me entienda Juan>> (cf. bibli. 270, v. 3304n). 3307. El autor de la Razón sabe caracterizar admirablemente al impulsivo, vehemente Pero; al empezar a hablar, como si quisiera decirlo todo de una vez, se le atropellaban las palabras y no podía hablar con deliberación y sosiego. 3327. Compárese este reproche con uno de Homero, dicho contra los griegos: <<¡Puf!, los argivos, vilezas despreciables, bellos sólo en la apariencia.>> (Iliada, 5, 787.) mal barragán equivale en la germanía moderna a tener <<poco de macho>>. Recuérdese que don García no supo aducir pruebas de que las hijas del Cid no sirvieran ni para barraganas; Pero, en cambio, ha demostrado hasta la saciedad que Fernando era un mal barragán. Nuestro autor conoce muy bien el juego retórico con los conceptos y palabras. 3328. De esta expresión existen algunos precedentes latinos: lingua quam manu promptior (Salflstio, Bellum Jugurtinum 44, 1); manu iners, lingae indulgens (siglo IV, Scriptores physiognomici Graeci et Latín rec. R. Foster, II, 1893, 129, p. 142, 7). En la Gesta se caracterizó así a Ansur (González (v. 2173), a quien el autor de la Razón le haría aparecer como hombre desarrapado, comilón, bebedor (vv. 3374-5), forzado y de valor (v. 3674). Más sobre el v. 3328 en mi obra, bibli. 140, p. 217, n. 14. 3347. En mi obra dedico unas líneas a hablar del empleo del sexo como alabanza o vituperio; baste aquí, como curiosidad, la mención de las Siete Partidas: <<de mejor condición es el varón que la mujer en muchas cosas et en muchas maneras>> (p. 4, t. 23, 1. 2), para contrastarlo con el verso del Cantar (bibli. 140. pp. 283-4). 3351. Claramente se ve aquí que los duelos eran tenidos por <<juicio de Dios>>, pues el resultado final confirmaría la verdad de lo dicho: si ploguiere al Criador (v. 3349); cf. vv. 3461-2. 3359. ¡De qué distinta manera concibió a sus personajes el autor de la Razón al continuar la narración de la Gesta! En ésta sus buenas obras justificaron al Cid, cambiaron a los personajes, los convirtieron de enemigos a amigos. En la Razón hemos ido viendo que los favores del Cid endurecían progresivamente a sus yernos que éstos hablaron de dar muerte al muy hospitalario y obsequioso moro Abengalbón. Los personajes del drama de la Razón que nacieron marcados con signos de hostilidad o perversión, no se convertirían boba o bonachonamente al final, sino que crecerían en hostilidad, se nos mostrarían más empedernidos (inclúyase a los vasallos, cuyas burlas crecían día y noche). En el caso de los Infantes, se ve que han llegado a convencerse a sí mismos de la nobleza y justicia de aquel crimen que un día maquinaron en secreto y cometieron a escondidas; ahora se confiesan orgullosos de su acción en la corte pública. 3366. De poner acotaciones al texto indicaríamos que en este verso Martín se dirige no a Diego, como en el discurso en general, sino a los jueces y sus amigos para acentuar el tono exagerado y burlón de su advertencia; en la literatura medieval, como ha hecho notar debidamente Curtius (cf. bibli. 81. pp. 433-4) la desnudez involuntaria era un celebrado tópico de la burla y el ridículo. Martín Antolínez exageraba, pues en la narración del episodio (v. 2291) se dijo que Diego se ensució el manto y el brial, pero no que no lo llevara puesto como se insinúa aquí. Los personajes de la Razón saben explotar los incidentes para sacar el mayor partido en favor de su causa; si Antolínez exageraba, hemos de suponer que Pero, más vehemente, exageraría más al exponernos bajo su punto de vista el encuentro de Fernando con el moro (vv. 3316 sts). Lástima que no podamos comprobarlo por haberse perdido la hoja (v. 2338n). El Ms. lee vestid, forma gramaticalmente injustificable; mi inclinación es considerarla defectuosa por vestido, pues la elisión de la o es más comprensible que la supresión de otras consonantes en las correcciones de Hinard Bello, Menéndez Pidal, Michael y otros: vestist, y de Lidforss Smith y otros: vestisted (cf. bibli. 270, p. 380). 3373. La caricatura de Ansur está muy bien lograda como el revés del Cid. Recuérdese la majestuosidad del vestido del Cid y cómo se veía brillar el oro y la plata (v. 3091); el rasgo más sobresaliente de Ansur era su rostro bermejo por arriba, por abajo su manta que iba recogiendo la basura del suelo. El Cid asistió a la corte enantes de yantar (v. 3051), Ansur había comido tanto que se le notaba en los colores del rostro, tan bebido estaba que con sus eructos hartaba al que se le acercaba (vv. 3384-5). 3379. Esta frase tan despectiva con respeto al valiente soldado de Vivar se asemeja a una que trae Tito Livio, al hablar de aquellos soldados romanos que habían sido reducidos a picapedreros: Romanos homines... opifices ac lapicidas por bellatoribus factos (1, 59, 9). En su comentario al pasaje dice R. M. Ogilvie que opices et lapicidas es más fuerte que mecánicos y albañiles, una vez que las canteras eran lugares de castigo para los esclavos; por lo que la frase debía ser uno de los <<slogans from the politics of the late Republic>> (A Commentary to Livy, Oxford. p. 228). Entre las muchas hipótesis que se han propuesto para la etimología de <<pícaro>>, se halla la de <<picar>> (cf. F. Maldonado de Guevara, <<Para la etimología pícaro <picar>>. BBMP, 21 (1945), 524-5). Es posible que exista alguna relación entre lo que Ansur achaca al Cid: fuese a río d'Orvina los molinos picar / y prender las maquilas... y la caracterización del <<primer pícaro>>, cuyo padre tenía <<cargo de proueer vna molienda de vna hazeña, que está ribera de aquel río, en la qual fue molinero más de quinze alias>>, a quien <<achacaron... ciertas sangrías malhechas en los costales>> (La vida de Lazarillo de Tormes, ed. F. Cejador y Frauca, Madrid, 1966, p. 66). 3381. Compárese este verso con los vv. 2760, 3277. 3398. A los nombres ficticios de las hijas del Cid se suman los nombres ficticios de los Infantes de Navarra y de Aragón, personajes inventados que aparecen súbitamente para ofrecer solución a la fase más ardua del conflicto de la fábula: la viudez de doña Elvira y doña Sol; su misión poética se adecua perfectamente a la del viejo deus ex machina. Y se presentan en persona para dar a la corte un mentís rotundo, realista, práctica a la acusación de los otros Infantes de que sus esposas no servían ni para barraganas. Ojarra e Íñigo vienen a probar pública y solemnemente, como testigos imparciales al conflicto, que de veras las hijas del Cid eran dignas de maridos de mayor alteza que los primeros. Menéndez Pidal y otros muchos editores, con el fin de no contradecir la historia, han creído que Ojarra e Íñigo eran simples mensajeros de los Infantes de Navarra y Aragón; con ello se ven forzados a corregir la lección del Ms. una vez más y debilitan enormemente la fuerza del argumento del merecimiento de las hijas del Cid (cf. bibli. 250, I, pp. 245-6 y II, pp. 718 y 772; 270, p. 381). 3406. Estos versos son la piedra de escándalo de muchos de los editores que, al hablar de los primeros casamientos, creen que el Cid trataba de eximirse de la responsabilidad cuando prefería que fuera él quien diera a sus hijas en casamiento, pues el Cid -creen ellos- preveía el futuro fracaso. Pero, digámoslo otra vez, en la primera parte no hubo fracaso, sino mucha alegría (v. 2273), porque fue el rey quien casó a las hijas del Cid con los Infantes 3459. Interpretese: es innecesario tu razonamiento, Minaya pues se ve que esta corte es muy parcial -hay en ella mucho a tu favor. Seguidamente Gómez presenta el reto preguntando al rey: ¿y si alguno quisiera otra cosa que no fuera la argumentación en la corte, se le daría la oportunidad? Añadiendo: si Dios quiere y salimos bien de esta petición -nos es concedida- pagaréis por lo que habéis dicho. Por fin el rey le negará la petición para evitar que los duelos, si son muchos los que quieren luchar, se conviertan en una batalla. 3498. El Cid era muy rico y desinteresado; no apetecía en su demanda otra cosa que justicia contra los Infantes de Carrión los bienes que éstos le devuelven los pone a disposición de los presentes: los jueces y los que se pusieron a su lado en el pleito -que de buena parte son (v. 3499). Y sigue otro fino detalle del autor como buen observador de las reacciones de sus personajes: también entre los partidarios del Cid había algunos que lo eran por puras razones de justicia y razón, que no quisieron tomar ningún don material -tales hy ha que no (v. 3501). 3508. Algunos editores, atentos lectores de las Crónicas -Baist, Lidforss, Menéndez Pidal, Smith, Michael- creen que entre este verso y el anterior hay una laguna, como de cincuenta versos de un folio perdido. En las Crónicas se narra un incidente de poca transcendencia, que parece, en mi opinión, inventado por el prosificador para justificar el v. 3513; por eso no podemos estar seguros de si fue también fabricación del prosificador la reconstrucción de la primera hoja perdida, y el relato del combate de Fernando y Pero con el moro entre los vv. 2337 y 2338. He aquí el texto que inserta Menéndez Pidal (bibli. 260. pp. 288-9): <<Entonces mandó dar el Çid a los mandaderos de los intantes de Navarra e de Aragón bestias e todo lo al que menester ovieron e enbiólos. El rey don Alfón caualgó entonçes con todos los altos omnes de su corte, para salir con el Çid que se iva fuera de la villa. E quando llegaron a Çocodover, el Çid yendo en su cavallo que dizen Bavieca, dixole el rey: 'don Rodrigo, fe que devedes que arremetades agora esse cavallo que tanto bien oí dezir'. El Çid tomóse a sonrreir, e dixo: 'señor, aquí en vuestra corte a muchos altos omne e guisados para fazer esto, e a esos mandat que trebejen con sus cavallos'. El rey le dixo: Çid, págome yo de lo que vos dezides; mas quiero todavía que corrodes ese cavallo por mi amor'. El Çid remetió entonçes el cavallo, e tan de rezio lo corrió, que todos se maravillaron del correr que fizo>> (continúa aquí el v. 3508). 3529. El Cid acaba de decir que esperaría en Valencia mandados buenos (v. 3527); corresponde Antolínez asegurándole: podedes oir de [Infantes] muertos, ca de [vasallos] vençidos no. Los duelos no serían a muerte, pero de suceder algún accidente sería la muerte de los otros (v. 3703). Otros editores han interpretado este verso como si Martínez hubiera respondido al Cid que podría oír de su muerte, pero no de su derrota; ésta es una interpretación más espontánea y fácil de un verso que está bien conseguido en su ambivalencia. 3555. Las espadas están dotadas de virtudes de talismán; Diego y Fernando preferían que los duelos se limitaran al uso de las lanzas, como en el caso de Muño y Ansur. Por fin los Infantes, tan bravucones en Corpes, tan fanfarrones en la corte, mucho eran repentidos (v. 3557), asustados ante el poder portentoso del talismán. Otra vez se imponen en la Razón los símbolos sobre las cosas físicas, el miedo y la aprensión psicológica sobre la realidad. 3559. El rey no puede aguantar tanta mojigatería y responde a los Infantes con gran sorna: ¡es verdad, ahora que me acuerdo, vosotros no ganasteis -sacastes- ninguna espada tajadora en la corte! Si tenéis espadas buenas -como si lo dudara- de mucho os valdrán, de la misma forma que han de valerle a los del Campeador. Para el rey, que los Infantes en sus quejas sobre Colada y Tizón, como espadas portentosas, sólo buscaban excusas para no combatir, alegando que al no tener espadas como aquellas -mágicas- estaban en desigualdad, en inferioridad, por lo que los duelos no serían justos. Alfonso creía que los duelos eran justos, lo que los Infantes precisaban era, dos buenas espadas, si las tenían. 3619. Compárese con un verso de la Eneida (7, 722), del que parece su traducción castellana: pulsuque pedum tremuit excita tellus. 3691. Aunque las narraciones de los duelos se siguen una a otra, los duelos se realizaron con simultaneidad; cuando el padre 3694. Se procedió a hacer de las armas lo dispuesto en las Partidas (p. 7, t. 4, 1.6). 3706. El autor de la primera parte, en una Gesta de testimonio nos dejó un ejemplo de cómo se debía devolver bien por mal de qué bien pagaban las buenas obras de los vasallos a su rey. El de la segunda parte, en una Razón o drama de testimonio, nos enseña cuán mal pagaban las malos acciones contra los débiles e inferiores. En las glosas se ha llamado atención con frecuencia al juego literario del autor de la Razón; bajo el estilo ligero, se contiene una lección sería condensada en la sentencia de este verso y el siguiente, que constituyen un verdadero epifonema según la retórica, aclamación sumaria de la intencionalidad de la acción (rei narratae vel probatae summa acclamatio (Quintiliano 8, 5, 11, cf. bibli. 212, 11, p. 273). Drama, he llamado con frecuencia a la segunda parte del Cantar de mio Cid; este primer drama español está perfectamente guiado por un sano concepto de un castigo proporcionado al delito, que en nomenclatura de crítica moderna se conoce como justicia poética. 3715. El Cid se encontraba satisfecho de haber podido vengar a sus hijas; piensa que éstas pueden considerarse resarcidas -quitas- por los daños que heredaron de los de Carrión; es más, las va a casar muy orgulloso, pese a quien pesare. La figura litotes era muy empleada en la primera parte, raramente en la segunda, pero aquí hay un buen ejemplo: sin vergüença: <<con orgullo>>, comparable a sin peso (v. 185, <<con ligereza>>); sin falla (v. 514, <<cabalmente>> y v. 1551, <<puntualmente>>); tan sin sabor (v. 2736, <<con crueldad>>); bien...sin pavor (v. 3081, <<con mucha valentía>>). Los editores han encontrado dificultad en la interpretación del v. 1715; Menéndez Pidal da una explicación bastante elaborada y técnica (bibli. 250, II, p. 818). 3725. Fue el Cid el honrado al emparentar con reyes; el v.3724 es reiteración del 3722. Es cierto que el Cantar está escrito en honor del Cid, pero no debemos extralimitarnos y creer que el autor de la Gesta o el de la Razón llegara a pensar que el guerrero castellano fuera más excelente que el rey; la monarquía era una institución sagrada. En última instancia habría que decir que el Cantar de mio Cid es un testimonio de sumisión y homenaje a la monarquía, las dos acciones culminantes de la trama, las bodas y la corte, en la Gesta y la Razón, respectivamente, son posibles por la intervención directa y reguladora de un rey perdonador y un rey justo. Esto dicho, el todos del v. 3725 se referirá a los reyes que heredarían los tronos españoles, como beneficiados por el servicio y el honor que el Cid, como buen vasallo y padre de tan distinguidas reinas, les había tributado; no se excluye el que todos comprenda a la vez a todos los cristianos. Este verso ha suscitado controversia entre los historiadores (cf. bibli. 250, 1, pp.21-22; 260, p. 298; 256, pp. 583-4; 270, vv. 3724-3525n; 398). 3726. La retórica, al preceptuar sobre la literatura prosopográfica -retrato literario biográfico como la Razón- indicaba entre los motivos del encomio la alusión a la ilustre prole del personaje panegirizado (cf. v. 3723) y a la calidad de su muerte. Dentro de las creencias cristianas la muerte del Cid es muy señalada y honrosa por caer en el Domingo de Pentecostés, la fiesta más solemne de la liturgia, tras Navidad y Resurrección. Nótese el arte sumarizador en la enumeración binaria de extensión polar, tan del gusto de los autores del Cantar, que viene a poner punto final en brevísima recapitulación: <<a todos nos alcanza honra porque el que en buena hora nació murió en solemnísimo día>>. Para Berceo la cinquaesma era día de <<grant fiesta>> (S. Oria 188). El año de la muerte histórica del Cid Campeador, 1099, Pentecostés cayó en el día 29 de mayo, fecha que discrepa de la dada por la Historia Roderici, en julio de 1099, y la Crónica Particular del Cid, que señala el día <<a diez dieras de julio>>. Los historiadores que quisieron convertir el Cantar en documento <<eminentemente históric0>> se ven una vez más decepcionados y frustrados. ¿Es que ni siquiera sabía el autor del Cantar de mio Cid la fecha de la muerte del héroe? ¡Las fechas del nacimiento y muerte de los grandes personajes es una de las cosas que primero se exigen en las clases de historia! El autor de la Razón, como el de la Gesta, quiso ser poeta; ni siquiera se preocupó de señalar el año -un año como otro cualquiera-, pero el día, ah, eso sí, el de una fiesta preciosa: pretiosa in conspectu Domini mors sanctoram eius (Salmos 115, 15). C. Smith apuntó el desinterés del autor por los datos históricos al preferir dar a su fecha una <<intención religiosa>>. P. E. Russell hizo notar que estos versos debieron ser del copista por lo que él cree <<suddennes and crudity of this ending>>. Ninguno de los comentaristas ha valorado esta recapitalación final del autor bajo el locus communis de la retórica: landantur homines a qualitate mortis (cf. bibli. 212, 1, p. 319; 347, pp. 74-6; 375, v. 3726n). 3731. Se puede hablar de dos éxplicit en el Ms.: el primero comprende desde aquí hasta años (v. 3733): el segundo desde "El romançe" (v. 3733) hasta el final. El primero pertenece a Per Abbat como escribiente: escribió la obra. ¨Fue Per Abbat el autor del ('flalar; Hay críticos en nuestros dieras que as~ lo crcen; para ellos escribió signfica 'que lo compuso, no sólo que lo pusiera par escrito'. Entre estos crítico se encuentran T. Riaño Rodriguez (bibli. 331). C.C. Smith. (bibli. 374) y A. Ubieto Artera (bibli. 397, p. 190), sin embargo, entre sí no están de acuerdo en la identificación de su personalidad histórica. Parecen ser más numerosos los que sostienen que Per Abbat fare un simple copista, escribiente, dado que en los textos medievales el autor era designado como el que ®hacía¯ (fer o facer frente a escribir); puede consflltarse J. Horrent (bibb. 189,p. 199) y E. Alarcos Llorach, Investigaciones sobre el libro de Alexandre (Madrid, 1948, pp. 47-50). La fecha 124S está basada en la era de Julio César, computada con arranque en el año 38 a. de C.. supuesta fecha de la fundación de las provincias romanas en España: equivale, pares, en nuestra era al año 1207. Entre Las cifras CC y XLV hay un espacio que, según comprobación de A. M. Huntington, mide un centímetro . Algunos editores, con Menéndez Pid al, se figuran que hubo otra C, que alguien borró. Io que nos daría la fecha 1307, como fecha de la copia que hay se nos conserve. Otros, como A. Abad Arieta (bibb. 397, p. 10). han dicho que el espacio vacío se debe a una arruga que impidió pudiera escribirse sobre élla, pero 1. Michael, que ha examinado con detención y cuidado el Ms., piensa que ®la arruga data del siglo pasado¯ (bibb. 270, p. 3]1). En fin, que la cuestión histórica (cómo justificar la fecha 1207 en un Ms. del s. xv). sigue sin resolver. Para una visión panorámica de las opiniones de los comentaristas sobre la fecha y el autor del Cantar. cf. bibli. 228. |